Ene 12 2021
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Cultura

Julio Aranda: Hay un silencio significativo que pesa tanto como la palabra justa

Es el poeta Julio Aranda quien, entre otros conceptos, desliza en esta entrevista, que ‚ÄúLa poes√≠a es una presencia continua que uno debe esforzarse por mantener y alimentar‚ÄĚ y que ‚ÄúEl arte surge y se instala en la realidad para plasmar otra realidad, su propia realidad‚ÄĚ.

¬†‚ÄĒ Sabemos que naciste en una localidad lindante con nuestra ciudad; pero tu infancia transcurri√≥ un poco m√°s lejos.

¬†‚ÄĒ Unos pocos kil√≥metros m√°s lejos. Siendo yo hijo de una madre muy joven (ella ten√≠a diecis√©is a√Īos), ama de casa, y de un padre obrero de una f√°brica metal√ļrgica, cuando nac√≠ compraron un terreno en un barrio en formaci√≥n, que hoy es San Francisco Solano. √Āmbito agreste, apenas loteado, entre calles de tierra que se anegaban con las lluvias y, por ese entonces, carente de los servicios esenciales: ni luz, ni agua corriente, ni cloacas. Mi madre me le√≠a cuentos y poemas, ya que no hab√≠a otro entretenimiento (los vecinos m√°s cercanos estaban como a trescientos metros).

Mi madre fue mam√° y maestra. A mis cuatro a√Īos yo sab√≠a leer y escribir. No ceso de recordar con ternura, en las tardes-noches de invierno, el perfil de mi madre leyendo a la luz de la l√°mpara a queros√©n que iluminaba la pieza, mientras esper√°bamos el regreso de mi padre. Luego el progreso fue ganando la batalla. En el colegio primario, mi amor por la poes√≠a me ubicaba como figura repetida en todos los actos, recitando versos al General San Mart√≠n o referidos a nuestra bandera. El colegio contaba con una peque√Īa biblioteca: fui ampliando mis lecturas y accediendo a diversos autores. Por los diez u once a√Īos comenc√© a advertir que la musicalidad de esos textos me resultaba m√°gica y me transportaba a lugares imaginarios de los que no quer√≠a regresar.

El colegio secundario lo curs√© en nuestra ciudad. Donde concurr√≠a a eventos culturales. Me maravill√© en mi adolescencia con los poetas franceses, con el Pablo Neruda de un Chile politizado, con C√©sar Vallejo, con Roberto Juarroz (quien tambi√©n viv√≠a bastante cerca de Avellaneda) y su ‚Äúpoes√≠a vertical‚ÄĚ, con el poeta dominicano Manuel del Cabral (poco recordado en estos tiempos); eran √©pocas de Alejandra Pizarnik, de Vicente Huidobro y su creacionismo. Simult√°neamente, llenaba cuadernos con mis propios escritos.

‚ÄĒ ¬ŅY al finalizar el secundario?

¬†‚ÄĒ Me anot√© en 1980 en la Facultad de Filosof√≠a y Letras. Comenc√© a ofrecer, t√≠midamente, poemas a revistas y suplementos. Algunos se llegaron a publicar. En 1981 fui convocado al Servicio Militar Obligatorio, lo que me alej√≥ de mis pretensiones po√©ticas. Para colmo, me dieron la baja del ej√©rcito en marzo de 1982 y un mes despu√©s estalla la guerra de Malvinas, por lo que soy reincorporado y enviado a Comodoro Rivadavia, como ‚Äúreserva‚ÄĚ. Resultado: reci√©n retorn√© a la vida civil a mediados de ese a√Īo, habiendo interrumpido mis estudios, sin trabajo y en un pa√≠s quebrado. Despu√©s consegu√≠ un empleo, frecuent√© bibliotecas y retom√© la escritura.

Un d√≠a de esos que nunca faltan, en los que nos replanteamos casi todo, me deshice de varios cuadernos con poemas. Nada me conformaba y tampoco lograba escribir algo distinto. Me dije ‚Äúnecesito ayuda‚ÄĚ y concurr√≠ a talleres literarios, algunos coordinados por poetas reconocidos a los que no nombrar√©, sin alcanzar satisfacci√≥n, ahogado en mi interior y con la necesidad imperiosa de regresar a mis fuentes creativas.

