Ene 7 2019
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Cultura

La batalla comunicacional: Aprovechar las grietas del adversario

La batalla comunicacional que, en definitiva es una batalla cultural, no s贸lo se define en los medios de comunicaci贸n. Igualmente importante en esta lucha son los discursos que se vuelven leg铆timos y hegem贸nicos pues las fuerzas en pugna tambi茅n se constituyen discursivamente.

El discurso ultraderechista ya est谩 instalado. Emergi贸 velozmente y se ha erigido en fuerza pol铆tica y discursiva en Europa, Estados Unidos y Am茅rica Latina. T贸picos que como el odio al diferente y el amor a las dictaduras parec铆an cosa del pasado hoy forman parte de programas de gobierno y candidaturas presidenciales. Discursos que hasta hace poco parec铆an inconcebibles hoy se extienden con fuerza y popularidad. Este despliegue de discursos que muchos cre铆an imposibles y que, de hecho, lo eran hasta hace poco, da cuenta de profundidades en la vida social que vale la pena tratar de comprender.

Tres hip贸tesis al respecto:

a) Hay una disputa por la hegemon铆a dentro del bloque dominante. 脡sta responde a un reordenamiento de las correlaciones de fuerza al interior de dicho bloque. La tensi贸n ocurre entre los defensores del neoliberalismo cl谩sico-tecnocr谩tico y del neoliberalismo de ultraderecha, y se expresa en los discursos de ambos bandos.

b) El discurso ultraderechista se muestra efectivo para resolver (por ahora) las tensiones de clase que el mismo neoliberalismo ha creado globalmente al enriquecer a los m谩s ricos como nunca en la historia. Asimismo, la discursividad neofascista ha sido eficiente para canalizar la extendida rabia social que ha sido creada por el propio neoliberalismo, lo que permite dirigir dicha ira contra otros y no contra el sistema. Esta eficiencia discursiva ha permitido generar conexi贸n narrativa con sectores medios y populares, lo que da r茅ditos electorales.

c) La disputa al interior del campo dominante es una oportunidad para la izquierda de recobrar su identidad de clase, de articularse globalmente y de reconectar y repolitizar lo social. Para ello hay que aprovechar comunicacional y discursivamente la pugna intra-bloque.

Resultado de imagen para neoliberalismo progresistaLuego de unas cuatro d茅cadas de implementaci贸n global del neoliberalismo podemos distinguir tres corrientes discursivas que lo conforman y que se han ido estructurando con el tiempo: el neoliberalismo progresista, el neoliberalismo cl谩sico-tecnocr谩tico y el neoliberalismo de ultraderecha. Por supuesto, las tres tienen en com煤n una serie de cosas, la principal de ellas es que no cuestionan el rol central del mercado en el ordenamiento social. Su defensa de sociedades cuya instituci贸n principal sea el mercado es esencial, un irreductible.

No obstante, hoy podemos ver ciertos l铆mites en la narrativa neoliberal, y en ese marco emergen diferencias y tensiones, cada vez m谩s notorias, que dan cuenta de un disputa por la hegemon铆a al interior del bloque dominante.

Al hablar de neoliberalismo progresista (denominaci贸n acu帽ada por Nancy Fraser) nos referimos a esa izquierda socialdem贸crata que tras la ca铆da del Muro se hizo liberal y culturalista. La que levant贸 el discurso de la 鈥淭ercera V铆a鈥, del 鈥渃apitalismo con rostro humano鈥, mientras promov铆a las privatizaciones de empresas p煤blicas, la cooptaci贸n de los movimientos sociales y la desmovilizaci贸n de la militancia pol铆tica y sindical. Para seguir manteniendo cierto aire progre reemplazaron su identidad clasista y la cr铆tica estructural contra la sociedad capitalista por un discurso culturalista, identific谩ndose en clave postmoderna con luchas de reconocimiento identitario, sintonizando as铆 con una minor铆a ilustrada.

A este progresismo le ha venido bien apoyarse en este tipo de temas, as铆 mantuvieron cierta aura de izquierda sin tener que enfrentarse a las din谩micas capitalistas, lo cual es siempre es m谩s complicado. Plantar cara al poder tiene costos, y hay que tener valor para hacerlo. Su deriva鈥娾斺奵omo no pod铆a ser de otro modo- ha sido la m谩s pat茅tica: se ha visto relegada cada vez m谩s a la irrelevancia, tanto de sus partidos como de sus l铆deres, hablamos de tipos como Tony Blair, Gerhard Schr枚der, Ricardo Lagos, Felipe Gonz谩lez o Enrique Cardoso. Claro, como suele ocurrirle a la socialdemocracia, cuando abjura de su identidad clasista y reniega de un proyecto de sociedad distinto al capitalismo entra en un terreno en el cual va perder (y a perderse). En el contexto actual, eso signific贸 hacerse d茅bil frente a los neoliberales cl谩sicos cuyos discursos se impusieron globalmente.

