Ene 19 2017
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Pol铆tica

Katz: Discusiones sobre la tragedia siria/ Meyssan: Las confesiones del criminal John Kerry

La derrota sufrida por los yihadistas y denominados rebeldes en Alepo anticipa un giro en el desangre de Siria. Si el avance de las tropas del gobierno apoyadas por Rusia e Ir谩n se confirma en las pr贸ximas batallas, la contienda podr铆a quedar definida. Este viraje se juega tambi茅n en Mosul. La coalici贸n de iraqu铆es, kurdos, turcos que act煤a con apoyo a茅reo de Estados Unidos y Francia acorral贸 a los fundamentalistas en su basti贸n de Irak.

Estos desenlaces cambiar铆an el mapa del conflicto pero no la tragedia que padece la regi贸n. Es previsible un desplazamiento de los enfrentamientos hacia otras zonas y la sustituci贸n de choques entre militares por escaladas de terror contra la poblaci贸n civil. Las alertas ya se multiplican en todas las ciudades de Medio Oriente y Europa.

En Alepo se consumaron las mismas masacres que pulverizaron a otras ciudades multi茅tnicas. En el conflicto se computan m谩s de 250.000 muertes y cuatro millones de refugiados. El nivel de barbarie se verifica en el tr谩fico de 贸rganos humanos que realizan los contrabandistas entre los sobrevivientes (Armanian, 2016). Los descendientes del despojo padecido por los palestinos vuelven a padecer el mismo destino de sus antecesores (Ramzy, 2015). Junto a la denuncia de esos cr铆menes resulta indispensable esclarecer lo ocurrido.

Rebeli贸n y usurpaci贸n

Hace seis a帽os comenz贸 en Siria una sublevaci贸n con demandas democr谩ticas semejantes a Egipto y T煤nez. Ese levantamiento form贸 parte de las mismas protestas contra reg铆menes autocr谩ticos que caracteriz贸 a la primavera 谩rabe. El movimiento se populariz贸 e incluy贸 la creaci贸n de comit茅s para exigir reformas pol铆ticas. Pero la represi贸n oficial super贸 todo lo conocido y desencaden贸 una guerra civil.

En su debut la rebeli贸n despert贸 enormes simpat铆as, incentiv贸 la deserci贸n de cuadros militares y dio lugar al surgimiento de zonas liberadas. En t茅rminos pol铆ticos reuni贸 una coalici贸n de hermanos musulmanes, liberales y sectores progresistas. Pero el car谩cter sangriento de los enfrentamientos precipit贸 la militarizaci贸n del campo opositor. Las organizaciones armadas se afianzaron en un escenario de variable empate.

El primer cambio de la rebeli贸n se consum贸 con la presencia de los asesores provistos por Estados Unidos. El segundo viraje se concret贸 con el predominio de milicias yihadistas que no hab铆an participado en la gestaci贸n de la sublevaci贸n. Como los fundamentalistas isl谩micos (salafistas) son ac茅rrimos enemigos de los derechos ciudadanos, su dominio de la revuelta sepult贸 el sentido democratizador del alzamiento,

Los yihadistas se impusieron mediante acciones brutales. Varios grupos contaron con la financiaci贸n de Qatar y Arabia Saudita (Jaish al-Islam) y otras fracciones actuaron en forma m谩s aut贸noma (Jabhat al-Nusra). Turqu铆a aport贸 log铆stica, circulaci贸n en las fronteras y contingentes propios (Ahrar as-Sham). Estas potencias sunitas apostaron a una ocupaci贸n extranjera, semejante a la registrada en el L铆bano durante los a帽os 80.

Entre los yihadistas se consolid贸 el protagonismo del grupo EI (Ej茅rcito Isl谩mico, ex ISIS), que intent贸 establecer los cimientos de un Califato en las zonas conquistadas de Siria e Irak.

Al principio Estados Unidos aval贸 la presencia de estas bandas suponiendo que acelerar铆an la ca铆da de Assad, sin quitarle el tim贸n de la oposici贸n a los sectores del ELS (Ej茅rcito Libre de Siria), manejados por el Pent谩gono.

Pero los fundamentalistas superaron a los grupos pro-occidentales y se apropiaron de su armamento. Tal como ocurri贸 con los talibanes y Al Qaeda, Estados Unidos perdi贸 el control del campo que esperaba manejar.

En las zonas bajo su dominio, los salafistas impusieron c贸digos medievales contra las minor铆as religiosas. Asesinaron cristianos y kurdos, degradaron a las mujeres y quebraron la convivencia entre pueblos y creencias.

Esa usurpaci贸n transform贸 un conflicto inspirado en anhelos democr谩ticos, en una batalla entre dos bandos igualmente reaccionarios y crecientemente contrapuestos por pertenencias comunitarias. Como acertadamente se帽al贸 un analista, esa degeneraci贸n enterr贸 la sublevaci贸n inicial (Kur, 2016).

El avance militar de los yihadistas qued贸 detenido el a帽o pasado. El gobierno de Assad reconquist贸 territorios con el auxilio de los bombardeos rusos y las acciones de las milicias pro-iran铆es (Hezbolah). Cont贸 tambi茅n con el sost茅n de las comunidades alawitas, chiitas y cristianas aterrorizadas por el salvajismo de los salafistas. Cuando la guerra priv贸 al pa铆s de alimentos y medicinas b谩sicas, ambos bandos reclutaron a los desesperados por sobrevivir bajo alguna protecci贸n.

Los dos campos cometieron horrendos cr铆menes documentados por numerosas cr贸nicas period铆sticas (Febbro, 2016; R.L, 2016; Al-Haj Saleh, 2016). Esa barbarie compartida confirma la disoluci贸n del componente progresivo inicial que tuvo el conflicto.

Primavera, yihadismo y kurdos

El curso de la guerra en Siria sintoniz贸 con tres procesos regionales. En primer lugar, la confiscaci贸n de la lucha democr谩tica profundiz贸 el retroceso general de la primavera 谩rabe. Ese levantamiento ha quedado socavado por represiones dictatoriales y guerras yihadistas (Cockburn, 2016).

En medio de atentados y atropellos contra los trabajadores, en T煤nez gobierna un ex ministro del viejo r茅gimen de Ben Al铆. En Egipto los militares restauraron el brutal sistema precedente, desplazando al gobierno electo de los hermanos musulmanes.

Los golpistas emiten condenas a muerte, engrosan las abarrotadas prisiones y torturan a miles de personas. Cuentan, adem谩s, con el aval de Estados Unidos y la complicidad de Europa. Su conducta confirma el car谩cter reaccionario de las c煤pulas militares enfrentadas con el islamismo.

En Libia se verifica la misma regresi贸n. Gadafi fue tumbado por el operativo que mont贸 la OTAN para dividir al pa铆s. Occidente usufruct煤a de esa partici贸n junto a Qatar y Turqu铆a (que manejan la regi贸n de Tr铆poli) y Arabia Saudita (que se reparte el Torbuk con Egipto). Tal como ocurri贸 en 脕frica en d茅cadas anteriores, el territorio ha sido reorganizado bajo el control de los se帽ores de la guerra (Zurutuza, 2014).

