Ene 12 2021
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Cultura

Julio Aranda: Hay un silencio significativo que pesa tanto como la palabra justa

Es el poeta Julio Aranda quien, entre otros conceptos, desliza en esta entrevista, que 鈥淟a poes铆a es una presencia continua que uno debe esforzarse por mantener y alimentar鈥 y que 鈥淓l arte surge y se instala en la realidad para plasmar otra realidad, su propia realidad鈥.

聽鈥 Sabemos que naciste en una localidad lindante con nuestra ciudad; pero tu infancia transcurri贸 un poco m谩s lejos.

鈥 Unos pocos kil贸metros m谩s lejos. Siendo yo hijo de una madre muy joven (ella ten铆a diecis茅is a帽os), ama de casa, y de un padre obrero de una f谩brica metal煤rgica, cuando nac铆 compraron un terreno en un barrio en formaci贸n, que hoy es San Francisco Solano. 脕mbito agreste, apenas loteado, entre calles de tierra que se anegaban con las lluvias y, por ese entonces, carente de los servicios esenciales: ni luz, ni agua corriente, ni cloacas. Mi madre me le铆a cuentos y poemas, ya que no hab铆a otro entretenimiento (los vecinos m谩s cercanos estaban como a trescientos metros).

Mi madre fue mam谩 y maestra. A mis cuatro a帽os yo sab铆a leer y escribir. No ceso de recordar con ternura, en las tardes-noches de invierno, el perfil de mi madre leyendo a la luz de la l谩mpara a queros茅n que iluminaba la pieza, mientras esper谩bamos el regreso de mi padre. Luego el progreso fue ganando la batalla. En el colegio primario, mi amor por la poes铆a me ubicaba como figura repetida en todos los actos, recitando versos al General San Mart铆n o referidos a nuestra bandera. El colegio contaba con una peque帽a biblioteca: fui ampliando mis lecturas y accediendo a diversos autores. Por los diez u once a帽os comenc茅 a advertir que la musicalidad de esos textos me resultaba m谩gica y me transportaba a lugares imaginarios de los que no quer铆a regresar.

El colegio secundario lo curs茅 en nuestra ciudad. Donde concurr铆a a eventos culturales. Me maravill茅 en mi adolescencia con los poetas franceses, con el Pablo Neruda de un Chile politizado, con C茅sar Vallejo, con Roberto Juarroz (quien tambi茅n viv铆a bastante cerca de Avellaneda) y su 鈥減oes铆a vertical鈥, con el poeta dominicano Manuel del Cabral (poco recordado en estos tiempos); eran 茅pocas de Alejandra Pizarnik, de Vicente Huidobro y su creacionismo. Simult谩neamente, llenaba cuadernos con mis propios escritos.

鈥 驴Y al finalizar el secundario?

Me anot茅 en 1980 en la Facultad de Filosof铆a y Letras. Comenc茅 a ofrecer, t铆midamente, poemas a revistas y suplementos. Algunos se llegaron a publicar. En 1981 fui convocado al Servicio Militar Obligatorio, lo que me alej贸 de mis pretensiones po茅ticas. Para colmo, me dieron la baja del ej茅rcito en marzo de 1982 y un mes despu茅s estalla la guerra de Malvinas, por lo que soy reincorporado y enviado a Comodoro Rivadavia, como 鈥渞eserva鈥. Resultado: reci茅n retorn茅 a la vida civil a mediados de ese a帽o, habiendo interrumpido mis estudios, sin trabajo y en un pa铆s quebrado. Despu茅s consegu铆 un empleo, frecuent茅 bibliotecas y retom茅 la escritura.

Un d铆a de esos que nunca faltan, en los que nos replanteamos casi todo, me deshice de varios cuadernos con poemas. Nada me conformaba y tampoco lograba escribir algo distinto. Me dije 鈥渘ecesito ayuda鈥 y concurr铆 a talleres literarios, algunos coordinados por poetas reconocidos a los que no nombrar茅, sin alcanzar satisfacci贸n, ahogado en mi interior y con la necesidad imperiosa de regresar a mis fuentes creativas.

