Feb 2 2012
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Pol铆tica

La conferencia de los comunistas cubanos

Hay que gritarlo a todo pulm贸n en un mundo b谩rbaro como el que pretende implantar el imperio yanqui, donde no quede en pie ni uno de los principios de convivencia civilizada conquistados por la humanidad. La Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba(PCC), culminada en La Habana el 28 y 29 de enero, ha demostrado la perseverancia del liderazgo cubano en mantener el rumbo y el ritmo 鈥搒in prisa pero sin pausa- de los cambios econ贸micos, pol铆ticos y sociales dirigidos a dar sustentabilidad y perfeccionar sus conquistas socialistas.

Inspiradas en las ideas de Marx, Lenin y sus continuadores, como tambi茅n en las concepciones revolucionarias de Jos茅 Mart铆, inscritas en la tradici贸n nacional-popular latinoamericana, te帽ida por la sabidur铆a de sus ancestrales civilizaciones y la prof茅tica visi贸n de unidad e integraci贸n de nuestros pueblos legada por la genialidad de Sim贸n Bol铆var.

La reuni贸n partidista, cuya celebraci贸n fue decidida el a帽o pasado por el VI congreso de la organizaci贸n despleg贸 鈥揺n la etapa preparatoria y en su realizaci贸n- una clara voluntad pol铆tica de di谩logo y debate democr谩tico e inclusivo, a tono con la diversidad de la sociedad cubana actual. Acord贸, entre los objetivos centrales del PCC 鈥 desterrar definitivamente los rezagos, prejuicios y conductas discriminatorias de todo tipo鈥 y cumplir el mandato de la Constituci贸n de la Rep煤blica que proscribe 鈥渓a discriminaci贸n por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquier otra lesiva a la dignidad humana鈥 y proclama 鈥渓a educaci贸n de todos en el principio de la igualdad de los seres humanos鈥.

Como explic贸 el primer secretario del PCC Ra煤l Castro, la conferencia opt贸 por el concepto martiano de un solo partido para hacer la revoluci贸n. Y es que otra postura ser铆a suicida en las condiciones de Cuba por mejor intencionada que pudiera parecer, peque帽a isla de once millones de habitantes, situada en las fauces del norte revuelto y brutal que no cesa de acosarla. Dicho m谩s claro: Cuba est谩 sometida desde hace d茅cadas a un estado de guerra no declarada por parte de la m谩s colosal potencia militar de la historia, situaci贸n que salvo por ocasionales matices, se ha mantenido en todo ese tiempo.

Bien dicho por Ra煤l que el espacio que se concediera a otros partidos ser铆a para los del imperialismo. Cabe recordar una vez m谩s aquella afirmaci贸n tan l煤cida del Che, que nadie debe tomar m谩s en cuenta que los revolucionarios cubanos: al imperialismo no se le debe ceder 鈥渘i tantito鈥 as铆 . Lo expuesto hasta aqu铆 es raz贸n suficiente para afirmar que Cuba contin煤a empe帽ada en realizar cuantos cambios y reformas sean necesarios a la consecuci贸n de sus objetivos socialistas y por eso mismo lo hace sin ceder un solo mil铆metro en su soberan铆a ante las presiones del imperio y sus vetustas comparsas europeas ni complacer la ingenuas peticiones por algunos de sus simpatizantes de calcar modelos ajenos a su realidad.
Ochocientos once delegados, en representaci贸n de los m谩s de ochocientos mil militantes del PCC asistieron a las sesiones previas de municipios y provincias y luego a la reuni贸n nacional para 鈥渆valuar con objetividad y sentido cr铆tico el trabajo del Partido, as铆 como determinar con voluntad renovadora las transformaciones necesarias para situarlo a la altura que demandan las actuales circunstancias鈥. Se trata de introducir las modificaciones que sean necesarias en los m茅todos y estilo de trabajo del PCC para lograr la implementaci贸n de los cambios al modelo econ贸mico acordados por el VI congreso, uno de cuyas vertientes principales consiste en motivar y movilizar la participaci贸n consciente de los cubanos en la gesti贸n de la econom铆a nacional. Para ello el PCC debe abandonar el 鈥渕andonismo鈥 y los m茅todos administrativos pues su autoridad moral, insisti贸 el primer secretario, se fundamenta en el ejemplo personal de sus militantes y cuadros 鈥渁 partir de demostradas cualidades 茅ticas, pol铆ticas e ideol贸gicas y el permanente contacto con las masas鈥. Dos cuestiones vitales fueron abordadas tambi茅n por la conferencia: la necesidad de crear una hornada de dirigentes j贸venes, obstaculizada por una err贸nea pol铆tica de cuadros y el imperativo de que el PCC encabece la lucha contra la corrupci贸n, 鈥渦no de los principales enemigos de la revoluci贸n鈥. En el marco de la ley 鈥渟eremos implacables con la corrupci贸n鈥, enfatiz贸 Ra煤l.

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