Ene 3 2021
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Opinión

La caprichosa doble moral chilena

Escuchamos o leemos apenas algunas condenas en Chile respecto de la periodista china Zhang Zhan quien en su pa√≠s acaba de ser sentenciada a varios a√Īos de c√°rcel por sus informaciones sobre el surgimiento y el desarrollo del Coronavirus en la ciudad de Wuhan. Una labor informativa que le permiti√≥ al mundo enterarse de este mal que todav√≠a causa estragos en la salud de toda la humanidad. De paso, consignemos que esta reportera fue detenida y permanece en huelga de hambre desde junio del a√Īo pasado, manteni√©ndose viva gracias a que es alimentada forzosamente por disposici√≥n de las autoridades que rigen al principal gigante asi√°tico.

Hasta donde podemos conocer la críptica realidad de este país, sabemos que existen allí decenas de otros periodistas apresados, procesados y condenados por atreverse a develar los acontecimientos de la nueva potencia y, ahora, nuestro principal socio comercial. El más dilecto  si consideramos que es el principal consumidor de nuestro cobre cuyo excelente precio internacional ha venido a salvar nuestra alicaída economía en tiempos de pandemia.

Imaginemos por un instante la batahola que habr√≠a en nuestra pol√≠tica si alg√ļn comunicador social venezolano, cubano o de algunas otras naciones estuviera sufriendo la misma suerte de la reportera china. Las m√°s airadas condenas que se habr√≠an producido desde nuestra Canciller√≠a, Parlamento y partidos pol√≠ticos, como de nuestro propio Jefe de Estado tan dado a comentar con¬† fruici√≥n todo lo que sucede en el mundo sepa o no de qu√© se trata. Junto a ello, extra√Īa tambi√©n en este caso el silencio de los opositores de La Moneda y de otros referentes nacionales seguramente ilusionados de que en China rige un sistema pol√≠tico e ideol√≥gico donde solo se violan accidentalmente los Derechos Humanos.

Las complicidades que observamos tratan de una nueva y enorme colusión de la clase política nacional, de una hipocresía sin nombre que, al menos quienes somos periodistas, no podemos dejar pasar sin avergonzarnos de cómo se siguen vulnerando las libertades de expresión y de prensa en el mundo, sin perjuicio de la orientación ideológica de los distintos Estados. De igual forma en que Estados Unidos y otros países rasgan vestiduras por lo que sucede en China sin autocrítica alguna o, si se prefiere, en el más completo cinismo.

La razón más fuerte de esta colusión es justamente el peso que ha llegado a tener China en nuestra economía. Es cosa de visitar cualquier multitienda, almacén o puesto ilegal de venta en todas las ciudades del país para comprobar como casi todo es actualmente de origen y procedencia china. Productos que aquí y en casi todas partes han echado abajo la industria y las manufacturas nacionales y representan una real amenaza a la hegemonía que antes tenían otras potencias cuyas exportaciones eran, no dudarlo, más caras, pero ofrecían mayor diversidad y, en algunos rubros, mejor calidad.Cambiamos: Supermercado ofrece 29 juguetes nacionales y más de cien importados - Diario Registrado

Es en este contexto que criticar los atentados que comete constantemente el r√©gimen chino puede resultar imprudente y hasta constituir un severo atentado a la suerte de nuestro r√©gimen econ√≥mico o ‚Äúpatriotismo‚ÄĚ. Quienes nos gobiernan y posiblemente los que se proponen llegar a La Moneda pr√≥ximamente prefieren evadir un pronunciamiento fuerte respecto de tan tama√Īo y cobarde atentado a una de las reglas de oro consagradas por la Carta de las Naciones Unidas, como es la libertad de prensa y la dignidad que se merecen los periodistas libres.

Fea, por supuesto, es la actitud al respecto de quienes en su momento vulneraron las libertades universalmente reconocidas y que, de la noche a la ma√Īana, intentan aparecer como blancas palomas despu√©s de haber asesinado, encarcelado y silenciado a los medios de comunicaci√≥n libres. Pero nos atrevemos a decir que, peor todav√≠a nos parece el silencio de quienes siempre criticaron la ‚Äúdoble moral‚ÄĚ en materia de Derechos Humanos, pero que hoy creen necesario hacer caso omiso de los atropellos chinos y de otras naciones con quienes tenemos un fluido intercambio econ√≥mico. Business are business, dir√°n algunos.

Se trata, sin duda, de la realpolitik, una de las pr√°cticas m√°s antiguas del gobierno de los pueblos, sin el pueblo, que le ha provocado y le sigue causando tantos horrores a la humanidad.

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