鈥 Voy calculando que nos acercamos a 鈥淭ama帽o Oficio鈥.

鈥 Alguien me invita a la presentaci贸n de un nuevo n煤mero de esa revista, en la bodega del c茅lebre Caf茅 Tortoni. La directora era una tal Lucila F茅vola, hasta entonces desconocida para m铆. Ese fue mi verdadero comienzo. La escuch茅, compr茅 la revista, me acerqu茅 a ella, a las pocas semanas estaba asistiendo a sus talleres literarios, que dictaba en una oficina de la Avenida de Mayo. Me fui imbuyendo de los conceptos de estructura, musicalidad, aliteraciones, de la importancia de los silencios en el texto, los diferentes tonos, cambios de ritmo, etc. Y todo acompa帽ado por lecturas, no s贸lo de poes铆a, sino desde filosof铆a y religi贸n hasta narrativa y ensayo.

Lucila hablaba del poema como de una perfecta red donde ning煤n punto del tejido pod铆a estar corrido, de fuerzas centr铆petas y de fuerzas centr铆fugas dentro del texto: no s贸lo teorizaba, sino que lo mostraba en su obra y nos conminaba para que lo intentemos en la nuestra. Aprendiendo a pulir y adapt谩ndome al maravilloso equipo de la revista, me invit贸 a sumarme al Consejo de Redacci贸n. Poetas del grupo, Jorge Montesano (fallecido en 2002), Osvaldo Spoltore, Haid茅 Daiban, Emmanuel Muleiro y yo, publicamos una antolog铆a, 鈥淢emoria del olvido鈥, complementada con un CD en el que Lucila y el escritor Jos茅 Bravo recitaban nuestros poemas.

鈥 Tres a帽os con Lucila F茅vola (1942-2013) y ese entorno de estudio y producci贸n, hasta arribar a tu primer poemario.

鈥 Que es cuando comienzo a publicar algunos cuentos y me animo al ensayo (por ejemplo, uno sobre poetas italianos del siglo XX). Y tres a帽os despu茅s, habi茅ndome fogueado en mesas de lectura y programas radiales, m谩s o menos coincidiendo con la aparici贸n de mi segundo poemario, Claudio LoMenzo y Javier Magistris, directores de 鈥淟a Guacha鈥, me invitan a rese帽ar y comentar libros para su revista.

Mientras, debido a que por diferentes motivos la mayor铆a de los escritores fundadores de 鈥淭ama帽o Oficio鈥 se fueron alejando, me aboqu茅 con mayor intensidad a acompa帽ar a Lucila, seleccionando el material, rescatando, como se dice, a poetas olvidados, procurando avisadores para solventar el costo de cada edici贸n, lidiando con la imprenta, efectuando correcciones, consiguiendo 谩mbitos para las presentaciones, sopesando a los posibles intervinientes, y todo con el filtro de Lucila. Cuando ella fallece, del Consejo de Redacci贸n s贸lo qued谩bamos Osvaldo Spoltore y yo.

La familia de Lucila nos dona parte de su biblioteca, sus libros publicados y numerosas carpetas y cuadernos escritos de su pu帽o y letra que a煤n no hemos podido desclasificar. Consultamos con el resto del grupo y decidimos continuar con la revista siguiendo la l铆nea de Lucila hasta cumplir el trig茅simo aniversario en 2016. Cerramos el ciclo en la Feria del Libro. Y como hallamos un poemario in茅dito de ella que hab铆a dado por concluido pocos d铆as antes de morir, con unos pesos que aportamos y la ayuda econ贸mica del Ministerio de Cultura, lo pudimos editar y presentar en el Museo Ricardo Rojas.

