Jun 5 2016
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Cultura

La monumental investigaci贸n sobre Jos茅 Artigas, de Eduardo Nocera

El historiador, periodista y docente public贸 Qui茅n es Artigas, un trabajo que le llev贸 a帽os de viajes y entrevistas en busca de cartas, objetos y testimonios orales. Nocera sostiene que el pr贸cer buscaba 鈥渕谩s que independencia, la uni贸n entre los pueblos鈥. 鈥淪oy el autor de un libro escrito por miles de voces鈥, sostiene.

Dice tener unas siete mil fotos. Pero apenas mirando un pu帽ado se lo puede imaginar desandando el largo camino que emprendi贸 para seguir las huellas de Jos茅 Gervasio Artigas. A Eduardo Nocera se lo ve en la Plaza Constituci贸n de Trinidad (departamento de Flores, Uruguay), delante de una escultura del caudillo federal hecha por Juan Blanes. Tambi茅n en dos solares: el Artigas, de Curuguaty, Paraguay, donde el pr贸cer vivi贸 veinticinco a帽os y el de la escuela Artigas ubicada en Ibiray (hoy Asunci贸n) donde atraves贸 sus 煤ltimos d铆as, y a煤n mantiene su 谩rbol: el Ibirapit谩.

Nocera est谩 tambi茅n al lado del monumento ecuestre m谩s grande del mundo erigido en Minas (el de Artigas y su caballo), y en la meseta de Paysand煤. Igual, ni por asomo alcanzar铆an estas l铆neas para enumerar los sitios por donde anduvo este historiador, periodista y docente que escribi贸 un libro en dos tomos de seiscientas p谩ginas cada uno (Qui茅n es Artigas), publicado por el Instituto Superior Arturo Jauretche, cuyo fin es el de seguir los pasos de este pionero de las luchas emancipatorias, en sus trazos finos y profundos. Se tom贸 seis a帽os, treinta viajes y quinientas entrevistas para poner la lupa en esos recodos espaciales, sociales y humanos que la historia habitualmente deja de lado

Puntualmente en caser铆os, villas, pulper铆as, pueblitos del vasto litoral, donde a煤n persisten diversas fuentes a las que casi ning煤n historiador 鈥搉i revisionista, ni marxista, ni liberal鈥 recurre habitualmente: testimonios orales, investigadores pueblerinos y autodidactas, paisanos que persiguen rastros, gente que conserva cartas, objetos, documentos y descendientes directos del protector de los pueblos libres. 鈥淪oy el autor de un libro escrito por miles de voces porque, por ejemplo, conviv铆 con choznos de Artigas, que est谩n vivos, tienen alrededor de 70 a帽os y son parte de la quinta generaci贸n de descendientes. Ellos, como tantos otros, tambi茅n 鈥榚scribieron鈥 este libro. Recorr铆 todo, porque ten铆a la necesidad de respirar el paisaje, la geograf铆a viva de los confines artiguistas, para entender al Artigas hombre, a trav茅s de personas que cuidan su legado鈥, refrenda el historiador sobre algo que denotan tanto las fotos como las m谩s de mil doscientas p谩ginas de un libro al que, dada su original y obligada forma de escritura, cuesta acceder de entrada.

Dicho de otro modo, al plantear un doble cruce entre pasado y presente, y tiempo y espacio, Nocera pr谩cticamente tuvo que 鈥渋nventar鈥 un estilo, una forma de escribir, a la que el lector se va aclimatando con el correr de las hojas. 鈥淢e pareci贸 que para aprender al artiguismo, un fen贸meno social tan complejo y lleno de aristas, me tuve que hacer de varias estrategias de escritura鈥, admite 茅l, acerca de un trabajo que pone en escena m煤ltiples interpretaciones, desde los propios territorios artiguistas. 鈥淟o que hice fue dar a conocer voces pueblerinas, locales, que interact煤an en un mosaico que arroja un significado del artiguismo, desde el siglo XXI. Una aut茅ntica puesta en valor de la formulaci贸n principal del artiguismo, que es el de la igualdad y la uni贸n entre las provincias. Lo quise pensar desde hoy, incorporar todas esas voces y experimentar f铆sicamente la imagen fort铆sima de esos solares, terrenos, r铆os, arroyos y montes que lo alimentaron, y le dieron ese sino tan particular鈥 el movimiento popular artiguista est谩 concentrado en una escenograf铆a que no tiene parang贸n por fuera de su extensi贸n鈥, refiere Nocera quien, tras la edici贸n del libro, sigue publicando art铆culos sobre el tema y viajando por las rutas artiguistas para dar charlas y conferencias. Y escuchar tambi茅n.uru artigas

鈥揘o hay demasiados antecedentes, tal vez no haya ninguno, de historiadores que enlacen lo geogr谩fico con la historia, el devenir con el presente, recorriendo lugar por lugar, durante seis a帽os. 驴O s铆? 驴Tom贸 alg煤n trabajo anterior como referencia?
鈥揅reo que no, y me sent铆 un viajero perspicaz y apasionado. Sent铆 una pasi贸n muy fuerte, cuya emoci贸n me llev贸 a volar de fiebre en el 煤ltimo viaje a Soriano. Todo mezclado con el estudioso disciplinado. Una doble tarea a la que no s茅 si alguien se atreve鈥 por suerte cont茅 con mucha ayuda y en especial la de gente como Hugo Chumbita, que prolog贸 el tomo I; Ernesto Jauretche el II; Cristina Zitarrosa, la hermana de Alfredo, que me daba vouchers para viajar con descuento en micros, o el embajador argentino en Paraguay, que me dej贸 vivir en la Embajada durante un mes. Incluso, llegu茅 a dormir en el auto.

