Oct 29 2007
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Economía

LA EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO (I)

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El fin último de la Educación para el Desarrollo –de acuerdo al estudio de UNICEF– es promover la ciudadanía global. Una perspectiva global en la educación ayuda a los jóvenes a darse cuenta de las interrelaciones que hay entre las diferentes partes del mundo, el modo en que los acontecimientos pasados y presentes configuran el futuro, y las conexiones entre los asuntos sociales, económicos, políticos y medio ambientales. Anima a los adolescentes a ser conscientes tanto de sus derechos como de sus responsabilidades, fomenta la implicación activa en el proceso de cambio y desarrolla los hábitos de participación democrática.

Sus comienzos

La Educación para el Desarrollo tiene sus orígenes en dos movimientos que se iniciaron en los países industrializados y en desarrollo respectivamente. En los años de la década de 1971/80 organizaciones no gubernamentales y agencias de cooperación internacional involucradas en el crecimiento, comenzaron a producir materiales educativos que fomentaban la conciencia entre los jóvenes. Durante el periodo, muchas comunidades de los países en vías de expansión empezaron a buscar formas para que las organizaciones locales pudieran ayudar a las personas a adquirir las capacidades necesarias para afrontar problemas tales como la pobreza, el analfabetismo la mala salud, entre otros.

Esta tendencia promovía el desarrollo de habilidades que permitían a los individuos y a los grupos generar cambios.

Estos dos movimientos constituyen las raíces de la Educación para el Desarrollo, su crecimiento posterior durante las dos décadas siguientes se debió a varias razones:

Las ideas sobre lo que se entiende por progreso están cambiando. En el pasado se había dado prioridad al crecimiento económico como motor del desarrollo por encima de factores como la salud, la igualdad, la educación y la calidad del ambiente natural.

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La naturaleza de los problemas globales está cambiando: cada vez son más complejas y tienen dimensiones sociales, económicas, políticas, culturales, tecnológicas y ecológicas. Es necesario comprender las interrelaciones entre estos factores antes de buscar soluciones simplistas a las dificultades actuales. Estos temas son también universales; ninguna parte del mundo esta libre de las dificultades ambientales, de asuntos judiciales o de conflictos. Las posibilidades de progresar en la solución de estos problemas en un solo país o región son limitadas.

Los valores educativos también cambian: una educación centrada de forma predominante en el “propio país”, que se preocupa principalmente de su propia historia y de su economía, y que enfatice las contribuciones de unas pocas culturas dominantes, dejara a los niños y niñas mal preparados para asumir un papel activo en un mundo interdependiente.

Cualquier sistema escolar que se limite a fomentar una mentalidad competitiva en contenidos y procesos de aprendizaje, no preparara a los niños y niñas para participar en los esfuerzos cooperativos necesarios para afrontar asuntos globales. Existe un creciente consenso internacional en que la educación debe desempeñar un papel activo no sólo en la transmisión del conocimiento, sino también en la promoción de actitudes y valores de la ciudadanía global.

La Educación para el Desarrollo –advierte el informe de UNICEF– prepara a los alumnos para adaptarse frente a un cambio rápido en un mundo interdependiente, basándose en cinco conceptos clave, y utilizando un proceso particular de aprendizaje: interdependencia, cambios y futuro, justicia social, imágenes y percepciones y conflictos y su solución.

Los conceptos

Tradicionalmente en las aulas se enseñaba a ver el mundo como un conjunto de Estados cuyas preocupaciones interferían ocasionalmente. Pero para los jóvenes de hoy es indispensable entender la noción de interdependencia.

Donde sea que habitemos estaremos relacionados con otras partes del planeta. En nuestra sociedad cada vez más mundializada, los lugares, los acontecimientos, los problemas y las personas están interconectados por una red compleja de relaciones cuyo equilibrio es inestable. La comprensión de esto permite a los alumnos percibir lo sistemático del mundo en que vivimos.

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La interdependencia necesita enfocar el mundo como un sistema, entender la organización de relaciones en éste, apreciar el equilibrio inestable que existe entre los componentes de esta red y tomar conciencia de que los cambios tendrán repercusiones sobre el sistema entero. Por ejemplo, la contaminación se emite sin tener en cuenta las fronteras nacionales afectando a las cadenas alimenticias de los países vecinos y, por consiguiente, la salud y los medios de vida de los ciudadanos.

Un conflicto “local” en un país productor de petróleo puede afectar el abastecimiento del crudo en el mundo entero y provocar modificaciones en la política energética de naciones situadas a miles de kilómetros. Todo el planeta esta interconectado, a veces de manera clara, otras de manera más sutil.

No solo los lugares están relacionados, también los problemas. Por ejemplo, la pobreza puede explicarse por varios factores a la vez: la falta de educación, de asistencia sanitaria, la degradación del medio ambiente o la discriminación racial, entre otros. Eliminar la pobreza sólo proporcionando medios para la subsistencia no da más que resultados parciales. Gracias a la comprensión de la interdependencia entre los factores de un problema se pueden encontrar soluciones duraderas.

La interdependencia no es un fenómeno exclusivo de la segunda mitad del siglo XX. Cada vez que unas personas tuvieron que entrar en contacto con otros –a través de las expediciones, la colonización, las migraciones o el comercio– se establecieron vínculos, se intercambiaron valores, se apropiaron elementos culturales, se integraron nuevos productos y tecnologías en las condiciones de vivir.

