Abr 24 2019
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Cultura

Kintto Lucas y el pesimismo existencial

 

El escritor Abdón Ubidia, la noche del lanzamiento del libro Como en Aquelarre, de Kintto Lucas, dio dos noticias en Casa Égüez: la presentación de este libro magníficamente editado, y una sorpresa, con este libro nuestro Kintto abandona su proverbial cordura y se declara completamente loco.

El libro habla de “los seres que habitan Tierra Negra, la insólita patria de Como en Aquelarre un lugar que no tiene ni geografía ni historia… una epifanía de seres imaginarios y simples”. En este libro, aquello que empezó como un arte de la fuga termina como un pequeño poema sinfónico que se precipita en un abismo de sombras, no solo un descenso al infierno, que hunde a Tierra Negra en un gobierno de seres rastreros, propios del inframundo, constató Ubidia. No obstante, el libro enseña que solo gracias a la desesperanza, nos ha sido dada la esperanza, concluyó el presentador de la obra.

“Si alguna vez muero no será en París con aguacero, será de tristeza” -dice el poeta en uno de su poemas esenciales- de tristeza por tantas derrotas y alguna victoria. De tristeza por los farsantes que hacen política y por los políticos que hacen farsa. De tristeza por los solos, por los muertos, y los vivos, por no haber cambiado el mundo y no haber llorado lo necesario… si alguna vez me muero no será por miedo, ni por dejar de luchar, ni por dejar de amar, ni por dejar de escribir ni por dejar de caminar… si alguna vez muero será de alegría, por haber sobrevivido a tanta tristeza”.

Kintto Lucas, el poeta, el vice canciller de un país como el Aquelarre, el amigo auscultado en su esencial condición humana…

-¿Por qué escribes, para qué escribes?

– Cuando me siento a escribir, escribo para mí, de alguna forma estoy con la escritura dejando mis demonios…

-¿Y cuáles son éstos?

-Son muchos, porque están en la imaginación y en la realidad, pero están en los amores, en la política, en todo lo que le pasa a cualquier ser humano, sobre todo en el futuro del ser humano, en general, como algo utópico.

-Mucho se habla del rigor de la creación, ¿de qué depende ese rigor, de la vocación, de la técnica o del llamado existencial por escribir, o de un título masterado en literatura?

– No, primero se necesita tener cierta inspiración y trabajar mucho. Cuando trato de unir la inspiración y la técnica, con ser metódico, corregir bastante, creo que hago algunos cosas un poquito mejores.

-Se dice que hay temas recurrentes en algunos escritores, ¿cuáles son los tuyos?

– De alguna forma, en estos momentos, creo que estoy en un pesimismo existencial que tiene mucho que ver con la situación de la realidad del lugar donde vivo, entonces escribo desde ese pesimismo existencial y desde lo que está pasando en el mundo. Me tocan esas cosas íntimas en el amor, en la muerte, pero se vincula con lo que está pasando en general.

-Y también la infancia robada a esos niños náufragos del Mediterráneo…

– Es que eso está pasando en el mundo, entonces es imposible ser optimista cuando todos luchamos por utopías, queremos que las cosas cambien, pero cuando nos ponemos a mirar lo que está pasando, la realidad sigue ahí, hemos cambiando algo, pero tampoco hemos cambiado mucho.

-¿El escritor latinoamericano sigue escribiendo con las venas abiertas?

– No tanto, creo que ha cambiado, porque hay jóvenes que están en otra historia. Yo, si bien trato de recurrir a las venas abiertas, a lo que pasa en mi región latinoamericana, trato igual de incursionar en otras cosas fantásticas. Pero a los escritores actuales no sé si les interesan tanto esas venas abiertas de América Latina.

-El tener un contacto más prosaico y directo con la realidad, cómo se conjuga con la creación de la ficción?

– Desde la poesía, es jugar con la realidad y la ficción. Ahora que estoy trabajando en este libro, tiene que ver con esa cuestión de mezclar la ficción desde lo surreal y la realidad, desde lo que está pasando, pero tratando que el surrealismo en su guerra con lo real, venza. Es una pelea entre el mundo que yo quiero y el mundo que realmente existe. Lo real es el mundo que existe y lo surreal es el mundo que yo quiero. Ahí junto la ficción y la realidad.

-¿Ahora… ese deber ser es como la gran locura, de la que hablaba Ubidia…?

– Es la pelea entre lo que queremos que sea y lo que es, o lo que es posible ser. Estamos en esa pelea pero decimos hasta dónde podemos ir. También hay contradicciones internas que se vuelcan en los personajes del libro. Esa es la vida.

-Hasta ahí hemos hablado de que la literatura es una especie de catarsis de autor, pero ¿qué pasa con la catarsis del lector, en qué sentido nos debemos a él?

-Yo como lector también encuentro una catarsis en lo que leo. Aprendo mucho de lo que leo, pero también encuentro una catarsis. Ahora, sería imposible para un escritor decir -hay quienes lo hacen- escribo para vender. Si yo me pusiera a escribir pensando en lo que voy a vender al lector me traicionaría a mí mismo. Al final, el lector acepta esa honestidad y finamente, sean pocos, menos o más, se ven reflejados en esa honestidad.

-Neruda decía que de alguna forma los libros emprenden su propio camino, que se independizan del autor, son medios parricidas, ¿hasta dónde tu respondes con paternidad responsable sobre tu obra?

-(Ríe) Es así. Los libros finalmente se liberan, son solos y caminan solos, obviamente que uno tiene y pone una marca en los libros. Pero caminan solos, creo que hay una libertad que asumen los propios libros y los lectores, además se apropian del libro y de lo que dice con su libertad.

* Periodista, fotógrafo y productor de TV. Revista Digital La Palabra Abierta: http://www.lapalabrabierta.com/

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