Jun 24 2009
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Cultura

La identidad post humana

Nieves y Miro Fuenzalida*

Qué lejos estamos hoy de Juan Cristóbal, Corazón, Así se Templó el Acero, Hijo de Ladrón y tantas otras lecturas que eran parte de esa popular tradición narrativa que contaba historias acerca de la formación de nuestra identidad y crecimiento personal interior. Historias acerca de las transformaciones con las que cada uno de nosotros podíamos relacionarnos y que podemos trazar a los últimos dos o tres siglos como resultado de la fusión de la literatura, la filosofía y el desarrollo del yo.

A diferencia de los cuentos folklóricos, de las historias para niños, de las leyendas o los textos sagrados el interés de este relato literario era el del crecimiento esencial del individuo humano dejando bien poco espacio para caracteres no humanos o agentes ambientales.

La creencia del cultivo de si mismo a través de la moral, la racionalidad, la educación científica y la estética hunde sus raíces en el Iluminismo y supone la autonomía y relativa integridad del sujeto, su potencial energético auto creativo y un número relativo de opciones que los determinantes de su circunstancia material, económica, social y psicológica le ofrezcan. Es la idea humanista de moldear al individuo a través de la experiencia social con el fin de desplegar su esencia y lograr la madurez.

El gótico, la novela de detectives y la de ciencia ficción, en cambio, son la contrapartida de este género literario.

– En el gótico presenciamos la herencia podrida que se encuentra debajo de la superficie del mundo burgués. La perversión de los chupadores de sangre, la corrupción eclesiástica o los restos supernaturales del viejo mundo.

– La historia de detectives, enmarcada en el orgullo burgués del progreso y la racionalidad, apunta hacia el corazón corrompido de la ciudad que, aunque oculto y omnipresente, existe en las ciudades modernas.

– Y las historias de la ciencia ficción rompen con la promesa del mundo burgués para abrirse a una multitud de mundos utópicos o diatópicos posibles.

Los tres géneros llaman la atención a las tres fuentes temporales posibles de corrupción. El pasado, el presente y el futuro. Sus mecanismos son lo supernatural, lo cotidiano y lo tecnológico. Lo común, además de la condena de la sociedad moderna, es el rechazo al modelo de la identidad contenido en la novela humanista.

En la visión post humana el individuo ya no se ve como la expresión de una si mismidad coherente y es la coherencia misma la que pasa a ser el problema central de la historia. Aquí no se trata del triunfo de la voluntad sobre los obstáculos externos, sino que la voluntad misma se forma gracias a los efectos de las fuerzas exteriores. Las historias mantienen los relatos de educación y crecimiento, pero su fin es tratar de estabilizar al sujeto y construir una representación del yo que sea consistente con las expectativas de la circunstancia social.

En un artículo reciente sobre cultura postmodernista Davin Heckman sostiene que el protagonista del nuevo relato posthumano conserva las nociones modernistas de la comprensión del sujeto y también cuentan historias de cómo el individuo se transforma en una persona completa de acuerdo al consenso social. Pero, difieren de manera significativa en los medios y fines de llegar a la madurez.

Cuando Susan Boyle se presento al concurso de televisión inglesa Britain’s Got Talent se transformo, después de su primera canción, en una celebridad mundial instantánea. 200 millones de espectadores escucharon su voz y desde ese momento la tranquila vida de solterona que disfrutaba en la compañía de su gato se transformó en un torbellino incontrolable ¿No es este un índice de la tremenda popularidad que los programas de reality televisión han alcanzado hoy en todos los grupos demográficos?

Junto a su contenido discursivo centrado en el auto mejoramiento, los logros personales, la vida profesional, las citas amorosas, la autodisciplina o las prácticas de consumo es posible notar operando en todos ellos un principio más básico. Los individuos que producen la realidad son sujetos que supuestamente están viviendo en frente de las cámaras el momento tal y como se da. Y es justamente aquí donde radica su atracción (Super Nany, Big Brothers, Américan Idol, Extreme Makeover, Fear Factor, Surviver).

Si miramos con más atención, sin embargo, pronto podremos notar que sus subjetividades son, inevitablemente, construidas enteramente por contextos, montajes y consumismo. Caracteres desarrollados por un editor y un sofisticado aparato sociocultural. El hecho de que la "reality televisión" juegue un papel crucial en la audiencia contemporáneo al proporcionar instrucciones que antes eran dadas por la literatura tradicional indica que a través de la popularidad del medio televisivo entramos en contacto con nuevas técnicas de dominación que ejercemos en nosotros mismos y en otros para lograr una integración más completa en los sistemas de poder vigentes.

Reality televisión, en lugar de ofrecer una representación naturalística del mundo tal como se presenta a nuestros sentidos, educa al espectador en una versión idealizada de la construcción de la identidad compatible con la cultura de consumo.

En el género cinematográfico hay, también, una corriente en la que encontramos la misma idea de reality televisión al jugar con la idea del supuesto carácter real, no prefigurado de reality televisión, pero invertida. Aunque no exactamente acerca de "reality televisión" las historias se nutren del mismo método. Vigilancia, montaje e imágenes ocupan un papel prominente en el desarrollo del personaje.

