Nov 23 2006
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Economía

IV Violencia contra la Infancia. – EL UNIVERSO ESPELUZNANTE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Si revisamos la historia, nos encontramos con fábulas, leyendas y narraciones literarias referentes a la actitud de exterminio y maltrato hacia los niños. En la mitología se cuenta, por ejemplo, que Saturno devora a su progenie y que Medea mata a sus dos hijos para vengarse de Jasón.

Ejemplos de un horror prolongado en el tiempo

En la Biblia se relata el caso de Abraham, quien estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac, así como el exterminio de los inocentes ordenada por Herodes. Aristóteles manifestaba que un hijo o un esclavo son propiedad, y nada de lo que se hace con la propiedad es injusto –la propiedad no es sujeto de derechos, es una cosa–.

En el Siglo IV a.C. en las polis de Grecia, las niñas eran sacrificadas, en tanto que en Jericó los niños eran empotrados en los cimientos de las murallas, muros de los edificios y puentes, para supuestamente fortalecerlos.

El Códice Mendocino –uno de los documentos más importantes como fuente de información sobre los gobernantes mexica en relación con la vida y costumbres de los antiguos mexicanos– describe diversos tipos de castigos que se imponían a los pequeños, como pincharlos con púas de magüey, hacerlos aspirar humo de chile (ají), dejarlos sin comer, quemarles el cabello, y largas jornadas de trabajo, entre otras cosas. Un rey de Suecia, llamado Aun, sacrificó a nueve de sus 10 hijos con el objetivo de prolongar su vida.

El infanticidio también fue una forma de eliminar a los niños con defectos físicos; durante el nazismo se ordenaba matarlos con el fin de alcanzar la supuesta pureza de la raza y en algunos países, como China, para controlar la natalidad.

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Margaret Lynch describe casos de maltrato mencionados por el médico griego Soranus en el Siglo II, en tanto que otros fueron identificados en los Siglos XVII, XVIII y XIX. En este último encontramos, entre mchos, a una niña, Mary Ellen, cruelmente golpeada y encadenada por sus padres adoptivos. Ante esta situación los vecinos decidieron acuiir a los tribunales, pero tuvo que ser representada por la Sociedad Protectora de Animales al no existir instancia legal alguna que la defendiera. A raíz de esto surge en Nueva York la primera Sociedad para la Prevención de la Crueldad en los Niños, y posteriormente se crearon organizaciones semejantes en varios países.

El niño golpeado

El síndrome del niño golpeado fue descrito por primera vez en 1868 por Ambrosie Tardieu, catedrático de medicina legal en París, luego de realizar las autopsias de 32 niños castigados y quemados. Casi un siglo después, en 1946, Caffey describió en EEUU la presencia de hematomas asociados con alteraciones radiológicas de los huesos largos en los pequeños.

La investigación estadounidense marca el comienzo de la sensibilización mundial, cuando científicos como Henry Kempe, Steele, y Silverman, en 1962, crearon la expresión síndrome del niño golpeado, con base en las características clínicas presentadas por los casos que ingresaban al servicio de pediatría del Hospital General de Denver, Colorado. Concepto que fue ampliado por Fontana al indicar que estos niños podrían ser agredidos no sólo en forma física sino también emocionalmente o por negligencia, de modo que sustituyo el termino agraviado por el de maltratado.

Es en Siglo XX con la Declaración de los derechos del Niño de las Naciones Unidas en 1959 cuando se considera como un delito y un problema de profundas repercusiones psicológicas, sociales, éticas, legales y médicas, el maltrato a los niños.

Definición

La Comisión Nacional de Derechos Humanos ha definido el maltrato infantil de la siguiente manera: «Todo acto u omisión encaminado a hacer daño, aun sin esta intención pero que perjudique el desarrollo normal del menor».

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El Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia define a los niños maltratados como: «Los menores de edad que enfrentan y sufren ocasional o habitualmente, violencia física, emocional o ambas, ejecutadas por actos de acción u omisión, pero siempre en forma intencional, no accidental, por padres, tutores, custodios o personas responsables de ellos».

