Oct 15 2007
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Economía

La Habana, entrevista. – “LA POSIBILIDAD DE HACER COSAS DISTINTAS”

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Este hombre, que por su estilo de hablar y maneras de conducirse preferiría que lo catalogaran de criollo pensante, tiene un destacado lugar en el mundo intelectual cubano, donde cuenta con un extenso prontuario de libros, artículos, ensayos y conferencias. En la década de los años 60 del pasado siglo fue miembro del consejo de dirección de la famosa y polémica revista Pensamiento Crítico.

Entre tazas de café, comienzo mi entrevista.

–¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta la población cubana actualmente?

–A partir del año 2004, la economía macro comienza a recuperarse con cierta fuerza, con crecimientos aceptables, pero debido al deterioro tan grande sufrido en los años 90 la recuperación es muy lenta. Todavía esa cierta mejoría macroeconómica que ha logrado el país no se siente en la población. La alimentación, la vivienda y el transporte son las debilidades que nos meten en un índice de pobreza, aunque no en los indicadores del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial.

Aquí no se puede medir diciendo que el cubano gana 40 dólares al mes, porque no pagamos educación, salud, funerales, impuestos sobre el salario, y hasta por el divorcio la cuota es irrisoria. La población cubana no vive en el estrés del que, por ejemplo, vive en EEUU y gana US$ 40.000 anuales, pero tiene que estar pensando en que la tercera parte de su salario es para pagar la casa y si no la pagas, te pueden poner en la calle.

Aquí los problemas son otros. Sin embargo, si haces abstracción de otros beneficios reales que tenemos, y tiras alimentación, transporte y vivienda, contra la realidad, es evidente que la población vive en un alto contexto de deterioro.

–El discurso de Raúl Castro el pasado 26 de Julio, donde anunció, sin definirlos, ciertos cambios estructurales, ha sido catalogado por muchos como muy crítico de nuestra realidad. ¿Qué opinión le merece?

–Lo importante no es si fue crítico o autocrítico, sino que abre la posibilidad de hacer cosas distintas que no se nos ocurrieron o no podíamos hacer ayer. Pienso que en la agricultora tuvimos dos visiones: una, que la identificaba como una economía de subsistencia y otra, que al identificar a la producción campesina familiar –al productor privado– con el minifundio, lo demonizaba. Sin embargo el grueso de lo que la población consume no es lo que produce la propiedad estatal.

Recuerdo que en los años 90 se crearon las Uniones Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), que buscaban entre otras cosas la descentralización, pero tan limitada en sus capacidades que no le daba espacio al campesino. No dio incentivos suficientes para que se convirtiera en lo que aspirábamos. Pienso que cuado Raúl habla de cambios estructurales está pensando en que el país tiene que proveerse de una agricultura que sea efectiva, aunque no abastezca el 100%, pero si un 70 o un 80% de lo que consumimos.

–¿Usted ve en una efectiva cooperativización una vía para solucionar el problema de la alimentación?

–Raúl no está lanzando un programa todavía; hace un llamado y anuncia una disposición. Está anunciando que la dirección política del país no está cerrada a producir los cambios que se muestren necesarios y oportunos para que haya un incremento en la producción y en la productividad. Pienso que se está refiriendo al mundo de la producción agrícola y de la relación de ésta con la industrial y con los servicios.

–¿No hará falta dar otros incentivos a los productores?

–Bueno creo que históricamente no ha habido un dispositivo de incentivación que lleve a producir los alimentos que necesitamos. A mi juicio valdría la pena decirle a la familia: “Mira, ahí tienes 10 hectáreas, trabájala como tu creas y lo que haces lo vendes en un dispositivo de mercado, o le entregas una parte mínima al Estado”, no que empeñe todo el esfuerzo productivo para el Estado. En fin, si tuviéramos un poco de menos miedo a que la gente haga dinero…

Si tú das a la gente el espacio para que viva mejor con tal de que triplique lo que entrega a la sociedad, mira, que viva mejor. Recuerdo que en una ocasión el Che, que fue el gran promotor de los estímulos morales, dijo algo así como que no es posible aspirar a una forma superior de estimulación en una población que pase hambre. Es decir, la sociedad tiene que tener resuelta primero sus necesidades básicas.

