Abr 11 2012
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Pol铆tica

La causa Malvinas, la unidad nacional argentina y la integraci贸n latinoamericana

Malvinas es una cuesti贸n estrat茅gica para el futuro de todos los argentinos y los sudamericanos , donde est谩n en juego con la proyecci贸n a la Ant谩rtida m谩s de 5.000.000 de km2, con recursos naturales de todo tipo. Hay mucha expectativa en el gobierno argentino sobre el empuje que al tema le pueda dar el venezolano Al铆 Rodr铆guez, quien asume pronto la secretar铆a general de UNASUR, mientras desde distintos sectores se propone y analiza la posibilidad de declarar una zona de exclusi贸n econ贸mica sudamericana en todo el Atl谩ntico Sur.

Hoy en d铆a, el gobierno argentino ha logrado amplio consenso pol铆tico en torno a su reclamo 鈥渄iplom谩tico鈥 en lo interno (Senado, Diputados, sindicatos, empresarios) y se ve fortalecido en lo externo con posiciones comunes tomadas por varios pa铆ses sudamericanos cerrando puertos antes nav铆os provenientes o dirigidos a Malvinas (Brasil, Per煤, Brasil, Uruguay, Chile).

Es m谩s, ha delimitado el terreno de disputa se帽alando que no debe ser el militar, como pretenden los ingleses, sino cultural, pol铆tico, diplom谩tico, econ贸mico y tambi茅n jur铆dico.

Sin dudas, la 鈥淐ausa Malvinas鈥 es uno de los factores de mayor peso a la hora de pensar en la unidad nacional argentina. La Presidenta lo tuvo en claro al convocar a fuerzas propias, amigas, aliadas y opositoras a anuncios sobre el tema Malvinas.聽 鈥淢alvinas se ha convertido en un problema regional y global鈥, dijo Cristina Fern谩ndez de Kirchner, en un discurso que contiene varias cuestiones o aspectos diferenciados.

El inter茅s y proyecci贸n estrat茅gica internacional; el desenmascaramiento de pretensiones, denuncias y pol铆ticas coloniales. Tambi茅n contiene aspectos pol茅micos en torno a la recuperaci贸n de Malvinas y del posterior 鈥淚nforme Rattenbach鈥 y anuncios sobre la puesta en marcha de un hospital para la atenci贸n psicol贸gica de ex combatientes.

鈥淓l pueblo argentino no decidi贸 esa guerra鈥, afirm贸 la Presidenta, absteni茅ndose de usar el verbo apoyar y diferenciarse claramente de los procederes de la dictadura militar.

Sin duda, las expresiones de la Presidenta tuvieron una clara orientaci贸n diplom谩tica: hacer saber al mundo que la actual pol铆tica del Estado argentino critica la ocupaci贸n efectuada en 1982 por un 鈥済obierno desp贸tico鈥. Logr贸 que el conjunto de las fuerzas avalen su presentaci贸n ante las Naciones Unidas (Consejo de Seguridad y tambi茅n la Asamblea General, donde Gran Breta帽a no tiene derecho a veto), denunciando la 鈥渕ilitarizaci贸n鈥 impulsada por Inglaterra.

Conceptualmente fue mucho m谩s s贸lida la explicitaci贸n hecha para desenmascarar las pol铆ticas coloniales sobre el tema Malvinas y dentro de esta misma solidez se debe mencionar la reivindicaci贸n de la solidaridad latinoamericana y la vinculaci贸n de los derechos argentinos con otros hechos, entre ellos el recuerdo del 鈥済aucho Rivero鈥, h茅roe malvinense, que muri贸 combatiendo en la Vuelta de Obligado (contra los ingleses).

La Presidenta denunci贸 la presencia de naves de guerra brit谩nicas y del pr铆ncipe Guillermo para un presunto entrenamiento humanitario, consider谩ndolos como un 鈥渕ontaje colonial鈥, impacten sobre la opini贸n p煤blica nacional e internacional al confrontarlas con la posici贸n pacifista del Estado argentino.

Ciertamente pol茅mica fue y es la condena a la recuperaci贸n efectuada en 1982. Gran parte de los argentinos, sin desconocer el genocidio desatado por aquella dictadura, compartieron y comparten el acto de soberan铆a sobre las Islas Malvinas desarrollado en aquellos d铆as.

