Ago 18 2006
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Cultura

Jorge Luis Borges. – GALLIMARD Y UN ESCÁNDALO POR SUS DERECHOS DE AUTOR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En América Latina el ruido de los disparos llegó a través de un despacho de la Agencia Digital Independiente de Noticias @DIN*, con una versión de la incómoda polémica que en menos de 24 horas dio la vuelta al mundo. No es un asunto menor: la antigua casa editorial europea Gallimard lanzó en periódicos de Francia los primeros fuegos de una campaña contra María Kodama, heredera universal de los derechos de autor de Jorge Luis Borges.

La acusa, nada menos, de “impedir la reedición de la única versión crítica y comentada de las obras completas del escritor argentino”.

El cable de @DIN (subtítulos nuestros):

En un artículo publicado hoy jueves 17 de agosto de 2006 por el diario argentino La Nación con la firma de la periodista Loreley Gaffoglio, se difunden los comentarios de la editorial, en el sentido de que la intransigente postura de la esposa de Borges le causa un perjuicio económico cercano al millón de euros.

El diario francés Le Nouvel Observateur recordó los reclamos que María Kodama hizo en 1988 al poeta Osvaldo Ferrari, en su intento por recuperar parte de los derechos de autor de las conversaciones mantenidas con el escritor y publicadas con el título Diálogos con Borges. Tras un largo litigio, la Corte Suprema desestimó el reclamo al entender que “el universo de los derechos de Kodama tiene sus límites y no está en perpetua expansión”.

La presunta negativa de María Kodama a reeditar las obras publicadas por el La Pléiade, en 1993 y en 1999, actualmente agotadas, tomó amplio estado público en Francia y en España a partir de artículos en los diarios europeos. “Las acusaciones no son veraces y en el corto plazo ella se encargará de demostrarlo”, dijo ayer el abogado de Kodama, Osvaldo Vidaurre, según escribió la periodista de La Nación de Buenos Aires.

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¿Batalla cultural o enojo comercial?

Al cumplirse 20 años de la muerte de Borges, la editorial planeaba reponer en las librerías francesas –por medio de su subsidiaria La Pléiade, que también publica obras de Montaigne, Kafka y Cervantes– la edición comentada de sus obras completas, a la que Borges había contribuido con una serie de charlas grabadas mantenidas con el escritor Jean-Pierre Bernés, profesor de la Sorbona.

En el artículo de Le Nouvel Observateur el prestigioso crítico Pedro Assouline acusa a Kodama de “disponer a su antojo de la obra de un monumento de la literatura universal” y de convertirse en el más serio impedimento para la difusión de la obra borgiana. “El editor de Pléiade se ha convertido en rehén de una viuda abusiva”, escribe, y recuerda pormenores de los reclamos judiciales que Kodama mantuvo con otros autores, tanto por derechos de autor como por el contenidos de varios libros en los que se sintió difamada. Frente a las acusaciones Kodama guarda silencio.

El doctor Osvaldo Vidaurre, uno de los abogados de la heredera de Borges, calificó de “absolutamente falaz” el artículo publicado en el medio francés y señaló que “en el corto plazo Kodama mostrará las pruebas que desestiman lo volcado allí”. Agregó que analiza con letrados europeos las acciones a seguir.

La semana última, el gobierno de Francia condecoró en Buenos Aires a Kodama con la medalla oficial de Artes y Letras de su país, por “reflejar una Argentina que Francia ama”.

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Las cintas de la discordia y el chisme final

Según la publicación parisina la edición crítica de la obra borgiana fue posible gracias a las charlas, grabadas en 122 casetes de 90 minutos cada uno, que mantuvieron Borges y Bernés, en Ginebra, poco antes del fallecimiento del escritor, entre enero y principios de junio de 1986.

Borges había conocido a Bernés cuando éste se desempeñaba como consejero cultural de la embajada de Francia en Buenos Aires y se reencontró con él para preparar la edición de Gallimard. La obra incluyó “modificaciones a los textos originales, revisión de las traducciones, enriquecimiento de los textos por medio de notas”, junto con extensas discusiones literarias acerca de sus producciones.

