May 13 2015
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Ciencia y TecnologíaCultura

La importancia de la maleabilidad de la propiedad intelectual: tan abierto, tan cerrado

Muchas palabras se han ido incorporando al discurso de activistas y políticos desde la popularización de los medios digitales: libre, abierto, compartir, transparencia, red y demás.  Si bien parte del léxico parece afín a la izquierda y ha sido promovido como tal, en realidad estos términos transitan indiscriminadamente en los más variados discursos políticos.
En lo que parece ser un giro del capitalismo, vemos como compa√Ī√≠as basadas en lo digital empiezan a ganar terreno a las usuales corporaciones predominantes de banca, miner√≠a y petr√≥leo.¬† En diciembre 2014, Apple report√≥ el mayor ingreso trimestral generado por una corporaci√≥n en la historia.¬† En 2013, WhatsApp, una compa√Ī√≠a con cerca de 50 empleados y una infraestructura peque√Īa, fue adquirida por Facebook por 19 mil millones de d√≥lares (12 de los cuales fueron pagados con acciones).¬† Mark Zuckerberg (co-fundador de Facebook) pag√≥ no solo por el nombre y la red establecida, sino tambi√©n por la informaci√≥n de sus 400 millones de usuarios, o mejor dicho, por esos usuarios; y as√≠, por la eliminaci√≥n de la competencia.¬† Hay muchos ejemplos de este tipo de adquisiciones y fusiones, muchas startups est√°n dise√Īadas para ser compradas por grandes corporaciones.¬† Esta nueva cara del capitalismo revela la tendencia hacia la estructuraci√≥n en monopolios de la econom√≠a digital y cognitiva.¬† Recordemos que cuando hablamos de propiedad intelectual, hablamos de monopolios legales sobre conocimientos, saberes y productos culturales.

Mark Zuckerberg

Mark Zuckerberg

En la bolsa, las compa√Ī√≠as dependen de la valoraci√≥n abstracta y especulativa de su marca ‚Äďpropiedad intelectual‚Äď.¬† Esta valoraci√≥n est√° atada a la infraestructura y reputaci√≥n de la empresa (tama√Īo, eficiencia, mercado y capital simb√≥lico), pero tambi√©n tiene que ver con la ‚Äėposesi√≥n‚Äô y monopolio de conocimientos e informaci√≥n.¬† El acaparamiento, clasificaci√≥n y nuevos sistemas de an√°lisis de datos masivos son la tendencia, as√≠ mismo, la acumulaci√≥n de patentes.¬† La econom√≠a digital se ha estructurado en base a la transacci√≥n comercial de la informaci√≥n e innovaci√≥n generada, recopilada y apropiada.¬† Mucho de este comercio se hace bajo las normas de propiedad intelectual internacional: patentes, marcas y copyright.¬† Sin embargo, la informaci√≥n que producimos al navegar, e incluso parte de lo que voluntariamente dejamos en diversas aplicaciones en la red, no est√° sujeta a reclamo de autor√≠a, sino a los t√©rminos y condiciones de cada sistema.¬† En resumen: si usas esta tecnolog√≠a, aceptas obligatoriamente todas las condiciones impuestas (incluso a entregar tu alma inmortal, como una aplicaci√≥n de videojuegos brit√°nica ir√≥nicamente incluy√≥ en sus t√©rminos de uso).

Términos en disputa

En el sistema de propiedad intelectual global ha existido una tendencia hist√≥rica a proteger m√°s y por m√°s tiempo a los poseedores de los derechos de comercializaci√≥n ‚Äďno necesariamente los autores‚Äď.¬† Sin embargo, los derechos sobre los contenidos y datos creados por los usuarios en la red han sido completamente descartados de las normativas autorales.¬† Europa ha establecido algunas regulaciones iniciales sobre la informaci√≥n en red.¬† Por ejemplo, se establece la necesidad de autorizaci√≥n sobre la venta de datos a terceros, sin embargo la opci√≥n sigue incluida en los t√©rminos que debes aceptar para acceder.¬† Tambi√©n se ha establecido el derecho a ser olvidado, algo pol√©mico, pues quienes m√°s lo solicitan son personas con antecedentes penales.¬† Si bien el derecho a rehacer su vida es leg√≠timo, hay sectores que consideran que ciertos delitos graves o de alta corrupci√≥n no deber√≠an ser olvidados.¬† Por supuesto, para quienes pueden pag√°rselo, hay empresas que se dedican a borrar ‚Äúhuellas digitales‚ÄĚ, m√°s all√° de las normativas.