En esta misma direcci贸n se ubican las consideraciones sobre la desclasificaci贸n del 鈥淚nforme Rattenbach鈥. La misma es importante para que se conozca esa versi贸n sobre los hechos de Malvinas y las responsabilidades de los altos mandos castrenses. Por 煤ltimo, la atenci贸n psiqui谩trica para los 鈥渧eteranos de guerra鈥 en un Hospital de Salud Mental, donde antes funcionaba el Instituto Geogr谩fico Militar, fue el anuncio de tipo reivindicativo en beneficio de los ex combatientes.

El Informe Rattenbach deja en claro que el conflicto de 1982 era inviable en t茅rminos geopol铆ticos, econ贸micos y t茅cnicos y que la decisi贸n tomada por la Junta Militar genocida, entonces聽 presidida por Leopoldo Fortunato Galtieri fue inmoral e irresponsable.

Pero el comportamiento del ala civil y econ贸mica de la dictadura genocida bordeaba el misterio, pero la desclasificaci贸n del Informe Rattenbach permite rastrear ahora algunos episodios vergonzosos en los que funcionarios del Banco Naci贸n y del Ministerio de Econom铆a se mostraron m谩s preocupados por defender a los ahorristas ingleses que a las finanzas argentinas, en medio de una situaci贸n b茅lica, es decir, extrema.

A mano alzada y por unanimidad, el Senado聽 argentino aprob贸 la Declaraci贸n de Ushuaia, que reivindica la soberan铆a argentina sobre las islas Malvinas y avala como pol铆tica de Estado el reclamo pac铆fico en todos los foros internacionales que obligue al Reino Unido a cumplir la resoluci贸n 2065 de Naciones Unidas de sentarse a negociar para poner fin al enclave colonial en el Atl谩ntico Sur.

Desde todas las bancadas pol铆ticas se respald贸 el documento rubricado por todas las fuerzas pol铆ticas con representaci贸n parlamentaria en Tierra del Fuego el 25 de febrero, que entre sus diez puntos tambi茅n condena la militarizaci贸n brit谩nica en las islas y el saqueo de sus recursos naturales. Sin embargo, la creaci贸n de una comisi贸n bicameral sobre Malvinas qued贸 postergada por falta de acuerdos.

Sectores nacionalistas y de la izquierda vern谩cula tradicional coinciden en que es necesario mostrar firmeza en las negociaciones mediante una efectiva presencia soberana en el mar, junto a una presi贸n leg铆tima en lo econ贸mico-financiero, que signifique un alto costo para Gran Breta帽a mantener su enclave colonial en las islas.

Con esta perspectiva, se帽alan, un instrumento clave es la ley 26.659, votada por unanimidad en ambas c谩maras del Congreso hace un a帽o (pero a煤n聽 no reglamentada), en la que se establecen una serie de requisitos para la exploraci贸n y explotaci贸n petrolera en la plataforma continental y fuertes sanciones en caso de incumplimiento, incluyendo sanciones a las empresas instaladas en territorio argentino que mantengan intereses y/o v铆nculos econ贸micos o financieros con las corporaciones que est谩n explotando el petr贸leo en Malvinas.

Cabe recordar que el 30 de noviembre de 2009, el gobierno de Cristina Kirchner reclam贸 formalmente聽 a los 27 pa铆ses que conforman la Uni贸n Europea (UE) por la inclusi贸n de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y del sector ant谩rtico argentino en el tratado europeo de Lisboa .

Las islas fueron incorporadas con bandera brit谩nica al tratado de Lisboa, que reemplaza a la frustrada Constituci贸n europea. El 30 de enero de 2012, la Uni贸n Europea (UE) advirti贸 que no debatir谩 sobre la soberan铆a de las Islas Malvinas. El embajador de la UE en la Argentina, Alfonso D铆ez Torres, asegur贸 que el tema Malvinas 芦no entra en la agenda de la pol铆tica exterior禄 del bloque y se帽al贸 que 芦hoy las Malvinas est谩n bajo jurisdicci贸n del Reino Unido y es un hecho禄.

Argumentos coloniales

El debate p煤blico argentino asisti贸 a la reaparici贸n, algo traspapelada, de argumentos coloniales, anclados, en este caso, en la din谩mica tradici贸n de justificaci贸n de la desposesi贸n de tierras y recursos naturales por parte del Imperio Brit谩nico, aquel donde 鈥渘unca se pon铆a el sol鈥.