‚ÄĒ Voy calculando que nos acercamos a ‚ÄúTama√Īo Oficio‚ÄĚ.

¬†‚ÄĒ Alguien me invita a la presentaci√≥n de un nuevo n√ļmero de esa revista, en la bodega del c√©lebre Caf√© Tortoni. La directora era una tal Lucila F√©vola, hasta entonces desconocida para m√≠. Ese fue mi verdadero comienzo. La escuch√©, compr√© la revista, me acerqu√© a ella, a las pocas semanas estaba asistiendo a sus talleres literarios, que dictaba en una oficina de la Avenida de Mayo. Me fui imbuyendo de los conceptos de estructura, musicalidad, aliteraciones, de la importancia de los silencios en el texto, los diferentes tonos, cambios de ritmo, etc. Y todo acompa√Īado por lecturas, no s√≥lo de poes√≠a, sino desde filosof√≠a y religi√≥n hasta narrativa y ensayo.

Lucila hablaba del poema como de una perfecta red donde ning√ļn punto del tejido pod√≠a estar corrido, de fuerzas centr√≠petas y de fuerzas centr√≠fugas dentro del texto: no s√≥lo teorizaba, sino que lo mostraba en su obra y nos conminaba para que lo intentemos en la nuestra. Aprendiendo a pulir y adapt√°ndome al maravilloso equipo de la revista, me invit√≥ a sumarme al Consejo de Redacci√≥n. Poetas del grupo, Jorge Montesano (fallecido en 2002), Osvaldo Spoltore, Haid√© Daiban, Emmanuel Muleiro y yo, publicamos una antolog√≠a, ‚ÄúMemoria del olvido‚ÄĚ, complementada con un CD en el que Lucila y el escritor Jos√© Bravo recitaban nuestros poemas.

‚ÄĒ Tres a√Īos con Lucila F√©vola (1942-2013) y ese entorno de estudio y producci√≥n, hasta arribar a tu primer poemario.

‚ÄĒ Que es cuando comienzo a publicar algunos cuentos y me animo al ensayo (por ejemplo, uno sobre poetas italianos del siglo XX). Y tres a√Īos despu√©s, habi√©ndome fogueado en mesas de lectura y programas radiales, m√°s o menos coincidiendo con la aparici√≥n de mi segundo poemario, Claudio LoMenzo y Javier Magistris, directores de ‚ÄúLa Guacha‚ÄĚ, me invitan a rese√Īar y comentar libros para su revista.

Mientras, debido a que por diferentes motivos la mayor√≠a de los escritores fundadores de ‚ÄúTama√Īo Oficio‚ÄĚ se fueron alejando, me aboqu√© con mayor intensidad a acompa√Īar a Lucila, seleccionando el material, rescatando, como se dice, a poetas olvidados, procurando avisadores para solventar el costo de cada edici√≥n, lidiando con la imprenta, efectuando correcciones, consiguiendo √°mbitos para las presentaciones, sopesando a los posibles intervinientes, y todo con el filtro de Lucila. Cuando ella fallece, del Consejo de Redacci√≥n s√≥lo qued√°bamos Osvaldo Spoltore y yo.

La familia de Lucila nos dona parte de su biblioteca, sus libros publicados y numerosas carpetas y cuadernos escritos de su pu√Īo y letra que a√ļn no hemos podido desclasificar. Consultamos con el resto del grupo y decidimos continuar con la revista siguiendo la l√≠nea de Lucila hasta cumplir el trig√©simo aniversario en 2016. Cerramos el ciclo en la Feria del Libro. Y como hallamos un poemario in√©dito de ella que hab√≠a dado por concluido pocos d√≠as antes de morir, con unos pesos que aportamos y la ayuda econ√≥mica del Ministerio de Cultura, lo pudimos editar y presentar en el Museo Ricardo Rojas.

‚ÄĒ Por tel√©fono me contaste que sos viajante de comercio.