Despu√©s de las revelaciones de Edward Snowden sobre la vigilancia masiva de la NSA y la GCHQ (agencia de seguridad de Inglaterra), laeeuu snowden1 privacidad y la seguridad se han convertido en los principales t√©rminos en la opini√≥n p√ļblica para abordar la noci√≥n de derechos digitales.¬† La econom√≠a cognitiva pregunta: ¬Ņest√° dispuesto a pagar por los servicios que antes eran gratuitos si le ofrecemos mejor seguridad?¬† As√≠, los derechos digitales, antes de ser plenamente establecidos, comienzan a ser entendidos como mercanc√≠a.¬† Pero m√°s all√° de los importantes derechos a la intimidad, confidencialidad de datos y honra p√ļblica, tambi√©n podr√≠amos cuestionarnos si tenemos derecho a decidir sobre la comercializaci√≥n de nuestros datos a terceros fuera de la l√≥gica del todo o nada.¬† En caso de venta, ¬Ņtenemos un derecho de beneficio?¬† En la l√≥gica de las aplicaciones ‚Äėgratuitas‚Äô, el servicio se da a cambio de nuestra informaci√≥n, ese es el acuerdo.¬† Pero examinando el poder y el tama√Īo que est√°n adquiriendo unas pocas empresas en Internet, y el enorme potencial de esa informaci√≥n, podr√≠amos cuestionarnos como sociedad y como Estados si este es un intercambio justo.

En 1950, el antrop√≥logo Marcel Mauss plante√≥, a partir del estudio de econom√≠as ancestrales, su noci√≥n de Econom√≠a del Don.¬† Dar o aceptar un regalo, m√°s all√° de un acto solidario, constitu√≠a un ejercicio de poder e inter√©s, que de alguna manera ataba a qui√©n daba y a quien recib√≠a.¬† Desde la teor√≠a marxista, Tristana Terranova parte de esta noci√≥n y nos habla de ‚Äėlabor gratuita‚Äô, una nueva forma de explotaci√≥n laboral en lo digital, en que toda nuestra interacci√≥n es comercializable, incluso, el trabajo voluntario por el bien com√ļn acaba beneficiando directa e indirectamente a las grandes compa√Ī√≠as.¬† Muchas de √©stas colaboran con el desarrollo de software libre y abierto a trav√©s de financiamiento y talento humano, usualmente ofreciendo flexibilidad laboral a sus programadores.¬† Si Linux-Ubuntu es uno de los sistemas operativos m√°s usados del planeta es porque Google, y su importante porcentaje de computadoras, corre bajo Goobuntu, su versi√≥n adaptada.

