Ago 12 2008
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Cultura

La desesperación de una cultura en riesgo se hizo voz

Taiana González* 
 
Históricamente han sido víctimas del mayor despojo cultural. El “Día Internacional de los Pueblos Indígenas”, los encuentra vulnerables como hace cinco siglos, pero dispuestos a luchar por sus derechos. 

Según el calendario maya, el 9 de agosto es el día adecuado para hacer ofrendas al Creador y Formador de la naturaleza y de todo lo que en ella habita. Es el momento propicio para retribuir por todo aquello que ha dado, y que ha servido para el desarrollo de las culturas originarias. Es al mismo tiempo el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Pero lejos está de ser una fecha de celebración, porque en la actualidad -500 años después- siguen sintiendo las heridas de aquella cruda colonización que los destrozó culturalmente.

En el año 2004, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), proclamó el Segundo Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo. En este período, el objetivo principal que siguen las comunidades originarias, es fortalecer la cooperación internacional, para solucionar de esta manera, los problemas que afrontan, en ámbitos como la cultura, la educación, la salud, los derechos humanos, el medio ambiente y el desarrollo económico y social.

Atrás quedó para las comunidades nativas, la posibilidad de hablar su lengua, rezar a su dios, y vivir la naturaleza en completa armonía. Si bien existen normas que amparan a estas comunidades, siguen siendo vulnerados los derechos fundamentales establecidos por la ONU y su cultura.

La lucha de estas comunidades contra la usurpación de tierras, el saqueo de recursos naturales, es constante e parece inevitable. De la naturaleza vienen y a ella defienden con creces, porque un medio ambiente sano, implica progreso y supervivencia cultural para todas las comunidades nativas de Abya Yala: América Latina para los pueblos originarios.

En el mundo entero, los pueblos indígenas representan el 10 por ciento de la población. La mayor parte de estos 40 millones de personas, viven un modelo de desarrollo impuesto por las sociedades dominantes, y no tienen la participación correspondiente en lo que respecta a la toma de decisiones.

Así lo explica el dirigente mapuche Víctor Ancalaf Lleupe, al asegurar que el sistema actual es nefasto e inhumano y además “…no es un sistema económico elegido por el pueblo, sino que es un sistema autoritario y dictatorial, que tarde o temprano va a colapsar, ya que se están pasando a llevar los derechos humanos, el derecho a la vida, el medio ambiente, los recursos naturales y el ecosistema”.

Estas comunidades sufren por la falta de reconocimiento identitario y cultural, por parte de los Estados. Incluso en uno de los ámbitos más importantes, como la salud, se niega la cultura nativa, porque se les imponen sistemas de medicina moderna que, generalmente "no atienden lengua, creencias, ni costumbres sociales", de acuerdo a lo que explica la organización “Ayuda en Acción”, que trabaja en el Amazonas ecuatoriano.

Con respecto a la salud, hay un dato relevante a tener en cuenta que se desprende de estadísticas realizadas por la Conferencia Internacional sobre el VIH/SIDA. Las comunidades indígenas son uno de los colectivos más vulnerables y desprotegidos frente al SIDA. Eso se debe a que la pobreza, la marginación, la falta de educación y de servicios básicos, son problemas con los que conviven a diario y que los lleva a no tener los conocimientos necesarios al respecto.

Según una presentación sobre Pueblos Indígenas/Originarios y Afrodescendientes, organizada por el área de Pueblos Indígenas de la Aldea Global, para que la cifra de indígenas con SIDA no siga aumentando en forma brutal, es sumamente necesario, que las campañas realizadas sean traducidas a lenguas originarias. De acuerdo a lo explicado, de otro modo se hace casi imposible la concientización, ya que en muchas comunidades no se hablan los idiomas oficiales de las naciones, lo cual hace imposible dar a conocer los riesgos que existen.

