Sep 13 2010
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OpiniónPolítica

Juan Gelman / Militarización de los EEUU

Artículos que ayudan a entender la coyuntura mundial actual.

Corrupciones

La Casa Blanca se queja de la corrupción imperante en el gobierno del presidente Hamid Karzai. Tiene razón: del aeropuerto de Kabul salen cada semana —varias veces— valijas cargadas de dólares en efectivo que altos funcionarios afganos envían al exterior. A sus cuentas, naturalmente. Un solo viaje a Dubai llevó 52 millones de unidades verdes (www.npr.org, 1/2/10). La mayoría de esos dineros proviene de la impune apropiación de tierras públicas y privadas y, sobre todo, del comercio del opio.

Desde el derrocamiento de los talibán en el 2001, Afganistán se ha convertido en el mayor productor mundial del estupefaciente.

Un muy destacado confiscador de tierras es el hermano del presidente, Ahmed Wali Karzai, que preside el consejo provincial de la provincia sureña de Kandahar y no se limita a esa sola actividad: también les incauta el agua a las grupos tribales del lugar, lava dinero y —se dice— permite el paso de grandes cargamentos de opio mediante la adecuada y jugosa comisión (www.nytimes.com, 30/3/10). Su hermano lo defiende contra todas las presiones. La familia es la familia.

No es el único, claro. Según el New York Times (26/8/10), al ex gobernador de la provincia de Helmand Sher Mohammed Akhunzada le encontraron nueve toneladas de opio y heroína en terrenos de su propiedad. No fue penalizado, que se sepa. Tal vez porque figuraría en la larga lista de pagos que la CIA abona en Afganistán. Incluye, entre otros, al hermano de Hamid. El diario neoyorquino señala que funcionarios afganos y estadounidenses informaron que el miembro prominente del Consejo Nacional de Seguridad de Afganistán Mohammed Zia Salehi recibe hace muchos años un sueldo de la CIA.

Salehi no es un personaje menor: funciona como asesor personal del presidente y fue arrestado en julio pasado por su involucramiento en la transferencia al exterior de miles de millones de dólares. "Todo lo que hace es por instrucciones directas del presidente, no hay intermediarios", subrayó Harron Mir, director del Centro Afgano de Investigación y Estudios Políticos. La detención de Salehi duró muy poco: Karzai ordenó su libertad (www.rawa.org, 27/8/10).

Se podrían multiplicar ejemplos como el que dio el ex ministro de Minas Mohammad Ibrahim Adel: aceptó un soborno de 30 millones de dólares para adjudicar a China la concesión de la muy lucrativa mina de cobre Aynak. Renunció al cargo, pero no pasó un solo día entre rejas (www.washingtonpost.com, 18/11/09). Los amigos son los amigos.

Perogrullo dijo que donde hay un corrupto hay un corruptor. Los más importantes son las corporaciones que proporcionan, entre otras cosas, los "soldados de fortuna" alquilados para "reconstruir" a Iraq y Afganistán, y que además sustituyen a las fuerzas estadounidenses en no pocas tareas. Son unos 180 mil mercenarios, una cifra que supera al número de tropas que los ocupantes de EE.UU. jamás tuvieron.

El gigante de la construcción KBR Inc. obtuvo contratos del Pentágono por valor de 16.000 millones de dólares solamente en el período 2004/2006 (http://projects.publicintegrity.org. 2008). Le siguieron monopolios como DynCorp International, Boeing y tantos más. La guerra es la guerra.

Las acciones de los contratistas son diversas. La Blackwater emplea mercenarios que no vacilan en matar a civiles afganos a voluntad. Y no sólo: Erik Prince, su fundador, ha sido acusado de participar en el programa de ejecuciones extralegales de la CIA. Al parecer, Prince ha llevado una doble vida durante años: a la luz diurna, presidente ejecutivo de Blackwater; en las sombras del secreto, diseñador, financista y ejecutor para la CIA de operaciones que van desde infiltrar personal en zonas de difícil acceso para los servicios estadounidenses hasta preparar grupos que asesinan a sospechosos de ser dirigentes de la insurgencia o miembros de Al Qaeda (www.vanityfair.com, enero de 2010).