鈥 Por tel茅fono me contaste que sos viajante de comercio.

鈥 Un trabajo que a priori surge como antag贸nico para un hacedor de poemas. Sin embargo, largas horas conduciendo por rutas semi des茅rticas, visitando pueblos y ciudades de las provincias de Buenos Aires y de La Pampa, me hicieron encontrar la paz necesaria que (casi) todo poeta anhela; aquellos que no conocen nuestra geograf铆a no se imaginan que s贸lo a unos kil贸metros de nuestra capital, el 谩mbito pueblerino influye de tal forma en nuestros sentidos que es imposible abstraerse y no vivenciar el regocijo con que la vida nos premia a cada paso.

En las horas de la siesta, donde me veo obligado a descansar, puesto que entonces cada pueblo parece detenido, encuentro mi refugio espiritual para leer y escribir. Muchos poemas han nacido en esos instantes de profundo silencio. De todos modos, m谩s all谩 de lugares espec铆ficos, la poes铆a es una presencia continua que uno debe esforzarse por mantener y alimentar. Como dijo Giovanni Raboni (1932-2004), un poeta nacido en Mil谩n, en un reportaje:

鈥淟a poes铆a est谩 cuando est谩. Si hay ganas, se escribe; lo que me parece importante, aun cuando no escribo, es mantener viva la relaci贸n entre la poes铆a y todo lo dem谩s. Si la escritura es intermitente, hay hilos sutil铆simos en tensi贸n continua, incesante elaboraci贸n. Para m铆 la poes铆a es el lugar donde nada se agota, sino todo se verifica: ideas, sentimientos, elecciones. Si uno vive al cinco o tambi茅n al cincuenta por ciento es dif铆cil que sea un gran poeta. A los poetas avaros con la vida y con los dem谩s, cuanto m谩s envejezco, menos los amo; es m谩s, ni siquiera los entiendo鈥.

Esta me parece una de las definiciones m谩s sutiles y bellas que he le铆do. Retomando: la libertad que me permite mi trabajo como viajante de comercio (en el rubro de jugueter铆a), est谩 potenciada desde el arco opuesto por una b煤squeda de tiempo y espacio que, en nuestra gran capital, con sus luces de ne贸n y su bullicio, me cuesta m谩s hallar. En mi caso, los lugares alejados me ense帽aron a escuchar el silencio, ese silencio significativo que pesa tanto como la palabra justa. Equilibrio entre el decir y el no decir. Complementaci贸n de los opuestos.

鈥 驴Publicar谩s un tercer poemario?

鈥 Hace ya varios a帽os que tengo la intenci贸n de publicar, pero lo he ido postergando. Estoy procurando seleccionar de un alto n煤mero de textos. Est谩n los que escrib铆 y que ya no me dicen lo que me dec铆an; los que fantaseaba que desechar铆a y vuelven a adquirir protagonismo; los que percibo como ajenos. Es dif铆cil la articulaci贸n. Cada obra debe ser medular, abarcadora del propio universo, y hay tanta transformaci贸n continua en m铆鈥 En definitiva, la respuesta a tu pregunta es s铆, publicar茅 un tercer poemario y ojal谩 sea pronto.

鈥 Cerrado el ciclo de tres d茅cadas de 鈥淭ama帽o Oficio鈥 鈥

鈥 Es importante aclarar por qu茅 cerramos el ciclo. No fue una decisi贸n caprichosa sino razonada, consensuada con el grupo. La revista nace de mano y obra de Lucila F茅vola, all谩 por 1986, como respuesta a la inquietud de los talleristas que asist铆an a sus clases y que no encontraban un espacio 鈥渇铆sico鈥 para publicar. Surgen los primeros n煤meros. Luego, por exigencia del grupo fundador (integrado por Haid茅 Daiban, Jos茅 Emilio Tallarico, Alicia Clausi, Florencia Dur谩n, Jos茅 Bravo, Dora Pietromica, Gustavo Villamor, Mar铆a Barrientos) y de Lucila, 鈥淭ama帽o Oficio鈥 va creciendo y ya no alcanzaba con el empe帽o de los talleristas.