Se desencaden贸 entre un grupo de intelectuales y publicistas cr铆ticos del gobierno una especie de torneo para ver qui茅n adopta posturas m谩s angl贸filas y entreguistas, con argumentos que ofenden la inteligencia de los argentinos y llenan de regocijo al Foreign Office. Uno de los desvar铆os m谩s significativos es el que se帽ala, en l铆nea con los pretextos de Londres, que la Argentina deber铆a consultar a los isle帽os si es que aceptan o no que las islas sean reincorporadas al patrimonio nacional.

Se apela, err贸neamente, a la doctrina de la 鈥渁utodeterminaci贸n nacional鈥, lo que le permiti贸 al historiador Luis Alberto Romero (en una columna publicada en el diario La Naci贸n) y a un grupo de 17 intelectuales proponentes, seg煤n ellos, de una mirada alternativa sobre la cuesti贸n de las Malvinas, renunciar 聽sin m谩s miramientos al leg铆timo derecho que le asiste a la Argentina y dar por definitivamente perdida una batalla que este pa铆s viene librando desde hace 179 a帽os.

Quienes postulan la doctrina de la 鈥渁utodeterminaci贸n nacional鈥 se olvidan de que 茅sta s贸lo es aplicable a condici贸n de que se cumpla con un requisito inescapable: que quienes se amparen en ese derecho sean los pobladores aut贸ctonos de un territorio, lo que no ocurre en el caso de las Malvinas. La escasa poblaci贸n argentina que hab铆a en las islas fue desalojada por una fuerza expedicionaria brit谩nica que se apoder贸 violentamente del archipi茅lago y estableci贸, en su lugar, una peque帽a colonia que al cabo de casi dos siglos no supera las dos mil almas.

Los habitantes de las Malvinas, los llamados kelpers, son ahora ciudadanos brit谩nicos luego de la guerra de 1982. No hay tres partes, hay dos. Ello no fue modificado por la guerra, ni por ninguna otra situaci贸n. No puede aplicarse dicho principio a una poblaci贸n cuya composici贸n es 铆nfimamente nativa o descendiente; a una poblaci贸n que actualmente (de acuerdo a documento oficial brit谩nico) proviene de 62 pa铆ses distintos y que en definitiva ha sido trasplantada deliberadamente en todos los a帽os de usurpaci贸n.

Esa 聽modalidad de adquisici贸n territorial se llama, en el derecho internacional, 鈥渃onquista鈥, y de por s铆 invalida cualquier pretensi贸n de legitimar la presencia post festum de los intrusos auscultando su voluntad o no de perpetuar los efectos de la conquista gracias a la cual se apoderaron de unas tierras que no eran suyas.

El tipo brit谩nico de colonizaci贸n

El 聽brit谩nico es un tipo particular de colonizaci贸n, ya que no pose铆a el paraguas de las bulas papales y tampoc o pod铆a esgrimir el hecho de haber 鈥渄escubierto鈥 esas tierras.

El argumento central que usaron los brit谩nicos 鈥搚 sobre todo John Locke, el llamado padre del liberalismo- es el de 鈥渢ierra vacante鈥. Las tierras que ocuparon, sosten铆an, no estaban bien utilizadas por los pobladores nativos, que por sus incapacidades t茅cnicas, por su nomadismo o por su 鈥渋ncivilidad鈥 no pod铆an maximizar la producci贸n y extracci贸n de recursos, lo cual constitu铆a un desperdicio, un derroche y una afrenta a la concepci贸n cristiana de que Dios dio a todos la tierra en com煤n, pero para la maximizaci贸n de sus recursos. El modo ingl茅s de colonizaci贸n, entonces, se bas贸 en el verbo clave de 鈥減lantar鈥.

Resulta por eso muy ajustado al discurso legitimador ingl茅s, tejido desde hace siglos, que intelectuales argentinos recurran a la autodeterminaci贸n de los pueblos. Porque a estos cuatro modos de 鈥減lantar鈥 los ide贸logos ingleses de la colonizaci贸n agregaron que la corona brit谩nica se deb铆a mostrar como liberadora de los pueblos sojuzgados por las 鈥渢iran铆as鈥.