No extraña que el gobierno de EE.UU. haya acordado a su empresa contratos por valor de 1500 millones de dólares entre el 2001 y el 2009.

La Blackwater no se ha detenido ahí. Robó centenares de armas, más de 500 rifles de asalto AK-47 incluidos, que tomó de un depósito estadounidense en Afganistán para armar a sus guardias sin el permiso del comando central de ocupación. En mayo de 2009, cuatro de ellos ametrallaron a un coche que transportaba a civiles afganos, menos de dos años después de que otros colegas mataran a diecisiete civiles en Bagdad (http://washingtonindependent.com, 23/2/10).

No todos los contratistas son tan duros. Un estudio del Fondo de Investigación del Huffington Post reveló que ciertas compañías organizan fiestas y acercan prostitutas a funcionarios y militares estadounidenses en la Zona Verde de Bagdad para lograr contratos ventajosos (http://huffpostfund.org, 23/8/10). No todas las formas de la corrupción se tapizan con dinero.

La gran tenaza

EEUU no renuncia al sueño de un imperio ganado a fuerza militar. Obama anunció con pífanos y tambores la vuelta a casa de una buena parte de los efectivos que combaten en Iraq, pero a no pocos les tocará volver a Afganistán. Las cosas andan mal por allí, aumenta el número de bajas y la opinión pública estadounidense se cansa cada vez más de la guerra: una encuesta reciente de USA Today/Gallup revela que el apoyo en la materia descendió al 36 por ciento del 48 por ciento registrado en febrero (www.usatoday.com, 3/8/10).

Por lo demás, de hecho y según datos oficiales, la retirada de tropas de Iraq sólo reducirá el número de las que combaten en los dos países de 177.000 a 146.000 en septiembre, menos del 20 por ciento (www.whitehouse.gov, 2/8/10). Y no hay fanfarria que valga.

Transcurre en forma menos estruendosa el armado de la tenaza con la que EE.UU. y su séquito de la OTAN se propone anular a Rusia y China. Obama y Robert Gates, el jefe del Pentágono, declararon en septiembre del 2009 que el plan Bush del escudo antimisiles sería sustituido por un sistema más vasto geográficamente, cuyo objetivo último es abarcar a toda Europa —menos a Rusia y Belorús, naturalmente— completando así el cerco que el Kremlin contempla con el ceño fruncido. Un mes antes trascendió que el gobierno Obama se inclinaba por la posibilidad de un despliegue antimisil en los Balcanes, Israel y Turquía (UPI, 27/8/09).

En febrero de este año fue concertada la ampliación del escudo mediante bases en Bulgaria y Rumania (Reuters, 4/2/10). El Pentágono ha instalado ya una batería de misiles Patriot en el este de Polonia a pocos kilómetros de la frontera rusa (www.defense news. com, 24/5/10). Unos cien efectivos del ejército estadounidense se estacionan muy cerca de Kaliningrado.

La base rumana tiene un relieve particular para el gobierno israelí. Su viceministro de Defensa, Matan Vilnaí, no ocultó su dicha: "Volamos a Rumania, así que podemos operar bien adentro de los países árabes vecinos" (www.jpost.com, 30/7/10). Y por primera vez en la historia de Israel, tropas extranjeras —estadounidenses, claro— se estacionan por un largo período en su territorio para maniobras conjuntas de capacitación en el uso de antimisiles y el manejo de un radar del escudo basado en su territorio desde el 2008.