Cuando hablamos del neoliberalismo cl谩sico nos referimos a los herederos del Consenso de Washington, los hijos de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Francis Fukuyama. Esta discursividad pone en el centro la defensa del orden democr谩tico-liberal y la difusi贸n a escala mundial de los valores 鈥榙emocr谩ticos鈥 y 鈥榗ivilizadores鈥. Su performatividad discursiva tiene dimensiones globales gracias a la acci贸n comunicacional de las corporaciones medi谩ticas que posee; fundamentalmente dispositivos tradicionales como cine, diarios, televisi贸n, radios y editoriales. Son 茅stos los medios a los que apuesta y los que usa pol铆ticamente. Seg煤n su concepci贸n, no podr铆a haber democracia sin capitalismo, consider谩ndose ambos intr铆nsecamente inseparables. Su discurso es pseudo鈥娾斺奵ientificista, y en ese marco consideran sus ideas como t茅cnicas y objetivas en base al saber de la ciencia matem谩tica y econ贸mica.

En esa l铆nea, apoyados entusiastamente por los neoliberales progresistas, promovieron un individualismo hedonista y competitivo, y a trav茅s de un discurso pol铆ticamente correcto y de centro-centro, incentivaron la apat铆a pol铆tica de los sujetos, la despolitizaci贸n de la sociedad y el descr茅dito del eje pol铆tico izquierda-derecha. S贸lo existir铆a un centro gravitacional: el centro. Esto porque de acuerdo a las tesis de Fukuyama se concibe la democracia liberal como el fin de la historia evolutiva de la humanidad y de los antiguos enfrentamientos ideol贸gicos. Este discurso 鈥渋mposibilista鈥 y anti-ut贸pico, que enfatiza la ausencia de alternativas v谩lidas al neoliberalismo y califica como 鈥渋rracionalidad鈥 oponerse a los postulados del mercado, ha sido hasta ahora el hegem贸nico y el que ha gobernado ampliamente en las 煤ltimas d茅cadas.

Sin embargo, sus postulados, su estilo y su comunicaci贸n pol铆tica defendidos por dirigentes como Macri, Pi帽era, Aznar, Santos, Merkel, Macron etc., son hoy puestos en tensi贸n y cuestionados por l铆deres de ultraderecha como Le Pen, Jos茅 Antonio Kast, Iv谩n Duque, y, por supuesto, Trump y Bolsonaro, en el marco de una disputa por la hegemon铆a al interior del bloque dominante. No casualmente hemos escuchado recientemente a Madeliene Albright, ex Secretaria de Estado, advertir contra ese peligro del autoritarismo y calificarlo, sin tapujos, de 鈥渇ascismo鈥. A su juicio, la democracia, en EU y en el mundo, est谩 en peligro y los gobiernos libres 鈥渆st谩n en franca recesi贸n, en decadencia, en total retroceso, completamente asediados鈥.

Efectivamente, el neoliberalismo de ultraderecha, de ser una excepci贸n perif茅rica ha pasado a ubicarse en la centralidad del tablero y est谩 alterando los t茅rminos discursivos del debate pol铆tico, tanto en su contenido, como en su forma. Hoy confronta al neoliberalismo cl谩sico-tecnocr谩tico en relaci贸n con qu茅 lenguaje usar en la comunicaci贸n pol铆tica y con qu茅 significados construir sentido com煤n. Lenguaje y sentido com煤n聽鈥 las bases para la formaci贸n del discurso dominante, por eso sostenemos que se trata de una disputa interna por la hegemon铆a, es decir, por el modo de direcci贸n del bloque hist贸rico.

El neoliberalismo de ultraderecha levanta dicotom铆as con el discurso cl谩sico-tecnocr谩tico, tanto en el terreno econ贸mico鈥娾斺妏or ejemplo, desglobalizaci贸n versus globalizaci贸n- como en el doctrinario鈥娾斺妉iberalismo val贸rico versus ideolog铆a de g茅nero. En ese sentido, destaca la impugnaci贸n que hace del 鈥渓enguaje pol铆ticamente correcto鈥, estilo que ha sido propio del neoliberalismo cl谩sico. Hemos escuchado a sus m谩ximos dirigentes como el mismo Trump decir 鈥渘o tengo tiempo para el lenguaje pol铆ticamente correcto鈥. Esta convicci贸n la repiten l铆deres de ultraderecha en Europa, E

U y Am茅rica Latina, de manera coordinada, y bajo ese mantra no temen decir cosas que hasta hace poco eran consideradas tab煤 y que fundamentan su discurso clasista, racista y mis贸geno, o sea, su discurso de odio. De este modo tensionan el estilo apol铆tico, neutral, as茅ptico del discurso neoliberal cl谩sico, estilo que responde a una visi贸n fukuyamista que propugna el fin de todo antagonismos.