De acuerdo al artículo 1, inciso b del Convenio OIT número 169, sobre pueblos indígenas, del año 1989, éstos son considerados como tales por el “…hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización o del establecimiento de las actuales fronteras estatales…”. El mismo convenio, establece en su artículo 4, que los estados deben adoptar medidas especiales, para salvaguardar las personas, las instituciones, los bienes, el trabajo, las culturas y el medio ambiente de los pueblos indígenas.

Sin embargo, a pesar de la existencia de este decreto, la situación de las comunidades nativas, sigue siendo la misma hace cientos de años, razón por la cual, estos pueblos ofrecen resistencia a los modelos impuestos y luchan por la construcción de otro mundo, en el cual se eliminen las formas de racismo, discriminación, explotación y exclusión social, política y económica, por parte del Estado.

Justamente el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, es el momento ideal para luchar y pedir por el cumplimiento de esos derechos que son pisoteados hace 500 años.

Es sabido, que sin un lugar en el cual vivir, difícilmente sea posible desarrollarse correctamente, sobre todo si se tiene en cuenta que para estos pueblos, el vínculo con la tierra es muy fuerte, porque ella es sinónimo de vida.

Los habitantes ancestrales de Abya Yala, tienen derecho a poseer, utilizar y controlar las tierras de propiedad tradicional, porque así lo fija el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU. La soberanía de los pueblos es la base para alcanzar la integración verdadera como humanos en armonía con la Pachamama (Madre Tierra).

La enajenación y ocupación de sus tierras y territorios, hoy en día es moneda corriente. Abya Yala en idioma kunu significa tierra rica, en crecimiento y maduración. De eso no hay dudas, América Latina es uno de los territorios más prósperos porque posee gran cantidad de recursos naturales, lo cual despierta la tentación de las empresas extranjeras. La tierra es una mercancía de intercambio, y nada importa más, que poder lucrar con ella, aunque eso implique la destrucción medioambiental.

Los Mapuches (gente de la tierra) tienen una cultura oral muy antigua, y para ellos el territorio no es un "atributo" sino un elemento constitutivo de su identidad. Por eso, esta comunidad ubicada en la Patagonia, lucha por el respeto de la Constitución Nacional argentina, de 1994, en la que se "…garantiza la posesión de las tierras que los pueblos originarios del país tradicionalmente ocupan".

El territorio, tanto para la comunidad Mapuche, como para el resto de los pueblos latinoamericanos, es el punto de partida para el ejercicio de los demás derechos y el eje central del desarrollo productivo -económico, social y cultural – de los pueblos indígenas.

La Declaración otorga a los indígenas de todo el mundo, el derecho a la autodeterminación, al control de sus tierras y sus recursos naturales, y a la preservación de su cultura y tradiciones. Además establece que los territorios pertenecientes a estas comunidades, no pueden ser utilizadas con fines militares. Sin embargo a lo largo de toda América Latina, es posible observar bases estratégicas, instaladas para controlar los recursos, quitándoles soberanía al Estado y a las comunidades que en él habitan.

Los pueblos aborígenes en la actualidad, cuestionan constantemente la situación que se vive, porque los Estados que debieran proteger las especies nativas, por ejemplo, muestran mayor interés por los intercambios mercantiles de estos recursos, que por su preservación. Pareciera que en lugar de atender las demandas realizadas por los “hijos de la tierra”, la prioridad de los gobiernos es la destrucción natural, siempre que sea rentable.

La presencia de multinacionales, instaladas en zonas productivas de América Latina, ha ido alterando el equilibrio natural, los ecosistemas y consecuentemente el modo de vida de aquellos pueblos que no conciben la vida sin armonía con el medio ambiente. Las modificaciones en el hábitat han transformado incluso la producción y alimentación de las comunidades nativas.