–Usted acaba de mencionar al mercado. Especulando sobre los posibles cambios, ¿qué papel cree que debe jugar?

–Es una pregunta para la que nadie tiene respuesta hoy. Ahora lo que todo el mundo te va a decir es que tiene que jugar un papel. Yo también. Marx nunca se plantea la posibilidad de aplastar al mercado. Marx se plantea la posibilidad de una sociedad que supere al mercado. Tú no puedes hacer cuatro leyes y expropiar 20 mil chinchales (pequeños negocios), abolir el mercado.

La visión de un socialismo posible pasa también por la existencia, aun cuando sea transitoria, de un mercado controlado por un estado que sea más democrático cada vez, donde el ciudadano participe más efectivamente y donde el Poder Popular, que solamente se reúne dos veces al año, dirima las necesidades del país. Donde se vean aportes del mercado que no se van de las manos, ¿por qué no mantenerlos? Y cuando podamos superarlo, pues ese es el momento de sobrepasarlo.

–Como periodista he escuchado en las últimas semanas dos temas constantes entre sectores de la población y también entre los materiales que se publican en internet, como en diferentes foros-debate. Uno es la participación efectiva del ciudadano, como una forma mayor de democracia socialista, y, otro la autogestión empresarial como la magnificación del socialismo. ¿Qué me puede decir al respecto?

–No creo que la autogestión como concepto sea reprobable y no pueda ser un camino que pueda incluirse dentro de un esquema de socialización. El problema es que la autogestión yugoslava fue un fracaso y se adoptó con una metodología y un estilo tan estaliniano como el de Stalin. Es decir, hubo también un dogmatismo autogestionario. Yo no reivindico un modelo autogestionario, pero sí el concepto en el que hay que pensar en tanto que representa un nivel mayor de participación desde las estructuras de base. Nosotros tenemos aquí un problema serio en nuestro sistema de Poder Popular.

–¿Cuál?

–Los municipios no tiene ninguna facultad para decidir nada, no tienen presupuesto. Nosotros no hemos sido capaces de buscar mecanismos de descentralización que nos lleven a empresas mixtas, a un aumento de la pequeña propiedad, a una visión más flexible de la economía, pero no hemos sido capaces de descentralizar dispositivos económicos… todo sale del presupuesto central del estado hacia abajo. No es posible.

Hay que darle el espacio al municipio para crear sus recursos, manejarlos, y hasta de imponer impuestos municipales a empresas privadas que operen a esa instancia. Lo mismo con el gobierno provincial.

Indiscutiblemente Aurelio Alonso sigue siendo el marxista profundo, el revolucionario a menudo irreverente –característica que se le da muy fácilmente al cubano–, el mismo conversador ameno y simpático que años atrás conocí a la salida de una de sus conferencias y con quien converso cada vez que tenemos un tiempito.

Mucho más podríamos haber hablado y de hecho charlamos más allá de la simple entrevista, con aroma de café y tabaco, y no solo de Cuba, sino de la situación actual de América Latina, donde según su opinión, que comparto, podría “desarrollarse la agresividad de la administración Bush porque lo que está ocurriendo en el Medio Oriente puede reproducirse en nuestra zona, específicamente en Venezuela”. Pero este sería otro trabajo periodístico.

Opto por dejarlos con sus opiniones sobre algunas de las aristas de nuestra realidad.

La fotografía de Aurelio Alonso es de la revista Progreso Semanal.

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* Jefe de la corresponsalía de Radio Progreso Alternativa en La Habana, y editor de la versión en español del semanario bilingüe Progreso Semanal (http://progreso-semanal.com).

maprogre@gmail.com

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