En Irak contin煤a la demolici贸n impuesta por un desangre sectario entre sunitas herederos de Sadam y chiitas asociados con Ir谩n. Estados Unidos tolera esa matanza y supervisa la fractura del pa铆s, mediante frecuentes cambios de bando.

Tambi茅n los palestinos sufren las consecuencias de este dram谩tico escenario regional. Israel refuerza la expropiaci贸n de Cisjordania extendiendo muros, apropi谩ndose del agua y forzando la emigraci贸n.

En este desolador contexto zonal se asienta un segundo proceso de gravitaci贸n contrarrevolucionaria de los yihadistas. Esos grupos son continuadores del terrorismo talib谩n, que Estados Unidos foment贸 hace varias d茅cadas para expulsar a la Uni贸n Sovi茅tica de Afganist谩n.

Las potencias occidentales han utilizado las milicias salafistas para destruir a los reg铆menes adversarios. Ese desmoronamiento refuerza la extinci贸n de todos los vestigios de laicismo y modernizaci贸n cultural.

Los fundamentalistas son una fuerza transfronteriza que se alimenta del odio generado por las agresiones imperialistas. Prometen regenerar la sociedad con estrictas normas de autenticidad religiosa, que incluyen alcanzar el para铆so a trav茅s de la inmolaci贸n suicida (Hanieh, 2016). La atracci贸n que suscita entre j贸venes desenga帽ados no s贸lo tiene fundamentos m铆sticos. Expresa tambi茅n el anhelo milenario de alcanzar la unidad 谩rabe por medio de un Califato, asentado en la unanimidad religiosa (Jahanpou, 2014a).

Los yihadistas encarnan la versi贸n extrema de la vertiente sunita del islamismo, en hist贸rica rivalidad con los chiitas. Por eso trasladaron a Siria la guerra sectaria que desgarr贸 a Irak. Los asesinatos que perpetraron en T煤nez ilustran, adem谩s, su pretensi贸n de disolver el sindicalismo y erradicar la militancia. Son destructores de la organizaci贸n popular, exponentes de la barbarie (Achcar, 2015) o representantes de nuevos fascismos con referentes religiosos (Rousset, 2014).

Tal como ocurri贸 con Bin Laden tienden a desenvolver acciones propias que escapan al control de sus creadores (Petras, 2016). La variante m谩s reciente del yihadismo surgi贸 en las c谩rceles de Irak entre los oficiales del disuelto ej茅rcito de Sadam. Formaron el EI para resistir la expulsi贸n de los sunitas del estado y para rechazar del acuerdo de gobernabilidad concertado por Estados Unidos con Ir谩n (Rodr铆guez, 2015).

Pero a diferencia de sus precursores de Al Qaeda algunas vertientes han intentado construir un estado. Ocuparon pozos petroleros y se financiaron con la comercializaci贸n del crudo. Si ese proyecto territorial fracasa retomar谩n el uso generalizado del terror.

En este terrible escenario se incub贸 un tercer acontecimiento inesperado y positivo: la consolidaci贸n de zonas aut贸nomas bajo el control de los kurdos. Este grupo nacional aglutina a la mayor minor铆a sin estado de todo el planeta. Diseminados en varios pa铆ses, sus derechos han sido negados por incontables gobiernos.

En su valiente resistencia al yihadismo crearon la posibilidad de un Kurdist谩n independiente (Feffer, 2015). Si obtienen esa meta conseguir谩n el objetivo que los palestinos no han logrado alcanzar.

Esa perspectiva abre una luz de esperanza en la tragedia de Medio Oriente. Combatiendo al ISI los kurdos ya construyeron un semiestado dentro de Irak. Han pactado con el gobierno chiita aprovechado el moment谩neo aval de Estados Unidos y buscan reconstruir en Ir谩n la ef铆mera rep煤blica que forjaron en los a帽os 40.

En Siria batallaron durante a帽os por su autonom铆a, pero en el conflicto actual establecieron un acuerdo con Assad para combatir a los yihadistas. Con un armamento muy limitado han logrado significativas victorias.

En Kobane demostraron la supremac铆a del hero铆smo y la auto-defensa sobre el terror. Sus milicias integradas con mujeres, guiadas por normas de laicismo e impulsadas por proyectos econ贸micos cooperativos son la contracara del oscurantismo yihadista (Kur, 2015).

Las victorias de los kurdos permitir铆an restaurar la convivencia entre 谩rabes, armenios , turcomanos y asirios. Introducen un contrapeso progresista al ocaso de la primavera y a la reacci贸n salafista.

Epicentro de conflictos globales

La guerra actual difiere en el plano geopol铆tico de lo ocurrido en Libia. All铆 prevaleci贸 la unanimidad imperialista, Rusia jug贸 un papel secundario, Ir谩n no fue determinante y las subpotencias que financiaron a la oposici贸n se repartieron amigablemente el petr贸leo. Por el contrario en Siria se han concentrado m煤ltiples conflictos internacionales.

Estados Unidos intent贸 aprovechar la rebeli贸n democr谩tica inicial para deshacerse de Assad. El cuestionado presidente no conserva ning煤n gramo del viejo antiimperialismo, pero act煤a con un imprevisible pragmatismo. Aunque particip贸 en la invasi贸n yanqui a Irak, preserva una autonom铆a inadmisible para el Departamento de Estado. Por eso Obama intent贸 tres fracasadas pol铆ticas para derrocarlo.

Primero tante贸 la instauraci贸n de una zona 谩rea de exclusi贸n y amenaz贸 con bombardeos directos. Pero no logr贸 la cobertura de las Naciones Unidas, ni el sost茅n requerido para montar el control internacional de los arsenales qu铆micos.

Posteriormente propici贸 la divisi贸n del pa铆s en cantones, en el escenario de caos que potenciaron los grupos del ELS manejados por la CIA. Como Assad se neg贸 a exilarse y el yihadismo cop贸 el bando rebelde, Washington opt贸 por una negociaci贸n con Rusia para neutralizar a los fundamentalistas. Decidi贸 tolerar al r茅gimen, en el marco de las nuevas tratativas para logar el desarme nuclear de Ir谩n (Armanian, 2016).

Pero estas vacilaciones paralizaron a Obama y empujaron a los republicanos a exigir la continuidad de la campa帽a militar. Incluso Hilary propuso el endurecimiento y la intervenci贸n del Pent谩gono. La ca铆da de Alepo implic贸 finalmente una derrota de Estados Unidos, que revierte sus avances en Libia y consolida sus retrocesos en Irak.

Nadie sabe qu茅 har谩 Trump, pero ya anticip贸 un mayor apoyo a Israel que conducir铆a a retomar el hostigamiento de Assad. Avalar谩 en la ONU el colonialismo sionista y amenaza con trasladar la embajada yanqui a Jerusalem. Los tres principales funcionarios militares del nuevo presidente (Flynn, Pompeo y Mattis) son partidarios de romper el acuerdo nuclear con Ir谩n.