Se incorporan entrevistas, cuentos, art铆culos sobre escritos filos贸ficos y sobre obras de teatro… Y a prop贸sito de teatro, hay un nombre que merece ser destacado por lo que le brind贸 a la propuesta. Me refiero a Jos茅 Bravo (1934-2010), poeta, ensayista, dramaturgo, profesor de teatro (hasta su fallecimiento ense帽贸 teatro en la c谩tedra de la Universidad de La Matanza), quien hizo de la humildad su mejor carta de presentaci贸n y con un conocimiento profundo del universo cultural. Fue el pilar en el que Lucila y los que nos sumamos despu茅s, nos apoyamos siempre, sabiendo que era posible encontrar en ese maestro el consejo preciso.

Se difunden entrevistas realizadas a Alfredo Veirav茅, Alejandrina Devescovi, Osvaldo Bayer, Elsa Bornemann, Santiago Kovadloff, Josefina Arroyo, H茅ctor Miguel 脕ngeli, Mar铆a Adela Renard… Se rescatan obras como la novela 鈥淓l hombre importante鈥 de Alberto Gerchunoff (1883-1950), cuentos de Haroldo Conti, poemas de Julio Cort谩zar, Emilio Zolezzi, Ezequiel Mart铆nez Estrada, Rogelio Baz谩n, el entrerriano Luis Alberto Salvarezza, Ana Emilia Lahitte, Juan L. Ortiz y tantos, tantos otros. Y del poeta sanjuanino Jorge Leonidas Escudero (1920-2016), cuando a煤n no era muy le铆do.

A prop贸sito de Escudero, a帽os despu茅s, cuando comienza a gozar de prestigio, viaja a Buenos Aires para leer sus poemas en la Biblioteca Nacional, invitado por Ediciones en Danza, que le hab铆a publicado lo que en ese entonces era su 煤ltimo libro. 脡l manten铆a una relaci贸n epistolar con Jos茅 Bravo. Yo, justo unos meses antes hab铆a publicado un ensayo sobre su obra que titul茅 鈥淓scudero: un viento zonda en la planicie po茅tica鈥. Enorme fue mi satisfacci贸n cuando, junto a Jos茅 Bravo, recibo la invitaci贸n para asistir a su lectura. En una de las salas chicas de la Biblioteca 茅ramos un grupo selecto.

Lo recuerdo, menudo como era, con esa fuerza interior que no denunciaba su edad (andar铆a cerca de los ochenta) y, lo m谩s sorprendente, despu茅s del acto, se deshizo un poco a las apuradas de los que lo rodeaban para felicitarlo y se fue con nosotros a tomar algo por un boliche de la zona donde nos quedamos hablando del lenguaje po茅tico, de folklore, de sus andanzas mineras.

Otra satisfacci贸n que me brind贸 鈥淭ama帽o Oficio鈥 fue haber conversado con el poeta y traductor platense Horacio Castillo. Cuando con Spoltore, Montesano, Daiban y Muleiro publicamos 鈥淢emoria del olvido鈥, acudimos a 茅l (a quien conoc铆amos por un reportaje que se le hab铆a realizado para la revista) y le pedimos que nos presente el volumen. No s贸lo acept贸 con cre铆ble entusiasmo, sino que nos dec铆a (y lo reiter贸 p煤blicamente) que se sent铆a halagado. Fue un lujo total. La presentaci贸n se efectu贸 en nuestra ciudad, y 茅l viaj贸 desde La Plata, de noche: su compromiso para ese evento y su an谩lisis de nuestras po茅ticas, me ha dejado una huella.

