Jun 16 2004
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Economía

La ética en la sociedad y las relaciones internacionales

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los hechos y procesos políticos, económicos, sociales y culturales que genera la globalización del sistema neoliberal están dejando de manifiesto sus méritos y carencias, contradicciones y conflictos en la sociedad, como también en la comunidad internacional de naciones.

Numerosos estudios, informes e investigaciones que diagnostican -favorable o negativamente- los resultados y efectos en los mencionados procesos avalan la primera afirmación, ya sea para un específico país o para toda la humanidad. No obstante, no se destaca lo suficiente el papel que le corresponde desempeñar a la ética, la que se debe observar a nivel individual, social o internacional, para encarar de mejor forma la implantación del modelo neoliberal y su globalización.

Todos ya sabemos que la teoría neoliberal privilegia al mercado como el fundamental asignador de los recursos humanos, físicos y financieros, en un supuesto régimen de competencia y libertad de comercio. Por consiguiente, los seres humanos deben adaptar sus conductas y expectativas de acuerdo a sus ubicaciones y funciones en ese mercado, el cual se rige por normas que no necesariamente concuerdan con los tradicionales cánones éticos referidos a solidaridad, protección social, lealtad “fair play”, justicia distributiva, para mencionar las más relevantes.

 

Pero también se debe destacar el profundo cambio producido en el sistema político que se declara democrático, en el cual el sistema neoliberal ha logrado la captura del Estado, para colocarlo al servicio del Mercado controlado por el capital, sea éste nacional o foráneo.

En estricta verdad, el Estado gradualmente va transformando su histórico rol de promotor, conductor y benefactor de la sociedad, para convertirse en una estructura administrativa funcional a la atención de las políticas internacionales y de seguridad nacional que interesan al mercado, pero asumiendo la responsabilidad de ejecutar políticas asistenciales para resolver o mitigar las consecuencias que el sistema neoliberal ocasiona en la población: cesantía, pobreza, conflictos laborales, contaminación ambiental, deterioro ecológico y una acentuada desigualdad entre ricos y pobres, para mencionar las principales áreas de preocupación en la mayoría de los países globalizados, sin importar sus niveles de desarrollo o bienestar.

Resulta pertinente sostener que -en este nuevo y problemático escenario- a la ética individual y social les corresponde cumplir importantes tareas, pues sus principios universales y normas deben hacerse sentir para exponer y denunciar las inequidades, injusticias y atropellos que se producen en esta particular fase del devenir de los pueblos; de este modo se contribuirá a orientar las políticas y acciones del Estado Asistencial, para compensar -en parte- las secuelas negativas que han provocado los innegables logros materiales alcanzados por el deshumanizado modelo neoliberal.

El escenario internacional

Con referencia al escenario internacional se debe recordar que finalizada la Segunda Guerra Mundial, se realizaron esfuerzos por establecer un orden regido por los principios y valores de libertad, auto determinación de los pueblos, democracia, justicia social, respeto por los derechos humanos y paz mundial; todos ellos fueron reconocidos por las más diversas ideologías, filosofías y religiones universales.

La humanidad recibió con esperanzas la Organización de las Naciones Unidas, cuya carta de fundación garantizaba la seguridad y protección para todos los habitantes del planeta; se trataba de consagrar una idealizada ética para regular las relaciones entre las naciones miembros de la ONU.

Desde entonces han transcurrido seis decenios, durante los cuales la historia universal registra algunos éxitos y numerosos fracasos, con relación a la observancia y respeto por esa bien inspirada ética. En efecto, la ONU ha mediado en conflictos bélicos, logrando en algunos de ellos soluciones pacíficas; además, sus agencias especializadas de cooperación y asistencia han contribuido -significativamente- al desarrollo de la agricultura, mejorar los niveles de salud, apoyando la creación y difusión de la educación y la cultura en países y regiones del orbe.

La ONU ha permanecido como foro permanente, para que los Estados miembros debatan los problemas y acuerden las resoluciones destinadas a resolverlos. A pesar de los logros positivos, la ONU no ha sido eficaz, o no le han facilitado su oportuna intervención, para evitar o superar agresiones bélicas, violaciones a los derechos humanos, regímenes dictatoriales, y las discriminaciones étnicas en varios países del mundo.

Un exhaustivo análisis de la actual realidad internacional podría reconocer que el orden, estabilidad y destino de la humanidad está dependiendo cada vez más de las decisiones que adopten tres influyentes organismos internacionales que actúan en la economía mundial: la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), los cuales son manejados sin contrapeso por las principales potencias económicas y financieras, asociadas en el Grupo de los 8 (G8) que agrupa a las ocho economías más industrializadas del mundo. Con los Estados Unidos a la cabeza de países como Japón y otros seis europeos, se ha organizado una coordinada estructura entre los referidos organismos y el G-8, con el explícito objetivo de consolidar la globalización del sistema neoliberal en el planeta.

Es un hecho de la causa que la ONU se ha visto lesionada en sus atribuciones porque Estados Unidos no reconoció a su Consejo de Seguridad, y sin su aprobación procedió a agredir e invadir a Irak, para lo cual hizo uso de mentiras y de la falsificación de supuestas evidencias para justificar la agresión y lograr el apoyo del pueblo norteamericano y de algunos países aliados.