Pero reactivar el conflicto con Siria choca con la tregua sugerida a Rusia para confrontar con China. Renovar la presi贸n militar sobre Damasco no es compatible con los acuerdos propuestos a Putin, para compatibilizar los gasoductos proyectados por Rusia (South Stream) y Estados Unidos (Nabucco). Es tambi茅n dif铆cil priorizar esos convenios hostilizando al mismo tiempo a Ir谩n (Ramonet, 2017).

Hasta ahora Europa ha seguido las pol铆ticas m谩s duras que impuls贸 Estados Unidos en Siria. Especialmente Francia incentiv贸 el derrocamiento de Assad, facilitando la circulaci贸n de los yihadistas y la financiaci贸n de su armamento. Hollande busca ahora mayor protagonismo en la captura de Mosul.

Esta conducta fue reforzada con la utilizaci贸n reaccionaria de los atentados padecidos por la poblaci贸n gala. No s贸lo volvi贸 a imperar un doble rasero, para subrayar que la vida de un franc茅s vale m谩s que su equivalente del Tercer Mundo. La marcha oficial frente a lo ocurrido en Charlie Hebdo fue precedida por la prohibici贸n de manifestaciones palestinas e incluy贸 la presencia de Netanyahu, como una expl铆cita provocaci贸n al mundo 谩rabe.

Tambi茅n los refugiados son manipulados para justificar operaciones b茅licas de 鈥減rotecci贸n humanitaria鈥. Mientras cierra las fronteras y convalida los naufragios en el Mediterr谩neo, Hollande multiplica el env铆o de tropas que potencian el 茅xodo de la poblaci贸n civil (Alba Rico, 2015).

Ese belicismo se explica por los negocios franceses con Arabia Saudita o Qatar y por los intereses coloniales que el yihadismo amenaza en 脕frica. Pero un ala del establishment (Fillon) ya propicia replanteos. Francia padece al mismo Frankestein que afecta a Estados Unidos desde el atentado de las Torres Gemelas.

La creciente participaci贸n de ciudadanos franceses de origen 谩rabe en el yihadismo agrava el problema. La atracci贸n del fundamentalismo entre los j贸venes despose铆dos aumenta con la criminalizaci贸n de los musulmanes y la expansi贸n del fascismo islamof贸bico.

En Siria se dirimen tambi茅n las tensiones de Occidente con Rusia. En los 煤ltimos a帽os la OTAN despleg贸 misiles en Europa Oriental, cre贸 rep煤blicas fantasmales (Kosovo), propici贸 incendios fronterizos (Georgia) e indujo golpes de estado entre los aliados estrat茅gicos de su contrincante (Ucrania).

Pero la pasividad de la era Yeltsin qued贸 atr谩s y Putin encabeza una reacci贸n defensiva en la esfera geopol铆tica (recaptura de Crimea) y econ贸mica (expropiaci贸n del magnate pro-Exxon Jodorkovski). La presencia rusa en Siria apuntala ese contrapeso.

Putin subi贸 la apuesta luego del ataque del ISI a un avi贸n ruso en Sina铆. Est谩 empe帽ado en prevenir el resurgimiento de las milicias islamistas en su radio de Chechenia. Acord贸 con Obama el bombardeo a los grupos yihadistas y luego aprovech贸 el desconcierto de Estados Unidos para socorrer al acosado Assad.

Rusia apuntala en Siria sus propios intereses militares (una base naval y otra a茅rea) y econ贸micos (gasoductos). Se encuentra en una situaci贸n muy distinta a la padecida cuando perdi贸 Afganist谩n o se desplom贸 la URSS.

Pero compensar la fragilidad econ贸mica interna con expansi贸n militar puede desembocar en el desastre que demoli贸 al imperio zarista. El momento de gloria que vive Putin disimula las limitaciones de su maquinaria b茅lica y el dudoso sost茅n interno a operaciones de mayor envergadura (Poch, 2017).

La internacionalizaci贸n del conflicto sirio condujo incluso a China a atenuar su estrategia general de prescindencia. A diferencia de lo ocurrido en Libia, ahora participa en las negociaciones sobre el futuro del pa铆s. Teme la expansi贸n del yihadismo en sus fronteras y necesita asegurar el abastecimiento de petr贸leo. La estabilidad de Medio Oriente es vital para su proyecto de forjar un gigantesco emprendimiento comercial, emparentado con la vieja ruta de la seda.

Disputas regionales

Los conflictos entre las subpotencias de la regi贸n han influido m谩s que las tensiones globales en el desgarro de Siria. Israel interviene en sinton铆a general con Estados Unidos. Pero hace valer intereses colonialistas que rompen el equilibrio de la primera potencia con sus socios del capitalismo 谩rabe.

Netanyahu aprovechar谩 el ascenso de Trump para intentar la captura completa de Cisjordania liquidando la farsa de los dos estados (Papp茅, 2016). Con ese objetivo incentiv贸 la demolici贸n de Siria a trav茅s de bombardeos y socorros de la retaguardia yihadista. Esperaba destruir a un adversario que alberga palestinos y oxigena a Ir谩n.

El gobierno israel铆 no acepta perder el monopolio at贸mico regional frente a las instalaciones construidas por los Ayatollahs. Despotric贸 contra el acuerdo nuclear que suscribi贸 Obama y se dispone a dinamitar ese convenio, para revertir el resultado adverso de la guerra en Siria.

Arabia Saudita es un segundo protagonista que encabez贸 el sost茅n a los yihadistas para tumbar a Assad. Su r茅gimen criminal-mon谩rquico es la principal referencia de los fundamentalistas. El nuevo rey Salman inaugur贸 por ejemplo su mandato con un r茅cord de 153 ejecutados (G贸mez, 2016).

Los sauditas disputan hegemon铆a con Ir谩n recurriendo a fundamentos del Cor谩n. Retoman la antigua contraposici贸n entre sunitas y chiitas, que se cobr贸 m谩s de un mill贸n de muertos en la guerra entre Irak e Ir谩n (Jahanpour, 2014).

Los monarcas saud铆es no toleran la preeminencia lograda por sus adversarios en el r茅gimen que sucedi贸 a Sadam Hussein. Exigen, adem谩s, el sometimiento de todos los pobladores chiitas de la pen铆nsula ar谩biga, que encabezaron protestas durante la primavera 谩rabe (Luppino, 2016).

En el estrat茅gico enclave de Yemen los jeques comandan una atroz escalada de masacres, que ha creado una tragedia de desabastecimiento de agua y alimentos (Cockburn, 2017). Cuentan con la colaboraci贸n a茅rea de Inglaterra y la complicidad log铆stica de Francia (Mundy, 2015). Mantienen, adem谩s, una estrecha asociaci贸n de compra de armamento y sost茅n del d贸lar con Estados Unidos (Engelhardt, 2016). Pero con el manejo de una colosal renta del crudo han construido un poder propio, que genera m煤ltiples conflictos con Washington.