Traducido, eso significaba proponer como estrategia diferenciadora en donde se asentaran, formas de autogobierno y de tolerancia religiosa (mientras sus colonos no atinaran a competir con las manufacturas inglesas ni atentaran contra las Actas de Navegaci贸n). Une un modo de participaci贸n pol铆tica con un modo de apropiaci贸n y extracci贸n de recursos naturales, que se justifica en que si 茅stos no se utilizan implica un derroche, una irracionalidad econ贸mica.

Gran Breta帽a quiere utilizar la 鈥渁ventura鈥 militar de la dictadura genocida como una beligerancia donde el que gan贸 la batalla adquiere derechos de vencedor como si se tratara de tierras vacantes o mostrencas, donde no hab铆a derechos previos, habitantes argentinos y bienes del Estado. Esta posici贸n merece ser calificada de 鈥渁ventura鈥 diplom谩tica, pues contradice completamente al derecho internacional.

Por eso es central, s铆, anclar el reclamo de Malvinas a la defensa de la soberan铆a y el dominio sobre los recursos naturales (o lo que es igual, afirmar la persistencia de la cuesti贸n del colonialismo 鈥搚 ning煤n 鈥減ost鈥濃 en nuestros pa铆ses). Pero colonialismo y desarrollismo comparten esta matriz ideol贸gica de la utilizaci贸n 鈥渞acional鈥 鈥損roductivista y tecnicista鈥 de los recursos. Ir por todo es tambi茅n no dar por sentada esa l贸gica pol铆tico-econ贸mica de la extracci贸n.

La solidaridad latinoamericana

Malvinas trasciende a la dictadura militar y es mucho m谩s que un archipi茅lago, es la punta del iceberg en la lucha de las grandes potencias por ocupar y controlar los 煤ltimos espacios no explotados del planeta, y una oportunidad para que Argentina no sea un Estado menor en el orden jer谩rquico de un mundo multipolar.

Gracias a las provocaciones de David Cameron, la causa de las Malvinas se latinoamericaniz贸 y Londres acus贸 el impacto al ver que su pertinaz colonialismo suscitaba creciente repudio a la vez que solidaridad con la Argentina en esta parte del mundo y que Washington admit铆a, para desasosiego brit谩nico, que hab铆a un problema de soberan铆a que deb铆a discutirse bilateralmente.

La controversia sobre la soberan铆a del archipi茅lago involucra al menos tres aspectos que hacen al inter茅s com煤n de Am茅rica latina:

a) la explotaci贸n de recursos naturales de nuestros espacios mar铆timos, renovables (si no se los depreda), como la pesca, y no renovables, como el petr贸leo;

b) el acceso a la Ant谩rtida, fuente segura de enormes riquezas minerales e hidrocarbur铆feras cuyo tratado, que deja 鈥渃ongelados鈥 los reclamos de soberan铆a sobre ese territorio, deber铆a ser renovado en fechas pr贸ximas; y

c) el acceso al paso bioce谩nico a trav茅s del Estrecho de Magallanes, de extraordinaria importancia en la hip贸tesis de que por diversos motivos fuese inoperable el Canal de Panam谩.

Cabe recordar las posiciones solidarias adoptadas por CELAC (Am茅rica Latina y Caribe) y UNASUR (Am茅rica del Sur), junto a la decisi贸n de los pa铆ses del MERCOSUR al negar el uso de sus puertos a embarcaciones con la ilegal bandera kelper.

M谩s all谩 de los procesos de integraci贸n regional y las alianzas estrat茅gicas, seg煤n la agencia de inteligencia global Stratfor, Brasil est谩 dispuesto a apoyar a la Argentina en su reclamo por las islas Malvinas porque no quiere a Gran Breta帽a cerca de sus yacimientos de petr贸leo.

聽Derecha e izquierda聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽

La reivindicaci贸n del gobierno argentino coincide o desata, a la vez, un clima de nacionalismo de distintos calibres, de ra铆z popular o aristocr谩tico, de liberalismos enajenantes u oportunistas, y tambi茅n de anglofobias y anglofilias. Hasta un grupo de periodistas e intelectuales argentinos, alineados hoy con la derecha proimperial, insisten en la autodeterminaci贸n de los isle帽os.