EE.UU. también ha extendido la instalación de baterías de Patriot en el Golfo Pérsico y emplazará otros equipos de tecnología avanzada en los países árabes —amigos— del Golfo (http://rickrozoff.wordpress.com, 11/5/09). Cabe señalar que la capital de Israel y la de Irán están separadas por unos 1.600 kilómetros, distancia que los misiles instalados en territorio israelí superan con creces. Y pueden alcanzar, además, el área oriental y casi toda la del sur de Rusia, donde se concentran sus fuerzas misilísticas. Una casualidad es una casualidad.

El primer blanco para Israel es Irán. Tel Aviv confía en que una vez que comience a bombardearlo, Teherán no dejará de responder y Wáshington intervendrá con todo su poderío en la nueva guerra. El lobby estadounidense pro-israelí ha iniciado una campaña para que la Cámara de Representantes apruebe el proyecto de resolución 1.553 que convalida esa agresión. Su párrafo 4º es muy claro: "Expresa (la Cámara de Representantes) su apoyo al derecho de Israel a emplear todos los medios necesarios para enfrentar y eliminar la amenaza nuclear de Irán, defender la soberanía israelí y proteger las vidas y la seguridad del pueblo israelí, incluido el uso de la fuerza militar si no se encontrara una solución pacífica en un tiempo razonable" (http://frwebgate.gpo.gov, 20/7/10). Para el lobby pareciera que el "tiempo razonable" se agotó.

La Casa Blanca está negociandoestablecer otra base terrestre de radar en Bulgaria o Turquía, pero esto no significa que abandone al resto del planeta. Obama visitará la India en noviembre próximo y espera vender armas a la segunda nación más habitada del mundo. Si el acuerdo se firma durante la visita del mandatario, EE.UU. desplazará a Rusia como el mayor abastecedor de armamento a Nueva Delhi y, además, ayudará a la India a encarar el ascenso de China. El valor de la compra podría ascender a más de 10 mil millones de dólares, según el diario chino Global Times (www.globaltimes.com, 13/7/10).

Las tensiones Wáshington/ Beijing se agravaron a comienzos de este año, cuando la Casa Blanca confirmó que proveía a Taiwan de 200 misiles Patriot.

El argumento de que el escudo antimisil es necesario para defender a EE.UU. y Europa de los cohetes iraníes y coreanos es inquilino del ridículo: ni Irán ni Corea del Norte los tienen de semejante alcance. Tal escudo es otro aspecto de la militarización del espacio que la Casa Blanca alimenta en su persecución de energéticos ajenos. Está enfrente la posibilidad de que sus intervenciones bélicas se prolonguen muchos años todavía y no es descartable el peligro de una guerra nuclear.

El 373

Los 75.000 documentos clasificados sobre la guerra en Afganistán que dio a conocer el sitio Wikileaks (http://wikileaks.org) provocaron la airada reacción de la Casa Blanca, del Pentágono y de los neoconservadores de todo pelaje que pululan en Wáshington. No es para menos: se trata de informes internos de las fuerzas armadas de EE.UU. y la OTAN que combaten en territorio afgano y dan cuenta de hechos ominosos que no se declaran oficialmente y aun se niegan. El fundador y alimentador del sitio, Julian Assangem, les dio amplia difusión enviándolos a The New York Times, Der Spiegel y The Guardian y anunció que está analizando con su equipo otros 17.000 documentos que pronto dará a conocer.

 El gobierno de Obama condenó en duros términos semejante filtración, histórica por el volumen de registros secretos develados (ver Página/12, 27—7—10).

El vocero del Departamento de Defensa, Geoff Morrell, anunció que se ha lanzado una caza del hombre para encontrar al responsable de un acto que revela, por un lado, el poder de la informática y, por el otro, las fragilidades del Pentágono. La documentación cubre el período junio 2004-diciembre 2009 de la guerra y va de lo torvo, como el ocultamiento estadounidense de la muerte de civiles, a lo francamente ridículo, como el informe sobre un presunto complot del servicio de inteligencia de Pakistán (ISI, por sus siglas en inglés) para asesinar al presidente afgano Hamid Karzai envenenando su cerveza.