En los 煤ltimos a帽os Estados Unidos increment贸 su abastecimiento interno de combustible, redujo la dependencia de sus proveedores y utiliz贸 el petr贸leo barato como instrumento de presi贸n sobre Rusia e Ir谩n, afectando tambi茅n a sus socios sauditas.

Probablemente los monarcas avalaron la ca铆da del precio para afectar la rentabilidad de la producci贸n norteamericana (extracci贸n con shale) y recuperar predominio. Pero tambi茅n priorizaron la convergencia con Estados Unidos para disciplinar a la OPEP y debilitar a Teher谩n. Con Trump se avecinan nuevos acercamientos (guerra del Yemen) y distanciamientos (m谩s negocios con Europa que con Am茅rica).

M谩s conflictivo es el destino futuro de los yihadistas. Al igual que en Pakist谩n, nunca se sabe cu谩nto protegen los monarcas sauditas a los grupos terroristas que desestabilizan a Occidente (Petras, 2017).

Por esa raz贸n m谩s de un estratega del Departamento de Estado eval煤a la conveniencia de promover una balcanizaci贸n de Arabia Saudita. Exploran la posibilidad de transformar a ese pa铆s en una colecci贸n de impotentes mini-estados, semejantes a Qatar o Barheim (Armanian, 2016).

El tercer actor regional -Ir谩n- disputaba en la 茅poca del Sha poder regional con los Sauditas, dentro de un mismo alineamiento pro-norteamericano. Pero desde hace d茅cadas el r茅gimen teocr谩tico choca con Estados Unidos. Apuntala especialmente el r茅gimen de Assad para reforzar su preeminencia en Irak y contrarrestar el acoso saudita en Yemen. Participa en Siria no s贸lo con armas y asesores, sino con cierto despliegue de fuerzas regulares. Adem谩s, recluta chiitas en el mundo 谩rabe con la misma intensidad que sus adversarios sunitas (Behrouz, 2017).

Los Ayatollah le permitieron a Rusia incursionar desde su territorio contra el ISI, pero mantienen abiertas las negociaciones nucleares iniciadas con Obama. Al cabo de varias d茅cadas de aislamiento econ贸mico el r茅gimen acepta un desarme parcial, a cambio de inversiones occidentales. Tramita un lugar protag贸nico en los gasoductos que dise帽an las compa帽铆as petroleras (Armanian, 2016) .

Los socios privilegiados del capitalismo iran铆 se definir谩n en la intensa batalla interna que libra el ala pro-occidental de Rohani, con la vertiente tradicionalista de Jameini. Todos buscan desactivar un descontento reformista que amenaza la supremac铆a de los te贸logos y militares en el manejo del gobierno.

Finalmente la cuarta potencia regional -Turqu铆a- pertenece a la OTAN y alberga una base militar con ojivas nucleares apuntando a Rusia. Pero los herederos del imperio otomano tambi茅n operan como una sub-potencia con vuelo propio.

Especialmente el gobierno isl谩mico-sunita conservador de Erdogan intent贸 un liderazgo de la zona, en estrecha alianza con la hermandad musulmana de Egipto. Pero luego del derrocamiento de ese sector consum贸 un cambio de frente, buscando primac铆a en la ofensiva contra Assad. Motoriz贸 la acci贸n de los yihadistas en Siria e incluso derrib贸 un avi贸n ruso para forzar la intervenci贸n directa del Pent谩gono. Con el mismo prop贸sito potenci贸 la crisis de los refugiados en Europa (Armanian, 2015).

Pero el peligro de gestaci贸n de un estado kurdo precipit贸 otro viraje espectacular de Erdogan. Turqu铆a se forj贸 como pa铆s en la negaci贸n de los derechos de esa minor铆a y su gobierno complementa el viejo exclusivismo nacional (una sola lengua, raza e idioma) con el sost茅n religioso de las mezquitas (Guti茅rrez, 2016).

Erdogan se sum贸 al bloque de rusos e iran铆es para bloquear la expansi贸n de los kurdos en sus fronteras. Rompi贸 la tregua con los encarcelados l铆deres de esa minor铆a en Turqu铆a y apuesta a negociar con Assad la obstrucci贸n total de los anhelos kurdos (Lorusso, 2015).

El presidente cambi贸 de bando para confrontar internamente con los pacifistas, laicos y progresistas que avalan las demandas (o las negociaciones) con los kurdos. Propicia un giro totalitario que inici贸 desarticulando el improvisado golpe de estado reciente. Quiz谩s mont贸 un auto-golpe para justificar las persecuciones (Cornejo, 2016) o afronta conspiraciones pro-norteamericanas de los descontentos con su aproximaci贸n a Rusia (Armanian 2016).

En cualquier caso, Turqu铆a es un polvor铆n sacudido por choques en la c煤pula militar. Erdogan sostiene a la fracci贸n islamista que promueve un proyecto hegem贸nico neo-otomano (rabiismo) frente a sectores m谩s atlantistas (kemalismo), en un marco de fracasado ingreso a la Uni贸n Europea (Savran, 2016). En la guerra de Siria se dirime la supremac铆a de un grupo sobre otro.

Caracterizaciones y posicionamientos

La complejidad de la guerra en Siria obedece a una intrincada combinaci贸n de conflictos. La rebeli贸n popular inicial se entremezcl贸 con las tensiones entre potencias regionales y globales (Cinatti, 2016).

Ese tipo de mixturas en un mismo escenario b茅lico ha sido frecuente en la historia. La Segunda Guerra Mundial sintetizaba, por ejemplo, choques interimperialistas (Estados Unidos-Jap贸n, Alemania-Inglaterra), con resistencias democr谩ticas al fascismo y defensas de la URSS ante la restauraci贸n capitalista. Estos dos 煤ltimos componentes determinaron el alineamiento de la izquierda en el campo de los aliados (Mandel, 1991).

Para tomar partido en conflagraciones de este tipo, resulta necesario caracterizar cu谩l es el campo que contiene demandas leg铆timas o facilita triunfos populares. Es vital priorizar la lucha por abajo, para distinguir a las fuerzas m谩s progresivas de cada escenario. Los conflictos geopol铆ticos nunca son indiferentes a la acci贸n popular, pero est谩n subordinados al curso de esas batallas.

Lenin propici贸 esta estrategia socialista que jerarquiza los combates populares y toma en cuenta las tensiones por arriba. Super贸 el error de considerar tan s贸lo la confrontaci贸n con el enemigo principal o sostener ciegamente cualquier rebeli贸n, omitiendo su funci贸n en el escenario global.

En el caso actual de Siria han prevalecido momentos de prioridad de la lucha democr谩tica (levantamiento inicial contra Assad), derrota de los criminales reaccionarios (yihadismo) o sost茅n de los movimientos m谩s avanzados (kurdos). En todos los casos se han verificado situaciones controvertidas.

En el debut de la primavera 谩rabe las movilizaciones democr谩ticas eran tan v谩lidas en T煤nez como en Siria. Pero esta 煤ltima rebeli贸n perdi贸 legitimidad cuando fue usurpada por el oscurantismo.