En las novela de detectives que acostumbrábamos a leer el protagonista navegaba a través de diferentes narraciones que competían entre ellas para ocupar el lugar de la verdad. En esta nueva corriente cinematográfica, en cambio, el protagonista debe descubrir su identidad a través del curso de la narración. (Memento’s Leonard, Minority Report, Paycheck, A Scanner Darkly, Blade runner, Total Recall). La idea común a todas ellas es que la identidad puede ser codificada, borrada y re escrita nuevamente con las imágenes, objetos e informaciones que la rodean.

En Memento, debido a una herida cerebral, el personaje central no puede recordar nada de su pasado y cada día se le presenta como un misterio. Para descubrir quién es él y cómo su mujer fue asesinada se ayuda con mementos, pequeñas claves en la forma de fotografías, tatuajes, instrucciones, notas. A través de ellas construye una autobiografía para recordarse a si mismo quién es.

En Blade Runner, la versión cinematográfica de una novela del legendario autor Philip K. Dick, se describe un mundo diatópico en el ano 2019 en Los Ángeles. Unos seres genéticamente manufacturados y visualmente indistinguibles de los humanos, llamados replicantes, se sublevan obligando a la fuerza policial especializada conocida como Blade Runner a cazarlos y eliminarlos. Rick Deckard, un blade runner semi retirado, es llamado para ayudar en la mision que acepta a regañadientes. Para su sorpresa, al final descubre que él mismo estaba implicado desde el comienzo en el objeto de su aventura al conocer que el también era un replicante que erróneamente se percibía a si mismo como ser humano inconsciente de su verdadero estatus.

La implicación con la que nos topamos en el universo de Blade Runner va más allá de la mera idea de que el ser humano es un replicante que no sabe que lo es. La tesis, en verdad, es la de que cada contenido sustancial positivo, incluyendo nuestras mas intimas fantasías y recuerdos no son nuestros, sino implantados. En este mundo la recuperación de la memoria designa algo incomparablemente más radical que la perdida total de la identidad simbólica del héroe. En ultima instancia este se ve forzado a reconocer que el no es lo que pensaba que era.

Si algún consuelo nos queda es el hecho de que a pesar de que las memorias mas intimas son implantadas los replicantes se subjetivizan a si mismos combinando estas memorias en un mito individual, una narrativa que les permite construir su lugar en el universo simbólico. Lo que es de ellos es la forma única en que cada uno las subjetiviza, como las integra en el universo social.

¿No son también nuestras memorias humanas implantadas en el sentido de que todos tomamos prestado los elementos de nuestros mitos individuales del tesoro cultural? Los medios de comunicación desde hace bastante tiempo están concientes de que nuestra percepción de la realidad, incluso de la realidad de nuestras experiencias mas profundas, depende de ficciones simbólicas. En la revista Time un articulo afirmaba que las historias son preciosas e indispensables. Cada uno debe tener su historia, su narrativa. Uno no sabe quien es hasta que uno posee una versión imaginativa de si mismo. Sin ella uno solo existe a medias.

Si hasta no hace mucho nos veíamos como poseedores de una profunda si mismidad que teníamos que descubrir, sujetos definidos últimamente por una autenticidad esencial que la voluntad actualizaba en lucha con los obstáculos del mundo material, en este genero la intención no es descubrir nada más auténtico o profundo, sino permanecer en la superficie del proceso.

En lugar de la búsqueda de aquello que se oculta debajo de la superficie los personajes se componen con elementos externos y espacios subjetivos determinados por ensamblajes de signos exteriores más que por estados interiores. Un género radicalmente diferente, no solo porque construye las identidades a través del montaje de superficies e imágenes, sino también por su ambigua relacion con los propósitos que persigue. Si antes era una cuestión acerca de lo bueno y lo malo, ahora es una batalla acerca de la existencia misma de la identidad del yo.

Si alguien todavía presupone la existencia de un conocimiento capaz de revelar una realidad inherentemente interna, de una humanidad enajenada que necesitamos recuperar, estos nuevos caracteres parecieran no saber de su existencia o no tener conciencia de ella.

Cuan lejos estamos aquí de la noción modernista de la identidad. Incluso Ortega y Gasset, que afirmaba que el ser humano no tenía naturaleza, sino historia, en última instancia trató de salvar un centro interior al afirmar en El Espectador que sólo tenemos una relación íntima con una sola cosa. Esta cosa, dice, es nuestra individualidad, nuestra vida. La intimidad es el verdadero ser de cada cosa, lo único suficiente.

El yo autentico es un proyecto, una pretensión, un programa vital, un personaje novelesco. Pero un personaje novelesco que no se elige gratuitamente. El ser humano se siente llamado a ser alguien, a cumplir su vocación y destino que no es impuesto, sino propuesto. Uno no elige su destino, por eso es destino. Mas uno elige entre serle fiel o no, entre aceptarlo o rechazarlo. El ser autentico es el ser que quiere su destino, el que adhiere a si mismo.

Lo que encontramos en esta nueva narrativa cinematográfica es algo bien diferente. En ella los protagonistas desarrollan una personalidad libre de la historia, de la interioridad o de un ser esencial que confirma y da forma a la idea posthumanista que sugiere que la persona es el punto en donde distintos discursos convergen en lugar de ser la expresión de un estado inmutable o eterno.

La identidad personal es, más que ninguna otra cosa, una interpretación basada en una subjetividad culturalmente construida. Esta noción libera al ser humano de todo esencialismo. Pero también lo libera de su propia autonomía.



 

 

 * Escritores y docentes. Residen en Canadá.

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