Ene 20 2012
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PolíticaSociedad

La inconsciencia militarista en Colombia

¬ęMuy doloroso que luego de d√©cadas y siglos de heroicidades infundadas a nuestros lugare√Īos les sea tan dif√≠cil discernir si sienten miedo de que su Ej√©rcito se haya ido y ellos hayan quedado a merced de los bandidos, o si lo sienten porque los uniformados siguen ah√≠¬Ľ.| JUAN ALBERTO S√ĀNCHEZ MAR√ćN.*

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En la antigua Grecia, una polis, Esparta, fundament√≥ su vida y desarrollo en el poder√≠o militar. Desde la infancia y casi hasta la tumba, todo espartano estaba vinculado con el estamento y su vida en el ej√©rcito activo superaba los cuarenta a√Īos. Lo castrense no era parte del ambiente: era el aire que se respiraba. La otra polis poderosa, Atenas, aun inmersa en un contexto de formaci√≥n e impulso militar, por el contrario, bas√≥ su adelanto en alcanzar la plenitud intelectual. Sin el militarismo que distingui√≥ a Esparta, Atenas fue la polis que lleg√≥ a ser el coraz√≥n de Grecia y el pilar de ese aglomerado amorfo de naciones que conocemos como la ‚ÄúCivilizaci√≥n Occidental‚ÄĚ.
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Esta es s√≥lo la referencia de una historia plagada de naciones cuyo devenir se ha instituido en la hegemon√≠a de la esfera militar, en contraste con otras que han apostado su futuro a prop√≥sitos menos afrentosos. Gracias a las armas se han extendido territorios, saqueado riquezas o sojuzgado pueblos, pero jam√°s avanzado en la lucidez o conquistado la perdurabilidad, esa acci√≥n del pensamiento y la memoria que inicia justo donde concluyen las trayectorias de las balas. Ni siquiera Napole√≥n, guerrero portador de las ideas libertarias de la Revoluci√≥n Francesa, consigui√≥ inculc√°rselas a sangre y fuego a los espa√Īoles. Un sue√Īo de la raz√≥n que les produjo tantos monstruos, muchos de los cuales todav√≠a amedrentan.
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Desde los tiempos de los ej√©rcitos Comunero y Libertador, las distintas Fuerzas Militares colombianas, con los nombres que se quiera, por la defensa del territorio no han actuado m√°s que en dos guerras absurdas, ambas contra Per√ļ, en 1828, en los tiempos de la ef√≠mera Gran Colombia, y poco m√°s de cien a√Īos despu√©s, en 1932. Una guerra, la primera, se perdi√≥, y la otra tambi√©n, aunque en los papeles y las actas protocolarias figure lo contrario. Y eso que nos salv√≥ el asesinato de Luis Miguel S√°nchez Cerro, el controvertido presidente peruano de facto y de iure, ocurrido cuando pasaba revista a las cuantiosas tropas que iba a movilizar. Tambi√©n podr√≠an nombrarse, claro est√°, las olvidadas escaramuzas de 1911, en La Pradera, un conflicto, tambi√©n y por supuesto, con el Per√ļ, en el que s√≥lo gan√≥ la selva.
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El resto del tiempo, que es toda la vida republicana y todo el tiempo a la hora de la verdad, nuestras Fuerzas Armadas no han hecho otra cosa que participar sin tregua en la refriega interna y eterna que es este país, especializándose en el destripamiento de compatriotas e inventando maneras para disimularlo o negarlo.
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O poniendo peones en el tablero de guerras ajenas y lejanas, como la de Corea, adonde Colombia fue el √ļnico pa√≠s de habla hispana que acudi√≥ presto al estropicio aportando m√°s de cuatro mil combatientes, con el obvio resultado de muchos ca√≠dos y dejando regados cientos de veteranos lun√°ticos que pocas veces fueron otra cosa que muertos en vida para la patria que los tim√≥. Nada nuevo, la verdad: Un mont√≥n de cargabultos que apostaron las entra√Īas para no morirse de hambre en la propia tierra de nacimiento, cuyo sue√Īo se volvi√≥ pesadilla (1).
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La realidad dura e inmadura
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Nuestro glorioso ejército contó con la mayor parte del siglo XIX para despellejarse a bayonetazos y a sablazo limpio. Y con el XX y lo que va del XXI para profesionalizarse y modernizarse, si por estos conceptos entendemos las zancadas en las zonas más limítrofes de la barbarie. O sea, la mayor capacidad para pulverizar con fuego tipo­ Nintendo, aviones fantasma que esparcen racimos de bombas y obuses remolcados bajo el brazo a unas guerrillas conformadas por campesinos que, al igual que la prole de los sucesivos ejércitos nacionales, han sido proveídas no más que por almas compradas a huevo por el diablo gracias a la creciente pobreza patria.
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El adversario no est√° en el coraz√≥n, de seguro, pero va meti√©ndose por los lemas ma√Īaneros, las consignas que son √≥rdenes, las bajas enemigas recompensadas, y por la propia imaginaci√≥n menguada, adiestrada, que ya no da para mucho m√°s.
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Una tropa llena de venenos propios y ajenos, que entre sofismas y obsesiones extra√Īas encubre su aut√©ntico cometido de muerte: Lucha contra las drogas, terrorismo. Delirios trazados afuera, sobre las mesas del Pent√°gono o el escritorio de Rumsfeld, en esquemas de expansi√≥n que nuestros dirigentes replican como suyos. Due√Īos de todo y todos: de las tierras, de las inversiones, de los ingentes recursos gracias a los cuales pueden darse el lujo de tener a los militares de este pa√≠s como asalariados.
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Los Estados Unidos aportan recursos para esa guerra y cooperan con d√≥lares que pronto se llevan sus propios mercenarios, ahora llamados contratistas. No son ayudas, sino inversiones, √ļtiles para el dominio econ√≥mico y geopol√≠tico de la regi√≥n.
