Sep 26 2019
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Literatura

Kintto Lucas: Vivir puteando

En esta vida solo se puede sobrevivir puteando. Por eso hay que putear por lo menos 24 veces al día. Una vez por hora es lo aconsejado. Pero si se puede dos o tres es mucho mejor. Hay que putear al taxista que te roba y te dice que no tomó esa calle porque estaba cortada. Hay que putear al autobusero que te lanza el bus encima y no va preso. Hay que putear al presidente que te miente y te hace creer que te está ayudando. Hay que recordarles a su madre, y a sus padres también claro está, hay que decirles que son unos bastardos.

En fin, hay que ser más creativos puteando. Hay que putear al patrón que te explota, si tienes trabajo claro está. Al patrón que te hace creer que no te explota hay que putearlo más, porque te está engañando dos veces. Los desempleados ya buscaremos a alguien en nuestra casa o barrio o cementerio para putear en su lugar. Hay que putear a los acomodados, a los mentirosos, a los oportunistas, a los que joden cualquier esperanza, y a los que generan falsas esperanzas también. Resultado de imagen para putear, insultar

Hay que recordarles que le llegará una plaga, que se enfermarán de algo terminal. Hay que putear también a las mujeres que se dejan golpear por un hombre o por otra mujer, por amor. Hay que putearlas, y a los golpeadores o golpeadoras hay que llevarlas presas, además de putearlas claro está. Hay que putear a los enamorados que no conocen las miserias de la vida. Hay que recordarles que se les va a terminar pronto la felicidad. Que más temprano que tarde serán, por suerte para los demás, totalmente infelices.

Hay que putear a los miserables que dejan ahogarse a los migrantes en las mismas balsas que les vendieron. Hay que decirles que ya está cerca su muerte y que se retorcerán en la tumba después, porque cada día le iremos a echar agua helada pa’ que sufran de muertos también.

Hay que putear entonces. Si no, nos putean a nosotros y además nos matan. Hay que putear al prójimo para que no esté tan lejos. Hay que putear cuando hace calor y cuando hace frío. O sea que hay que putear al cambio climático también. A los que provocan el cambio climático hay que obligarlos a sufrir fríos brutales, por ejemplo dejarlos un día desnudos en la Antártida. Además hay que hacerles vivir calores terribles y vestirlos como si estuvieran bajo cero durante días en ciudades con cincuenta grados pa’ que se deshidraten un poco.

Hay que hacerlos vivir inundaciones a punto de ahogarse, hacerles creer que los vamos a dejar y hacerles tragar un poco más de agua pa’ que sufran algo en sus vidas. Y además putearlos y reputearlos si sobreviven. Hay que putear a los que viven o vivieron de arriba y después ni se acuerdan. Hay que ortigarlos un año seguido además. También a los que te dicen: ohh qué paso con tu equipito. A esos hay que putearlos y pincharles la pelota, si es la de su hijo o hija mejor todavía.

Hay que putear a los niños que entran a una juguetería y quieren llevarse todo, y gritan y lloran y patalean. Hay que putearlos y si es posible asustarlos para que no vuelvan. Y hay que putear a sus padres y madres. Hay que putear los avaros que comen y no convidan, y como no les va a salir ningún sapo en la barriga, hay que hacerles tragar un sapo, y si es posible también una rana. Hay que putear a los mezquinos literatos y cantautores que esconden las invitaciones y se acomodan en cada viaje, en cada gobierno. Hay que putearlos y quemar sus libros y discos, si es posible. A ellos no es necesario prenderles fuego, porque finalmente se queman solos.

Hay que putear al que te roba el postre y se toma la cerveza solo. Al que se ríe de tu caída en la calle. Al que te moja con el carro en medio de la lluvia cuando estás cruzando. Al que te dice que ha nacido para servir al país. Al que se ríe de tu saco. Al que te dice que estás guapa y se manda un piropo detestable. Al que te manda flores sin que se la pidas, así sea a tu entierro. Al que se mete en tu muro sin que lo llames. Al que te pone me gusta en algo que es para llorar. Al que te pasa por arriba en los pasos cebras. Hay que putearlos a todos y a todas. A los que me falten, por olvidado, también hay que putearlos. Y además al olvidado por tener poca memoria. Resultado de imagen para me gusta

Hay que putear a esos ministros que no sabe ni sumar con calculadora y mucho meno hilvanar una frase coherente. Y a los que saben sumar y dicen frases coherentes pero utilizan helicópteros del estado para irse de luna de miel, también hay que putearlos por farsantes. Y si es posible aflojarle alguna tuerca del helicóptero en su próximo viaje. Hay que putear a los coimeros. A los que logran contratos millonarios con el estado y dicen servir al país. Hay que putear a quienes olvidan a los que murieron por un mundo mejor, llenos de esperanza e ingenuidad. Hay que putear a los revolucionarios de escritorio, a los que dicen ser de izquierda y se venden por un trabajito.

Y a los de derecha que los compran también. A los banqueros, a la trasnacionales, a los oligarcas, a los corruptos, a los corruptores, al imperio. A los periodistas que mienten por cuatro monedas para defender el poder. A los indignos, a las indignas. Hay que putearlos y reputearlos. Y si es posible, claro está, hay que compartir las puteadas y reputeadas en Facebook, twitter, instagram y todas esas redes que son una puteada general, redes que además merecen ser puteadas por unanimidad junto a sus creadores y dueños.

Hay que putear a esos que se hacen los humildes para caer bien. A los creídos hay que putearlos más. A los buenos que no putean a nadie, también. Hay que putear a la pareja que te jodió la vida y cree que te hizo feliz. Y además a la que te hizo feliz. Y también a la que dice que fuiste un monstruo o una monstrua, o sea el único malo o mala de la película y no se miró en el espejo. Hay que reputearlos y reputearlas.

Hay que putear a las mosquitas muertas que en realidad son avispas. Hay que putear al que te sirve un mate o café frío. Hay que putear a los curas que violan, y a los que no son curas y también violan, y también hacer que se pudran en la cárcel y si es posible lanzarles a las celdas algunas víboras no venenosas, solo para que sufran un poco. Hay que putear a Dios, al diablo y los que dicen ser sus intermediarios, y a los ayudantes de esos intermediarios también. Si es posible hacer que se flagelen con felicidad y cumplan todas las penitencias, mejor.

Hay que putear a los niños y niñas bien que viven pensando en su ropa o su carrito y se hacen los progres. Y si es posible hay que lanzarlos en el lodo, embarrar su ropa nueva y pintarles el carro con alquitrán. Hay que putear al que desafina en el coro y pone cara de yo no fui. Al traidor, que puede estar en la OEA o en cualquier parte. Y si es posible hay que esperarlo en el aeropuerto, desnudarlo y ponerlo en una tina con cinco o seis pirañas no más. Hay que putear a moco tendido y con una carcajada.

Hay que autoputearse también, autocríticamente, putearse hasta los huesos, hasta el alma y hasta la muerte por no haber puteado lo suficiente para ser feliz, o infeliz con gusto. O sea, claro está, creo, que venimos a la vida a putear y, por su puesto, también a morir. Entonces, si logramos putear a todos y a todas (esto no por una cuestión de género sino para que no se escape nadie); quiero decir que si logramos putear a todas y a todos los que nos joden la vida cada día y vivimos para contarlo, posiblemente lleguemos a la victoria (o juicio) final…

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