Desde sectores de izquierda dicen聽 que los Kirchner pretenden construir soberan铆a mientras son entregados al extranjero meramente como mercanc铆as recursos naturales estrat茅gicos del pa铆s, como en megaminer铆a e hidrocarburos.

Pero no hay que olvidar que simult谩neamente con la fuerte militarizaci贸n de la base brit谩nica Mount Pleasant, entra oficialmente en operaciones la primera base paramilitar del Comando Sur de los Estados Unidos en territorio continental argentino. Encubierta como centro de respuestas a emergencias naturales, se trata de un centro de inteligencia militar, monitoreo y adoctrinamiento de la poblaci贸n civil dirigido por el coronel Edwin Passmore, activo de Irak, Afganist谩n y Kuwait y expulsado de Venezuela por espionaje.

El tema Malvinas, m谩s all谩 de la solidaridad latinoamericana, tambi茅n implica la descolonizaci贸n mental y la necesidad de asumir la etapa de construcci贸n de nuevas sociedades, iniciando 鈥搊 prosiguiendo- el modelo de sustituci贸n de importaci贸n de ideas.

Despu茅s de 1982,聽 Gran Breta帽a hizo de las islas una cuesti贸n de orgullo imperial y militariz贸 la zona entusiasmada con la posibilidad de extraer petr贸leo por 200 mil millones de d贸lares.

Una causa coyuntural para la militarizaci贸n del Atl谩ntico Sur est谩 asociada al manejo por la administraci贸n Cameron de la crisis pol铆tica y la revuelta social interna por la desocupaci贸n, pero otra causa de fondo es que desde 2000 la producci贸n de hidrocarburos en el Mar del Norte est谩 decreciendo. El Reino Unido est谩 pasando de exportar a importar gas. Est谩 previsto el paulatino cierre y desmantelamiento de las plataformas petroleras del Mar del Norte hasta el 2035.

Tambi茅n cabe aclarar que la base militar inglesa de Malvinas, la m谩s importante de la OTAN en el hemisferio Sur, fue adquiriendo esa dimensi贸n no luego de la guerra del 82, sino despu茅s de firmados y estando vigentes los Acuerdos de Paz con el Reino Unido de 1990. Y que la explotaci贸n petrolera comenz贸 luego que el expresidente Carlos Menem firmara un nefasto convenio, que fuera bien derogado en el 2007 por N茅stor Kirchner. Pero que tampoco Argentina hizo nada efectivo cuando la Uni贸n Europea incorpor贸 en su Constituci贸n a las Malvinas y el territorio ant谩rtico brit谩nico como territorios de ultramar europeo

En definitiva, hay que hacerse cargo de los errores cometidos antes, durante y despu茅s de la guerra de 1982. En democracia, Malvinas debe ser una pol铆tica de Estado. Una pol铆tica integral, sin doble discurso y tambi茅n sin derrotismo.

Petr贸leo y dudas

A principios de abril, la canciller铆a argentina se mostr贸 satisfecha cuando la petrolera British Petroleum, de capitales ingleses, anunci贸 que聽 no participa en actividades de exploraci贸n de hidrocarburos en la regi贸n 聽del Atl谩ntico Sur 鈥渘i tiene planes de hacerlo en el futuro鈥.聽 La aclaraci贸n por parte de la empresa brit谩nica lleg贸 en respuesta a una nota que el Ministerio de Relaciones Exteriores hab铆a enviado a mediados de marzo, advirtiendo que el gobierno argentino avanzar铆a con 鈥渁cciones administrativas, civiles y penales鈥 contra las compa帽铆as que participaran de la exploraci贸n y perforaci贸n de la zona aleda帽a a las islas Malvinas, por considerar que act煤an en sentido contrario a lo indicado por las Naciones Unidas en diversas resoluciones.

Esa empresa brit谩nica tiene intereses en la Argentina: est谩 a cargo, a trav茅s de la compa帽铆a Panamerican Energy, del mayor yacimiento de petr贸leo del pa铆s, Cerro Drag贸n, en la provincia de Chubut. La concesi贸n se extiende hasta el a帽o 2043.