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Declara el portal ‚ÄúJust the Facts‚ÄĚ que ‚Äúel auxilio‚ÄĚ estadounidense a los militares y los polic√≠as colombianos lleg√≥ a US$6,893,876,034, entre los a√Īos 1996 y 2011 (2), y, seg√ļn un grupo de congresistas dem√≥cratas estadounidenses, en carta al Presidente Obama, entre los a√Īos fiscos de 2000 y 2008, su pa√≠s entreg√≥ m√°s de $6 mil millones de d√≥lares en asistencia militar y no militar a Colombia, como parte de Plan Colombia, un caudal que se us√≥ para todo menos para los prop√≥sitos divulgados de la lucha contra las drogas (3).
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El gringo de a pie, ‚Äúthe average man‚ÄĚ de Whitman, abulta con sus tributaciones los bolsillos de sus compatriotas corporativos. El resultado de su plata se vuelve hambre a miles de kil√≥metros de sus fronteras, asperj√°ndose como glifosato si hay suerte o hundi√©ndose como munici√≥n en cuerpos que no ata√Īen. Y todos ganan, por lo menos los que importan: Dyncorp Aerospace Technologies, uno de los contratistas militares m√°s grandes del mundo, nutrida de mercenarios de la Delta Force y veteranos de todas las guerras de saqueo; Lockheed Martin Corporation, otro de los contratistas militares m√°s grandes del mundo, con sus artilugios de guerra global; o Raytheon Corporation, el mayor productor de misiles guiados del mundo; o Telford Aviation, Arinc, DRS Tamsco, Bechtel, OLGOONIK, MAN TECH, ITT y un largo etc√©tera que a ratos dio el ‚Äúsalto estrat√©gico‚ÄĚ (un contrato quiz√°s por disimulo despu√©s rebautizado como Plan Nacional de Consolidaci√≥n) a firmas de ex militares y mercenarios israel√≠s, entre ellas Global CST, del amigo del presidente Santos, el general retirado Yisrael Ziv, como lo certifican los cables diplom√°ticos filtrados por Wikileaks (4).
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En una sociedad fam√©lica, los militares cuentan con la gracia cuasi divina de prerrogativas superiores y perpetuas. A cambio, hay que defender al mejor postor, poner el pecho por el cabecilla, escoltar al pujante. Hacerlo supone creerse el cuento del ‚Äúintercambio de inteligencia‚ÄĚ con los superiores gringos o asumir sin empacho el papel de correveidile e informante febril, cuesti√≥n de la que mucho sabe el Mayor General √ďscar Adolfo Naranjo Trujillo, por algo el mejor polic√≠a del mundo y no de gratis vicepresidente para las Am√©ricas de Interpol, esa Santa Hermandad instituida no por las Cortes de Madrigal sino por Washington. A veces, exige marchar al comp√°s de los ‚Äúremosados‚ÄĚ colegas israel√≠es del Mosad, de pronto aliarse incluso con delincuentes muy menos glamurosos. Y muy menos temidos que rogados, dir√≠a Quevedo (5).
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Entonces, en el abominable empe√Īo de aniquilar y en el a√ļn m√°s execrable de ganar, la vida, que por humanidad y mandato constitucional se deber√≠a defender, se hace cada vez m√°s ligera y ambigua. Hasta que el enemigo est√° en todas partes y la existencia de cualquier conciudadano del mont√≥n empieza a significar para el soldado lo mismo que vale para la honorable instituci√≥n y sus mentores extranjeros: Nada.
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Ni falsos ni positivos: Asesinatos y ejecuciones
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Los militares, de tal modo, sin fronteras que defender y sin los tantos enemigos anunciados cruzando por las miras de los fusiles, en el contexto de farsas y sainetes que es la cotidianidad nativa, optan por la eliminación de indigentes, muchachos, agricultores, desempleados, menesterosos de todas partes, y los presentan como trofeos de guerra arrebatados a las guerrillas de las FARC o el ELN. Sus cabezas cuelgan en la trastienda de una sociedad que no quiere saber nada de nada de los suyos (ni de sí misma, por lo tanto), crasamente seducida por la voracidad mediática y apropiadamente regida por ciertas perversidades oficiales, gubernamentales.
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Los asesinatos cobardes y premeditados que fueron llevados a cabo por los militares, muestra un informe reciente del CINEP, alcanzan las 1742 v√≠ctimas en 27 a√Īos (6), pero, seg√ļn la propia Fiscal√≠a, se aproximan a tres mil, con 3963 uniformados sindicados. Otras investigaciones documentan una cifra mayor de v√≠ctimas y hay quienes sostienen que los cr√≠menes rondan los cinco mil. Sea el dato que sea, por menor que hubiera sido, aunque no lo fue, la materia no es s√≥lo de cantidades. Jam√°s fueron n√ļmeros: eran personas, colombianos con las sublimes culpas de ser an√≥nimos o de querer dejar de serlo.
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Fueron cazados en los campos o embaucados en los cinturones de miseria de las ciudades, en una serie de maniobras desarrolladas en tantas guarniciones de distintos municipios de varios departamentos, que a fuerza de repetirse y afinarse termin√≥ siendo una operaci√≥n sistem√°tica, corrompidamente exquisita. Es cierto que el invento no inici√≥ con el gobierno de √Ālvaro Uribe V√©lez, como lo han dado a conocer las distintas investigaciones, pero fue durante esos ocho a√Īos infernales que la pr√°ctica alcanz√≥ mayor apogeo.
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Y que la¬† impunidad tambi√©n se consolid√≥ en niveles alarmantes, casi absolutos. Seg√ļn un informe de 2010 del relator especial de la ONU para las ejecuciones arbitrarias, Philip Alston, la impunidad en el pa√≠s abarcaba en la fecha el 98,5 por ciento de los casos (7 y 8).
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Desde aquellos d√≠as, los talantes han cambiado, pero pareciera que s√≥lo para que lo restante siga intacto o peor. Puede ser verdad que las ejecuciones extrajudiciales han disminuido. Pero no lo es que se acabaron, como asegur√≥ Juan Manuel Santos con jactancia en los tiempos de candidato a los c√°ndidos electores: ‚ÄúLos acab√© yo con el apoyo del presidente Uribe y del Comandante General de las Fuerzas Militares. Desde octubre de 2008 no ha vuelto a haber un solo falso positivo‚ÄĚ (9).¬† Claro que no ha habido un solitario falso positivo. Hubo nueve, y apenas en su primer a√Īo, entre noviembre de 2008 y el 31 de diciembre de 2009 (10).
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Pudiera ser que fuera cierto lo sostenido por el Centro de Seguridad Democr√°tica de la Universidad Sergio Arboleda, que lidera el fren√©tico uribista Alfredo Rangel, en el sentido de que los militares sientan que hay ‚Äúinseguridad jur√≠dica‚ÄĚ, o que hayan terminado crey√©ndose su propia patra√Īa de que ‚Äúfalta un marco jur√≠dico definido para afrontar este conflicto pol√≠tico-militar‚ÄĚ, como lo opin√≥ el general Alejandro Navas, comandante de las FFMM (11). Pero no lo es ni de broma que la impunidad haya cedido.
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Por el contrario, lo que se advierte es la tentativa del gobierno para garantizarla, moviendo en el Congreso proyectos como el de ‚ÄúMarco para la paz‚ÄĚ (12), una calza a la medida del senador Roy Barreras, que semeja un coladero de cr√≠menes fabricado con la excusa de que se avecina la paz y que habla de guerrilleros pero apunta a militares. El proyecto de ‚ÄúDefensa T√©cnica‚ÄĚ (13), producto de la paranoia jur√≠dica de Uribe, gracias al cual seremos los contribuyentes quienes financiemos los abogados defensores de militares, en instancias nacionales e ins√≥litamente en las internacionales, y el de la ‚ÄúReforma a la Justicia‚ÄĚ (14), algunos de cuyos ac√°pites y ‚Äúmicos‚ÄĚ no aspiran sino a fortificar la Justicia Penal Militar, en detrimento de la Ordinaria, para la cual no hay plata ni ganas.
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Ya un paso grande, en este sentido, se dio con la reforma del Código Penal Militar,  que crea una estructura burocrática que es un armazón paralelo de la Justicia, con figuras nuevas como el Fiscal General Militar, los Jueces Penales Militares de Control de Garantías, de Ejecución de Penas y el Cuerpo Técnico de Investigación Judicial, y el reforzamiento de otras, como el Tribunal Penal Militar.
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Otro desag√ľe de recursos a favor del estamento, con los militares investigados en mente. Ad portas de que muchos se sazonen en la salsa agria de sus actos, la meta es lograr la presunci√≥n constitucional de que las violaciones a los Derechos Humanos son un acto de servicio y obedecen a una orden de operaciones. No es otra cosa la reforma al art√≠culo 221 de la Constituci√≥n, radicada por el ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra, cuando rezonga que ‚Äúen todo caso, se presume la relaci√≥n con el servicio de las operaciones y procedimientos de la Fuerza P√ļblica‚ÄĚ. Y no se queda ah√≠: ‚ÄúCuando en estas situaciones haya lugar al ejercicio de la acci√≥n penal, la misma se adelantar√° por la justicia penal militar y policial‚ÄĚ (15). Dicho de otro modo, un naciente ardid para que las familias de las v√≠ctimas acaben de joderse y los militares condenados salgan de los casinos de oficiales de los Cantones o del club Tolemaida Resort (Centro de Reclusi√≥n Militar) hacia sus casas, o, peor a√ļn, para que se remocen en la simulada condici√≥n de h√©roes vilipendiados.
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Aunque se infrinjan de frente los tratados internacionales que el pa√≠s ha firmado y ratificado y que lo comprometen con la investigaci√≥n seria de las graves violaciones a los Derechos Humanos. Porque, en el discurso imperante, ¬Ņqu√© pueden ser las jurisprudencias de la Comisi√≥n Interamericana de Derechos Humanos y del Comit√© de Derechos Civiles y Pol√≠ticos, o del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, si no el producto de la oscura maquinaci√≥n de ONG‚Äôs y de terroristas?
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La ampliación del desafuero militar
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Es que no pueden estar satisfechos los militares con tal impunidad reinante. Fuerza es que sea completa y para ello resta aquel azaroso 1,5%, que hoy tiene presos a generales como Jes√ļs Armando Arias Cabrales, condenado a 35 a√Īos de c√°rcel por su responsabilidad en las desapariciones de once personas durante la toma del Palacio de Justicia; coroneles como Plazas Vega, sentenciado a 30 a√Īos de prisi√≥n por el delito de desaparici√≥n forzada agravada tambi√©n en los hechos del Palacio de Justicia, y enredados a otros, como el general Jorge Enrique Mora Rangel por sus nexos de vieja data con los paramilitares. Y muchos otros.
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La comisi√≥n de delitos de lesa humanidad no es, pues, suficiente para justificar la reprensi√≥n a los militares, ni siquiera bajo el imp√ļdico sistema de privilegios que los escuda. M√°s bien pareciera que tales acciones atroces ameritan est√≠mulos, para que la moral del estamento no se debilite ni su avidez tambalee. Porque, al decir de algunos m√°s c√≠nicos, las tropas ‚Äúllevan un buen tiempo sinti√©ndose maniatadas para obrar frente al enemigo‚ÄĚ (16).
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1.5% que viene a suplir la ampliación del fuero militar, objetivo hacia el que los militares han enfocado sus recientes esfuerzos, su maquinaria, su influencia y su incuestionable capacidad de presión, coacción y chantaje. El Congreso vota a favor y rebota. El gobierno apuesta por las tropas del Averno. La Justicia se pifia. El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, compensa a todos con encomios por los medios. Agradecerá y veremos.
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Porque la pretendida ampliaci√≥n del fuero militar es un mecanismo m√°s en la desesperada b√ļsqueda de sustraerse a la Justicia ordinaria: Es la exigencia de la justicia ama√Īada. No porque los jueces puedan conocer los temas del intr√≠ngulis de las operaciones militares y policiales, que suena bien y es constitucionalmente v√°lido, sino porque en instituciones como la militar o la policial el esp√≠ritu de cuerpo no es asunto de menor cuant√≠a. Con tal poder y tan requerida y experimentada complicidad, f√°cil pasa el fuero del servicio y las acciones para cumplirlo al miembro en s√≠ mismo considerado.
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Como en el caso del subteniente Ra√ļl Mu√Īoz, acusado de la violaci√≥n de dos ni√Īas y el asesinato de tres en Tame, Arauca, proceso donde la instituci√≥n ha puesto en marcha o avalado toda clase de entorpecimientos, inventado testigos dudosos, desmovilizados o integrantes del propio Ej√©rcito, que bien pueden ser c√≥mplices, y que el esp√≠ritu de cuerpo ni siquiera dej√≥ bajo custodia de la Fiscal√≠a, sino a buen recaudo de la Brigada 18 del Ej√©rcito. Otro inocente cuyo ADN fue hallado por Medicina Legal en una de las v√≠ctimas (17).
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Aunque el crimen va m√°s all√° del imputado y de lo aceptado, pues resulta obvia la participaci√≥n de m√°s uniformados en los hechos, como alegan los familiares de las v√≠ctimas, m√°s de un a√Īo despu√©s la estrategia ha funcionado y las maniobras dilatorias tienen riendo a los malhechores y aterrorizada a la comunidad.¬† ¬°Y eso sin siquiera ampliar el fuero militar!
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Apenas con el manto de la Defensor√≠a Militar Integral, DEMIL, una ONG que agrupa a la misma c√ļpula militar y que asusta m√°s que cualquiera de las tantas mafias que tenemos por doquier, experta en lograr preclusiones por vencimiento de t√©rminos o buscar la anulaci√≥n de procedimientos que benefician las investigaciones corrientes (18). A Demil le fastidia la Justicia, pero aboga por la ley: La ley de los m√°s fuertes.
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Este es un caso depravado, que tiene encima amenazados y desplazados, y la muerte de la jueza Gloria Constanza Gaona, una mujer que se neg√≥ a poner la balanza de la Justicia del lado de los asesinos. La misma jueza que unos d√≠as antes se atrevi√≥ a expresar que la defensa llevada a cabo por la abogada de Demil fue ¬ętemeraria, desleal e irrespetuosa¬Ľ con las v√≠ctimas y con el aparato judicial (El Espectador, 24-03-11), como cit√≥ la periodista Laura Gil (19).
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En un pa√≠s en el que todo l√≠mite es borroso, alterable e interpretable por el leguleyo al antojo del poderoso, ¬Ņd√≥nde iniciar√°n o terminar√°n los casos t√≠picos de las llamadas operaciones leg√≠timas de car√°cter militar o policial? Lo sabemos de sobra: en cualquier parte, siempre y cuando las coordenadas impidan el m√≠nimo castigo. Ni actuaciones ni procesos remitidos, ni m√°s altos mandos embrollados. Las alteraciones a la Justicia no son un recurso para que los abusos de la Fuerza P√ļblica no se repitan, sino para que prosigan sin alharaca ni tropiezos.
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En el fondo, una abolici√≥n m√°s de los preceptos esenciales de la Constituci√≥n de 1991. De modo parecido al que avanza el socio Obama en la revocaci√≥n de la Constituci√≥n estadounidense, que tiene m√°s de doscientos a√Īos, con iniciativas que ya no tienen vuelta atr√°s, como la Ley de Autorizaci√≥n de la Seguridad Nacional, quiere Santos deshacer la nuestra, que apenas tiene veinte, a trav√©s de una ret√≥rica que viste de oveja al lobo.
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Los héroes desheredados
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‚ÄúNuestros militares no saben qu√© normas son las que se utilizan en el contexto de la guerra. A ellos les ense√Īaron a combatir a las guerrillas m√°s antiguas, m√°s peligrosas y que m√°s se reinventan, como si estuvieran combatiendo en Suecia¬Ľ (20). Este coronel (r) Torres D√°vila pronuncia lo que otros militares menos brutos callan, pero comparten, y que otros a√ļn m√°s cerriles camuflan con eufemismos pavosos y pavorosa oratoria. Sobre Derechos que no se entienden, Humanos que para qu√© se atienden. Son as√≠ nuestros heroicos forjadores de h√©roes, qu√© se le va a hacer.
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A ra√≠z del asesinato de los j√≥venes de la localidad de Soacha, cerca de Bogot√°, y ante la gravedad de los hechos, el Ministerio de Defensa y el Comando General de las Fuerzas Militares expidieron una providencia que se conoci√≥ como las ‚Äú15 Medidas‚ÄĚ, a fines de 2008, elaboradas para fortalecer la protecci√≥n de los Derechos Humanos (21).
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Se trató de una serie de inservibles mecanismos de escritorio, de engominado ministro en confabulación con generales. Antes que beneficiar el respeto de los Derechos Humanos, estas medidas, junto a otras normas y directivas impuestas por las circunstancias y con idéntica excusa, como las directivas permanentes Nos. 10 y 19 de 2007 (22 y 23), no tienen otra pretensión que la de dejar en manos militares la determinación de cuáles casos van a la justicia ordinaria y cuáles no deben salir de la jurisdicción penal militar.
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Las medidas no dieron ni dan risa, pero sí causa tristeza el hecho de que hombres con tanto mando mediante grageas tan espurias hubieran querido paliar tanta muerte. Así son los comandantes y su saga de ministros de arlequín: buenos para los comunicados de prensa, inigualables para otorgarle medallas y honores a nuestros héroes, qué se le va a hacer.
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Exaltados h√©roes que, en medio del descompuesto conflicto colombiano, son los idiotas √ļtiles, casi todos difuntos, m√°s √ļtiles entre m√°s difuntos. Peque√Īos seres beligerantes a quienes su instituci√≥n pretende hacer grandes mediante sacrificios vanos. Bagazos humanos que un sistema atroz desecha como si nada en medio de preces y discursos y √≥rdenes al m√©rito.
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H√©roes que no son ni han sido tales. No lo fue nunca el f√©rvido general Santander. Tampoco el coronel Aureliano Buend√≠a, ni su arquetipo, el general Rafael Uribe Uribe, incapaces ambos de librar a sus estirpes de la condena a cien a√Īos de soledad, ni ‚Äúempleando los fusiles destructores‚ÄĚ en la pr√°ctica, ni ‚Äúcon las herramientas fecundas del trabajo‚ÄĚ en la teor√≠a.
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Pudo ser h√©roe el general Bol√≠var. De ah√≠ que, mientras por dentro crec√≠a, sus contempor√°neos lo asfixiaran y la historia se empe√Īara en desfigurarlo. O el ‚ÄúChispero‚ÄĚ capit√°n Ricaurte, que por eso en √°tomos volando vol√≥ en San Mateo. Los actuales h√©roes lo son de pacotilla, prefabricados por su ignorancia y consumados en la bestialidad.
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Combatientes que act√ļan encabritados sobre un tablero peligroso en el que muchos terminan vinculados con desapariciones, desplazamiento de campesinos colombianos, afrocolombianos y de los pueblos ind√≠genas. O con torturas. O con el asesinato de sindicalistas. O con puestas en escena tramposas, como la falsa desmovilizaci√≥n de la compa√Ī√≠a Cacica La Gaitana. O mangoneados con paramilitares para delinquir, adelantando u omitiendo procedimientos seg√ļn la conveniencia, brindando apoyo e informaci√≥n, haci√©ndoles el favor o dej√°ndoselo hacer.
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Muy doloroso, en todo caso, que luego de d√©cadas y siglos de heroicidades infundadas a nuestros lugare√Īos les sea tan dif√≠cil discernir si sienten miedo de que su Ej√©rcito se haya ido y ellos hayan quedado a merced de los bandidos, o si lo sienten porque los uniformados siguen ah√≠.
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Cara de plomo
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Donde la guerra es consuetudinaria, la presencia de las armas se hace habitual y la de los guerreros necesaria. De ese modo es normal que nos zarandeen los huevos en alguna esquina o nos pongan patas arriba en cualquier parque. Los subfusiles Galil de pura cepa israelí apuntan con fiereza mientras el dragoneante de humilde origen esboza una fingida sonrisa en la cara de plomo.
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El Ej√©rcito lleva brigadas de salud a ind√≠genas y campesinos, remendadas con donaciones de ropa, sazonadas con mercados, acicaladas con espejitos, en Saravena, Catatumbo o Puerto Gait√°n, o en Tolima, Huila, Boyac√°, que abren paso a multinacionales voraces de petr√≥leo, carb√≥n u oro, y que son el pre√°mbulo de desalojos, destierros y del desplazamiento de quienes incurren en la fechor√≠a de estar asentados hace siglos o ser peque√Īos due√Īos hace a√Īos de tierras por donde cruza la tronante y tunante locomotora de los hidrocarburos y la miner√≠a.
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Que no se absuelven el ralent√≠ ni las trabas a la confianza inversionista, ese nombre t√©cnico provincial para convalidar el saqueo transnacional. Nuestra democracia y su punta de lanza, nuestro Ej√©rcito y sus sabidos asociados, desalojan comunidades y poblaciones enteras y cobran con la vida la defensa de la identidad territorial ind√≠gena o de la peque√Īa propiedad privada campesina, que no han sido o no son menester a la propiedad privada de los grandes, las petroleras de todas partes: Cepsa, Arco, Petrobras, Pacific Rubiales Energy, Exxon, Shell, Chevron, BP – Amoco, Elf Aquitaine, Oxy, Maxus, Nomeco, Conoco, L.L. & E., Santa Fe Energy, Triton, Harken, Total, Repsol, Lasmo, PetroCanada, Canadian Petroleum, Sipetrol, San Jorge, Teikoku y Ampolex. O las carboneras europeas Xstrata plc, BHP Billiton y Anglo American, la estadounidense Drummond, la suiza Glencore, las brasileras Vale Coal S.A. y EBX Brasil. O la descomunal anglo-australiana BHP Billinton, que da cuenta del ferron√≠quel. O la due√Īa de Acer√≠as Paz del R√≠o, la Votoratim Metais, tambi√©n de Brasil.
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O las auríferas canadienses asociadas, Medoro Resources (con Juan Carlos Santos, el que todo lo compra con dinero, primo del presidente, como director corporativo) y Gran Colombia Gold. O sus compatriotas, la Barrick Gold y la Ventana Gold. O la sudafricana Anglo Gold Ashanti y su socia B2- Gold, entre muchísimas más.
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Otros soldados, mano tiesa, pulgar alzado, saludan de manera mec√°nica en las carreteras a los conductores de los veh√≠culos particulares, mientras metros adentro del monte sus compa√Īeros de armas reparten metralla o culatazos a los paisanos pobres. Mensajes institucionales: Hasta la infamia tiene su lado afable y la conciencia se conduce m√°s tranquila en la hipocres√≠a.
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La sociedad descansa en paz
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Hay militares nobles, correctos. Haberlos‚Ķ H√ļbolos, haylos, habralos. Pero esos no importan, ¬Ņqui√©n los precisa? Sin las culatas llenas de muescas, ¬Ņqu√© eran los pistoleros del ¬ęFar West¬Ľ gringo? Sin los costados de los Messerschmitt llenos de cruces, ¬Ņqui√©n fue el aviador de la Luftwaffe? Si el guerrero no nos mata, si no viola ni despelleja, ¬Ņqui√©n podr√° defendernos?
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Negarse a hacer parte de este macabro juego del sistema no es potestativo de ning√ļn recluta. No hay cabida para las piezas sueltas. El albedr√≠o se circunscribe a ultimar al primero que se oponga a lo que sea que se apunt√≥ que no corresponde. Un galimat√≠as que puede ser vital para penar en vida y m√°s all√° de la muerte.
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Por ejemplo, el caso del cabo Ra√ļl Antonio Carvajal Londo√Īo (24), cuyo cuerpo padeci√≥ el fuego amigo cuando vivo y cuyo cad√°ver vivi√≥ en carne seca y propia el olvido y la impostura oficiales. Su padre, Ra√ļl Antonio Carvajal P√©rez, lleva m√°s de cinco a√Īos clamando una respuesta. Encar√≥ a Uribe en barrios y plazas y se le plant√≥ frente al Ub√©rrimo. Confront√≥ cara a cara a un Santos que no le dio la cara. Hubo de llegar al centro mismo del pa√≠s, a la Plaza de Bol√≠var de Bogot√° (25), frente al Congreso, al lado de la Casa de Nari√Īo, junto al Palacio de Justicia, con el hijo muerto a bordo del viejo cami√≥n y todo el peso de sus denuncias desesperadas a cuestas: Que a su hijo militar lo mataron los militares porque se neg√≥ a matar. La versi√≥n oficial no da el brazo a torcer: el cabo muri√≥ en la Operaci√≥n Serpiente, supuestamente desarrollada en los municipios de Tib√ļ y El Tarra, Norte de Santander, en enfrentamientos con las FARC. ¬ŅEl ofidio se mordi√≥ la cola?
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Y ha habido operaciones triunfantes.¬† Como Jaque, una operaci√≥n de negocios y cantidades de pesos antes que de ajedrez e inteligencia, seg√ļn algunos (26), en la que fueron liberados √ćndrid Betancourt, tres mercenarios estadounidenses y varios miembros del Ej√©rcito y la Polic√≠a. F√©nix o bombardeo de Angostura, un ataque a las FARC para matar al comandante guerrillero Ra√ļl Reyes, en el que se viol√≥ la soberan√≠a territorial ecuatoriana. Camale√≥n, en la que se rescataron cuatro militares, una operaci√≥n tan rigurosamente colombiana que cont√≥ con la consabida participaci√≥n de los Estados Unidos en planos y en pleno. ¬ęUna operaci√≥n totalmente colombiana, por tropas e inteligencia colombianas‚ÄĚ, al decir del entonces ministro de Defensa Gabriel Silva (27), y con el apoyo de Estados Unidos, seg√ļn declaraciones del embajador de ese pa√≠s, William Brownfield ¬ęNosotros pudimos brindar un m√≠nimo de apoyo en inteligencia a la operaci√≥n‚Ķ‚Ä̬† (28)
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Sodoma, en el que mataron al guerrillero conocido como ‚Äúel mono Jojoy‚ÄĚ, un bombardeo de dimensiones colosales, que dej√≥ un tramo de La¬† Macarena tan arrasado como la ciudad b√≠blica luego de la rabieta divina. Odiseo, operaci√≥n garrafal donde muri√≥ el m√°ximo l√≠der de las FARC, Alfonso Cano, nunca se sabr√° si producto del despliegue de casi mil hombres y 18 aviones de guerra reconocidos, o por el tiro de gracia de ‚Äútres servidores del Estado‚ÄĚ sin reconocer.
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U operaci√≥n Ori√≥n, desarrollada en la comuna 13 en plena ciudad de Medell√≠n, en la que hubo una ejecuci√≥n extrajudicial, decenas de heridos, varios desaparecidos, much√≠simos desplazados, 355 detenciones, muchas de ellas arbitrarias, y 170 judicializaciones que no condujeron a lo mucho que se asegur√≥ (29). Una maniobra que de acuerdo con algunas versiones se vali√≥ de avanzadas paramilitares en los barrios La Palomera y La Arenera, que tiene al general Mario Montoya, ex comandante del Ej√©rcito, dando explicaciones acerca de su responsabilidad, un a√Īadido a las investigaciones que le cursan en relaci√≥n con las ‚Äúfalsas desmovilizaciones‚ÄĚ y los ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ.
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Batallas vengativas, llenas de sa√Īa, en las que se festeja la muerte con risas, parranda y medios. Triunfos que recuerdan otros tiempos de salvajismo, no de los lejanos hunos o dem√°s b√°rbaros seg√ļn Roma, sino de ac√° mismo y de similares figurantes, cuando levant√°bamos monumentos con las calaveras de los liberales muertos por el glorioso ej√©rcito conservador de los tiempos de la Guerra de los Mil D√≠as, no para que la perversa historia no se repitiera, sino para amedrentar al que osara sublevarse o llevar la contraria. Tiempos recientes los remotos, de encono contra civiles, ferocidad contra campesinos y crueldades que son signadas por el deber.
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Con la Fuerza P√ļblica que nos protege; con la Seguridad Democr√°tica que acecha por doquier gracias al miedo que nos espanta; con el recelo de todo y todos que nos lleva a disparar por si acaso y a matar por prevenci√≥n: Todos tan contentos.
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Procuramos entonces ignorar que es un asunto sujeto a una directa proporcionalidad: de la misma manera que no puede ser buena una sociedad que descuida la educación, la ciencia o la cultura en sus prioridades, tampoco puede serlo aquella que pontifica lo castrense y lo consagra con un presupuesto de miedo conseguido a costa de demacrar  y masacrar a buena parte de los propios amparados.
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La peque√Īa muerte
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Colombia es el país de América Latina que destina más dinero al gasto militar con respecto a su Producto Interior Bruto (PIB). Entre 1998 y 2007, el promedio se ubicó en el 3,9%, por encima de Chile y muy lejos de países como Brasil, Ecuador, Venezuela, Argentina o México (30).
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Con la puesta en marcha de la Pol√≠tica de Defensa y Seguridad Democr√°tica (PDSD), entre los a√Īos 2002 y 2006, se increment√≥ el n√ļmero de las unidades militares y policiales y aument√≥ el pie de fuerza al menos en un 30%. Se indica como un atenuante del dato el hecho de que estas estad√≠sticas incluyan a la Polic√≠a, lo que no ocurre en algunos otros pa√≠ses. Algo irrelevante toda vez que, al igual que en tantas otras situaciones, en este pa√≠s pocas cosas son como se dicen o deben ser, y las Fuerzas Militares cumplen funciones y parecen polic√≠as, y √©stos se creen militares. Un sino que no es fortuito, sino, muchas veces, fat√≠dico.
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El gobierno de √Ālvaro Uribe V√©lez, por incre√≠ble que parezca, consigui√≥ amnistiar el triple de los paramilitares reales, los sac√≥ como conejos de su sombrero cordob√©s y de los doce mil existentes amnisti√≥ 36 mil . Los pocos reincidentes descarriados, √Āguilas Negras que nadie vio, Urabe√Īos de broma (Autodefensas Gaitanistas de Colombia, bien aclara Caballero (31)), si acaso, coincidieron en bandas criminales espont√°neas, con indulgencia denominadas BACRIM, a las que mortifica, aduce el establecimiento, el chiste de todo el peso de la ley. Aquel gobierno, incluso, mantuvo con desverg√ľenza la idea de que no hab√≠a conflicto. Y los informes, de Uribe a Santos, alegan que las guerrillas est√°n disminuidas, acabadas. Sin embargo, al tiempo, en contrasentido, no son suficientes las aumentadas prebendas de los oficiales. Ni el ya magn√°nimo fuero. Ni todas las exenciones. Y no basta el presupuesto duplicado.
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A los colombianos siempre han querido hacernos creer que el oneroso gasto en defensa sienta ‚Äúlas bases para la reconciliaci√≥n y la paz‚ÄĚ. Las bases gringas, tal vez. Como lo afirm√≥ alguna vez Juan Manuel Santos, entonces ministro de Defensa, la Seguridad Democr√°tica potencializ√≥ ‚Äúel desarrollo econ√≥mico y social de los √ļltimos a√Īos, y el de los a√Īos por venir‚ÄĚ (32). Un sarcasmo grande que llega a sostener que el alt√≠simo volumen de recursos utilizado para dotar y mantener en funcionamiento las instituciones armadas ‚Äútermina reflej√°ndose en una mayor satisfacci√≥n de las necesidades b√°sicas de la poblaci√≥n tales como educaci√≥n, salud y vivienda, entre otros y por lo tanto en un mayor bienestar social‚ÄĚ (33).
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En otras palabras, que quitarle presupuesto a la educaci√≥n, la salud, la vivienda y los rubros b√°sicos, y feriarlo en armamento y canonj√≠as para los militares, es lo indicado. As√≠, ‚Äúel bien p√ļblico‚ÄĚ de la seguridad reduce la pobreza y el desempleo, y, qui√©n lo duda, florecen la paz y la armon√≠a. Con raz√≥n estamos como estamos, inmersos en un mar de mentiras que embusteros expertos quieren hacernos creer que son piadosas.
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Apunta el escritor uruguayo Eduardo Galeano: ‚ÄúPeque√Īa muerte llaman en Francia a la culminaci√≥n del abrazo, que rompi√©ndonos nos junta y perdi√©ndonos nos encuentra y acab√°ndonos nos empieza. Peque√Īa muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si mat√°ndonos nos nace ‚Äú(34). Es la contradicci√≥n inadmisible que nos hacen tragar y de la que adem√°s debemos estar agradecidos. Y, sobre todo, callados.
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*Periodista y cineasta colombiano
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Notas:
1.¬† Garc√≠a M√°rquez, Gabriel. Obra Period√≠stica 2: Entre cachacos. ‚ÄúDe Corea a la realidad‚ÄĚ. Ed. Sudamericana. Buenos Aires, 1989. P√°g. 286.
2. Justs the Facts. A project of the Latin America Working Group Education Fund in cooperation with the Center for International Policy and the Washington Office on Latin America.  http://justf.org/
3. Carta de congresistas demócratas al presidente Obama. Lunes 28 de septiembre de 2009. Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo. http://www.colectivodeabogados.org/Mayor-participacion-militar)
4.  Google Documents. Wikileaks_Israelies in Colombia.  http://bit.ly/yBwvDU
5.¬† Obras de don Francisco Quevedo y Villegas. Tomo VII. ‚ÄúExequias √° una T√≥rtola, que se quejaba viuda, y despu√©s se hall√≥ muerta‚ÄĚ. Madrid, 1794. P√°g. 240.
6.¬† Deuda con la humanidad II. 23 a√Īos de falsos positivos (1988-2011).¬† Centro de Investigaci√≥n y Educaci√≥n Popular / Programa por la Paz, CINEP/PPP. Colombia, 2011.
7.¬† International Peace Observatory. La ONU denuncia ¬ęun patr√≥n de ejecuciones extrajudiciales¬Ľ y una impunidad del 98,5%.¬† http://bit.ly/hmiU5a
8.¬† Naciones Unidas, Asamblea General. Informe del Relator Especial sobre las ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Philip Alston. 31 de marzo de 2010.¬† http://www2.ohchr.org/english/bodies/hrcouncil/docs/14session/A.HRC.14.24.Add.2_en.pdf (documento original en ingl√©s) –¬† http://www.acnur.org/pais/docs/2791.pdf?view=1¬† (traducci√≥n al espa√Īol).
9.¬† Revista Semana. Cinep a Santos: ¬ęfalsos positivos no han dejado de ser un problema¬Ľ. 25 de marzo de 2010.¬† http://bit.ly/yhFBOH
10. Comunicado del CINEP/PPP ante afirmaci√≥n de Juan Manuel Santos. ‚ÄúFalsos positivos no han desaparecido‚ÄĚ. http://bit.ly/w2GTl7
11. El Tiempo. ‚ÄúFalta marco jur√≠dico para afrontar este conflicto pol√≠tico-militar‚ÄĚ. 16 de noviembre de 2011.¬† http://bit.ly/xEW6of
12.  El Espectador. Marco para la paz no beneficiará a guerrilleros secuestradores. 12 de diciembre de 2011. http://bit.ly/ypqhby
13. ‚ÄúPor medio del cual se deroga la Ley 1224 de 2008 y se dictan otras disposiciones‚ÄĚ [Defensor√≠a para los miembros de la Fuerza P√ļblica]‚ÄĚ. Radicaci√≥n: 23 de marzo de 2011.¬† http://bit.ly/xQYqVY
14.¬† Congreso de la Rep√ļblica. Proyecto de Acto Legislativo N¬į 07 de 2011 de Senado.¬† ‚ÄúPor medio del cual se reforman art√≠culos de la Constituci√≥n Pol√≠tica con relaci√≥n a la administraci√≥n de Justicia y se dictan otras disposiciones‚ÄĚ. http://www.mij.gov.co/Ministerio/Library/Resource/Documents/ProyectosAgendaLegistaliva/ReformaJusticia422.pdf
15. Idem.
16.¬† Coronel (r) del Ej√©rcito Bernardo Torres D√°vila, en el diario El Colombiano: ‚ÄúFuero militar, motor para subir moral a las tropas‚ÄĚ. Medell√≠n, 3 de noviembre de 2011.¬† http://bit.ly/yj6Cho
17.¬† Noticias UNO. Informe en Youtube: Desmovilizado testificar√° a favor del Teniente Ra√ļl Mu√Īoz. Subido: 15/10/2011.¬† http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=GKUq-DoZ2M4
18. DEMIL buscó anular hace un tiempo el convenio interinstitucional entre el Ministerio de Defensa y la Fiscalía, que facultaba a la Fiscalía para efectuar las primeras diligencias en el caso de las presuntas muertes en combate.
19. El Tiempo. Opinión. Laura Gil. http://bit.ly/ztIMEU
20. El Colombiano. Medellín, 3 de noviembre de 2011.  Artículo citado.
21.¬† La Directiva Permanente No. 208, del 20 de noviembre de 2008, imparti√≥ instrucciones particulares a las Fuerzas Militares para implementar las 15 Medidas.¬† Ver el documento: ‚ÄúAvances caso Soacha. Noviembre 2008 ‚Äď Abril 2010‚ÄĚ, en:¬† http://bit.ly/zIZsm9
22.  Ministerio de Defensa Nacional. Directivas Derechos Humanos. Directiva Permanente No. 10 de 2007. Reiteración de obligaciones para autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y evitar homicidios en persona protegida. Pág. 62.  http://web.presidencia.gov.co/especial/ddhh_2009/Directivas_ddhh.pdf
23.  Ministerio de Defensa. Directiva Permanente No. 19 de 2007. Complemento Directiva 10 de 2007. Reiteración obligaciones para autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y evitar homicidios en persona protegida.  http://www.mindefensa.gov.co/irj/go/km/docs/Mindefensa/Documentos/descargas/Documentos_Home2/dir_19_07.pdf
24.¬† Noticias UNO. ‚ÄúRa√ļl Carvajal denunci√≥ la presunta muerte de su hijo ante el presidente Santos‚ÄĚ. 14 de enero de 2012.¬† http://bit.ly/yUCjV2
25.¬† El Tiempo. ‚ÄúUn hombre dej√≥ el cad√°ver de su hijo en la Plaza de Bol√≠var de Bogot√°‚ÄĚ.¬† 20 de febrero de 2011.¬† http://bit.ly/em7s0R
26.¬†¬† ‚ÄúOperaci√≥n Jaque. Una jugada no tan maestra‚ÄĚ. Documental. Dir. Gonzalo Guill√©n. Prod. Teleamazonas.¬† http://www.youtube.com/watch?v=Fnlgq1-GpKo
27.¬† Revista Semana. Detalles de la ‘Operaci√≥n Camale√≥n’, la misi√≥n que rescat√≥ a los uniformados. 13 de junio de 2010. http://bit.ly/AcLNc9
28.¬† El Colombiano. ‚ÄúE.U. apoy√≥ operaci√≥n Camale√≥n‚ÄĚ. 17 de junio de 2010. http://bit.ly/wDgit9
29.¬† dhColombia. Red de Defensores No Institucionalizados. ‚ÄúCinco a√Īos de la Operaci√≥n Ori√≥n: No m√°s mentiras‚ÄĚ, documento de organizaciones de DDHH. 14 de octubre de 2007. http://bit.ly/wtmtmy
30.¬† Gasto en Defensa y Seguridad ‚Äď 1998 ‚Äď 2011. Imprenta Nacional de Colombia, 2009. Seg√ļn fuente:¬† Gasto Militar. SIPRI Yearbook 2008; Tasa de crecimiento del PIB: World Bank World Development Indicators. P√°g. 15.¬† Ver documento:
http://www.mindefensa.gov.co/irj/go/km/docs/Mindefensa/Documentos/descargas/estudios%20sectoriales/Serie%20Prospectiva/Gasto%20en%20defensa%20y%20Seguridad%201998-2011.pdf
31.¬† Antonio Caballero. ‚ÄúOtra vez la farsa‚ÄĚ. Revista Semana. 14 de enero de 2012. http://bit.ly/xBEFKt
32.¬† Documento citado:¬† Gasto en Defensa y Seguridad ‚Äď 1998 ‚Äď 2011. Presentaci√≥n del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.
33.  La mala puntuación es textual del documento original. Qué se va a hacer, así es.
34.  Galeano, Eduardo. El libro de los abrazos. Siglo XXI Editores РEdit. Catálogos, Bs. As. Primera edición, 1989. Pág. 71.

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