Hablar de medio ambiente y no mencionar el cambio climático es imposible. La mano destructora del hombre una vez más puso en peligro la subsistencia de sus pares. El líder indígena, del Atlántico Norte de Nicaragua, Broklin Rivera, asegura que los países más desarrollados, empujados por el capitalismo voraz, han ido destrozando la estabilidad del medio ambiente, porque las industrias que se instalan y las actividades que ellas realizan, expulsan residuos que perjudican la naturaleza y consecuentemente afectan al cambio climático.

Para la cultura originaria, es fundamental el rol que juega la educación, por eso no se la puede ignorar, ya que los pueblos avanzan si los ciudadanos adquieren la educación necesaria. En el caso de estas culturas ancestrales la situación es muy particular, ya que es necesario el traspaso de conocimientos de generación en generación. Caso contrario la cultura desaparece completamente.

Para evitar esto, en Bolivia, el gobierno del presidente aymará Evo Morales, creó Universidades Indígenas, para conservar vivas las tradiciones, la lengua y costumbres de los pueblos originarios. A través de esta educación se busca recuperar la interculturalidad, las raíces y orígenes de estos pueblos, que hace cinco siglos fueron despojados y que aún hoy siguen siendo víctimas del modelo productivo de occidente.

Respetar el idioma tradicional también es fundamental para el desarrollo de la cultura, por eso la Ley de idiomas autóctonos aprobada en Venezuela, fue muy bien recibida por los aborígenes de todo el continente, que esperan que esa norma sea imitada por sus respectivos gobiernos.

La líder indígena venezolana Noelí Pocaterra, hizo hincapié en la necesidad de reavivar la lengua ancestral porque “con estas lenguas se expresaban los primeros habitantes, mucho antes de la llegada de los españoles, pero por falta de uso se llegó a la pérdida de algunas de ellas, es decir el país perdió en tradición, cultura e identidad”.

De las 5700 lenguas que se hablan en el mundo, 4000 son indígenas y están en peligro de extinción, al igual que su cultura. Tal como afirma la ministra de Educación y Cultura, de Bolivia, Magdalena Cajías: "enseñar en lenguas nativas, es un avance histórico".

En Bolivia se recuperaran las diferentes lenguas: aymará, guaraní, quechua además del español. Sin dudas, para conservar la cultura es esencial que se mantenga la lengua autóctona, porque de esta manera es posible mantener vivos los conocimientos ancestrales y darlos a conocer a través de la educación.

Los Estados del mundo tienen una deuda social con los indígenas que todavía no ha sido pagada. Los 5 mil pueblos indígenas que existen en el mundo son los más afectados por la pobreza. Eso se debe a que ha sido muy escasa la atención que se les ha dado, de hecho, entre los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) de la ONU, el lugar que ocupan las comunidades originarias es casi nulo.

Algunos Estados como en Bolivia, por ejemplo, lograron que los pueblos originarios ocupen el lugar que les corresponde dentro del país. Pero además, hay un triunfo alcanzado por las comunidades del continente, y es que amplios sectores de la sociedad, han comenzado a reconocer las normas, tradiciones y costumbres de los indígenas, e incluso apoyan sus demandas.

A pesar de la triste situación que se vive, porque muchos pueblos fueron extinguidos, los que han logrado sobrevivir son parte de la comunidad internacional y luchan en nombre de aquellas comunidades despreciadas y pisoteadas. Si bien no fueron muchos los avances alcanzados en todos estos años, no es justo negar que algunos países hayan comenzado a darles a las comunidades autóctonas, el lugar y la importancia que merecen.

Los pueblos indígenas poco a poco van alzando las voces que durante siglos fueron silenciadas. La batalla contra el enemigo de la naturaleza y de su cultura, va a continuar, al igual que la reivindicación de sus derechos. Durante siglos la cultura occidental mutiló sus lenguas, creencias, arte y prácticas, pero en este siglo que comienza, las comunidades nativas han logrado organizarse para ponerle fin al genocidio colonizador.

*Publicado en APM

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