Estudiosos como Kieran y O’Hagan hacen una diferenciación entre maltrato emocional y psicológico, en relación con el primero indican: «Es la repuesta emocional inapropiada, repetitiva y sostenida a la expresión de emoción del niño y su conducta acompañante, siendo causa del dolor emocional, el miedo, la humillación , la ansiedad, lo cual inhibe la espontaneidad de sentimientos positivos y adecuados, ocasionando deterioro de la habilidad para percibir, comprender, regular, modular, experimentar y expresar apropiadamente las emociones produciendo efectos adversos graves en su desarrollo y vida social».

El maltrato psicológico en cambio es «la conducta sostenida, repetitiva, persistente e inapropiada, violencia doméstica, insultos, actitud impredecible, mentiras, decepciones, explotación y otras, que daña o reduce sustancialmente tanto el potencial creativo como el desarrollo de facultades y procesos mentales del niño, –inteligencia, memoria, reconocimiento, percepción, atención, imaginación y moral– que lo imposibilita a entender y manejar su medio ambiente, lo confunde o atemoriza haciéndolo más vulnerable e inseguro afectando adversamente su educación, bienestar general y vida social».

Origen

Estudios realizados en varios países indican que el maltrato infantil se debe a múltiples causas en las que intervienen el agresor, el vejado, y el ambiente que les rodea, y han descubierto que la figura parental que más agrede es la madre. Se describen como algunas características: autoestima baja, individuos deprimidos o con tendencias a la depresión, neuróticas, ansiosas, alcohólicos, drogadictos, impulsivos, hostiles con poca tolerancia a la frustración, con una percepción inadecuada respecto al niño y con antecedentes de maltrato en su niñez.

Con relación a los chicos atropellados, frecuentemente presentan problemas de salud, niños hiperactivos, de difícil manejo, con bajo rendimiento escolar, y generalmente hijos no deseados… El disparador de la provocación puede ser una mala relación de pareja, problemas económicos, desempleo, vivienda inadecuada, entre otros.

En Venezuela

El doctor Eduardo R. Hernández González, pediatra y terapeuta de la conducta infantil de Caracas, señala que no existe una definición única del maltrato infantil, ni una delimitación clara y precisa de sus expresiones. Sin embargo, lo más aceptado como testimonio son todas aquellas acciones que van en contra de un adecuado desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño, cometido por personas, instituciones o la propia sociedad. Ello supone la existencia de violencia física, psicológica, negligencia o abuso sexual.

El maltrato, señala, abarca una serie de actos perpetrados utilizando la fuerza de modo inapropiado y excesivo. Es decir, es aquel conjunto de acciones no accidentales ocasionado por adultos, -padres, tutores, maestros, que originan en el niño un daño físico o enfermedad manifiesta. Se incluyen golpes, arañazos, fracturas, pinchazos, quemaduras, moderduras, sacudidas violentas, etc.

La negligencia es una falta de responsabilidad parental que ocasiona una omisión ante aquellas necesidades para su supervivencia y que no son satisfechas temporal o permanentemente por los padres, cuidadores o tutores. Comprende una vigilancia deficiente, descuido, privación de alimentos, incumplimiento de tratamiento médico, impedimento a la educación, entre otros.

El maltrato emocional es aquel conjunto de manifestaciones crónicas, persistentes y muy destructivas que amenazan el normal desarrollo psicológico del niño. Estas conductas comprenden insultos, rechazos, indiferencia, confinamientos, amenazas, en fin, toda clase de hostilidad verbal hacia el niño. Este tipo de maltrato, ocasione que en los primeros años del niño, éste no pueda desarrollar adecuadamente el apego, y en los años posteriores se sienta excluido del ambiente familiar y social, afectando su autoestima y sus habilidades sociales.

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El abuso sexual es uno de los tipos de maltrato que implica mayores dificultades a la hora de estudiar, –afirma el doctor Hernández González–. Consiste en aquellas relaciones sexuales que mantiene un niño o una niña, menor de 18 años, con un adulto o con un niño de más edad, para las que no esta preparado evolutivamente y en las cuales se establece una relación de sometimiento poder y autoridad sobre la víctima.

Las formas más comunes de abuso sexual son: el incesto, la violación, la vejación, y la explotación sexual. También incluye la solicitud indecente sin contacto físico o seducción verbal explicita, la realización de acto sexual o masturbación en presencia de un niño y la exposición de órganos sexuales a un chiquillo.

El agresor habitualmente es un hombre –padre, padrastro, otro pariente, compañero sentimental de la madre u otro varón conocido de la familia–. Raramente es la madre, cuidadora u otra mujer conocida por el niño.