En el caso de los kurdos, la enorme progresividad de su lucha no queda anulada por la protecci贸n coyuntural que obtienen de Estados Unidos. Por la misma raz贸n persiste la validez de la causa palestina, a pesar de la financiaci贸n que brinda Qatar al Hamas e Ir谩n al Hezbolah.

La imperiosa necesidad de frenar la barbarie yihadista condujo tambi茅n a intensos debates en Mali, frente al arribo de tropas colonialistas francesas (Amin, 2013; Drweski, Page, 2013).

No es sencillo definir en Medio Oriente c贸mo se apuntala la lucha popular, en medio de las tensiones geopol铆ticas que inciden en esa batalla. Conceptualizar a los principales protagonistas de esas disputas contribuye a esas definiciones.

Estados Unidos comanda un bloque imperialista que ha destruido al mundo 谩rabe con bombardeos, drones y asesinatos selectivos. Permanece en Afganist谩n amparando aventureros -que se financian con el cultivo de estupefacientes- y en la descalabrada sociedad iraqu铆, sostiene a los clanes m谩s corruptos.

Washington redefine actualmente sus estrategias, sin perder el lugar preeminente que ocupa en la reproducci贸n del orden capitalista global. Auto-limita su poder de intervenci贸n recurriendo a manejos indirectos (鈥渟oft power鈥) y una gesti贸n imperial colectiva, que en Medio Oriente opera a trav茅s de un ap茅ndice directo (Israel).

Las potencias regionales desenvuelven pol铆ticas sub-imperiales, guiadas por una cambiante relaci贸n de subordinaci贸n, autonom铆a y conflicto con el imperialismo central. Definen todas sus acciones en funci贸n de esos objetivos de supremac铆a zonal. Las variedades tradicionales (Turqu铆a), nuevas (Sauditas) y en recomposici贸n (Ir谩n) de ese perfil se han verificado en la contienda de Siria. La intervenci贸n de esos pa铆ses clarifica el sentido actual del sub-imperialismo, que fue conceptualizado en los a帽os 70 con otros prop贸sitos.

Finalmente el papel de Rusia debe ser evaluado en otro plano. No es un adversario ocasional, sino un rival estrat茅gico de Estados Unidos. El Pent谩gono confronta desde hace mucho y en forma permanente con ese pa铆s.

Rusia no es la URSS. Se ha consolidado como una econom铆a capitalista integrada a la mundializaci贸n neoliberal y act煤a en Siria en funci贸n de los intereses de las clases dominantes y la burocracia del Kremlin.

Es una potencia con tradiciones imperiales que no opera a esa escala, sino en un nivel m谩s precario. Por esa raz贸n se perfila como un imperio en formaci贸n, que igualmente afecta la primac铆a de Occidente en Medio Oriente. Esa intervenci贸n puede cambiar la relaci贸n internacional de fuerzas, pero no constituye por s铆 misma una acci贸n progresiva o favorable a los pueblos [1].

Gobierno y opositores

Los debates sobre Siria oponen en la izquierda a los defensores del gobierno y del bando opositor. La tesis favorable al r茅gimen no ignora su car谩cter represivo, pero subraya su impronta laica, progresista y multi茅tnica. Destaca la necesidad de asegurar la integridad territorial de ese estado, frente a la disgregaci贸n sufrida por Libia e Irak. Tambi茅n describe c贸mo las conspiraciones imperiales intentan socavar a un gobierno heredero del proyecto pan谩rabe (Fuser, 2016).

Pero Assad no cometi贸 excesos ocasionales. Encabeza un r茅gimen atroz que reprimi贸 en forma sanguinaria a los manifestantes. Los disparos a mansalva, bombardeos de aldeas y asesinatos de familias continuaron los cr铆menes de 1982 en la localidad de Homs.

El gobierno actual no guarda ning煤n parentesco con la constituci贸n inicial de un estado aglutinante de todas las comunidades. Desde hace a帽os aplica ajustes del FMI y apuntala la corrupci贸n de camarillas que se enriquecieron con la gesti贸n neoliberal.

La involuci贸n del Baath sirio se asemeja a la trayectoria seguida por Sadam Hussein o Gadafi. Todos debutaron con proyectos reformistas y concluyeron gobernando para clanes mafiosos.

La virulencia represiva de Assad reproduce tambi茅n lo ocurrido en la d茅cada pasada en Argelia, cuando el gobierno desconoci贸 un triunfo electoral islamista, precipitando matanzas de ambos bandos. Con los mismos pretextos de contener al fundamentalismo, el dictador egipcio Sisi descarga una virulenta represi贸n contra la oposici贸n.

Los reclamos democr谩ticos de la poblaci贸n siria siempre tuvieron la misma legitimidad que las exigencias de otros pueblos. Esas demandas han sido enarboladas contra tiranos prohijados o enemistados con Estados Unidos.

Al razonar con criterios puramente geopol铆ticos desconociendo estos hechos, no s贸lo se ignoran las aspiraciones populares. Se cierra los ojos ante masacres que ning煤n progresista puede avalar. Esa actitud condujo durante d茅cadas a da帽ar la causa del socialismo ignorando los cr铆menes de Stalin.

La tesis opuesta y favorable a la rebeli贸n se ubic贸 al principio en la trinchera correcta, pero desconoci贸 la degeneraci贸n ulterior de la revuelta. Algunos niegan esa involuci贸n afirmando que el levantamiento democr谩tico se profundiz贸 y radicaliz贸. Reivindican a los rebeldes y objetan la gravitaci贸n asignada a la CIA o al yihadismo (Garc铆a; Dutra, 2016).

Pero los cr铆menes cometidos en el bando opositor desmienten esa evaluaci贸n. No tiene sentido hablar de una 鈥渞evoluci贸n siria鈥 luego de la confiscaci贸n perpetrada por lo salafistas. Esa expropiaci贸n sepult贸 el car谩cter progresista que al principio tuvo el segmento rebelde.

El grueso de los insurgentes no pertenece a genuinos grupos de resistentes obligados a pactar con el diablo. Est谩n muy lejos de los irlandeses del IRA (que aceptaban armas del Kaiser) o de los maquis franceses (que recib铆an pertrechos de los norteamericanos). Al igual que los kosovares de Europa Oriental, primero quedaron bajo el radar de la OTAN y luego repitieron el devenir reaccionario de los talibanes.

El antecedente libio es muy esclarecedor de los errores cometidos por algunos pensadores de la izquierda, que idealizaron a los rebeldes monitoreados por el Pent谩gono. No s贸lo fue desacertado reclamar armas para ese sector, sino tambi茅n aprobar la 鈥渮ona a茅rea de exclusi贸n鈥 que establecieron las potencias occidentales. La ca铆da de Gadafi no fue un 鈥渢riunfo popular鈥 sino un logro de las fuerzas reaccionarias.

Estas experiencias constituyen una advertencia para la acci贸n actual de los kurdos, que cuenta con el visto bueno de Estados Unidos. Existen cuestionados liderazgos asociados con Israel, en un contexto controvertida evoluci贸n de los dirigentes apresados en Turqu铆a (De Jong, 2015). Conviene recordar que la heroica lucha de los kurdos siempre estuvo signada por dram谩ticas manipulaciones y traiciones (Fisk, 2015).