Esta hemorragia informativa pinta el verdadero rostro de la guerra en Afganistán, los llamados "daños colaterales" —el eufemismo inventado en la guerra de Vietnam para disimular el asesinato de civiles— que los mandos invasores encubren, las matanzas indiscriminadas en las aldeas, el accionar de escuadrones de la muerte, los bombardeos de aviones sin tripulación manejados a control remoto desde una base estadounidense, la complicidad del ISI con los talibán, los estragos que el "fuego amigo" provoca en la policía y el ejército afganos y otros detallitos que los Pactos de Ginebra califican de crímenes de guerra. Pero quién se acuerda de eso en Afganistán.

Asciende a 144 el número de incidentes que segaron la vida de simples ciudadanos en el período de referencia. Un par de días antes de la difusión de los documentos, un misil impactó en un caserío de la provincia de Helmand causando la muerte de 52 civiles (www.latimes.com, 26-7-2010). El servicio de inteligencia del ejército estadounidense registró "seis insurgentes muertos, incluido un comandante talibán", pero el aldeano Abdul Ghaffar manifestó a la AP que había llevado siete niños heridos a un hospital de Kandahar. Marjan Agha, otro vecino, dijo que un grupo de pobladores fue al encuentro de las tropas alzando una bandera blanca y fueron recibidos a balazos con un saldo de dos víctimas.

Uno de estos "errores": 300 campesinos afganos pasaron a mejor vida en el valle de Baghni por un ataque aéreo que, según un comunicado de la base de Bagram, se produjo "después de tener por seguro que no había afganos inocentes en los alrededores". A Seguro se lo llevaron preso, recuerda el dicho popular.

Las Naciones Unidas asentaron la muerte de 2412 civiles en 2009, un aumento del 14 por ciento respecto del año anterior. Esa clase de contabilidad suele minimizar los guarismos por un lógico prurito de considerar solamente lo probado.

Otro capítulo sombrío es el de las ejecuciones sin proceso que lleva a cabo el Grupo de Tareas 373 del ejército de EE.UU., la "unidad negra" de las fuerzas especiales. Sus efectivos se ocupan de capturar y sobre todo asesinar a dirigentes y activistas talibán considerados importantes, aunque hay en su haber más víctimas civiles, incluidos niños y mujeres —y hasta policías afganos— que insurgentes. Un ejemplo es el ataque que el 373 lanzó el 17 de junio de 2007 para liquidar al combatiente libio Abu Laith al Libi quien, según los datos de inteligencia, se escondía en Nangar Khel, poblado de la provincia de Patitka.

Los del GT 373 utilizaron un arma nueva cargada con seis misiles y transportable en la parte trasera de una camioneta. No encontraron a Libi, pero al acercarse a la aldea, cumplido el ataque, encontraron en la madrasa o escuela religiosa del lugar a seis niños muertos y uno herido que falleció 20 minutos después. Un comunicado de prensa del comando ocupante alegó que las tropas "habían vigilado el sitio todo el día y no hallaron indicación alguna de que hubiera niños en el edificio". Pero había.

Preguntado si estimaba que el secreto de Estado es legítimo, Julian Assangem declaró a Der Spiegel que lo era tanto como el derecho a la apertura. "Desgraciadamente —aclaró—, los que cometen desmanes contra la humanidad o contra la ley abusan de la legitimidad del secreto para taparlos" (www.spiegel.com, 26—7—10).

El inconveniente es que tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas están muertas, anotó Benjamin Franklin.

