May 27 2008
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AmbienteEconomía

La falacia del “desarrollo” sin freno en la Amazonia

Bruno Lima Rocha, Barómetro Internacional

La salida de Marina Silva del Ministerio del Medio Ambiente de Brasil, militante histórica del estado de Acre, contemporánea de Chico Mendes, trajo al centro de la atención la cuestión llamada “desarrollo sustentable”. El problema es siempre analizado de forma parcial y desde el punto de vista “económico”. Siguiendo una lógica ilusoria de economía pura, nada sería más antieconómico que la estupidez de proponer un crecimiento de las capacidades de producción y de circulación de riquezas y medios, sin un cálculo de la longevidad de estos mismos recursos.

Se aproxima el fin de la primera década del siglo XXI sin solucionar conceptualmente un problema estructural del Brasil y de toda la Amazonia. En el más grande país latinoamericano, la legislación más avanzada del mundo en defensa del medio ambiente, se ve desprotegida frente a la furia “desarrollista”. En verdad, el avance de la frontera agrícola y exploratoria es una cuestión ideológica de fondo. Derrumbar el árbol de pie significa una fuente de riqueza inmediata y un “desterritorialización” de los pueblos del “bosque”. Al final, sin bosque, no existen los “pueblos del bosque”.

El problema es de fondo. Más de la mitad del área agrocultivable en el país es usada para la especulación bovina. Con una medida de un buey adulto por hectárea, los latifundistas nacionales más improductivos juegan hoy en segundo lugar en el juego del desbrozamiento. Al frente están los plantadores de soya, apoyados en la falta de barreras arancelarias chinas, y todos regiamente financiados por el Ministro de Agricultura, correligionario del ARENA (el partido de sustentación de la dictadura militar). Vale la pena recordar la trayectoria política del funcionario público del gobierno de Paraná, Reinhold Stephanes, economista y militante histórico del mismo partido ARENA. Staphanes, así como otros colaboradores y operadores políticos de la dictadura (como el economista Delfim Netto) actúan por dentro y por fuera del gobierno de Luís Ignacio (Lula) Da Silva, que para muestra fue puntero político de Fernando Enrique Cardoso en la campaña de 1978.

Esta maraña de capitulaciones de las metas históricas de la izquierda ecológica y de los pueblos del bosque refleja la barbarie conceptual aplicada por un gobierno de “centro izquierda no clasista” según los analistas neoliberales más lúcidos. Esto porque en términos económicos, el avance de la “producción” en la Amazonia es absolutamente IMPRODUCTIVO en el plazo de una o dos décadas. Pero eso poco importa para aquellos que se regocijan con la falta de planeación económica y la ausencia de estrategia y objetivos. Sin planificar dentro de un esquema lógico y con metas determinadas, cualquier término de “planeamiento estratégico” no pasa de ser un mal uso del concepto. En otras palabras, una mentira sistemática aplicada como “justificación intelectual”.

Un “cuello” de desarrollo sustentable está a la orden del lenguaje. El arsenal de aliados de Dilma Roussef (Primera Ministra y Jefa de la Casa Civil) y de Blairo Maggi (Gobernador de Matto Grosso, el mayor plantador de soya en el mundo y campeón del desmantelamiento de la Amazonia) utilizan eufemismos tales como: cuello energético, agilización de las licencias ambientales, destrabar a los sectores productivos de la “vigilancia de los eco-ladillas” y otros términos neoliberales en nombre de un supuesto desarrollo. Más que de semántica, es una crisis de paradigma. Me explico, no existe desarrollo posible sin el manejo racional de los recursos no renovables. Así, o el desarrollo es sustentable, o no “desarrolla” casi nada, apenas extrae riqueza y destruye lo que tiene al frente.

El ex-guerrillero Carlos Minc tomó la posta, asumiendo la defensa del medio ambiente. No tengo duda alguna de que su presencia será determinante, aunque no tan legítima en la Amazonia como la de Marina Silva. La ex-militante del Acre dejó el barco a la deriva y navegando en aguas turbias. Quedó en su trayectoria la quiebra de Ibama, el asesinato de la monja Doroty Stang (misionera estadounidense radicada en Brasil desde 1966, asesinada en la ciudad de Anapu, estado de Pará, el 15 de febrero de 2005) y la súper exposición de un gobierno local como el de Pará, con Ana Julia del PT, madereros, pistoleros (sicarios) y otros destacados “agentes del desarrollo económico no-sustentable”:

El absurdo es tan grande, que tenemos que debatir hasta la “semántica anti-ecológica”. En ausencia de una política pública contundente, queda la infelicidad de un debate estéril. No existen atajos en política, en cualquier política, incluyendo la política ambiental. Cabe a los protagonistas de esta novela escribir su destino, aunque muchas veces el lenguaje empleado sea de violencia, como la acción de los pueblos originarios en la audiencia pública de Altamira, dónde hirieron a golpes de machete a un ingeniero de Petrobrás.

Crean que ese episodio volverá a repetirse, tal como el embrollo de Roraima y la posibilidad de una reserva del tamaño de un país y bajo sospecha de tener una gestión internacionalizada. Repito nuevamente el concepto. La autonomía de los pueblos originarios y el protagonismo indígena deben ser prioritarios para cualquier régimen que se presente como “democrático”. Cuando estos derechos no sean protegidos por la vía legal, lo serán por vía de los hechos. Hasta porque los “agentes económicos” operando en la Amazonia, no encuentran barreras de veto ni represión estatal a la altura de los crímenes cometidos por estos “inmaculados emprendedores”.

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