Ha sido pues el discurso de la ultraderecha el que ha posibilitado un retorno de los sustantivos fuertes (como ped铆a Boaventura de Sousa Santos a la izquierda), frente a los d茅biles que han sido propios de la usanza discursiva tecnocr谩tica. Palabras como 鈥渋deolog铆a de g茅nero鈥, 鈥渂asura marxista鈥; 鈥渁doctrinamiento ideol贸gico鈥, 鈥渓impieza鈥, 鈥渓os buenos y los malos鈥 etc. pueblan este discurso. Parad贸jica y dial茅cticamente han facilitado un retorno de t茅rminos que la teor铆a pol铆tica liberal-individualista quer铆a eliminar, pues, antag贸nicamente, tambi茅n se est谩n revitalizado conceptos como 鈥渟upremacistas鈥, 鈥渇ascismo鈥, 鈥渘azismo鈥, 鈥渋deolog铆a del odio鈥, 鈥渆xtrema derecha鈥, etc.

Una de las consecuencias del discurso pol铆ticamente incorrecto y los sustantivos fuertes usados por la ultraderecha es que se ha vuelto a repolitizar el discurso p煤blico. A su vez, se ha revitalizado el sentido pol铆tico del eje izquierda鈥娾斺奷erecha. De este modo, se est谩 haciendo trizas un esfuerzo de 40 a帽os de los neoliberales tecn贸cratas (secundado por los progres) por destruir y diluir esas distinciones cl谩sicas. Hablamos de d茅cadas en que se fue construyendo un imaginario en el cual no hay ni izquierda ni derecha, todos ser铆an de centro. 驴Alguien puede a煤n sostener eso a la luz de Le Pen, Salvini, Bolsonaro o Trump? 驴Acaso hay alguna mejor categor铆a que 鈥渦ltraderecha鈥 para referirlos? No la hay.

De este modo, el neoliberalismo tras pasar por sus formas 鈥減rogresistas鈥 y 鈥渢ecn贸cratas鈥, repone el v铆nculo con su origen autoritario y extremista: no olvidemos que su engendramiento es el Chile de Pinochet.

La izquierda

Si hay derecha y ultraderecha, es porque hay izquierda. Carecen de sentido los discursos que afirman que el eje derecha鈥娾斺奿zquierda est谩 obsoleto, si as铆 fuera, 驴c贸mo clasificar a Bolsonaro o a Trump? Parad贸jicamente, la ultraderecha con su discurso de odio y su disputa contra el centrismo radical tecnocr谩tico abri贸 un espacio discursivo a la izquierda, pues se ha cristalizado el mapa pol铆tico y objetivado las posiciones al interior del mismo.

Es, por lo tanto, el momento para reafirmar con la mayor fuerza posible, a trav茅s de todos los canales, con convicci贸n y ruido la existencia y la necesidad de una izquierda, como categor铆a y como realidad pol铆tica. Se acab贸 el tiempo del discurso pol铆ticamente correcto. Frente a la frustraci贸n social que el neoliberalismo ha provocado, las explicaciones tecnocr谩ticas, as茅pticas, abstractas pierden performatividad. El discurso ha vuelto a politizarse.

Por ahora, el neoliberalismo encontr贸 con el discurso extremista un m茅todo para canalizar la rabia y tensi贸n social, y evitar que dicha rabia se dirija al sistema que la causa. Pero al hacerlo ha debido asumir una posici贸n anti-elite que, si bien le ha dado resultados electorales, objetivamente ha tambi茅n reforzado el odio social hacia los ricos y ha politizado lo social.

El conflicto de clases est谩 ah铆 y es inocultable. En este momento se presenta (a煤n) distorsionado y se aten煤a aglutinando sectores populares contra otros sectores populares en una infinita lista de odio. En ese marco, debemos observar que la extrema derecha habla cr铆ticamente acerca de las consecuencias concretas de una globalizaci贸n con pocos ganadores y muchos perdedores, mientras la izquierda se ha dedicado, sobre todo, a hablar abstractamente de las causas.

No obstante, 茅ste puede ser nuevamente el momento para la izquierda si sabe conjugar discursivamente consecuencias y causas. Hay un hist贸rico sentido de separaci贸n de los pueblos frente a las clases dominantes que debe ser activado en una l贸gica anti-capitalista. Amplios sectores del pueblo no est谩n dispuestos a aceptar el clasismo, el racismo y el machismo, ese rechazo cohesiona y la re-politizaci贸n de lo social abre espacios discursivos para poner lo estructural en el centro de la agenda.

Para ello decirse, reafirmarse y mostrarse de izquierda es hoy urgente. No olvidemos lo que Gramsci nos ense帽a: si los sectores dominados no cuentan con una discursividad propia, construir谩n su identidad a partir del discurso dominante. Ah铆 est谩 hoy una de nuestras tareas en el marco de la batalla comunicacional.

*Director de la聽 Escuela de Periodismo y presidente del Cap铆tulo Acad茅mico de la Pontificia Universidad Cat贸lica de Valpara铆so, Chile

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