Sep 28 2004
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Opinión

La libertad de expresión en crisis: El caso chileno

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Agustín Edwards expandió su cadena El Mercurio con nuevos diarios locales y una red de 33 radioemisoras FM que cubren todo el territorio. A lo largo de 2004 aumentó a 19 el número de periódicos locales en ciudades densamente pobladas, además de los tres que posee en Santiago, todos confeccionados con papel fabricado por el grupo de Eliodoro Matte en la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), más conocida como La Papelera.

En el norte del país Edwards tiene ahora El Diario de Atacama publicado en Copiapó tras comprar El Atacama, que fue rediseñado y rebautizado. Además suma La Estrella de El Loa (Antofagasta), a más antiguos La Estrella de Arica, La Estrella de Iquique, El Mercurio de Antofagasta, El Mercurio de Calama, La Estrella del Norte (Antofagasta) y La Prensa de Tocopilla.

En Santiago publica dos diarios de circulación nacional, El Mercurio y Las Últimas Noticias, y el vespertino La Segunda, que se vende en toda la región central, donde imprime, además, La Estrella de Valparaíso, El Líder de San Antonio y El Mercurio de Valparaíso, el más antiguo de todos, fundado en 1828.

El abogado radical Eleodoro Salgado vendió en el centro-sur del país su diario El Renacer de Angol en unos 40 mil dólares, sumándosele otro nuevo periódico llamado El Renacer de Arauco, destinado a las localidades de Lota y Coronel, en la periferia de Concepción.

Más al sur, Edwards publica El Diario Austral de Temuco, El Diario Austral de Valdivia, El Diario Austral de Osorno, El Llanquihue de Puerto Montt y, desde junio, La Estrella de Chiloé con asiento en Castro, con cobertura y circulación para todo el archipiélago.

Todavía no tiene presencia entre Santiago y Concepción, una franja de 500 km densamente poblados con ciudades tan importantes como Chillán, Curicó y Talca, pero nada impide que Edwards compre o instale nuevos periódicos locales. Por ahora negocia la adquisición de Tribuna de Los Ángeles, en la región del Bío Bío, al sur de Concepción.

Periodismo de izquierda
fabricado por la derecha

El Mercurio aspira a que todos los chilenos,vivan en el lugar del país que sea, lean un solo diario, pero que ese diario sea producto de su empresa. Mientras tanto, Edwards tiene que vérselas con la competencia del grupo periodístico Copesa, de Álvaro Saieh, cuyo matutino La Tercera aspira a destronar a El Mercurio en las preferencias de los lectores más adinerados con el nuevo perfil de su diario estrella -nacido en los años 30 para respaldar al gobierno del Frente Popular que encabezó Pedro Aguirre Cerda-. El diario emergió bajo el nombre de La Hora, se transformó en La 3a de la Hora y terminó llamándose simplemente La Tercera, a secas.

Saieh se reparte con Edwards el mercado de periódicos de Chile, con productos del mismo sello ideológico en favor de la doctrina económica neoconservadora, la defensa de las “conquistas” de la dictadura militar de 17 años y el modelo de país que impulsa la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido de extrema derecha que heredó el legado “filosófico” de Pinochet.

En las páginas de los diarios de Saieh, al igual que en los de Edwards, no hay espacio para criticar el modelo económico que impera en la sociedad chilena, ni siquiera bajo una breve “carta al director”. Su diario La Cuarta, redactado en lenguaje vulgar, explota los crímenes que cometen los pobres y, últimamente, la vida íntima y las banalidades de los personajes de la farándula para disputar el mercado del edwardiano Las Últimas Noticias.

Todas las mañanas se ve gente apiñada en los kioscos, pero sería erróneo inferir que esos mirones de tapas están interesados en lo que antaño se definió como una “noticia”: sólo son aquellos más pobres que no pueden comprar los diarios pero vibran a la distancia con los vaivenes de alcobs de los “líderes de opinión” en que se han convertido modelos, futbolistas, animadores de “televisión basura” y hasta alguna prostituta que logró ingresar a la pantalla chica. La prensa basura se potencia con la tele-basura y viceversa.