Otro tipo de violencia infantil es el llamado Síndrome de Munchausen por poderes. Consiste en inventar una enfermedad en el niño o producirla por la administración de sustancias y medicamentos no prescritos. Generalmente se trata de un niño en la edad de lactante-preescolar, cuya edad media es tres años.

Los signos y manifestaciones aparecen solamente en presencia de la madre –habitualmente la perpetradora del abuso– son de causas inexplicables y los exámenes complementarios no aclaran el diagnóstico. Este síndrome presenta una mortalidad entre 10 y 20% y su impacto a largo plazo puede dar lugar a desordenes psicológicos, emocionales y conductuales.

Además se debe incluir el maltrato prenatal, definido como aquellas circunstancias de vida de la madre, siempre que exista negligencia, que influyen negativas y patológicamente en el embarazo y parto repercutiendo en el feto, tales como: rechazo del embarazo, falta de control y seguimiento medico del embarazo, negligencia personal en la administración e higiene, medicaciones excesivas o no prescritas, consumo de alcohol, drogas y trabajo, exposición a radiaciones, y otras.

En los últimos tiempos, -continúa el doctor Hernández González–, se habla de maltrato institucional, que consiste en cualquier legislación, programa o procedimiento, ya sea por acción o por omisión, procedente de poderes públicos o privados, por profesionales al amparo de la institución, que vulnere los derechos básicos del menor, con o sin contacto directo con el niño. Cada uno de estos tipos de atropello infantil presentan indicadores físicos y conductuales en el menor maltratado, axial como indicadores conductuales y actitudes del bravucón, lo cual ayuda en su diagnostico.

Causas del maltrato

En la actualidad el tipo etiopatiogénico que mejor explica el patrón del maltrato infantil considera la existencia de diferentes niveles ecológicos que están encajados unos dentro de otros interactuando en una dimensión temporal. Existen en este prototipo factores que actuarían según un modelo de afrontamiento, impidiendo que los factores estresores que se producen en las familias desencadenen una respuesta agresiva hacia sus miembros.

La progresiva disminución de los factores compensatorios podría explicar la espiral de violencia intrafamiliar que se produce en el fenómeno del maltrato infantil. Entre los componentes se señalan: armonía marital, planificación familiar, satisfacción personal, escasos sucesos vitales estresantes, intervenciones terapéuticas familiares, apego materno/paterno al hijo, apoyo social, buena condición financiera, acceso a programas adecuados sanitarios, etc.

Entre las causas «estresoras» se cuentan: historia familiar de abuso, desarmonía familiar, baja autoestima, trastornos físicos y psíquicos en los padres, fármaco dependencia, hijos no deseados, padre no biológico, madre no protectora, ausencia de control prenatal, desempleo, bajo nivel social y económico, promiscuidad.

Consecuencias del maltrato infantil

Independientemente de las consecuencias físicas que desencadena directamente la crueldad producida por el abuso físico o sexual, los tipos de violencia infantil dan lugar a trastornos conductuales, emocionales y sociales. La importancia, severidad y cronicidad de estas secuelas, depende de la intensidad y frecuencia del maltrato; características del niño, edad, sexo, susceptibilidad, temperamento, habilidades sociales; el uso o no de la violencia física, relación del niño con e agresor, apoyo intrafamiliar a la victima infantil y acceso y competencia de los servicios de ayuda médica, psicológica y social.

En los primeros momentos del desarrollo evolutivo se observan repercusiones negativas en las capacidades relacionadas de apego y en la autoestima del niño. Así como pesadillas y problemas del sueño, cambio de los hábitos de comida, pérdidas del control de esfínteres, deficiencias psicomotoras y trastornos psicosomáticos.

En escolares y adolescentes encontramos: fugas del hogar, conductas autolesivas, hiperactividad o aislamiento, bajo rendimiento académico, deficiencias intelectuales, fracaso escolar, trastorno disociativo de identidad, delincuencia juvenil, consumo de drogas y alcohol, miedo generalizado, depresión, rechazo al propio cuerpo, culpa y vergüenza, agresividad, problemas de relación interpersonal.

Las investigaciones revelan que el maltrato continúa de una generación a la siguiente. De manera que un niño maltratado tiene alto riesgo de ser perpetradaor de violencia en la etapa adulta.