Se vuelve complicado oponer ideol√≥gicamente lo libre, lo abierto y lo privativo, y demarcar una derecha e izquierda claras.¬† Los t√©rminos digitales se vuelven t√©rminos en disputa.¬† Sin duda, el software libre ha detonado nuevas din√°micas de organizaci√≥n productiva, nuevos sistemas de negocio, ha promovido actitudes autodidactas y generado comunidades pol√≠ticas, incluso partidos como el Pirate Party.¬† Pero el libre tambi√©n est√° cargado de una ideolog√≠a liberal de desregularizaci√≥n.¬† Por su parte, el software abierto, manteniendo la idea de c√≥digo accesible, adopt√≥ una actitud m√°s pragm√°tica y flexible hacia el mercado.¬† Para Nathaniel Tkacz[1] el abierto se basa en los mismos valores que las democracias neoliberales: libertad, individualismo, competencia e intercambio.¬† Lo abierto oculta sus cierres; como colaborador en software puedes acceder al c√≥digo solo si tienes los conocimientos y herramientas, puedes escoger entre ciertas tareas, no puedes cambiar la estructura de distribuci√≥n de labores, ni menos la de negocios. Con lo transparente, sucede igual: puede ser sin√≥nimo de honestidad, pero tambi√©n tiene la connotaci√≥n de la vigilancia permanente y su subsecuente disciplinamiento interno a trav√©s de la mirada de otros.¬† La misma noci√≥n de la econom√≠a del compartir (sharing economy) se ha convertido en el capital simb√≥lico de un pu√Īado de empresas ‚Äďmillonarias‚Äď de Silicon Valley, como Uber.

Formas de propiedad

medios digitalesLos medios digitales son muy seductores, nos ofrecen juegos, información, nos han dado la plasticidad y comodidad para construir identidades virtuales y nuevas formas de relacionarnos y comunicarnos.  Nuestra participación sostiene su economía, por eso nos repiten: cuéntenos su vida, háganos saber si le gusta esto o aquello, tomémonos juntos su tiempo al correr, genere redes, invite amigos.  En esta saturación, bien podemos recordar el valor de decir nada que Deleuze plantea: las fuerzas represivas no pretenden detener que nos expresemos, más bien, nos obligan a expresarnos constantemente.

Suena un tanto desalentador que todo el potencial de participaci√≥n social a trav√©s de la red acabe revitalizando al capitalismo; sin embargo, no hay que desmerecer lo que estos mecanismos han generado: nuevas formas de organizaci√≥n social a trav√©s del trabajo solidario, el conocimiento y los intereses compartidos, creando comunidades no determinadas por geograf√≠a y no condicionadas a intereses comerciales.¬† Tambi√©n se puede decir, como Mart√≠n Petersen[2] argumenta, que el gran aporte del software libre es la posibilidad de pensar en distintas formas de propiedad: el copyleft establece un tipo de propiedad que se mantiene en el dominio p√ļblico, las licencias Creative Commons (CC) dan diversas opciones para la difusi√≥n creativa sin truncar su capacidad de comercializaci√≥n.¬† Pero adem√°s de estos ejemplos, podemos pensar que la propiedad intelectual puede ser definida de muchas otras maneras a trav√©s de licenciamientos nuevos.¬† Y ah√≠ el CC y copyleft se quedan cortos en poder generar tambi√©n licenciamientos comunitarios, asociativos, nacionales o regionales, con enfoques en los saberes de las comunidades ancestrales, o espec√≠ficos para la m√ļsica o el cine.¬† La forma en que definimos nuestras propiedades creativas influencia directamente nuestros modelos de negocios y asociaciones de trabajo, como lo ha demostrado el software.

Pensar en nuevos licenciamientos, nuevas propiedades menos monop√≥licas, no solo nos genera alternativas al actual sistema global de propiedad intelectual ‚Äďpilar del neoliberalismo‚Äď, sino que tambi√©n puede plantear cambios al Estado.¬† La defensa de la propiedad privada ha definido el rol del Estado capitalista; alterar el sentido de propiedad, esta propiedad ‚Äėinmaterial‚Äô motor de la nueva econom√≠a, y hacer que el Estado reconozca responsabilidades sobre otras posibles propiedades ‚Äďp√ļblicas, comunitarias, asociativas‚Äď es un medio para alterar la l√≥gica misma del Estado.

Notas:
[1] Tkacz, N. (2012). From open source to open government: A critique of open politics. Ephemera, 12(4), 386.
[2] Pedersen, M. (2010). Free culture in context: Property and the politics of free software. The commoner, (14), 40-136.

*Investigador de procesos de ciencia y tecnología en América Latina para FEDAEPS, Quito.  Posee una maestría en Cultura y Sociedad Digital.

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