Sep 8 2004
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Economía

La era del sexo frío: la funcionalidad del ”tercer sexo” (III)

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Qué hay en la globalidad que fomente ser gay, en definitiva?

El proceso de ajuste entre las demandas del régimen imperante de libre cambio y economía de competencia implacable, por un lado, y la percepción de futuro de las grandes masas humanas, por otro, es en gran parte inconsciente. No se adopta la moda unisex para bajar el “rating” de la atracción entre sexos distintos 1 ó 2 puntos, ni se pelan las mujeres o se dejan el cabello hasta la cintura los hombres, para confundir a las hormonas del otro género. Atracción sexual, sí; consumación, también, pero ojalá nunca embarazo.

– Hay una búsqueda del inconsciente colectivo por “estar a tono” con el conjunto del sistema, que lleva a la humanidad por uno u otro rumbo, en cuanto al amor y las relaciones sexuales. Estas quedan determinadas en último término por el sistema económico-social prevaleciente. Y no por instrucciones concretas del FMI o el Banco Mundial, o de los grandes conglomerados económicos del planeta, la inmensa mayoría de las veces. Sí por un influjo intangible, que los marxistas llamaban “ideología”…

La ideología de la natalidad baja, con mucha y variada oferta sexual estéril, puede servir así al establishment, que al desalentar los nacimientos consigue limitar las necesidades siempre crecientes de la población. Una humanidad con poco sexo reproductivo será siempre más fácil de manipular. Y en ese contexto, personajes aparentemente tan contestatarios como el escritor chileno Pedro Lemebel, y su “pana” y colega peruano Jaime Baily, grandes promotores del “todos con todos”, son más bien funcionales al sistema, que sus críticos verdaderos. Posiblemente sin darse cuenta, admitámoslo.

Colizas: “Sex-symbols” de la Natalidad Cero

fotoLlamados “tercer sexo” en el París de los años 50 del siglo que se fue, se atrevieron a salir a las calles en masa en Italia con anterioridad, a la caída del fascismo, en una manifestación callejera sobre los puentes de Venecia, que ha descrito con pluma maestra Curzio Malaparte. Socarrón, el escritor toscano describe con deleite sus delicados mocasines, que ningún varón de pelo en pecho se habría dignado calzar aquel entonces, y sus carteras de mano, absolutamente inconcebibles para quien no perteneciera al grupo.

La influencia norteamericana después les dio patente de “gays”, aunque en idioma español fueron siempre “maricas” o, simplemente, maricones, palabra que finalmente cambió de significado, para nombrar a los cobardes, porque hay maricas muy hombrecitos, como está comprobado.

En Chile siempre se les ha dicho “colizas” por una extraña conexión con la lengua mapuche, que pocos conocen, aunque todos la siguen al pie de la letra. No es casualidad que al homosexual se les diga dentro de las fronteras nacionales, “cola”, “colipato”, “coliflor”, “coliza”, “colihuacho”, y, últimamente, por una deformación tal vez motivada por la mayor aceptación social… “colita”… casi cariñoso. Pero nada que ver con las raíces aborígenes del prefijo coli, que designa precisamente en mapudungun el color café rojizo, que luce por ejemplo la flor del colihue, al tope de su alta vara, color que es -o era- como una marca infamante de los amores prohibidos del gremio en cuestión.

Hemingway cuenta en París era una fiesta cómo su colega escritora y compatriota, Gertrude Stein, que hacía allí ostentación de su lesbianismo ya en la década del 30, ironizaba sobre las desventajas de los homosexuales masculinos al respecto, “al dejar sus huellas en las sábanas…”

fotoPero ese es otro tema. No son los homosexuales, gays o colizas -que quede en claro-, los inspiradores de ninguna conspiración contra la natalidad y la renovación del género humano. Sólo representan, en este caso, un “sex-symbol” de las cópulas sin descendencia, fomentadas soterradamente, en sus variadas formas, por el comercio sin fronteras, el libre intercambio y la globalización.

Los dueños del mercado, en todo caso, tienen todo previsto para no quedarse sin consumidores. Aunque disminuya el número de bocas, las conseguirán más abiertas, para tragarse todas las “ofertas” de este fin de temporada… De civilización, deberíamos decir.

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* Columnista habital de El Periodista, donde se publicó originalmente este artículo (www.elperiodista.cl).

La entrega anterior en: www.pieldeleopardo.com/modules.php?name=News&file=article&sid=315

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