¬†‚ÄĒ Un trabajo que a priori surge como antag√≥nico para un hacedor de poemas. Sin embargo, largas horas conduciendo por rutas semi des√©rticas, visitando pueblos y ciudades de las provincias de Buenos Aires y de La Pampa, me hicieron encontrar la paz necesaria que (casi) todo poeta anhela; aquellos que no conocen nuestra geograf√≠a no se imaginan que s√≥lo a unos kil√≥metros de nuestra capital, el √°mbito pueblerino influye de tal forma en nuestros sentidos que es imposible abstraerse y no vivenciar el regocijo con que la vida nos premia a cada paso.

En las horas de la siesta, donde me veo obligado a descansar, puesto que entonces cada pueblo parece detenido, encuentro mi refugio espiritual para leer y escribir. Muchos poemas han nacido en esos instantes de profundo silencio. De todos modos, más allá de lugares específicos, la poesía es una presencia continua que uno debe esforzarse por mantener y alimentar. Como dijo Giovanni Raboni (1932-2004), un poeta nacido en Milán, en un reportaje:

‚ÄúLa poes√≠a est√° cuando est√°. Si hay ganas, se escribe; lo que me parece importante, aun cuando no escribo, es mantener viva la relaci√≥n entre la poes√≠a y todo lo dem√°s. Si la escritura es intermitente, hay hilos sutil√≠simos en tensi√≥n continua, incesante elaboraci√≥n. Para m√≠ la poes√≠a es el lugar donde nada se agota, sino todo se verifica: ideas, sentimientos, elecciones. Si uno vive al cinco o tambi√©n al cincuenta por ciento es dif√≠cil que sea un gran poeta. A los poetas avaros con la vida y con los dem√°s, cuanto m√°s envejezco, menos los amo; es m√°s, ni siquiera los entiendo‚ÄĚ.

Esta me parece una de las definiciones m√°s sutiles y bellas que he le√≠do. Retomando: la libertad que me permite mi trabajo como viajante de comercio (en el rubro de jugueter√≠a), est√° potenciada desde el arco opuesto por una b√ļsqueda de tiempo y espacio que, en nuestra gran capital, con sus luces de ne√≥n y su bullicio, me cuesta m√°s hallar. En mi caso, los lugares alejados me ense√Īaron a escuchar el silencio, ese silencio significativo que pesa tanto como la palabra justa. Equilibrio entre el decir y el no decir. Complementaci√≥n de los opuestos.

‚ÄĒ ¬ŅPublicar√°s un tercer poemario?

¬†‚ÄĒ Hace ya varios a√Īos que tengo la intenci√≥n de publicar, pero lo he ido postergando. Estoy procurando seleccionar de un alto n√ļmero de textos. Est√°n los que escrib√≠ y que ya no me dicen lo que me dec√≠an; los que fantaseaba que desechar√≠a y vuelven a adquirir protagonismo; los que percibo como ajenos. Es dif√≠cil la articulaci√≥n. Cada obra debe ser medular, abarcadora del propio universo, y hay tanta transformaci√≥n continua en m√≠‚Ķ En definitiva, la respuesta a tu pregunta es s√≠, publicar√© un tercer poemario y ojal√° sea pronto.

‚ÄĒ Cerrado el ciclo de tres d√©cadas de ‚ÄúTama√Īo Oficio‚ÄĚ ‚Ķ

¬†‚ÄĒ Es importante aclarar por qu√© cerramos el ciclo. No fue una decisi√≥n caprichosa sino razonada, consensuada con el grupo. La revista nace de mano y obra de Lucila F√©vola, all√° por 1986, como respuesta a la inquietud de los talleristas que asist√≠an a sus clases y que no encontraban un espacio ‚Äúf√≠sico‚ÄĚ para publicar. Surgen los primeros n√ļmeros. Luego, por exigencia del grupo fundador (integrado por Haid√© Daiban, Jos√© Emilio Tallarico, Alicia Clausi, Florencia Dur√°n, Jos√© Bravo, Dora Pietromica, Gustavo Villamor, Mar√≠a Barrientos) y de Lucila, ‚ÄúTama√Īo Oficio‚ÄĚ va creciendo y ya no alcanzaba con el empe√Īo de los talleristas.