Pero la interdependencia se convirtió en un tema crítico en aquel periodo de la historia porque:

– Ocurrieron cambios cruciales en las tecnologías de transportes y de comunicación.

– Estas transformaciones crearon un sistema complejo de intercambios comerciales, de personas en el mundo entero, así como sociedades con una gran diversidad cultural.

– Hubo una proliferación de sociedades y organizaciones multinacionales que forjaron y reforzaron las redes mundiales.

La interdependencia es más que un tema de estudio en la Educación para el Desarrollo. Es fundamental para el proceso de aprendizaje. Las actividades deben estar concebidas en una óptica de cooperación que requieran que los alumnos trabajen de manera interactiva, interdependiente, completando tareas más especificas.

Imágenes y percepciones

Las imágenes hacen referencia a lo que vemos: las ideas sobre otras personas y lugares que nos son transmitidas por fotografías, televisión, películas, y las palabras impresas y pronunciadas. Las percepciones se refieren a nuestra manera de interpretar esos retratos.

A menudo los jóvenes consideran a ciertas personas como “distintas” –refiriéndose al país de origen, ciertas características étnicas, el género o a la capacidad física– porque se apoyan en estereotipos y prejuicios. Una alfabetización visual critica ayuda a los adolescentes a hacerse más conscientes y sensibles a los efectos de las ideas preconcebidas.

Investigaciones realizadas señalan que antes de los dos años de edad los niños y niñas son conscientes de las diferencias de tipo étnico. A partir de los tres años pueden añadir cierto juicio de valor a estas diferencias. Entre los cuatro y los seis adoptan comportamientos estereotipados en cuanto a las denominadas razas y podrían rechazar a niños diferentes por su origen o impedimentos físicos.

¿Cómo aparecen tan pronto esos estereotipos? Las primeras influencias son de la familia cercana, y las actitudes se adquieren a manudo de manera inconsciente. Más tarde los niños y niñas reciben los mensajes de los libros, la televisión, las películas, las revistas y los periódicos. Incluso el hecho de que ciertas personas no aparezcan en los medios de comunicación –grupos étnicos, personas mayores o disminuidos– incitan a los niños a pensar que estos grupos tienen menos valor a los ojos de la sociedad.

A partir de los diez años se tienen conceptos sobre las personas que vienen de países lejanos. Estas ideas nacen en muchas ocasiones de la televisión. Las noticias de TV se basan muy a menudo –y con mucha insistencia– en historias sensacionalistas, a menudo catastróficas, para llamar la atención del público. Estas leyendas dan a los niños –y a los adultos– la impresión de que las naciones en desarrollo, en particular, están agobiadas por los problemas y que nunca progresan.

Los anuncios de las agencias de ayuda al desarrollo y las ONG, que recaudan fondos para proyectos en los países en desarrollo, pueden reforzar estas ideas. Esta propaganda muestra imágenes patéticas de niños y niñas y refuerzan a los donantes potenciales diciendo que, aún los importes mínimos, pueden hacer milagros en sus vidas.

Este tipo de publicidad sobreentiende que los ciudadanos de los países en desarrollo se mueren de hambre, que están sucios, que sus habitantes son incapaces de satisfacer sus propias necesidades y que solo una ayuda de las naciones occidentales ricas puede salvarles.

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La creación de paradigmas afecta a todos los miembros de la comunidad internacional. A menudo se menosprecia a los que pertenecen a los grupos marginados en lo que respecta a la educación, las posibilidades de empleo y de alojamiento; pueden ser ridiculizados o víctimas de acoso y de violencia. Afectan también a los que la crean, desarrollan una visión poco realista de si mismos que puede influenciar su capacidad de trabajo y de comunicación en un mundo cambiante y eliminan cualquier posibilidad de compartir conocimientos y experiencias con las demás culturas.

La educación multicultural ha creado cierto número de iniciativas para mejorar la comprensión entre los grupos y reducir los estereotipos. Pero a pesar de estos objetivos el enfoque multicultural tuvo a veces efectos imprevistos. Mostrando de manera superficial los elementos exóticos de una cultura, por ejemplo: la forma de vestirse, los estereotipos pueden ser reforzados.

Para hacer efectiva la educación multicultural es necesario mostrar la composición interna de una cultura así como el hecho de que ésta se adapta, lógicamente a las circunstancias locales. Esto puede ayudar a los alumnos a constatar que una cultura no es homogénea sino múltiple. También ha de transmitir el concepto de dignidad esencial de estas personas y su capacidad para aceptar los desafíos con los cuales se enfrentan.

Sin embargo, para cambiar realmente de actitud, los jóvenes necesitan más elementos que una simple información sobre las demás culturas o grupos. Requieren estudiar las raíces de los prejuicios, tomar conciencia de sus propios esquemas con respecto a los modelos y analizar el origen de estos. Luego han de aprender a eliminarlos, desarrollando su capacidad para evitarlos y para concebir un compromiso personal a favor de la igualdad y de la justicia.

Bibliografía Consultada

– Estudios realizado por la UNICEF: Educación para el Desarrollo
– Manual del Profesorado.

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* Periodista.

giselaoo@gmail.com.

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