Saieh ingresará ahora al negocio del periodismo de centro-izquierda que parece prometedor. Mediante una fusión con la revista Siete + 7, cuyos hilos de propiedad llevan al precandidato presidencial democristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Copesa proyecta iniciar en noviembre la publicación de un diario con el mismo nombre. El diario Siete + 7 estará orientado a los lectores progresistas de la revista que dirige Mónica González y a los sectores que sustentan al gobierno de la Concertación por la Democracia, la alianza gobernante de socialistas, Partido por la Democracia (PPD), demócrata cristianos, radicales y sectores independientes. Al fin de cuentas ése es un “mercado que no tiene qué leer”, dicen los allegados al proyecto. Negocios son negocios.

La idea de una empresa con dos caras, como el dios Jano, no es inédita. En Venezuela, la cadena Capriles posee un matutino -“Últimas Noticias”- que no es izquierdista pero por lo menos no miente, y por la tarde un vespertino –El Mundo– rabiosamente anti gubernamental, anti-chavista y pro Bush.

Hacia un nuevo periodista

El Mercurio concreta, entretanto, el concepto de un nuevo profesional de los medios que llama “periodista multimedia”, junto con una reorganización administrativa de los diarios filiales de todo el país que la empresa llama Plan Águila. Consiste en refundir tres gerencias regionales en una sola administración central, para alcanzar la meta óptima de despedir a la mitad del personal; todo esto sin tocar, por el momento, a los tres diarios de Santiago.

El futuro periodista multimedia está siendo dotado de cámara digital para que tome también fotografías. Escribirá, además, su nota para el diario local, enviará un texto a El Mercurio principal si el tema lo amerita y despachará por lo menos 3 veces al día a la cadena de radio Digital FM, la próxima variante mercurial que cobrará 65 dólares -40.000 pesos chilenos- por el aviso más barato -emitido una sola vez-. Por todo el recargo de trabajo, el periodista multimedia no recibirá un centavo más o en el mejor de los casos, un bono mensual de 12 dólares ($7.000) en algunas localidades. Los fotógrafos que quedarán desempleados podrán dedicarse a transportar personal del diario local si aceptan recibir un vehículo como pago por el despido.

La operación de radios y diarios locales estará a cargo de una nueva figura jurídica, algo así como “Diarios Regionales de El Mercurio”. A través de su Fundación Paz Ciudadana, Edwards influye las políticas de seguridad ciudadana que diseña el gobierno. Así resulta coherente que sus periodistas-jefes de regiones tengan órdenes de privilegiar la sangre en las portadas y en las noticias radiales. Nadie debe dudar de que la delincuencia es la fuente de todos los males -por culpa del gobierno, claro-, tal como Bush lo logró en EE.UU. con el “terrorismo”.

Los trabajadores del diario fueron tomados desprevenidos por los cambios que están ejecutándose en la empresa. Así y todo algunos sindicatos están empeñados en constituir una Federación de Trabajadores de El Mercurio.

Totalitarismo periodístico

Por lo menos la mitad del país “no tiene quien le escriba”. El golpe de 1973 -en el que Edwards tuvo decisiva participación, al comprometer en Washington la intervención de Nixon y Kissinger- destruyó la prensa liberal y de izquierda, además de todas las conquistas populares culturales, sociales, políticas y sindicales alcanzadas a través del siglo XX.

La dictadura de 17 años quiso extirpar para siempre las ideas progresistas en la sociedad chilena. Los militares y civiles en el poder creyeron terminar para siempre con las ideologías por un mundo mejor mediante la eliminación física de las personas que encarnaron esas ideas. Pretendieron refundar la sociedad e imponer a la fuerza el capitalismo salvaje y neoconservador que hoy impera urbi et orbe.