Se incorporan entrevistas, cuentos, art√≠culos sobre escritos filos√≥ficos y sobre obras de teatro… Y a prop√≥sito de teatro, hay un nombre que merece ser destacado por lo que le brind√≥ a la propuesta. Me refiero a Jos√© Bravo (1934-2010), poeta, ensayista, dramaturgo, profesor de teatro (hasta su fallecimiento ense√Ī√≥ teatro en la c√°tedra de la Universidad de La Matanza), quien hizo de la humildad su mejor carta de presentaci√≥n y con un conocimiento profundo del universo cultural. Fue el pilar en el que Lucila y los que nos sumamos despu√©s, nos apoyamos siempre, sabiendo que era posible encontrar en ese maestro el consejo preciso.

Se difunden entrevistas realizadas a Alfredo Veirav√©, Alejandrina Devescovi, Osvaldo Bayer, Elsa Bornemann, Santiago Kovadloff, Josefina Arroyo, H√©ctor Miguel √Āngeli, Mar√≠a Adela Renard… Se rescatan obras como la novela ‚ÄúEl hombre importante‚ÄĚ de Alberto Gerchunoff (1883-1950), cuentos de Haroldo Conti, poemas de Julio Cort√°zar, Emilio Zolezzi, Ezequiel Mart√≠nez Estrada, Rogelio Baz√°n, el entrerriano Luis Alberto Salvarezza, Ana Emilia Lahitte, Juan L. Ortiz y tantos, tantos otros. Y del poeta sanjuanino Jorge Leonidas Escudero (1920-2016), cuando a√ļn no era muy le√≠do.

A prop√≥sito de Escudero, a√Īos despu√©s, cuando comienza a gozar de prestigio, viaja a Buenos Aires para leer sus poemas en la Biblioteca Nacional, invitado por Ediciones en Danza, que le hab√≠a publicado lo que en ese entonces era su √ļltimo libro. √Čl manten√≠a una relaci√≥n epistolar con Jos√© Bravo. Yo, justo unos meses antes hab√≠a publicado un ensayo sobre su obra que titul√© ‚ÄúEscudero: un viento zonda en la planicie po√©tica‚ÄĚ. Enorme fue mi satisfacci√≥n cuando, junto a Jos√© Bravo, recibo la invitaci√≥n para asistir a su lectura. En una de las salas chicas de la Biblioteca √©ramos un grupo selecto.

Lo recuerdo, menudo como era, con esa fuerza interior que no denunciaba su edad (andaría cerca de los ochenta) y, lo más sorprendente, después del acto, se deshizo un poco a las apuradas de los que lo rodeaban para felicitarlo y se fue con nosotros a tomar algo por un boliche de la zona donde nos quedamos hablando del lenguaje poético, de folklore, de sus andanzas mineras.

Otra satisfacci√≥n que me brind√≥ ‚ÄúTama√Īo Oficio‚ÄĚ fue haber conversado con el poeta y traductor platense Horacio Castillo. Cuando con Spoltore, Montesano, Daiban y Muleiro publicamos ‚ÄúMemoria del olvido‚ÄĚ, acudimos a √©l (a quien conoc√≠amos por un reportaje que se le hab√≠a realizado para la revista) y le pedimos que nos presente el volumen. No s√≥lo acept√≥ con cre√≠ble entusiasmo, sino que nos dec√≠a (y lo reiter√≥ p√ļblicamente) que se sent√≠a halagado. Fue un lujo total. La presentaci√≥n se efectu√≥ en nuestra ciudad, y √©l viaj√≥ desde La Plata, de noche: su compromiso para ese evento y su an√°lisis de nuestras po√©ticas, me ha dejado una huella.

