Ene 5 2014
607 lecturas

Opini贸nPol铆tica

La dirigencia colombiana sigue muy satisfecha con la realidad que tiene

La destituci贸n del alcalde bogotano Guastavo Petro y el debate que ha despertado muestran que la dirigencia colombiana sigue muy satisfecha con la realidad que tenemos. Ni modo de culparlos, porque de ese estado de cosas derivan su riqueza, su poder y su soberbia. Pero al pueblo no le va igual de bien, y al pa铆s tampoco.

Es indiscutible que Petro ha cometido errores de vanidad y de inexperiencia. Pero nadie puede acusarlo de hechos criminales, y no es sospechoso del mal que carcome a Colombia: la corrupci贸n. Sin embargo, desde que fue elegido ya hab铆a una campa帽a para impedir que se posesionara, todo el tiempo ha padecido maniobras impacientes para despojarlo del cargo que le dio la ciudadan铆a.

Todos sabemos la raz贸n. En la Alcald铆a de Bogot谩 suelen ponerse a prueba los futuros presidentes de la Rep煤blica. No se pod铆a permitir que alguien que pertenece con firmeza a la oposici贸n tuviera 茅xito en el segundo cargo m谩s importante del pa铆s. All铆 comenz贸 una campa帽a insomne y laboriosa para desprestigiar al alcalde, un esfuerzo vigilante para buscar su ca铆da. No llevaba un a帽o en el cargo y ya estaba en marcha una campa帽a revocatoria, supuestamente por no haber cumplido su programa.
Pero nada despierta m谩s resistencia en ciertos sectores que los intentos de Petro por abrirle camino a su programa de gobierno. Porque difiere del modelo que se ha venido aplicando en la ciudad hace mucho tiempo, y aunque la izquierda ha gobernado varias veces, ninguno de esos alcaldes intent贸 contrariar el poder de las empresas que manejan los grandes negocios metropolitanos: no ignoraban la resistencia que est谩n dispuestos a oponer al que quiera abrir camino a otros intereses de la comunidad.

La decisi贸n de Petro con los servidores del aseo pudo ser una imprudencia, pero no es un delito. Los grandes empresarios, advertidos de la voluntad de no renovar sus contratos, resolvieron con toda intenci贸n no recoger las basuras, aunque es su deber legal prestar el servicio hasta el momento en que se los reemplace. No se trataba de combatir un servicio privado, sino de racionalizar un sistema que debe dar frutos para la sociedad, cumpliendo la ley que ordena formalizar la labor de los recicladores.

En las ciudades modernas esperamos que salga agua del grifo, pero nunca nos preguntamos de d贸nde viene limpia el agua y menos a d贸nde va despu茅s de que hogares e industrias la contaminan y envilecen. Nos encanta no tener que pensar. Del mismo modo nos gusta que los bienes de consumo nos lleguen sofisticadamente empacados en cartones, celofanes y pl谩sticos, pero miramos con desprecio a esos seres an贸nimos 鈥渄e rudas manos y de oscuros nombres鈥, que a medianoche, para evitar que el mundo se hunda en un mar de desechos, pasan por las calles reciclando nuestra basura.
col no creo en santos
A Petro tambi茅n lo persiguen por pensar en ellos, por recordarnos que les debemos respeto y gratitud. Y a la maniobra de esas empresas que no quieren perder un negocio tan jugoso, el procurador, que ha convertido su cargo en un tribunal de arbitrariedades, no s贸lo a帽adi贸 la destituci贸n sino la muerte pol铆tica del alcalde por 15 a帽os. Su mensaje para la democracia es que millones de electores se equivocan siempre, pero un inquisidor iluminado por el rosario y la fe no puede equivocarse jam谩s.

Es una caricatura infame de la vieja rep煤blica clerical que nunca acaba de irse, y esa torpeza despert贸 la indignaci贸n de los ciudadanos, que se lanzaron a las calles a demostrar que Colombia no es ya el pa铆s de Laureano G贸mez y de sus cruzadas intolerantes.

Todos saben que el procurador se excedi贸 porque act煤a con esp铆ritu sectario y fundamentalista. Todos saben que su decisi贸n es un mensaje para los di谩logos de La Habana: que los negociadores sientan que no hay garant铆as para los que se reinserten, que la democracia mantiene zonas de sombra con las cuales se puede negar en el momento oportuno la voluntad ciudadana.

Pero es extra帽o que muchos que critican la decisi贸n del procurador recomienden, sin embargo, aceptar d贸cilmente la arbitrariedad, no poner objeciones, no expresar el desacuerdo. Muchos han empezado m谩s bien a hacer cuentas alegres con la alcald铆a vacante, y ya una legi贸n de aspirantes hace fila ante la Registradur铆a.

El golpe del procurador despert贸 a la democracia dormida, y los ciudadanos se lanzaron a la calle a apoyar al alcalde. Entonces surgieron voces alarmadas que ve铆an en los discursos del alcalde llamados a la rebeli贸n, y ciertos editoriales hasta hablaron de una peligrosa polarizaci贸n ideol贸gica.

驴Es esa la democracia que algunos sue帽an? Que mientras en el pa铆s impere un solo discurso, el del procurador, el de la vieja dirigencia, el de los empresarios que lo quieren todo, en el pa铆s reina la armon铆a. Pero cuando aparece una voz disidente, otra manera de pensar, otro modelo de ciudad deseable; cuando el pa铆s sale a las calles a expresar su voluntad pac铆ficamente, eso se llama polarizaci贸n ideol贸gica.

La verdad es que su verdadero nombre es democracia: la posibilidad de que en el espacio de la pol铆tica se enfrenten posiciones distintas, para que ante ello la mayor铆a tome sus decisiones.

Dos campa帽as simult谩neas se alzaron contra Petro: la destituci贸n por un procurador sesgado y omnipotente, y la revocatoria impulsada por quienes ni siquiera quer铆an que se posesionara. Las dos se han abierto camino a la vez, y Petro est谩 enfrentando varios tent谩culos de la misma hidra.

Pero como la democracia no puede seguir siendo un simulacro, nos falta otra vez la decisi贸n de las urnas. Y ya veremos si, despu茅s de que el pueblo decida, todav铆a Torquemada quiere tener la 煤ltima palabra.

*Publicado en El Espectador

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A帽adir comentario