El “modelo neoliberal” jibarizó al Estado, destruyó los resabios del capitalismo más humanizado que emergió después de la segunda guerra mundial y dictó nuevas normas jurídicas de apariencia no reguladora, que al fin de cuentas regularon un modelo de sociedad entregado a “la mano invisible del mercado”, con bajos salarios, escasa organización sindical, privatización de los servicios médicos y del sistema de pensiones, eliminación de la responsabilidad del Estado en la educación, la vivienda, etcétera.

Pero no toda la ciudadanía comulgan con el legado de la dictadura que hoy administran con “éxito” los civiles que relevaron a los militares en 1990. La sociedad se ha polarizadaen dos bandos: en términos generales, a más de la mitad del país le gustaría vivir en una sociedad más democrática, parecida a la que destruyó la dictadura, en tanto la otra cuasi mitad preferiría un régimen abiertamente de derecha, sin los matices tan sanguinarios de los 17 años de Pinochet. Sin embargo, la mitad más democrática no tiene cómo ni dónde expresarse, aunque se trata de la misma gente que luchó contra el régimen depredador, que voto no a la dictadura en el referéndum de 1988 y que eligió a Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos en 15 años de transición a la democracia.

Para expulsar a la dictadura, la mitad más democrática fue capaz de sostener dos periódicos que aparecían cada santo día, Fortín Mapocho y La Época, y numerosas revistas, entre otras Análisis, Hoy, Cauce y unas cuantas más. Antes de 1973 hubo una prensa progresista, que se desarrolló desde la década del 20. Y en los últimos años de la dictadura renació una prensa de signo popular y progresista, que fue desmantelada después por sus propios animadores. Si en el ocaso del régimen de Pinochet hubo de nuevo libertades de expresión, de información, de opinión y de prensa, la pregunta obvia, entonces, es ¿por qué hoy no existen en Chile medios de comunicación progresistas?

¿Libertad de prensa o libertad de mercado?

Pareciera que las cúpulas políticas de la Concertación de Partidos por la Democracia -cuando acordaron con los militares una transición más o menos pacífica a un período de democracia formal- pactaron la desaparición de su propia prensa y la desmovilización de la lucha social que les dio fuerza para llegar mejor armados a la mesa de negociación. Los líderes demócrata cristianos y socialistas probablemente razonaron de esta manera: “Si vamos a administrar el modelo neoliberal, dejemos que sean sus dueños quienes lo defiendan con sus propios medios de comunicación. No malgastemos nuestro dinero”.

El gobierno de la Concertación tiene un diario, La Nación, que pertenece al Estado desde que la dictadura del general Carlos Ibáñez se lo quitó a Eleodoro Yánez, su propietario a fines de los años 20. Pero es como si no tuviera ninguno. Acaba de echar a su director Alberto Luengo por presiones de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido pinochetista.

Pero la unanimidad -casi totalitaria- del duopolio de diarios de El Mercurio -de Edwards- y La Tercera -de Saieh-, y de todos los medios “realmente existentes”, en favor del modelo no le “chorrean” automáticamente al gobierno. Al contrario, atacan, tergiversan y mienten sobre iniciativas como el indulto presidencial a decenas de delincuentes de poca monta, que cumplieron sus penas corporales, pero no pagaron las multas que acompañaron a las condenas (teóricamente en Chile no existe la prisión por deudas, que tampoco está sustentada en el ordenamiento jurídico internacional que imponen los tratados internacionales; pero al condonar las multas e indultar a los delincuentes que cumplieron su condena, el gobierno de Ricardo Lagos no tiene dónde defenderse y explicar que no está “perdonando a narcotraficantes”, porque la mayoría de los indultados cometieron delitos relacionados con drogas).

El mismo Lagos es un “producto mediático”, porque se hizo conocido cuando apuntó con el índice al dictador Pinochet por las pantallas de TV, en 1988. Y Chile ya es uno de los países que tiene más cárceles y habitantes presos respecto a su población, financiado todo con los impuestos que los ricos evaden y las transnacionales del cobre no pagan.

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* Periodista y escritor. Consejero del Colegio Nacional de Periodistas de Chile.

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