Pero hasta ahora ninguno de esos peligros anul贸 la progresividad de la resistencia kurda. Esa lucha se diferencia del tr谩gico curso seguido por la rebeli贸n siria.

Cuando un conflicto se desliza hacia la encerrona que padeci贸 el combate contra Assad, lo m谩s positivo es frenar el desangre. Ese sacrificio destruye la capacidad de acci贸n de los pueblos. Muchos a帽os de confrontaci贸n entre bandos regresivos agot贸 por ejemplo a la poblaci贸n del L铆bano y Argelia, que ya no tuvo disposici贸n para participar en la primavera 谩rabe. La actual demolici贸n sectaria de Irak constituye otro desastre del mismo tipo.

Las iniciativas para alcanzar el fin de las hostilidades aportan las mejores propuestas de resoluci贸n progresista del conflicto sirio. Muchas personalidades y movimientos han trabajado en esta direcci贸n. Denunciaron la intervenci贸n del imperialismo y promovieron negociaciones bajo la 茅gida de las organizaciones populares (Katz, 2013). El mismo planteo exponen en la actualidad distintos pensadores y corrientes pol铆ticas (Dom猫nech, 2016).

Campismo y neutralidad

El segundo debate en la izquierda gira en torno a la valoraci贸n de los conflictos geopol铆ticos que condicionan la guerra en Siria. Una tesis destaca que existen dos campos en disputa: el imperialismo occidental liderado por Estados Unidos y el alineamiento de Rusia con Ir谩n y Turqu铆a. Estima que el triunfo de Assad favorece la multipolaridad que encarna esta 煤ltima alianza (Fuser, 2016). Otros realzan especialmente el rol de Rusia en la gestaci贸n de esa alternativa (Zamora, 2016).

Pero esta visi贸n juzga lo ocurrido en Siria en funci贸n del tablero mundial, olvidando la rebeli贸n democr谩tica que deton贸 los conflictos en ese plano. Observa s贸lo la intervenci贸n de las potencias y desconoce la acci贸n popular. Por eso eval煤a al gobierno sirio como si fuera un simple pe贸n del ajedrez global. Omite los cr铆menes de Assad suponiendo que son datos secundarios de una gran partida internacional.

Con la mirada puesta en las tensiones inter-estatales ese abordaje sugiere que la primavera 谩rabe no existi贸. A lo sumo considera su impacto sobre Egipto o T煤nez, sin incluir a Siria en ese proceso. Las revueltas populares son tambi茅n percibidas como manipulaciones de las embajadas estadounidenses, mediante frecuentes comparaciones con las 鈥渞evoluciones de terciopelo鈥 de Europa Oriental.

Pero esa analog铆a s贸lo registra la afinidad de la clase media liberal 谩rabe con los valores norteamericanos, omitiendo que las protestas no irrumpieron en ning煤n pa铆s emulando a Occidente. Al contrario, estuvieron motivadas por el rechazo a las tiran铆as serviles de Estados Unidos (Mubarak, Ben Al铆). En la mayor铆a de los casos predomin贸 la misma hostilidad hacia el imperialismo que se observa en Am茅rica Latina.

Es un gran error suponer que las transformaciones progresistas surgir谩n de una pulseada global entre potencias. Esos avances s贸lo pueden gestarse al calor de una acci贸n popular, que deber铆a ser el foco de atenci贸n de todos los pensadores de izquierda.

Mirando s贸lo las tensiones en la c煤spide resulta imposible definir cu谩les son las fuerzas progresivas en Medio Oriente. Los kurdos, por ejemplo, han sido 煤ltimamente protegidos por Estados Unidos y hostilizados (o a lo sumo tolerados) por el bando opuesto que integra Turqu铆a.

Si se prioriza la gravitaci贸n del universo geopol铆tico corresponder铆a denunciar (en lugar de apuntalar) las acciones de esa minor铆a. Es lo que sugieren algunos 鈥渃ampistas鈥 extremos, en su descripci贸n de los kurdos como agentes del imperialismo (Gartzia, 2016).

El desacierto general de ese enfoque proviene de suponer que el enemigo de mi enemigo se ha convertido en un buen aliado. Olvida que los yihadistas enfrentados con Washington no son mejores que el imperio.

La simplificaci贸n en torno a dos campos recrea el viejo modelo de muchos partidos comunistas de posguerra, que evaluaban cualquier acontecimiento en funci贸n del choque entre 谩reas socialistas y capitalistas.

En cualquier caso Rusia ya no es la URSS y carece de sentido justificar al r茅gimen de Assad por el sost茅n que recibe de Putin. Ese apoyo obedece, adem谩s, a c谩lculos geopol铆ticos variables. De la misma forma que Siria acompa帽贸 a Estados Unidos en la guerra contra Irak, Rusia mantiene acuerdos de cooperaci贸n militar con Israel, especialmente en el manejo de los drones.

El viejo ultim谩tum de 鈥渦bicarse en uno de los dos campos鈥 desprestigia a la izquierda. La realpolitik obstruy贸 en el pasado el proyecto socialista, con avales a la invasi贸n rusa de Checoslovaquia, que impidieron apuntalar la renovaci贸n anticapitalista. El neoliberalismo se nutri贸 de esas frustraciones.

El planteo opuesto al 鈥渃ampismo鈥 realza la existencia de dos bandos geopol铆ticos igualmente regresivos en el conflicto actual. Remarca que el eje de Siria, Rusia e Ir谩n es tan nefasto como el alineamiento de Estados Unidos, Francia y Arabia Saudita (Alba Rico, 2016). Este enfoque considera que el escenario actual se asemeja a las guerras inter-imperialistas de principio del siglo XX y convoca a desenvolver la oposici贸n a ambos polos.

Esta visi贸n defiende acertadamente el derecho de los pueblos a rebelarse contra los gobiernos represivos. Tambi茅n denuncia el mar de sangre generado por los dos contendientes de Siria y aprueba las iniciativas de paz para contener esa destrucci贸n.

Pero es problem谩tico adoptar estas posiciones con preceptos neutralistas, olvidando la relevancia de las confrontaciones geopol铆ticas para las batallas populares. El resultado de esos conflictos no es indiferente a los combates antiimperialistas de los movimientos sociales y las naciones oprimidas.

En muchos casos la izquierda debe tomar partido frente a choques militares entre personajes abominables. Numerosos experiencias ilustran ese tipo de obligadas definiciones. No s贸lo la derrota de Hitler era positiva a manos del Stalin. Tambi茅n Thatcher era el enemigo principal en Malvinas frente a la dictadura de Galtieri y Bush era el adversario vencer ante el tirano Sadam. En situaciones complejas hay que registrar cu谩les son los intersticios de intervenci贸n para los proyectos populares.

Advertencias para Am茅rica latina

La sangr铆a de Medio Oriente constituye una gran alerta para otras regiones. Ilustra la devastaci贸n que genera la acci贸n imperial y los enfrentamientos entre pueblos.