Considero que la literatura siempre es denuncia, y ‚ÄúTama√Īo Oficio‚ÄĚ la ejerci√≥ desde la creaci√≥n, desde el no amedrentarse cuando todo alrededor parec√≠a que se derrumbaba. En el N¬ļ 27, octubre de 2003, Jos√© Bravo expon√≠a: ‚Äú¬ŅCu√°l es la misi√≥n del artista, si es que tiene alguna? En principio, salvaguardar su propia existencia y ayudar a salvaguardar la existencia com√ļn, como cualquier hombre del planeta‚ÄĚ, y m√°s adelante cierra la idea: ‚ÄúSus reacciones artesanales, sus im√°genes, sus palabras y objetos, no lo privan del angustioso cometido de que su grito siga siendo de alarma, de formalizar una esperanza cierta, de toma de conciencia, ya‚ÄĚ. Estoy persuadido de que en esta toma de conciencia est√° la misi√≥n del artista.

Ahora comienza otra etapa. Osvaldo Spoltore y yo fundamos ‚ÄúCop√©rnica‚ÄĚ el 24 de agosto de 2016, coincidiendo con el D√≠a del Lector, as√≠ declarado por el Senado y la C√°mara de Diputados de la Naci√≥n, conmemorando el natalicio de Jorge Luis Borges, cuando adherimos a la suelta de poemas, en esquinas de nuestra ciudad, organizada por la Fundaci√≥n El Libro y la Sociedad Argentina de Escritores. Habremos de coordinar una actividad p√ļblica y peri√≥dica que llevar√° el nombre elegido. Y estamos elaborando el primer n√ļmero de la revista ‚ÄúCop√©rnica‚ÄĚ.

‚ÄĒ Obtuviste con tu cuento ‚ÄúEl guardi√°n‚ÄĚ un segundo premio otorgado por la Universidad Popular de La Boca.

¬†‚ÄĒ Mi narrativa es la parte menos difundida y, probablemente, la menos explorada por m√≠. En mis textos, todos breves, procuro una estructura circular, al modo de alg√ļn tipo de animal siempre mordi√©ndose su cola. Son numerosos, pero necesitan reescritura, correcciones.

‚ÄĒ Uno de los personajes de la novela ‚ÄúEl mundo deslumbrante‚ÄĚ de Siri Hustvedt se√Īala: ‚ÄúLos pensamientos, las palabras, las alegr√≠as y los miedos de otras personas nos afectan y se vuelven parte de nosotros‚ÄĚ. ¬ŅAdvert√≠s que algo de lo establecido en dicha frase te haya sucedido?

‚ÄĒ Cierta energ√≠a que emana de los seres con quienes interact√ļo suele habitarme, a veces fugazmente, a veces d√≠as enteros, y entonces me siento vulnerable, confuso y, lo que es peor, incapaz de transformar esos sentimientos, sobre todo si son negativos. Conscientes o no, hay una vibraci√≥n en las personas que a todos nos afecta. No soy yo y los dem√°s, no soy yo y el universo. Soy parte de un todo m√°s complejo y que no se agota en un nombre y apellido. ¬ŅC√≥mo abstraerme? All√≠ es donde toman protagonismo mis artificios salvadores: las m√°scaras. S√© que muchos lo asociar√°n con falsedad o con ocultar el verdadero rostro: yo no lo creo, al contrario, lo que llamo m√°scaras me permiten ambular (o deambular) por los caminos donde el dolor, las tristezas, el miedo, y en menor grado las alegr√≠as ajenas, me atraviesan en las m√ļltiples y continuas relaciones sociales.

Con su hija Agustina

En Cuba

En familia (2010)

Con Verito Espínola, Marianela Risso Araya, Agustina Aranda,

‚ÄĒ A donde te dejes llevar, seg√ļn c√≥mo te resuenen, Julio: ¬Ņnieve, aguanieve, gr√°nulos de nieve, granos de hielo, prismas de hielo o granizo?

 

Todos esos términos son aplicables a mi poesía; cualquiera de ellos puede trasladarme a un sutil estado de transparencia; depende el contexto en que se ubiquen será aguanieve, gránulos de nieve o tal vez granizo, pero esto sin buscarlo adrede, sino simplemente permitiendo que aparezca en el estado que mi agua poética me proponga.