* Poeta, periodista
.
Tomado de Página 12


Addenda

El discurso de Obama sobre Iraq, un ejercicio de cobardía y de engaño


Bill Van Auken

El discurso del presidente Barack Obama retransmitido a todo el Estado desde el Despacho Oval de la Casa Blanca el pasado jueves [27 de agosto de 2010] fue un ejercicio de cobardía y de engaño. Fue decepcionante para el pueblo de Estados Unidos y de todo el mundo en su caracterización de la criminal guerra contra Iraq. Y fue cobarde en su prosternación ante el ejército estadounidense.

El discurso no podía sino inspirar disgusto y desprecio entre quienes lo vieron. Obama, que en gran medida debe su presidencia al sentimiento en contra de la guerra del pueblo estadounidense, utilizó el discurso para glorificar la guerra a la que erróneamente se había considerado que él se oponía.

El pasaje más espeluznante llegó al final del discurso de 19 minutos cuando Obama declaró: "Nuestras tropas son el acero de nuestro barco de Estado" y añadió: "Y aunque nuestra nación navegue por aguas tempestuosas, nos dan confianza de que nuestro rumbo es bueno".

El miserable discurso de Obama merece ser recordado por esta declaración más que por todas ambigüedades acerca de la retirada de tropas. Era una retórica apropiada para una república bananera gobernada por los militares o para un Estado fascista. El ejército (y no la Constitución, ni la voluntad del pueblo o las instituciones ostensiblemente democráticas del país) constituyen el "acero" en el "barco de Estado". Se supone que los derechos democráticos del pueblo son un lastre que se puede arrojar por la borda cuando sea necesario.

El motivo del discurso fue el plazo artificial fijado por el gobierno de Obama para lo que el presidente llamó el "final de nuestras misiones de combate en Iraq". Ésta es sólo una de las innumerables mentiras incluidas en sus breves comentarios.

Unas 50.000 personas pertenecientes a las tropas de combate siguen desplegadas en Iraq. Aunque se les ha cambiado el nombre por el de fuerzas "transitorias" dedicadas supuestamente a "adiestrar" y "aconsejar" a las fuerzas de seguridad iraquíes, su misión sigue siendo la misma.

Es más, apenas una semana después de que los medios convirtieran el repliegue de Iraq de solo un batallón Stryker en un "hito" que señalaba la retirada de las últimas tropas de combate, se envió de vuelta al país ocupado desde Fuerte Hood, Texas, a 5.000 miembros del Tercer Regimiento Acorazado de Caballería.

Washington no tiene intención de acabar con su presencia militar en Iraq. Sigue construyendo bases permanentes y está determinado a seguir con la agenda original después de que gobierno de Bush iniciara la guerra en marzo de 2003: la imposición de la hegemonía estadounidense en el rico en petróleo Golfo Pérsico.

El discurso de Obama fue tan incoherente como humillante. De forma deshonesta, el presidente trataba ganar crédito por cumplir su promesa de campaña respecto a Iraq. Cuando era candidato había prometido retirar las tropas de combate estadounidenses del país en el plazo de 16 meses desde que llegara al poder. Al final se limitó a adoptar el calendario y el plan diseñados por el Pentágono y el gobierno de Bush para una retirada parcial que deja 50.000 soldados de combate en Iraq.

Bajo la apariencia de rendir tributo a "nuestros soldados" el presidente demócrata se sentía obligado a distorsionar y lavar la imagen de todo el carácter de la guerra a la que fueron enviados a luchar describiendo uno de los capítulos más negros de la historia estadounidense como una especie de esfuerzo heroico.

"Mucho ha cambiado" desde que Bush emprendió la guerra hace siete años y medio, afirmó Obama. "Una guerra para desarmar a un Estado empezó una lucha contra toda insurgencia" en la que los soldados estadounidenses combatieron calle por calle para ayudar a Iraq a aprovechar la oportunidad de un futuro mejor".