Considero que la literatura siempre es denuncia, y 鈥淭ama帽o Oficio鈥 la ejerci贸 desde la creaci贸n, desde el no amedrentarse cuando todo alrededor parec铆a que se derrumbaba. En el N潞 27, octubre de 2003, Jos茅 Bravo expon铆a: 鈥溌緾u谩l es la misi贸n del artista, si es que tiene alguna? En principio, salvaguardar su propia existencia y ayudar a salvaguardar la existencia com煤n, como cualquier hombre del planeta鈥, y m谩s adelante cierra la idea: 鈥淪us reacciones artesanales, sus im谩genes, sus palabras y objetos, no lo privan del angustioso cometido de que su grito siga siendo de alarma, de formalizar una esperanza cierta, de toma de conciencia, ya鈥. Estoy persuadido de que en esta toma de conciencia est谩 la misi贸n del artista.

Ahora comienza otra etapa. Osvaldo Spoltore y yo fundamos 鈥淐op茅rnica鈥 el 24 de agosto de 2016, coincidiendo con el D铆a del Lector, as铆 declarado por el Senado y la C谩mara de Diputados de la Naci贸n, conmemorando el natalicio de Jorge Luis Borges, cuando adherimos a la suelta de poemas, en esquinas de nuestra ciudad, organizada por la Fundaci贸n El Libro y la Sociedad Argentina de Escritores. Habremos de coordinar una actividad p煤blica y peri贸dica que llevar谩 el nombre elegido. Y estamos elaborando el primer n煤mero de la revista 鈥淐op茅rnica鈥.

鈥 Obtuviste con tu cuento 鈥淓l guardi谩n鈥 un segundo premio otorgado por la Universidad Popular de La Boca.

Mi narrativa es la parte menos difundida y, probablemente, la menos explorada por m铆. En mis textos, todos breves, procuro una estructura circular, al modo de alg煤n tipo de animal siempre mordi茅ndose su cola. Son numerosos, pero necesitan reescritura, correcciones.

鈥 Uno de los personajes de la novela 鈥淓l mundo deslumbrante鈥 de Siri Hustvedt se帽ala: 鈥淟os pensamientos, las palabras, las alegr铆as y los miedos de otras personas nos afectan y se vuelven parte de nosotros鈥. 驴Advert铆s que algo de lo establecido en dicha frase te haya sucedido?

Cierta energ铆a que emana de los seres con quienes interact煤o suele habitarme, a veces fugazmente, a veces d铆as enteros, y entonces me siento vulnerable, confuso y, lo que es peor, incapaz de transformar esos sentimientos, sobre todo si son negativos. Conscientes o no, hay una vibraci贸n en las personas que a todos nos afecta. No soy yo y los dem谩s, no soy yo y el universo. Soy parte de un todo m谩s complejo y que no se agota en un nombre y apellido. 驴C贸mo abstraerme? All铆 es donde toman protagonismo mis artificios salvadores: las m谩scaras. S茅 que muchos lo asociar谩n con falsedad o con ocultar el verdadero rostro: yo no lo creo, al contrario, lo que llamo m谩scaras me permiten ambular (o deambular) por los caminos donde el dolor, las tristezas, el miedo, y en menor grado las alegr铆as ajenas, me atraviesan en las m煤ltiples y continuas relaciones sociales.

Con su hija Agustina

En Cuba

En familia (2010)

Con Verito Esp铆nola, Marianela Risso Araya, Agustina Aranda,

鈥 A donde te dejes llevar, seg煤n c贸mo te resuenen, Julio: 驴nieve, aguanieve, gr谩nulos de nieve, granos de hielo, prismas de hielo o granizo?

 

Todos esos t茅rminos son aplicables a mi poes铆a; cualquiera de ellos puede trasladarme a un sutil estado de transparencia; depende el contexto en que se ubiquen ser谩 aguanieve, gr谩nulos de nieve o tal vez granizo, pero esto sin buscarlo adrede, sino simplemente permitiendo que aparezca en el estado que mi agua po茅tica me proponga.

