Ago 16 2009
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Opinión

La construcción del envoltorio global

Teódulo López Meléndez.*

El mundo se fracciona para recomponerse. Ambos movimientos se están dando en paralelo, aunque alguno se sucederá con mayor prisa, esto es, no se puede pretender una concordancia. El mundo no marcha hacia la anarquía, simplemente estamos en un proceso de creación de un nuevo orden, con toda la sismicidad que ello implica.

La globalización está aquí, como también una regionalización supranacional que encuentra, hasta ahora, a Europa como el proceso más acabado. Al mismo tiempo los Estados ceden soberanía y el mundo local entra en una revitalización multidireccional. Son, pues, varios los planos en que se produce la reorganización del mundo: globalización, regionalización supranacional o continentalización y localización.

David Held (La democracia y el orden global: Del Estado moderno al gobierno cosmopolita) ha llamado al proceso una democracia cosmopolita, pues obvio que la nueva forma implicará la necesidad de reinventar la democracia y la participación pluralista de los ciudadanos. En cualquier caso, no hay lugar a dudas para cualquier analista de los procesos políticos globales que marchamos hacia cuatro niveles: global, continental, nacional y local, como bien lo resume el profesor de la Universidad de Guadalajara Alberto Rocha en El sistema político mundial del siglo XXI: un enfoque macro-metapolítico. Es lo que el propio Held denomina un sistema de geogobiernos.

Es obvio que habrá de redefinirse  lo que hoy llamamos nacional ante el nacimiento de estos nuevos niveles espaciales y multidimensionales, como lo es que estos cuatro niveles tendrán sus propias dimensiones  y un complicado sistema de red que los comunique, como de red que conecte diversos subniveles de cada uno de ellos con subniveles de los otros.

Hasta ahora nos hemos venido manejando en un mundo donde existen organismos internacionales, los acuerdos continentales, los Estados-nación y lo local. Todo ello está bajo cuestionamiento. Lo están los organismos como las Naciones Unidas, hasta ahora incapaz de pasar a los hechos ante el continuo reclamo de transformación; lo están los Estados-nación, la organización interna de cada nación y, como hemos dicho, todo el sistema interestatal internacional, lo que nos recuerda la inoperancia de la OEA aún para atender casos pertenecientes al viejo orden.

El cuestionamiento va más allá, porque al romperse el viejo orden quedan bajo la lupa todos sus componentes, llámense dirigentes, prácticas hasta ahora aceptadas, reglas, derecho internacional, organizaciones, doctrinas políticas y hasta hábitos de lo político.

La globalización, el primer envoltorio, tendrá sus poderes ejecutivo, legislativo y judicial, cuyo avance más significativo lo constituye la Corte Penal Internacional. En ese mundo global es evidente que existirán una sociedad civil global, una democracia global, una ciudadanía global y un Derecho Público global. Será un gobierno propiamente dicho, limitado por los otros niveles y sin capacidad de intervenir en la resolución de los problemas públicos de los otros niveles, aunque, como advertiremos más adelante, tendrá una red que permitirá el contacto directo con actores de ellos, aún de los locales. Esto es, este gobierno global, que no es un Estado, sino una mezcla de homogeneidad con heterogeneidad, no tiene autonomía para resolver problemas de los otros niveles, pero asume los que los desborden. Este gobierno mundial afincará sus bases primeras en las diversas organizaciones supraregionales.

Lo que se denomina lo regional supranacional, o unidad por zonas continentales, como es el caso europeo, nos muestra la creación de un gobierno o un Estado red regional y una sociedad civil red regional. Conocemos ampliamente la estructura de la Unión Europea y de sus instituciones y sabemos de la asunción de una doble nacionalidad por parte de sus ciudadanos, que a la vez que pertenecen al antiguo Estado-nación (Alemania, Italia, España, etc.) se sienten ciudadanos europeos. Habrá que llamar la atención, luego,  sobre la región Asia-Pacífico. Es como lo hemos dicho: lo global se sostendrá sobre la regionalización y sobre lo supraregional.

El proceso que el mundo lleva indica que el Estado-nación deja de ser la referencia básica que ha sido desde su constitución. Está en un proceso interno de desconfiguración para pasar a ser no más que una forma política y administrativa con funciones de mediación entre los supraregional (léase Europa o región Asia-Pacífico) y lo local. Los autores comienzan a llamarlo Estado posnacional.

Si bien este es el proceso del Estado, la nación, por su parte, emprende un proceso de reconstitución desde lo local. Ya comienza a hablarse con una inversión de términos en un intento por definir una provisionalidad de tránsito: Nación-estado. Esto es, lo que viene es un dominio de lo que hasta ahora se ha denominado sociedad civil, y que yo prefiero llamar poscivil, sobre lo que anteriormente era el Estado.

El Estado suele, o solía, ser impermeable a los requerimientos de la ciudadanía, lo que implica una reacomodo total del concepto de democracia y de participación. Es lo que algunos llaman demopública en sustitución de república, como es el caso de David Held en La democracia y el orden global.

El resurgimiento de lo local implica un planteamiento de multiculturalidad y de multinacionalidad. Las naciones podrán reconstituirse sobre estas bases, o tal vez implosionar. Las localidades, a su vez, podrán conectarse directamente con los sistemas regionales supranacionales, como en el caso de la Unión Europea, donde existe la Comisión Asesora de las Corporaciones Territoriales regionales y locales, que permite el ejercicio de una influencia directa de lo local sobre la entidad supranacional. Esto es, la UE protagoniza, con su asistencia directa a las regiones, un proceso controlado de autodeterminación económica y política de las mismas.

Como hemos visto, la nueva organización planetaria presenta dinámicas políticas horizontales y verticales. Hasta el punto que Habermas la llama una democracia deliberativa.

 
* Escritor, editor.
En http://teodulolopezmelendez.wordpress.com

 

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