Afortunadamente Am茅rica Latina no atraves贸 esa demolici贸n y mantiene significativas diferencias con el mundo 谩rabe. El cambio de relaciones de fuerzas -que introdujo el denominado ciclo progresista de la 煤ltima d茅cada -impidi贸 a Estados Unidos perpetrar sus tradicionales intervenciones en la regi贸n.

La situaci贸n de los movimientos populares tambi茅n difiere sustancialmente de Medio Oriente. El ba帽o de sangre y la desmoralizaci贸n pol铆tica -que sucedi贸 a la derrotas de la primavera 谩rabe- dista mucho del resistido y acotado retroceso pol铆tico, que genera la restauraci贸n conservadora en Latinoam茅rica.

Pero lo sucedido en Irak, T煤nez, Egipto, Libia o Siria es una gran advertencia ante la peligrosa presencia estadounidense en Colombia. Ya hay siete bases militares conectadas con la cuarta flota, que operan en estrecha asociaci贸n con un ej茅rcito de envergadura.

Colombia prepara adem谩s un ingreso a la OTAN, que conducir谩 a env铆os de tropas a las zonas en conflicto. Qui茅nes luego lamentan la incorporaci贸n de Latinoam茅rica al radio de las represalias terroristas, suelen olvidar que el origen de esa desgracia se encuentra en la sumisi贸n al Pent谩gono.

El sometimiento de Argentina a las aventuras estadounidenses en Medio Oriente condujo a dos graves atentados (AMIA y Embajada). Pero como Macri est谩 embarcado en repetir esa subordinaci贸n hay que atenerse a las consecuencias.

Ha reabierto la absurda causa judicial sobre el Memor谩ndum, suscripto por el gobierno anterior con Ir谩n, para hacer buena letra con Trump y Netanyahu. Si esa dupla concreta el endurecimiento con los Ayatolah, tendr谩 a su disposici贸n un pretexto de agresi贸n fabricado en Argentina.

La alocada idea que el fiscal Nisman fue asesinado por orden de Teher谩n con la complicidad de Cristina Kirchner ya fue sugerida por c煤pula sionista. No es la primera vez que Israel utiliza a la Argentina para sus operaciones contra Ir谩n. Seguramente aprovechar谩 la disposici贸n de Macri a sumarse a cualquier operativo.

El l铆der del PRO ya abri贸 los archivos a la CIA, compra armamento a Tel Aviv entrena gendarmes en el estado de Georgia. Tambi茅n su colega brasile帽o -Temer- busca ox铆geno con mayor sometimiento a Estados Unidos.

En este marco la derecha venezolana utiliza argumentos de Medio Oriente para conspirar contra Maduro. Afirma que aline贸 a Venezuela en un 鈥渆je del mal鈥 comandado por Rusia e Ir谩n. Con ese disparate motoriza provocaciones golpistas, que incluyen llamados a la intervenci贸n extranjera con pretextos de crisis humanitaria.

No s贸lo pretenden repetir el golpe institucional perpetrado en Honduras, Paraguay o Brasil. Preparan acciones de mayor porte con exigencias de sanciones y aplicaci贸n de la Carta Democr谩tica de la OEA. Los aviones esp铆as del Pent谩gono acompa帽an la conspiraci贸n penetrando el espacio a茅reo venezolano.

Frente a este acoso el gobierno bolivariano ha reforzado sus v铆nculos con el r茅gimen sirio. Esa alianza es comprensible pero no justificable. Los acuerdos militares y las convergencias diplom谩ticas pueden concretarse, sin emitir opiniones sobre los gobiernos involucrados.

Los movimientos sociales, partidos pol铆ticos e intelectuales de izquierda tienen la palabra. Deben comprometerse con la verdad, siguiendo principios de rechazo de la intervenci贸n imperialista, oposici贸n a los dictadores y solidaridad con los pueblos sublevados. Estos criterios ofrecen una br煤jula frente a la tragedia de Siria.

Resumen

El giro de la guerra no aten煤a el desastre humanitario. La sublevaci贸n democr谩tica inicial fue usurpada por el yihadismo y se transform贸 en un conflicto entre bandos regresivos. En un escenario de ocaso de la primavera 谩rabe y preeminencia del fundamentalismo despunta la perspectiva progresiva de un estado kurdo.

Las grandes potencias disputan intereses en un conflicto internacionalizado. M谩s intensa es la batalla por la hegemon铆a entre cuatro sub-potencias regionales. En la actual combinaci贸n de conflictos corresponde priorizar las batallas populares frente a las tensiones geopol铆ticas.

Es tan equivocado justificar los cr铆menes del gobierno, como ignorar la confiscaci贸n reaccionaria de la revuelta. Los errores provienentes del registro exclusivo de disputas inter-estatales no se superan con neutralismo. Lo ocurrido en Siria es una advertencia para Am茅rica Latina.

Anexo

Las confesiones del criminal John Kerry

Thierry Meyssan- RedVoltaire| La guerra contra Siria es la primera que se聽prolonga por m谩s de 6聽a帽os en plena era digital. Numerosos documentos que deber铆an haberse mantenido en聽secreto ya han sido publicados. Aunque han aparecido en diferentes pa铆ses, de manera tal que la opini贸n publica no聽tiene conciencia de ello, esos documentos ya permiten en este momento reconstruir la secuencia de los acontecimientos.

La publicaci贸n de una grabaci贸n de declaraciones que John Kerry hizo en聽privado, en septiembre de聽2016, revela la pol铆tica del Departamento de Estado y obliga a todos los observadores 鈥搃ncluy茅ndonos a nosotros鈥 a revisar sus an谩lisis anteriores.

La difusi贸n en The Last Refuge de la grabaci贸n completa del聽encuentro que el secretario de聽Estado John Kerry sostuvo con miembros de la Coalici贸n Nacional (oposici贸n siria en el聽exterior) el 22 de septiembre de聽2016, en los locales de la聽delegaci贸n de los Pa铆ses聽Bajos ante la聽ONU聽[1], pone en聽tela de juicio todo lo聽que todos cre铆an haber entendido sobre la posici贸n de Estados聽Unidos hacia聽Siria.

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Primeramente, cre铆mos que si bien Washington hab铆a iniciado la operaci贸n conocida como 芦Primavera 脕rabe禄 para derrocar los reg铆menes laicos en聽beneficio de la Hermandad Musulmana, luego hab铆a dejado a sus aliados emprender solos la Segunda Guerra contra聽Siria, a聽partir de julio de聽2012. Y que estos aliados persegu铆an sus propios objetivos 鈥搇a recolonizaci贸n, en el caso de Francia y Reino Unido; la聽conquista del gas, para Qatar; expansi贸n del wahabismo y venganza posterior a la guerra civil libanesa, para Arabia Saudita; anexi贸n del norte de聽Siria, para Turqu铆a, seg煤n el聽modelo chipriota; etc.鈥 porque se聽hab铆a renunciado al objetivo inicial. Pero John Kerry dice en esa grabaci贸n que Washington nunca聽dej贸 de tratar de derrocar la Rep煤blica 脕rabe Siria, lo聽cual implica que control贸 en cada etapa lo聽que hac铆an sus aliados. De聽hecho, durante los 4聽煤ltimos a帽os, los yihadistas han sido dirigidos, armados y coordinados por el Allied LandCom, el mando de las fuerzas terrestres de la聽OTAN, con sede en la ciudad turca de聽Esmirna (Izmir).