聽鈥 驴Cu谩l ha sido el enfoque, en tu ensayo 鈥淟a vocaci贸n que nos elige鈥, respecto de los poetas italianos del siglo XX?

Te transcribo las primeras l铆neas: en ellas se condensa el hilo conductor: 鈥淓n la primera mitad del siglo XX, las dos guerras mundiales dejaron un saldo de alrededor de cien millones de personas muertas. Esto nos demuestra lo inestable que fue el final del segundo milenio y c贸mo todo se fue modificando a una velocidad que pobl贸 de incertidumbre al planeta. La poes铆a no ha sido ajena a la sucesi贸n de cambios, sobre todo en Europa, la zona geogr谩fica m谩s castigada por los enfrentamientos. Pero, a pesar de todo, nunca dej贸 de tener una presencia vital; pareciera que los poetas, en 茅pocas de profundas crisis, se sensibilizaran m谩s ante la angustiosa presencia de la muerte. Y los poetas italianos no han sido la excepci贸n.鈥

Durante un largo lapso fui reuniendo opiniones, entrevistas, art铆culos donde los poetas hacen referencia a la creatividad, a la

En Cuba 2018

rigurosidad para cumplir con una vocaci贸n que priorizaron. Cuanto m谩s le铆a a un alto n煤mero de ellos, m谩s me sorprend铆an por su actitud y b煤squeda profunda y comprometida. Hablo de Vincenzo Cardarelli, Giuseppe Ungaretti, Mario Luzi, Cesare Pavese, Atilio

Bertolucci, Giovanni Raboni, Salvatore Quasimodo, Vittorio Sereni, Eugenio Montale (quien aporta esta brillante definici贸n: 鈥淣o es que yo haya buscado a prop贸sito la oscuridad, pero nadie escribir铆a versos si el problema de la poes铆a fuera hacerse entender鈥), Alfonso Gatto, Giorgio Caproni…

S茅 que intentar definir a la poes铆a es como procurar detener el tiempo, es un encuentro de su esencia con ese designio desconocido y superior que, de alg煤n modo, atraviesa las puertas de toda percepci贸n. S贸lo si se logra esta comuni贸n, el arte surge y se instala en la realidad para plasmar otra realidad, su propia realidad. Y creo que estos poetas italianos de posguerra conforman uno de los m谩s claros ejemplos, por lo menos para m铆.

聽鈥 Si tuvieras que vivir en un solo lugar, sin poder salir jam谩s de 茅l, 驴cu谩l elegir铆as?

Me aterra la idea de estar en un 煤nico lugar y no poder salir jam谩s de 茅l. Soy inquieto por naturaleza…; tal vez por eso nunca he residido muchos a帽os en una misma casa. Me gusta entrar y salir de los lugares y hasta de m铆 mismo. Reh煤yo de todo lo que fija. As铆 voy envejeciendo sin echar ra铆ces. Caprichos de un caminante consuetudinario.

聽鈥 驴Tendr谩s por all铆 alg煤n episodio irrisorio del que hayas sido m谩s o menos protagonista y que nos quieras contar?

No irrisorio, pero s铆 curioso. Fue en 1997 o 1998. Nos invitan, entre otros, a Jorge Montesano y a m铆 a una lectura de poemas y nos piden que les adelantemos el material que 铆bamos a leer, cosa que nos pareci贸 extra帽o…; entre mis poemas hab铆a uno que hac铆a

Con Lina Caffarello en 2001

alusi贸n a los desaparecidos. Lo que no sab铆amos era que la lectura se realizaba en la sede de un edificio c茅ntrico que por ese entonces pertenec铆a al C铆rculo Militar. Nos citan un par de d铆as antes y 鈥済entilmente鈥 me indican que ese poema no debo leerlo porque el tema estaba muy trillado y bla-bla-bla, y que no lo tome como un acto de censura.