Esos 122 casetes, hoy en poder de Bernés, fueron también eje de un ríspido litigio judicial en el que Kodama reclamó ante la justicia francesa que las grabaciones le fueran devueltas. Pero el tribunal rechazó en dos oportunidades la devolución de las cintas, a las que Kodama considera material único e inédito. “Tengo la intención de publicar esas conversaciones, que tienen un interés literario real, después de la muerte de la viuda y de la mía”, señaló Bernés dejando entrever un supuesto malestar de Kodama por no haber podido recuperar esas cintas.

Siempre de acuerdo con el semanario, del que también se hizo eco El País de Madrid, etre otros medios de prensa, Borges estimaba como una gran consagración que su obra fuera editada por La Pléiade, “el panteón de papel de los clásicos modernos”. En 1993 apareció el primer tomo de las obras completas, el segundo en 1999. Ambas ediciones están agotadas.

El director de la editorial, Antoine Gallimard, dijo que “todo anduvo bien” con Kodama hasta la edición del segundo volumen: “Entonces me contactó Andrew Wylie, el agente americano (estadounidense) de María Kodama, que me hizo saber que ella exigía que cambiáramos el título y estimaba la edición llena de errores, aunque fue incapaz de citar uno. Actuaba como si tuviese celos del amigo de su esposo. Y eso se hizo evidente cuando me puso una última condición: que se rehiciese la edición sin la participación de Bernés”.

La recepción en Francia de esa edición comentada fue recibida con entusiasmo por el mundo literario –en especial por las precisiones aportadas a los textos en la voz del propio Borges–. También se destacó el hecho de que la única edición crítica en el mundo de la obra del argentino fuera francesa.

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“Kodama tiene la impresión de que el éxito de esa edición de alguna manera la despojó de Borges”, adujo el propio Bernés en Le Nouvel Observateur.

Un estudioso de la obra borgiana comentó bajo estricta reserva que el conflicto por las cintas radica en que ellas contendrían comentarios de Borges poco felices sobre Kodama; una versión que no pudo ser confirmada, pero habría sido “el principal motivo por el que el asunto llegó a los estrados judiciales franceses”, señaló esa fuente.

www.adin-noticias.com.ar.

Addenda
No hubo flores amarillas en la tumba de Borges*

Homenaje del poeta Allan Heufemann al cumplirse un nuevo aniversario del deceso del escritor en Ginebra.

El 14 de junio de 1986 falleció Jorge Luis Borges en su morada ginebrina. Desde entonces cada año su tumba se convierte en lugar de peregrinaje de sus más fieles seguidores. Un ritual silencioso y alejado de bullas.

El 14 de junio de 2006, 20 años más tarde, el “cementerio de los reyes”, donde descansan los personajes ilustres de Ginebra –Borges fue uno de ellos–, lució como todos los días. El jardinero regó las escasas flores que crecen sobre su tumba; no las había amarillas, como las descritas en su poema Con qué puedo retenerte.

fotoLa soledad fue rota por la presencia del poeta chileno Allan Heufemann, que acudió a recogerse en torno a la memoria de quien considera su “maestro”. Avecindado en Ginebra desde hace muchos años, leyó ante la tumba un haiku.
Grosso modo, el haiku, surgido en la segunda mitad del siglo XIX a partir de otras formas tradicionales de la poesía japonesa, es una estructura sin rima de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas

“Hoy no me alegran los almendros del huerto. Son tu recuerdo”, leyó Heufemann frente a la tumba del escritor argentino. Fue todo. Ese día no hubo visitas.

La tumba de Borges tiene el número 735, está adornada por una pequeña cruz de Gales y la inscripción “1899/ 1986” grabada en la piedra que se levanta apenas de la tierra. El epitafio está escrito en inglés antiguo y proviene de un poema épico, La batalla de Maldon, arenga de un guerrero antes de morir en lucha contra los vikingos, en el siglo X: And ne forhtedon na (Y sin temer nada).

Fuente: www.swisslatin.ch.

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