Nov 5 2007
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Economía

LA EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO -II-

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Todo ser humano tiene necesidades fundamentales comunes, por ejemplo comer, tener donde habitar, acceso a los centros sanitarios, identidad y educación, poder expresarse y recibir cariño. Por el simple hecho de ser persona, tiene derecho a que sus necesidades satisfechas de la manera más apropiada para su propio desarrollo.

Pero cuando estos requisitos esenciales no se satisfacen, tenemos que enfrentarnos al abuso que existe tanto en los países industrializados como en los en vías de desarrollo. Puede que la pobreza sea la injusticia más fundamental y más extendida: no permite el acceso a otras necesidades primordiales, como un nivel de vida razonable, una alimentación sana, asistencia médica, un medio ambiente limpio y un empleo justo. Paralelamente interfiere con las posibilidades que tienen los individuos de perfeccionar su potencial, discriminaciones como las basadas en el concepto de raza o el sexo, la clase, la religión, el idioma, la nacionalidad o la aptitud física.

Por consiguiente –destaca el estudio de UNICEF– la justicia es imprescindible para el desarrollo de los individuos como de las comunidades y los países. La denegación de la justicia tiene estrecha relación con la generación de conflictos tanto en las naciones avanzadas como en los que están en desarrollo. La arbitrariedad real o percibida es una de las fuentes más comunes de problemas y de violencia entre las personas, los grupos y los países, además puede provocar todavía más injusticias.

Dado la importancia de la justicia para el desarrollo mundial a largo plazo, la coyuntura creciente del consenso internacional sobre la necesidad de educar para la igualdad es un síntoma prometedor.

Una de las ideas expresadas en la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada en 1989 es:”enseñar al niño el respeto a los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales”. La Declaración Mundial sobre la educación para todos, de 1990, enuncia que una de las maneras de satisfacer las necesidades fundamentales de aprendizaje consiste en hacer que el individuo sea capaz “de servir la causa de la justicia social”.

Pero un aprendizaje de la justicia social exige más que familiarizarse con algunos textos legales e integrar conceptos abstractos de derechos. Requiere, sobre todo, que los alumnos y alumnas se den cuenta de la existencia de problemas de injusticia en sus propias vidas y en su entorno inmediato: casa, escuela o comunidad. Que superen reacciones de culpabilidad, de reprobación o de resentimiento para llegar a un compromiso activo para promover la ecuanimidad y la igualdad a todos los niveles, personales, institucionales o mundiales.

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Conceptos claves

Los derechos humanos están en el corazón mismo del problema de la justicia social; los derechos se pueden definir como mecanismos –tanto materiales como no materiales– que las personas pueden tener o ejercer legalmente. Algunas veces, se refiere a los derechos humanos en términos de “libertad de” y de “libertad para”.

Libertad de: cualquier persona tiene derecho de la protección contra cualquier forma de injusticia, como la violencia, la explotación, el abuso y la tortura. Ver sus necesidades fundamentales de supervivencia satisfechas, a no sufrir la pobreza, el hambre, la carencia de asistencia sanitaria o el deterioro de su medio ambiente.

Libertad para: cada uno tiene derecho a participar en actividades humanas que permitan un desarrollo completo, como la educación, la práctica de la religión, la cultura, la libertad de expresión, la libertad de formar parte de asociaciones y tener acceso a la información.

A cada opción corresponden una serie de responsabilidades; por ejemplo, una persona que desea beneficiarse del derecho a la salud no es coherente si al mismo tiempo consume drogas ilegales. El privilegio más importante, para el individuo que quiere que sus autonomías sean respetadas, quizás sea el de sostener y promover el de los otros y de asegurarse que la justicia sea accesible a todos los miembros de la sociedad.

Documentación importante

Existen tres documentos importantes para el profesorado y los alumnos relativos al concepto de justicia social. En 1948, por primera vez, la Declaración Universal de los Derechos Humanos establecía una lista de derechos fundamentales que el mundo entero tenía que respetar. En 1959, las Naciones Unidas adoptaban la Declaración sobre los Derechos del Niño que aprobaba 10 cláusulas muy vinculadas al bienestar de los niños. En 1989, la convención sobre los Derechos del Niño iba todavía más allá, reconociendo de manera global a los niños como a un grupo de personas que podía disponer de derechos especiales. Sus 54 artículos exponen con detalle derechos referentes a la supervivencia, al desarrollo, a la protección y a la participación de niños, niñas y jóvenes.

La Convención adoptada por la Junta General de las Naciones Unidas fue ratificada por más de 160 países, lo que constituye un verdadero récord en lo que se refiere a tratados internacionales.

Resolución de conflictos

La resolución de conflictos es la exploración de los medios por los cuales los problemas pueden solucionarse. Para muchos jóvenes, conflicto es sinónimo de violencia. Pero la intimidación, en realidad solo es una de las respuestas posible. Las resoluciones no violentas de conflictos se pueden aprender y aplicar de manera constructiva a los desacuerdos a nivel personal, comunitario, nacional, mundial o entre grupos.