¬†‚ÄĒ ¬ŅCu√°l ha sido el enfoque, en tu ensayo ‚ÄúLa vocaci√≥n que nos elige‚ÄĚ, respecto de los poetas italianos del siglo XX?

¬†‚ÄĒ Te transcribo las primeras l√≠neas: en ellas se condensa el hilo conductor: ‚ÄúEn la primera mitad del siglo XX, las dos guerras mundiales dejaron un saldo de alrededor de cien millones de personas muertas. Esto nos demuestra lo inestable que fue el final del segundo milenio y c√≥mo todo se fue modificando a una velocidad que pobl√≥ de incertidumbre al planeta. La poes√≠a no ha sido ajena a la sucesi√≥n de cambios, sobre todo en Europa, la zona geogr√°fica m√°s castigada por los enfrentamientos. Pero, a pesar de todo, nunca dej√≥ de tener una presencia vital; pareciera que los poetas, en √©pocas de profundas crisis, se sensibilizaran m√°s ante la angustiosa presencia de la muerte. Y los poetas italianos no han sido la excepci√≥n.‚ÄĚ

Durante un largo lapso fui reuniendo opiniones, entrevistas, artículos donde los poetas hacen referencia a la creatividad, a la

En Cuba 2018

rigurosidad para cumplir con una vocaci√≥n que priorizaron. Cuanto m√°s le√≠a a un alto n√ļmero de ellos, m√°s me sorprend√≠an por su actitud y b√ļsqueda profunda y comprometida. Hablo de Vincenzo Cardarelli, Giuseppe Ungaretti, Mario Luzi, Cesare Pavese, Atilio

Bertolucci, Giovanni Raboni, Salvatore Quasimodo, Vittorio Sereni, Eugenio Montale (quien aporta esta brillante definici√≥n: ‚ÄúNo es que yo haya buscado a prop√≥sito la oscuridad, pero nadie escribir√≠a versos si el problema de la poes√≠a fuera hacerse entender‚ÄĚ), Alfonso Gatto, Giorgio Caproni…

S√© que intentar definir a la poes√≠a es como procurar detener el tiempo, es un encuentro de su esencia con ese designio desconocido y superior que, de alg√ļn modo, atraviesa las puertas de toda percepci√≥n. S√≥lo si se logra esta comuni√≥n, el arte surge y se instala en la realidad para plasmar otra realidad, su propia realidad. Y creo que estos poetas italianos de posguerra conforman uno de los m√°s claros ejemplos, por lo menos para m√≠.

¬†‚ÄĒ Si tuvieras que vivir en un solo lugar, sin poder salir jam√°s de √©l, ¬Ņcu√°l elegir√≠as?

¬†‚ÄĒ Me aterra la idea de estar en un √ļnico lugar y no poder salir jam√°s de √©l. Soy inquieto por naturaleza…; tal vez por eso nunca he residido muchos a√Īos en una misma casa. Me gusta entrar y salir de los lugares y hasta de m√≠ mismo. Reh√ļyo de todo lo que fija. As√≠ voy envejeciendo sin echar ra√≠ces. Caprichos de un caminante consuetudinario.

¬†‚ÄĒ ¬ŅTendr√°s por all√≠ alg√ļn episodio irrisorio del que hayas sido m√°s o menos protagonista y que nos quieras contar?

¬†‚ÄĒ No irrisorio, pero s√≠ curioso. Fue en 1997 o 1998. Nos invitan, entre otros, a Jorge Montesano y a m√≠ a una lectura de poemas y nos piden que les adelantemos el material que √≠bamos a leer, cosa que nos pareci√≥ extra√Īo…; entre mis poemas hab√≠a uno que hac√≠a

Con Lina Caffarello en 2001

alusi√≥n a los desaparecidos. Lo que no sab√≠amos era que la lectura se realizaba en la sede de un edificio c√©ntrico que por ese entonces pertenec√≠a al C√≠rculo Militar. Nos citan un par de d√≠as antes y ‚Äúgentilmente‚ÄĚ me indican que ese poema no debo leerlo porque el tema estaba muy trillado y bla-bla-bla, y que no lo tome como un acto de censura.