El discurso se elaboró como si el presidente se dirigiera a una nación de amnésicos. ¿ Creía realmente que nadie recuerda que fue una guerra que se emprendió basándose en mentiras? Se le dijo al pueblo estadounidense que era necesaria la invasión de Iraq porque el gobierno de Sadam Husein había desarrollado "armas de destrucción masiva" y se estaba preparando para ponerlas en manos de al—Qaeda para hacer estallar "nubes en forma de hongo" sobre todas las ciudades estadounidenses.

No había "armas de destrucción masiva" ni había relación alguna entre el régimen iraquí y al—Qaeda. Eran invenciones de un gobierno que estaba decidido a llevar a cabo una guerra de agresión para hacer avanzar los intereses estratégicos imperialistas estadounidenses.

Estas mentiras se expusieron minuciosamente y contribuyeron a hacer que entre el pueblo estadounidense aumentara una hostilidad generalizada hacia la guerra. Todo esto tiene que ser olvidado, descalificado y reducido a detalles insignificantes.

Obama presentó al pueblo iraquí como el afortunado beneficiario del auto—sacrificio y heroísmo estadounidense, que le otorgó la "oportunidad de abrazar un nuevo destino".

Apenas se podría imaginar que más de un millón de iraquíes han perdido la vida a consecuencia de esta guerra estadounidense que no fue provocada, ni que la violencia ha expulsado de sus hogares a unos cuatro millones de personas obligadas a exiliarse o bien desplazas dentro del propio país devastado por la guerra. Cada institución y componente esencial de la infraestructura social de Iraq fue arrasado por la invasión estadounidense, que desencadenó lo que con toda propiedad se podría calificar de sociocidio, el asesinato de toda una sociedad. La devastación causada por el militarismo estadounidense ha dejado una destrozada nación de viudas, personas sin hogar, parados y heridos.

Aunque se pudo lograr una reducción temporal de la resistencia armada a la ocupación estadounidense cometiendo una sangría entre el pueblo iraquí, lo que ha quedado es una sociedad y un sistema político inviables, dominados por divisiones sectarias y eclipsados por la continua presencia estadounidense.

Entre las secciones del discurso de Obama que más revolvían el estómago estaba el tributo gratuito a su antecesor, George W. Bush. Aunque reconoció que habían "estado en desacuerdo respecto a la guerra" (un desacuerdo que no tenía ganas de explicar en detalle), Obama insistió en que "nadie podría dudar del apoyo del presidente Bush a nuestros soldados, o de su amor al país y su compromiso con nuestra seguridad". Esto demostraba, continuó, que "había patriotas que apoyaban esta guerra y patriotas que se oponían a ella. Y todos nosotros coincidimos en nuestro reconocimiento a nuestro hombres y mujeres soldados".

Bush emprendió una guerra que era ilegal según el derecho internacional. Él y otras figuras dirigentes de su gobierno (Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice) arrastraron al pueblo estadounidense a un crimen de guerra, esencialmente el mismo acto por el que los nazis fueron juzgados y condenados en Nuremberg: planear y emprender una guerra de agresión.

Obama dijo a su audiencia que había hablado con Bush aquella tarde, aparentemente para expresar su solidaridad a un criminal de guerra que debería ser juzgado en La Haya.

Inevitablemente, a este crimen esencial le sucedieron toda una serie de otros crímenes. Los "hombres y mujeres soldados" estadounidenses, cuyo honor se invoca constantemente para justificar el asesinato masivo, se convirtieron en partícipes de estos espantosos crímenes.

Al pueblo estadounidense y al mundo entero le asquearon las imágenes procedentes de Abu Ghraib. Pero el gobierno Obama ha intervenido ante los tribunales para impedir que se expongan las pruebas de otros actos criminales que son aún más atroces.

Los propios soldados fueron víctimas de esta guerra. Casi 4.500 han perdido la vida en la agresión emprendida por el gobierno de Bush y otros 35.000 más han resultado heridos. Cientos de miles han padecido traumas psicológicos a consecuencia de ser arrojados a una sucia guerra colonial.