El alcance de la decisi贸n argentina de avanzar legalmente no incluye s贸lo a las empresas del rubro petrolero que participen directamente sino tambi茅n a las que brinden apoyo log铆stico, asesoramiento o financiamiento. Esto incluye bancos, brokers y analistas de riesgo, entre ellas algunas de peso internacional como Cr茅dit Suisse, Barclays, Merril Lynch y Goldman Sachs.

Mientras, sectores de la izquierda -entre ellos Mario Cafiero y Pino Solanas-denuncian que posiblemente tras las bambalinas se consolida definitivamente el formidable negocio de la explotaci贸n del petr贸leo de Malvinas por parte del Reino Unido, mediante la conjugaci贸n de dos medidas dictadas recientemente por el actual gobierno. Una fue la ley 26.552 de fijaci贸n de los l铆mites de la Provincia de Tierra del Fuego, por la cual las islas Malvinas y la Ant谩rtida Argentina pasaron a ser jurisdicci贸n de esa provincia, que se convirti贸 as铆 en la m谩s extensa de la Argentina y con la relaci贸n habitante por territorio m谩s baja del planeta.

Indican que pese que se ha querido mostrar a esta ley como una medida de reafirmaci贸n de la soberan铆a en los territorios usurpados, en los hechos provoca una minimalizaci贸n del conflicto por Malvinas, que pasar谩 en la pr谩ctica a ser un conflicto interno de dicha provincia, y no de la Naci贸n Argentina. El conflicto geopol铆tico actualmente m谩s importante, por el dominio de las islas del Atl谩ntico Sur y los extensos territorios mar铆timos circundantes, cuyos verdaderos antagonistas son el Reino Unido, con sus aliados europeos; y Argentina, con sus potenciales aliados sudamericanos, corre el riesgo de ser minimizado as铆 en una disputa de poca monta entre malvinenses brit谩nicos y fueguinos argentinos.

La otra medida fue la cesi贸n que hizo el Poder Ejecutivo Nacional del 50% de las regal铆as de la explotaci贸n off shore de petr贸leo, incluidos los de la zona en disputa, a favor del Fideicomiso Austral creado por dicha provincia. La articulaci贸n de esas dos medidas, dictadas en simult谩neo al desembarco brit谩nico con miras a explotar el petr贸leo de Malvinas, sumadas a la facultades constitucionales otorgadas a las provincias respecto a dominio originario de los recursos naturales, y de realizar acuerdos internacionales, posibilitan que la gobernadora Fabiana R铆os puede concretar discretos acuerdos de explotaci贸n de petr贸leo con las compa帽铆as que est谩n operando o pretenden operar en la zona de disputa.

Estas empresas encuentran como obst谩culo legal la Resoluci贸n 31/49 de la ONU, que insta a las partes a no innovar unilateralmente en la explotaci贸n de los recursos del 谩rea en disputa. Recibir铆a as铆 鈥揺speculan los de nunciantes- la provincia de Tierra del Fuego el pago de una simb贸lica regal铆a del orden del 3%, que la contraparte brit谩nica o los isle帽os, como ya lo han deslizado de distintas maneras, no imputar谩n como pagos de regal铆as (que puedan esgrimirse como un reconocimiento de soberan铆a argentina) sino como servicios ambientales prestados desde las costas del continente.

Seguramente por esta raz贸n el Reino Unido astutamente insiste en que la cuesti贸n del petr贸leo es 鈥渦n asunto exclusivo de los isle帽os鈥, porque es la 煤nica v铆a que tiene para legitimar su despojo a los argentinos, cuya explotaci贸n, tal como lo pretende hacer por su cuenta Brasil, podr铆a brindar una era de prosperidad a Argentina, como sucedi贸 en su momento con Noruega, Dinamarca, Holanda, y Gran Breta帽a con los yacimientos del Mar del Norte.

Estos sectores se帽alan que Argentina deber铆a requerir que se declare una moratoria en la exploraci贸n y explotaci贸n petrolera del 谩rea en disputa, hasta tanto se haya dirimido la cuesti贸n de la soberan铆a sobre la misma. Ser铆a la manera concreta de obligar al Reino Unido a encarar negociaciones por la soberan铆a. Y la 煤nica manera de asegurar que dicha actividad pueda desarrollarse con los debidos apoyos desde el continente, conforme los referidos principios del Derecho Ambiental, sin convertirse en una aventura que podr铆a deparar resultados catastr贸ficos.

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