Además de quedar al descubierto esos aviesos recursos, la ocupación de Irak no sólo ha arrojado una enorme pérdida de vidas humanas, sino que ha dejado una dramática demostración de brutales y denigrantes tratamientos aplicados a los prisioneros mantenidos en las siniestras cárceles del derrocado régimen dictatorial de Sadam Hussein.

Hasta aquí esta exposición ha sido orientada a describir marcos de referencias, la comprensión -de ser ello posible- de las conductas colectivas e individuales que cuestionan las normas jurídicas y éticas que no se observan u omiten actualmente en la sociedad y en el orden internacional.

El descontento social y la objeción de conciencia

Son variadas las formas como la colectividad y el individuo expresan su disconformidad, el descontento y la protesta; cada una de éstas puede ser analizada de acuerdo a su impacto, costos y logros, debida consideración del contexto político-social donde ellas tienen lugar. Entre las conductas colectivas contestatarias se destacan la desobediencia civil, la huelga, el boicot, la marginación política y la resistencia armada.

Con respecto al individuo, su comportamiento disidente adquiere una dimensión más bien simbólica, a no mediar la publicidad de un acto heroico, o por una postura ética reconocida por la sociedad, como acontece con la objeción de conciencia, fundamentada en convicciones filosóficas, éticas o religiosas.

Deseo destacar un notable caso individual que ocasionó un impacto a nivel mundial, para luego finalizar refiriéndome a la posibilidad que -en nuestro país (Chile)- se conozca la objeción de conciencia para ser eximido de realizar el servicio militar obligatorio.

El técnico israelita Moderchai Vanunu -que trabajaba en la planta nuclear secreta Dimona en Israel- estando el año 1986 en Inglaterra, tomó la decisión de entregar al periodista del Sunday Times Peter Hounam, la información que confirmaba que su país poseía bombas atómicas producidas con la asistencia tecnológica y financiera de los Estados Unidos, hecho que denunciaba al mundo para prevenir un ataque atómico en el Oriente cercano y medio, el cual también afectaría a Israel; esa noticia ampliamente difundida conmovió y alertó la opinión pública mundial.

Cuando el denunciante se encontraba en Roma, viviendo un romance urdido, fue secuestrado por agentes israelitas y trasladado secretamente a Israel, donde fue juzgado por traidor y sentenciado a 18 años de prisión. En abril de este año el debatido personaje cumplió su condena, y fue recibido por grupos de pacifistas como un “héroe de la paz”. Recientemente, entrevistado para el programa This World, de la BBC de Londres, declaró: “Yo no tengo arrepentimientos, a pesar de haber pagado con un enorme castigo, un precio muy alto…. para salvar a Israel de un nuevo holocausto”.

El técnico Vanunu debe permanecer en Israel bajo estrictas medidas de vigilancia, porque según argumentan las autoridades, “él todavía conoce secretos y no deseamos que los venda otra vez”, como señaló un alto miembro del gobierno israelí (1).

En Chile se ha puesto a consideración del parlamento la iniciativa del gobierno para reconocer el derecho a la objeción de conciencia de los jóvenes que rechazan ser reclutados para el servicio militar obligatorio, a cambio deberán realizar trabajos de importancia social, durante un período equivalente al del servicio militar. Aún cuando no están acordados los procedimientos que aplicará el Ministerio de Justicia para reconocer la legítima y fundamentada petición de los solicitantes de ser considerados como objetores de conciencia, varias organizaciones que solidarizan con la Red de Objeción de Conciencia de Chile han manifestado el apoyo a esta iniciativa.

En su reciente declaración pública la organización de los objetores de conciencia dice que esperan “que este debate que recién comienza se desenvuelva con alturas de miras, velando por los derechos de los ciudadanos que quieren un mundo sin guerras, un mundo donde la violencia institucionalizada no sea ni el primer ni el último recurso a la hora de solucionar conflictos, donde los enemigos no existan, un mundo donde los intereses económicos de unos pocos dejen de provocar la enemistad entre los pueblos hermanos…. “(2).

Las objeciones de conciencia sobre el uso de las armas se aceptan desde hace mucho tiempo en países muy comprometidos con acciones bélicas, como son los casos de los Estados Unidos, Inglaterra e Israel, pero advirtiendo que el reconocimiento de cada caso está sujeto a trámites bastante complejos, al punto que se han establecido organismos dedicados a defender las causas de los solicitantes.

En los Estados Unidos se fundó la Junta Nacional de Servicios Interreligiosos para los Objetores de Conciencia, organismo que presta asesoría para que el solicitante sortee todos los trámites que demanda el Servicio de Reclutamiento Militar. En un comienzo se atendían sólo las razones de carácter religiosas, pero la Corte Suprema de ese país decidió que las creencias morales y éticas también califican como fundamentos, para aprobar la solicitud de un objetor de conciencia(3).

Será positivo para Chile el contar con una ley que acepte la objeción de conciencia para no efectuar el servicio militar, porque también podría servir como un ejemplo digno de imitar para otra actividad que merezca ser objetada, obedeciendo a los dictados de la conciencia de la persona.

Notas:
(1) BBC News: Vanunu wanted to avert holocaust, 5 de Mayo de 2004.
(2)– Red de Objección de Conciencia- ROC- Chile: Comunicado de Prensa , Junio de 2004.
(3) National Interreligious Service Board for Conscientious Objectors, ver www.scn.org.

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* Sociólogo, ex Académico de la Universidad de Chile.

Tomado de: www.portaldelpluraalismo.cl

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