"La grandeza de nuestra democracia es nuestra capacidad para movernos más allá de nuestras diferencias y aprender de nuestras experiencias mientras hacemos frente a los desafíos que tenemos ante nosotros", continuó Obama. ¡Menuda farsa!

La reputación de la democracia estadounidense se construyó sobre principios y derechos constitucionales que fueron destrozados por el gobierno Bush en nombre de una "guerra global contra el terrorismo". El gobierno de Obama ha aceptado completamente estos ataques a los derechos democráticos y ha defendido el espionaje interno, los juicios extraordinarios, el encarcelamiento sin cargos o juicio, e incluso arrogar al ejecutivo el derecho de considerar a ciudadanos estadounidenses sospechosos de terrorismo y ordenar su ejecución extrajudicial.

El retorcido camino del discurso de Obama llevó de Iraq a Afganistán. En este caso afirmó que era una guerra que podría ser apoyada por "estadounidenses de todo el espectro político" porque supuestamente se emprendió contra al—Qaeda, que "sigue tramando contra nosotros".

Señaló que la "retirada de Iraq" había permitido que se dedicaran mayores recursos a esta guerra con el resultado de que "casi una docena de dirigentes de al—Qaeda" habían sido "asesinados o capturados por todo el mundo".

No se explicó qué tiene esto que ver con triplicar el número de soldados estadounidenses desplegados en Afganistán desde que Obama entró en la Casa Blanca. Según altos cargos y agentes de la inteligencia estadounidense, hay menos de cien miembros de al—Qaeda en Afganistán, que ahora está ocupado por casi 100.000 soldados estadounidenses y otros 40.000 de la OTAN y otros soldados extranjeros.

Obama continuó reconociendo que las fuerzas estadounidenses "están luchando para romper el impulso talibán" sin molestarse siquiera en exponer los argumentos a favor de una relación entre esto y "eliminar" a miembros de al—Qaeda por todo el planeta. La realidad es que en Afganistán las fuerzas estadounidenses están luchando contra afganos que resisten a una ocupación extranjera. El objetivo no es derrotar el "terrorismo", sino establecer el dominio estadounidense en Asia Central, con su importancia geoestratégica y sus vastos recursos de energía.

Por último, tras reconocer que la guerra de Iraq había contribuido a llevar al país a la quiebra, Obama sugirió que el cambio que ha ordenado en el despliegue militar en Iraq está relacionado en algún modo con una determinación por parte de su gobierno de cambiar su centro atención hacia resolver la crisis a la que se enfrentan más de 26 millones de trabajadores estadounidenses que o bien están en paro o son incapaces de encontrar un empleo a tiempo completo.

"Hoy, nuestra tarea más urgente es restaurar nuestra economía y hacer que los millones de estadounidenses que han perdido su empleo vuelvan a trabajar", afirmó. "Para fortalecer a nuestra clase media debemos dar a todos nuestros niños la educación que merecen y a todos nuestros trabajadores las habilidades que necesitan para competir en una economía global".

Ésta es otra mentira. Mientras que el gobierno ha entregado billones de dólares para rescatar a Wall Street, ha dejado claro muchas veces que no hará nada para crear empleo para los parados. Por lo que se refiere a la educación, el gobierno federal sigue recortando los fondos, despidiendo a profesores y cerrando escuelas.

Tras su retórica artera el discurso ha subrayado una cosa: las decisiones respecto a Iraq y Afganistán las han dictado los altos cargos militares y la Casa Blanca de Obama las ha implementado obedientemente. Éste es un gobierno que no tiene una política independiente y mucho menos convicciones. Implementa unas políticas elaboradas en otra parte (en Wall Street y dentro del Pentágono) y está entregado a la defensa de la aristocracia financiera a expensas del pueblo estadounidense.

Fuente:

www.wsws.org/articles/2010/sep2010/obam—s01.shtml
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

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