Prevención

Los pediatras –afirma el médico Hernández González– al ser los profesionales de la salud «que estamos en mayor contacto con los niños, somos los llamados a realizar la prevención de la violencia infantil, además de establecer diagnósticos y junto con equipo multidisciplinario colaborar en su tratamiento.

«La población más vulnerable son los menores de 5 años a partir de esta edad los maestros comienzan a tener un papel principal en el cuidado y análisis. Para ello es necesario sensibilizar y formar profesionales de atención al menor, intervenir en las escuelas para padres, promoviendo valores de estima hacia la infancia, la mujer y la paternidad».

Además, prevenir el embarazo no deseado, principalmente en mujeres jóvenes, mediante la educación sexual en centros escolares asistenciales. Intervenir en las consultas y exponer los derechos de los niños y la inconveniencia de los castigos físicos. Identificar los valores y fortalezas de los padres, reforzando su autoestima.

Es necesaria la rehabilitación del maltrato infantil tanto para los niños víctimas como para sus agresores. Para ello se debe disponer de un equipo multidisciplinario integrado por pediatras, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, orientadores familiares, terapeutas, jueces de menores, y cuerpos policiales, entre otras tareas.

Los Golpes Ocultos

Las estadísticas acerca del maltrato físico de los niños son alarmantes. Se estima que cientos de miles de niños y niñas han recibido abuso y maltrato a manos de sus padres o parientes. Miles mueren. Los que sobreviven, quedan marcados por el trauma emocional, que perdura mucho después de que los moretones físicos hayan desaparecido. Las comunidades y los tribunales aceptan que estas heridas emocionales ocultas pueden ser tratadas. El reconocer y dar tratamiento inmediato es importante para minimizar los efectos a largo plazo por el atropello o violencia física.

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Los niños y niñas que han sido atropellados pueden exhibir, y suelen haacrlo, una pobre auto imagen, reactuación del acto sexual, incapacidad para depender de, confiar en, o amar a otros, conducta agresiva, problemas de disciplina y, a veces, comportamiento ilegal.

Coraje y rabia. Comportamiento auto-destructivo o auto-abusivo. Pensamientos suicidas. Pasividad y comportamiento retraído. Miedo de establecer relaciones o de comenzar nuevas actividades. Ansiedad y miedos. Problemas en la escuela o fracaso escolar. Sentimientos de tristeza u otros síntomas de depresión. Visiones de experiencias ya vividas y pesadillas Abuso de drogas o de alcohol.

A menudo el daño emocional severo de los niños y niñas golpeadas no se refleja hasta la adolescencia, o aún más tarde, cuando muchos de ellos se convierten en padres abusivos y comienzan a atropellar a sus propios hijos. Una persona que fue ultrajada de niño tiene mucha dificultad para establecer relaciones cercanas, tener intimidad y confiar en otros al llegar a adultos. Están expuestos a un riesgo mayor de ansiedad, depresión, abuso de sustancias, enfermedades médicas y problemas en la escuela o en el trabajo. Sin tratamiento adecuado el daño puede perdurar toda la vida.

La identificación y el tratamiento a tiempo son importantes para minimizar las consecuencias de la violencia a largo plazo. Los psiquiatras de niños y adolescentes proveen evaluación comprensiva y cuidado para los niños que han sido golpeados. Pueden ayudar a la familia a aprender nuevas formas de darse apoyo y de comunicarse los unos con los otros. Mediante el tratamiento, el niño maltratado comienza a recuperar su sentido de confianza en si mismo y en otros.

Los golpes no son el único tipo de maltrato infantil. Muchos niños son victimas de abandono, de atropello sexual o de despotismo emocional. En todos los tipos de abuso infantil, el niño y la familia pueden beneficiarse de una evaluación comprensiva y del cuidado de un psiquiatra de niños y adolescentes.

Bibliografía Consultada

– American Academy of Chile and Adolescent Psychiatry (AACAP)
– UNICEF
– Noticias Aliadas
– El Maltrato Infantil: un problema Mundial. Rosalinda Santana-Tavira. Roberto Sánchez.

– www.contraelabusosexualde la infancia.com
– Informes de la Federación Internacional de Periodistas.

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* Periodista.
El artículo anterior de esta investigación puede leerse aquí, donde se encontrarán los enlaces para los otros capítulos de esta exhaustiva investigación.

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