Es necesario afrontarlos con una mentalidad abierta y ser capaz de contemplar todas las posibilidades existentes. Plantea el juego a otras personas y observa como reaccionan.
Si se le pide a un grupo de alumnos o alumnas que enuncien las ideas y los sentimientos que se vinculan con la palabra “conflicto”, independientemente de su edad o nacionalidad, las respuestas se centraran generalmente alrededor de imágenes de terror: bombas, batallas, enemigos, agresores, gritos, ira…

Muchos adultos hacen las mismas asociaciones. A menudo, los profesores que desean tratar en su clase, los temas de conflictos, lo inician refiriéndose a la guerra y al armamento.
Tanto los medios de comunicación locales como internacionales, concentran mucho sus reportajes en acontecimientos virulentos. Incluso en los medios cuyo supuesto objetivo es entretener, las imágenes violentas son habituales. Así, no es extraño que, para mucha gente, “conflicto” sea sinónimo de “violencia”.

Para los niños y los jóvenes lo importante es entender que la ofuscación no es necesariamente el resultado de un obstáculo, que no forma parte de la naturaleza humana. La violencia es una respuesta aprendida; y si esta se puede aprender, existen otras soluciones posibles que también se pueden adquirir.

La educación puede ayudar a tener una visión más amplia de los problemas, explorando situaciones que ocurren inevitablemente entre la gente respecto a ideas, valores, posiciones, y perspectivas sobre una amplia gama de dificultades. Son estos tipos de inconvenientes los que, cuando no se tratan de manera constructiva, explotan a menudo en violencia.

Es imposible que cualquier iniciativa pueda eliminar los conflictos, ya que forman parte de la vida. Pero las escuelas pueden ayudar a los jóvenes a reflexionar, que tienen que elegir entre distintas maneras de reaccionar ante cualquier acontecimiento. Pueden desarrollar habilidades de negociación y de resolución de problemas que le permitan considerar el impedimento no como una crisis sino como una ocasión de cambio creativo. Ante todo, pueden aprender a aplicar estas habilidades a las limitaciones que forman parte de sus vidas cotidianas: problemas con amigos, con la familia e incluso con los profesores.

A partir de esta experiencia pueden pensar acerca de cómo esta aproximación a la resolución de discrepancias podría aplicarse a los vinculados con diferencias religiosas y étnicas, con los recursos, las fronteras o las diferentes ideologías políticas dentro de su comunidad, su país o el mundo entero.

Uno de los efectos de esta educación es saludable –señala el análisis de UNICEF, Educación para el Desarrollo–. Los que se formaron en ambientes belicosos y vivieron con ansiedad, temor, sensación de desesperanza ante el futuro y sentimiento de impotencia ante fuerzas que parecen estar más allá de su control. Para estos niños y niñas, aprender a resolver estos inconvenientes puede formar parte de un proceso de pacificación, proporcionándoles medios prácticos de reacción y un mayor sentimiento de control sobre sus propias vidas.

Al mismo tiempo, la pedagogía en los conflictos y su resolución es preventiva. Si unos conocimientos, capacidades y aptitudes de promotor de la paz pueden adquirirse, los jóvenes tienen, al mismo tiempo, la ocasión y la responsabilidad de actuar para aportar una cultura de armonía a un mundo devastado por la resolución inadecuada de diferencias.

Otros conceptos clave

Educación relativa a la paz: trata el tema como materia y se concentra en problemas como el desarme, las instituciones internacionales, la cuestión nuclear y el desarrollo, así como estudios de casos de guerra y de paz y en el trabajo de pacifistas.

Educación para la paz. A lo anterior hay que añadir, desarrollar las habilidades y las aptitudes necesarias para alcanzar la paz y la cooperación. Estas pueden incluir la comprensión de uno mismo y la autoestima, la construcción de la comunidad, la comunicación, la gestión de conflicto, la práctica de la no violencia, la exploración de la diversidad y medios de acción. El objetivo es cambiar los comportamientos, la manera de pensar, los valores y finalmente, cambiar las instituciones que perpetúan los conflictos y la violencia.

Paz positiva, incluye la ausencia de guerra, pero también la reducción de factores que perjudican la calidad de vida y promueven así un clima de conflicto. La paz positiva es imposible sin justicia social y económica, la eliminación de la pobreza y de la discriminación y el equilibrio ecológico.

Violencia estructural, no se refiere a la violencia física evidente sino a la violencia más insidiosa, como la pobreza, el racismo, el sexismo, y la violaciones de los derechos humanos. Donde las instituciones o los sistemas sociales dan poder a ciertas personas privando a otras de sus derechos humanos fundamentales, se puede hablar de violencia estructural.

Bibliografía consultada

UNICEF: Educación para el Desarrollo.

La primera entrega de este trabajo puede leerse en esta revista aquí.

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* Periodista..

giselaoo@gmail.com.

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