Ante mi sorpresa, Jorge Montesano increpa a los dos hombres que nos atend√≠an, dici√©ndoles que ‚Äúno vamos a permitir‚ÄĚ que nos elijan los poemas, y que si no estaban de acuerdo que borraran nuestros nombres del programa. Los hombres se miraron entre s√≠, como consult√°ndose, y juro que tem√≠ que todo se siguiera complicando. Finalmente, nos devolvieron el material se√Īal√°ndonos que s√≥lo era una sugerencia. Corolario: me di el gusto de leer un poema sobre los desaparecidos en un evento cultural organizado en un edificio que pertenec√≠a al C√≠rculo Militar.

¬†‚ÄĒ ¬ŅTe conforma tu sentido del humor?¬†

¬†‚ÄĒ Considero mi sentido del humor como el de muchos. Suelo ser bromista con mis amigos y bastante solemne con los que no conozco. En mi escritura, el humor no es una cualidad que aparezca a menudo. Con los a√Īos, cada vez me cuesta m√°s abstraerme de

los compromisos laborales; el tiempo se me va tratando de resolver conflictos surgidos de mi relaci√≥n con los clientes, y esto es algo que aspiro a resolver lo m√°s pronto posible. Por lo dem√°s, transito por los ‚Äúclaroscuros‚ÄĚ como cualquier ciudadano.

¬†‚ÄĒ ¬ŅCu√°l es la pregunta, que, con escasas variantes, tantos preguntadores formulan para concluir un reportaje?: la que ahora te extiendo: ¬ŅQu√© nos pod√©s contar que se te haya quedado en el tintero?…

¬†‚ÄĒ Solamente agradecer. A la vida. A las personas que la poes√≠a me ha permitido conocer, a la tarea, en algunos casos tit√°nica, de los que ‚ÄĒcomo en tu caso‚ÄĒ apuestan, a cambio de nada, por la difusi√≥n de las palabras de los que nos consideramos hacedores. El escritor Eduardo A. Azcuy [1926-1992] dijo alguna vez: ‚ÄúEl modo con que el hombre

Con Lucila F√©vola, Lina Caffarello y √Āngel Kandel

experimenta el mundo depende de la calidad de su conciencia.‚ÄĚ Una conciencia pura nos aliviar√° de tanta pena mundana.

La poesía sigue siendo un bálsamo entre tanto dolor. Creo en la palabra como herramienta de un presente y futuro que nos define como especie; sólo si persistimos en nuestra intención de rescatar lo prístino llegaremos a ser una sociedad más justa y perpetua a pesar de lo finito. Estoy persuadido de que la poesía ha trascendido desde siglos la frontera de toda muerte acontecida.

Ficha

Julio Aranda naci√≥ el 17 de noviembre de 1961 en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, la Argentina, y reside en la Ciudad Aut√≥noma de Buenos Aires. Integr√≥ el Consejo de Redacci√≥n de la revista de literatura ‚ÄúTama√Īo Oficio‚ÄĚ desde 1997 hasta su n√ļmero de cierre, en 2016. Entre otras distinciones, obtuvo el Primer Premio de Poes√≠a ‚ÄúAntonio Cuadrado‚ÄĚ en 1999, el Primer Premio de Poes√≠a 2001 otorgado por Mesas Redondas Panamericanas y el Primer Premio de Poes√≠a ‚ÄúRoberto Juarroz‚ÄĚ 2007, instituido por la Secretar√≠a de Cultura de la Municipalidad de Almirante Brown. Ha sido incluido en las antolog√≠as de poes√≠a y cuento editadas por la Oficina Municipal de Tres de Febrero en 2007, 2010, 2011 y 2013. Particip√≥ en el volumen colectivo ‚ÄúMemoria del olvido‚ÄĚ (Ediciones Botella al Mar, 2000). Public√≥ los poemarios ‚ÄúAgudo pico el del p√°jaro oscuro‚ÄĚ (Ediciones Gente de Letras, 2000) y ‚ÄúGrietas que me escriben‚ÄĚ (Febra Editores, 2003).

*Entrevista realizada a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Julio Aranda y Rolando Revagliatti.

 

 

 

 

 

 

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