Ene 20 2014
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Política

Kissinger dio luz verde al asesinato masivo en Argentina

Henry Kissinger, el ex Secretario de Estado ha eludido por a√Īos el juicio por su complicidad en las horribles violaciones de los derechos humanos en el extranjero, y un nuevo documento proporciona una clara evidencia de que en 1976 Kissinger dio ‚Äúluz verde‚ÄĚ a la junta militar neo-fascista de Argentina para la guerra sucia que estaba llevando a cabo contra civiles y militantes de izquierda, hecho que dio lugar a la desaparici√≥n -es decir, la muerte- de unas 30.000 personas.

En abril de 1977, Patricia (Patt) Derian, una activista de los derechos civiles, a quien el presidente Jimmy Carter hab√≠a nombrado secretaria de Estado adjunto para los derechos humanos, se reuni√≥ con el embajador de EE.UU en Buenos Aires, Robert Hill. Un memo con la grabaci√≥n de esa conversaci√≥n aparece ahora, desenterrado por el investigador Martin Edwin Andersen, quien en 1987 fue el primero en revelar que Kissinger hab√≠a apoyado a los generales argentinos para que continuaran con su campa√Īa de terror contra los izquierdistas (a quienes la Junta hace referencia habitualmente como ‚Äúterroristas‚ÄĚ).

El documento revela una reuni√≥n que Kissinger sostuvo con el ministro de Relaciones Exteriores argentino C√©sar Augusto Guzzetti, en junio del a√Īo anterior, y encuentro que fue ratificado por el Embajador Hill a Patt Derian. Lo que Kissinger y Guzzetti discutieron ya hab√≠a sido revelado en 2004, cuando el Archivo de Seguridad Nacional obtuvo y public√≥ el memorando secreto de la conversaci√≥n durante esa tertulia. Guzzetti, seg√ļn ese documento, dijo a Kissinger: ‚Äúnuestro principal problema en Argentina es el terrorismo‚ÄĚ. Kissinger respondi√≥: ‚ÄúSi hay cosas que tienen que hacer, deben hacerlo r√°pidamente. Pero usted debe volver r√°pidamente a los procedimientos normales.‚ÄĚ En otras palabras, sega adelante con su cruzada de muerte contra de los izquierdistas .

El nuevo documento muestra que Kissinger fue a√ļn m√°s expl√≠cito en el apoyo a la junta militar argentina. La nota que acaba de aparecer describe la conversaci√≥n Kissinger-Guzzetti de esta manera:

‚ÄúLos argentinos estaban muy preocupados de que Kissinger diera una conferencia critic√°ndolos en materia de derechos humanos. Guzzetti y Kissinger manten√≠an un muy largo desayuno, pero al secretario no le plantearon el tema. Finalmente Guzzetti lo hizo. Kissinger le pregunt√≥ cu√°nto tiempo le tomar√≠a (a los argentinos) limpiar el problema. Guzzetti le respondi√≥ que se har√≠a a finales de a√Īo. Kissinger aprob√≥‚ÄĚ.

En otras palabras, el Embajador Hill dijo que Kissinger dio a los argentinos la luz verde.

Esa es una afirmación irrefutable: Un embajador de EEUU reveló que un secretario de Estado había incitado a un régimen represivo a desatar una matanza.

En agosto de 1976, de acuerdo con la nueva nota, Hill discuti√≥ el asunto personalmente con Kissinger, en el camino de regreso a Washington despu√©s de una reuni√≥n en el Bohemian Grove de San Francisco. ‚ÄúKissinger, dijo Hill a Derian, confirm√≥ la conversaci√≥n con Guzzetti e inform√≥ a Hill que quer√≠a que Argentina ‚Äúterminara su problema con los terroristas antes de fin de a√Īo‚ÄĚ. Kissinger estaba preocupado por las nuevas leyes de derechos humanos aprobadas por el Congreso que exigen a la Casa Blanca certificar que un gobierno no estaba violando los derechos humanos antes de proporcionar ayuda de los EE.UU. Ten√≠a la esperanza de que los generales argentinos pudieron concluir su erradicaci√≥n asesina de la izquierda antes de que la ley entrara en vigor .eeuu kissinger arg doc

Hill indic√≥ a Derian, de acuerdo con la nueva nota, que √©l cre√≠a que el mensaje de Kissinger a Guzzetti hab√≠a llevado a la junta argentina a intensificar su guerra sucia. Cuando el embajador Hill regres√≥ a Buenos Aires se dio cuenta de que los asesinatos hab√≠an ascendido tremendamente y le dijo a Patt Derian que ‚Äúsi lo citaba el Congreso (de EEUU) √©l iba a contar todo si se le pusiera bajo juramento‚ÄĚ. ‚ÄúYo no voy a mentir‚ÄĚ, declar√≥ el embajador.

Hill, quien muri√≥ en 1978, nunca pudo testificar que Kissinger hab√≠a instado a los generales argentinos, y el gobierno de Carter revirti√≥ la pol√≠tica e hizo de los derechos humanos una prioridad en sus relaciones con Argentina y otras naciones. En cuanto a Kissinger, se zaf√≥, y √©l ha estado zaf√°ndose desde entonces, esquivando la responsabilidad por los actos sucios en Chile, Bangladesh, Timor Oriental, Camboya, y en otros lugares. Los expertos en estos temas han sabido por a√Īos que Kissinger, al menos impl√≠citamente (aunque en privado) hace suya la guerra sucia argentina, pero esta nueva nota deja claro que √©l era un facilitador del esfuerzo que supuso la tortura, la desaparici√≥n y el asesinato de decenas de miles de personas. La pr√≥xima vez que usted lo vea bailando en la televisi√≥n, no se r√≠a.

1.- Patricia ¬ęPatt¬Ľ Derian, Robert C. Hill, et. al., and the Argentine dirty ‘war’: Draft MemCon

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. Antonio Casalduero Recuero
      21 enero 2014 20:52

      Hoy no es un secreto para nadie que Kissinger es y ha sido uno de los mayores criminales del siglo XX; sus decisiones causaron mucha muerte y destrucción en casi toda la América Latina, apoyó, financió y ejecutó golpes de estado que hasta el día de hoy -segunda década del siglo XXI-, han dejado graves secuelas. En Chile, junto a Nixon, jugó un roll fundamental en el derrocamiento del presidente mártir Salvador Allende, utilizó a las propias fuerzas armadas del país para el plan; ahí incluso se encontró con otro genocida igual que él, Augusto Pinochet, el dictador más sangriento de la región en la segunda mitad del siglo XX. En otras palabras, donde los EE.UU. pone la planta de su pie, es sinónimo de muerte, destrucción, de caos, de represión, tortura, de desapareción forzada de paersonas, de tragedias familiares.
      El m√©rito que le cabe a estos dos articulistas es dejar en evidencia las inhumanas atrocidades que fue capaz de cometer Henry Kissinger. Y usted no se olvide que fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz…