Nov 22 2004
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Economía

La lectura en el proceso educativo del niño

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Nuestro sistema educativo se encuentra ante un problema serio y creciente lo que puede medirse en relación con los bajos índices de lectura, los fracasos escolares, las dificultades de disciplina, el abandono de los estudios y la delincuencia infanto-juvenil.

Sabemos que lo señalado, para cada niño que entra en una de estas categorías, significa el comienzo del fracaso. No es fácil obtener estadísticas válidas sobre el número de párvulos que nunca han experimentado la emoción de una satisfacción intelectual en el camino que lleva al éxito escolar. Es un hecho innegable que se hallan alrededor de los 10 años de edad, han vuelto la espalda al desarrollo intelectual y social y rechazan a la sociedad y sus instituciones: cada año vemos aumentar el número de personas inadaptadas.

Los primeros años de escolaridad elemental (primaria o básica) son la mejor -y también a menudo la ultima- oportunidad para ofrecer a estos jóvenes una experiencia espontánea de logros -apoyados por las asociaciones que implican- antes de que alcancen la edad de la conciencia reflexiva. Si carecen de este hábito, se encontrarán propensos a sentirse derrotados -y a parecerlo- ante sí mismos tanto como ante los ojos de la colectividad.

Transformar, restablecer, reconstituir, son elementos que se encuentran a disposición de unos pocos, gracias a un círculo benevolente -que tal vez no sea tan hostil como algunos podrían juzgar-, pero que es bastante irracional al no ofrecer a todo niño y adolescente oportunidades apropiadas que le ayuden y habiliten cuando las probabilidades del triunfo son elevadas -y mientras la inversión financiera es todavía relativamente baja-.

En la actualidad no hacemos más que arañar la superficie con esfuerzos dispersos: un programa nuevo de lectura aquí; un boceto para expresiones artísticas allá; algún testes y diagnósticos en un colegio u otro; proyectos para la ejercitación perceptiva… Apenas ondas en el océano de un sistema educativo que no es ni el mejor ni el más sano para la mayor parte de nuestros alumnos.

Necesitamos una nueva concepción, desde los fundamentos, para una adecuada actitud profesional y racional, y también preguntarnos qué clase de escuela es psicológicamente adecuada para los chicos de hoy día.

Y aunque la política pone mano en la enseñanza, existe una gran diferencia entre hacer política y cumplir una función educativa. En política simplemente no podemos afirmar que exista un camino justo y otro errado, porque tenemos muy escasas posibilidades de conseguir para analizar observaciones controladas que puedan llevar a un entendimiento razonable. Pero en la instrucción sí tenemos la posibilidad de establecer -por lo menos- algunas pautas con la plena convicción que las respalda una metodología científica.

El dominio de la lectura y la escritura son habilidades de gran valor, altamente deseables. En los grados superiores son los principales medios a través de los cuales se imparte y se articula el conocimiento.

El lapso que se extiende de los cinco a los diez años de edad, corresponde a lo que Piaget denominó inteligencia operativa. Durante este periodo se vuelven accesibles para el niño los conceptos estables de espacio, tiempo, relaciones, combinaciones, clases; son precisamente estas ideas  generales las que constituyen la sustancia de la comprensión.

Aunque pensemos que el desarrollo de la inteligencia sucede espontáneamente, tenemos evidencia en el sentido de que puede ser facilitado o inhibido por el medio. La primera tarea de nuestras escuelas primarias debe ser, hoy, la de apuntalar los fundamentos del pensamiento sobre el que se basa todo aprendizaje particular.

Para lograrlo tanto los educadores como otras agrupaciones relacionadas con la enseñanza deben poseer -o adquirir- un mayor conocimiento del desarrollo natural de la mente infantil. Además, si la escolaridad primaria se propone aumentar y nutrir intencionalmente la capacidad del niño para pensar, no podrá considerar los resultados de la lectura y la escritura como un criterio inmediato de éxito.

En otras palabras, tomará conciencia del valor de la lectura -y de poder leer de una manera fácil- como lo hacen muchos niños que provienen de hogares donde ésta es una actividad cotidiana.

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