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En segundo lugar, John Kerry reconoce que Washington no聽pod铆a ir m谩s聽lejos por聽causa de 2聽factores: el Derecho Internacional y la posici贸n de聽Rusia. Entend谩monos bien: Estados聽Unidos no聽dej贸 nunca de ir demasiado lejos. Destruy贸 la mayor parte la infraestructura siria vinculada a la industria del petr贸leo y el gas, usando como pretexto la lucha contra los yihadistas (lo聽cual corresponde al Derecho Internacional), pero lo hizo y sin聽invitaci贸n ni聽autorizaci贸n del presidente Assad (lo聽cual viola el Derecho Internacional). Sin聽embargo, Estados聽Unidos no聽se聽atrevi贸 a desplegar sus tropas en suelo聽sirio ni聽a combatir abiertamente, como lo聽hizo en聽Corea, en聽Vietnam y en聽Irak. Para聽eso, opt贸 por poner a sus aliados en聽primera l铆nea 鈥揳plicando el leadership from behind, o聽sea el 芦liderazgo desde atr谩s禄鈥 y apoyar, sin聽mucha discreci贸n, grupos de mercenarios, como hizo en Nicaragua en los a帽os聽1980, a煤n exponi茅ndose a ser condenado por la Corte Internacional de Justicia 鈥揺l tribunal interno de la聽ONU. Washington no聽quiere embarcarse en una guerra contra聽Rusia. Y esta 煤ltima, que no聽se opuso a la destrucci贸n de Yugoslavia y Libia, esta聽vez se聽levant贸 y rechaz贸 la l铆nea que supuestamente deb铆a limitar su acci贸n. Mosc煤 est谩 en聽condiciones de defender el Derecho con la fuerza si聽Washington se聽lanza abiertamente en una nueva guerra de conquista.

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Tercero, John Kerry atestigua en esa grabaci贸n que Washington esperaba una victoria de Daesh (el Emirato Isl谩mico) sobre la Rep煤blica 脕rabe Siria. Hasta聽ahora 鈥揵as谩ndonos en el informe del general Michael Flynn (fechado el 12 de agosto de聽2012) y en el art铆culo de Robin Wright publicado en el New York Times el 28 de septiembre de聽2013鈥 hab铆amos entendido que el Pent谩gono aspiraba a crear un 芦Sunnist谩n禄 en territorios de聽Siria e聽Irak para cortar la ruta comercial terrestre de China hacia Occidente (芦Ruta de la聽Seda禄). Pero Kerry confiesa que el plan iba mucho m谩s聽lejos. Probablemente, Washington contaba con que Daesh tomara Damasco, de donde despu茅s deb铆a expulsarlo Tel聽Aviv, con lo聽cual los yihadistas se replegar铆an hacia el 芦Sunnist谩n禄, cuyo control se les atribuir铆a. Siria habr铆a quedado entonces dividida, con el sur bajo la ocupaci贸n de聽Israel, el聽este bajo聽control de聽Daesh y el聽norte para Turqu铆a.

Esto permite entender por qu茅 Washington proyectaba la imagen de que ya no聽controlaba nada, como si estuviese limit谩ndose a permitir que sus aliados actuaran a su antojo: lo聽que hizo fue enrolar a Francia y Reino Unido en la guerra haci茅ndoles creer que podr铆an recolonizar el聽Levante, cuando en聽realidad ten铆a previsto dividir聽Siria sin聽ellos.

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Cuarto, al reconocer que 芦apoy贸禄 a Daesh, John Kerry admite que lo聽arm贸, con lo聽cual hace聽polvo la ret贸rica de la 芦guerra contra el terrorismo禄.
-聽Sab铆amos, desde el atentado del 22 de febrero de聽2006 contra la mezquita al-Askari, en聽Samarra, Irak, que Daesh 鈥搃nicialmente denominado 芦Emirato Isl谩mico en聽Irak禄鈥 hab铆a sido creado por el director nacional de la inteligencia estadounidense, John Negroponte, y por el coronel James Steele 鈥搒iguiendo el esquema de lo que ya hab铆an hecho a聽principios de los a帽os聽1980 en聽Honduras鈥 para acabar con la resistencia iraqu铆 y desatar una guerra civil.
-聽Sab铆amos, desde que el diario del PKK Ozgur Gundem public贸 el acta de la reuni贸n de planificaci贸n realizada en聽Amman el 1潞 de junio de聽2014, que Estados聽Unidos organiz贸 la ofensiva conjunta de Daesh contra la ciudad iraqu铆 de聽Mosul y del gobierno regional del Kurdist谩n iraqu铆 contra聽Kirkuk.
-聽Ahora sabemos con certeza que Washington nunca聽ces贸 su聽apoyo a Daesh.

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Quinto, el conflicto entre el聽clan Allen/Clinton/Feltman/Petraeus y la聽administraci贸n Obama/Kerry lo聽hab铆amos interpretado como un desacuerdo sobre si聽hab铆a o聽no que apoyar a Daesh. Nada de eso. Ninguno de esos dos grupos tiene el聽menor escr煤pulo en organizar y apoyar a los yihadistas m谩s fan谩ticos. El聽desacuerdo reside 煤nica y exclusivamente en聽cuanto a recurrir a la guerra abierta 鈥搚 el conflicto con聽Rusia que ello podr铆a provocar鈥 u聽optar por la acci贸n secreta. El聽general Michael Flynn 鈥揳ctual consejero de seguridad nacional de Donald Trump鈥 es el 煤nico que se聽opuso al yihadismo.

Si, dentro de algunos a帽os, Estados Unidos se derrumbara, como sucedi贸 con la URSS, esta grabaci贸n de John Kerry, podr铆a servir de prueba acusatoria contra聽茅l y contra聽Barack Obama ante una jurisdicci贸n internacional 鈥損ero no聽ante la Corte Penal Internacional, ya demasiado desacreditada.

Como ya reconoci贸 la autenticidad de los fragmentos anteriormente publicados por el New York Times, Kerry no聽podr铆a impugnar la autenticidad de la grabaci贸n 铆ntegra. El聽apoyo a聽Daesh que Kerry expresa en esa grabaci贸n viola varias resoluciones de la聽ONU y prueba su responsabilidad personal, y la del a煤n presidente de Estados聽Unidos Barack Obama, en los cr铆menes contra la humanidad perpetrados por esa organizaci贸n terrorista.

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    1 Coment谩rio

    Comentarios

    1. TPG
      23 enero 2017 19:27

      En Alepo se consumaron las mismas masacres que pulverizaron a otras ciudades multi茅tnicas禄 y en el Sur de America del sur estamos ayudando a recrear a la etnia mapuche, pueblo orgulloso de su pasado violento si lo hay