Ante mi sorpresa, Jorge Montesano increpa a los dos hombres que nos atend铆an, dici茅ndoles que 鈥渘o vamos a permitir鈥 que nos elijan los poemas, y que si no estaban de acuerdo que borraran nuestros nombres del programa. Los hombres se miraron entre s铆, como consult谩ndose, y juro que tem铆 que todo se siguiera complicando. Finalmente, nos devolvieron el material se帽al谩ndonos que s贸lo era una sugerencia. Corolario: me di el gusto de leer un poema sobre los desaparecidos en un evento cultural organizado en un edificio que pertenec铆a al C铆rculo Militar.

聽鈥 驴Te conforma tu sentido del humor?聽

Considero mi sentido del humor como el de muchos. Suelo ser bromista con mis amigos y bastante solemne con los que no conozco. En mi escritura, el humor no es una cualidad que aparezca a menudo. Con los a帽os, cada vez me cuesta m谩s abstraerme de

los compromisos laborales; el tiempo se me va tratando de resolver conflictos surgidos de mi relaci贸n con los clientes, y esto es algo que aspiro a resolver lo m谩s pronto posible. Por lo dem谩s, transito por los 鈥渃laroscuros鈥 como cualquier ciudadano.

聽鈥 驴Cu谩l es la pregunta, que, con escasas variantes, tantos preguntadores formulan para concluir un reportaje?: la que ahora te extiendo: 驴Qu茅 nos pod茅s contar que se te haya quedado en el tintero?…

Solamente agradecer. A la vida. A las personas que la poes铆a me ha permitido conocer, a la tarea, en algunos casos tit谩nica, de los que 鈥攃omo en tu caso鈥 apuestan, a cambio de nada, por la difusi贸n de las palabras de los que nos consideramos hacedores. El escritor Eduardo A. Azcuy [1926-1992] dijo alguna vez: 鈥淓l modo con que el hombre

Con Lucila F茅vola, Lina Caffarello y 脕ngel Kandel

experimenta el mundo depende de la calidad de su conciencia.鈥 Una conciencia pura nos aliviar谩 de tanta pena mundana.

La poes铆a sigue siendo un b谩lsamo entre tanto dolor. Creo en la palabra como herramienta de un presente y futuro que nos define como especie; s贸lo si persistimos en nuestra intenci贸n de rescatar lo pr铆stino llegaremos a ser una sociedad m谩s justa y perpetua a pesar de lo finito. Estoy persuadido de que la poes铆a ha trascendido desde siglos la frontera de toda muerte acontecida.

Ficha

Julio Aranda naci贸 el 17 de noviembre de 1961 en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, la Argentina, y reside en la Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires. Integr贸 el Consejo de Redacci贸n de la revista de literatura 鈥淭ama帽o Oficio鈥 desde 1997 hasta su n煤mero de cierre, en 2016. Entre otras distinciones, obtuvo el Primer Premio de Poes铆a 鈥淎ntonio Cuadrado鈥 en 1999, el Primer Premio de Poes铆a 2001 otorgado por Mesas Redondas Panamericanas y el Primer Premio de Poes铆a 鈥淩oberto Juarroz鈥 2007, instituido por la Secretar铆a de Cultura de la Municipalidad de Almirante Brown. Ha sido incluido en las antolog铆as de poes铆a y cuento editadas por la Oficina Municipal de Tres de Febrero en 2007, 2010, 2011 y 2013. Particip贸 en el volumen colectivo 鈥淢emoria del olvido鈥 (Ediciones Botella al Mar, 2000). Public贸 los poemarios 鈥淎gudo pico el del p谩jaro oscuro鈥 (Ediciones Gente de Letras, 2000) y 鈥淕rietas que me escriben鈥 (Febra Editores, 2003).

*Entrevista realizada a trav茅s del correo electr贸nico: en la Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires, Julio Aranda y Rolando Revagliatti.

 

 

 

 

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