鈥撀緾u谩l fue su principal inter茅s para involucrarse en semejante marat贸n hist贸rico / geogr谩fica?
鈥揘o fue un capricho. Fue aportar una herramienta para mantener vigente la aspiraci贸n por la justicia social y la libertad de los pueblos que est谩 pendiente, y subyace en el imaginario de los pueblos. En este sentido, vale mucho aprender el artiguismo como movimiento emancipatorio, como una revoluci贸n social y regional fracasada pero no perdida, porque intent贸 ser la alternativa a una revoluci贸n pol铆tica apropiada por una casta. Y para hurgar ah铆, lo primero que hab铆a que hacer, s铆, era estudiar mucho las corrientes historiogr谩ficas argentinas, uruguayas, de R铆o Grande do Sul y tambi茅n del Paraguay, pero despu茅s abandonar la comodidad del escritorio y pensar que, incluso desde el revisionismo, los grandes maestros a quienes por supuesto rindo tributo, han construido un discurso alternativo a la historia liberal y mitrista, que tal vez arroj贸 una nueva versi贸n del artiguismo, pero enfocando al federalismo parcialmente desde Buenos Aires.

Quiero decir que, tal vez por el tiempo en que produjeron, no hab铆an podido abrazar las interpretaciones de historiadores provincianos, que tienen estudios acabados, sobre algunos aspectos muy precisos del artiguismo. Personas que se han ocupado de estudiar, por ejemplo, el desarrollo de una batalla en particular como la de Tacuaremb贸. O el Congreso de Arroyo de la China, del 29 de junio de 1815. O su derrotero final, perseguido por las huestes de Ram铆rez y Mansilla, tras el Tratado de Pilar鈥 aspectos que, desde las provincias, arrojan otra luz, otro significado, dado que tales historiograf铆as son legatarias de la tradici贸n federalista y emancipatoria que esas provincias abrazaron en contra de la prepotencia porte帽a y directorial.

鈥揕o que se llama un abrir el campo a otras miradas. O recalcar en el cambio del estado de la cuesti贸n.
鈥揝铆, porque no parten de los conceptos b谩sicos de oposici贸n al edificio que armaron Mitre o Sarmiento 鈥搎ue lo identificaban con la barbarie, como a tantos caudillos鈥 sino que est谩n ocupadas por el h谩bitat, la memoria colectiva, la identidad, y que tienen un respeto importante por sus propias instituciones provinciales, y por el propio derrotero de las ideas artiguistas en las historias locales. Entonces, esas historiograf铆as de C贸rdoba, Santa Fe, Tacuaremb贸, Asunci贸n, Entre R铆os, o Corrientes, necesitaban ser revisadas e incorporadas con total respeto, por la diversidad de interpretaciones serias, que tiene un basamento historiogr谩fico de fuerte anclaje en relatos orales de los habitantes de esos territorios, para quienes Artigas no es un pr贸cer inmaculado sino que, en muchos aspectos, resulta un familiar, un compa帽ero, alguien que luch贸 por lo mismo que ellos y por lo que siguen luchando hasta hoy. Y esto, si se trabaja solo desde las lecturas, es como realizar una operaci贸n incompleta. Por eso me acerqu茅 al suelo donde vivieron los indios, los negros, los criollos pobres que lo segu铆an. Y al espacio de los r铆os y los puertos, a la democracia plebeya que persiste hasta hoy como bandera de lucha en muchas sociedades de las provincias del litoral. Y tambi茅n en Paraguay, en Uruguay, y en R铆o Grande do Sul. Incluso, para muchas provincias, el revisionismo no fue suficientemente fino como para reconocer las variables del proceso artiguista, porque se las tuvo que ver con Rosas, que es una imagen muy fuerte para esa corriente.

鈥揗uchos historiadores revisionistas adhieren a la l铆nea Artigas-Rosas, cuando se habla del federalismo decimon贸nico…
鈥換ue en alg煤n punto existe, pero hay otros que recalan en la l铆nea Artigas-Urquiza, incluso en la l铆nea Artigas-Ferr茅, aunque Ferr茅 nunca admiti贸 un artiguismo expresamente. Sin embargo, aparece como un federal doctrinario y autonomista, que pone coto al pacto federal, cuando no se incorpora el tema de la navegaci贸n de los r铆os y el proteccionismo. Todo esto hab铆a que revisarlo. Hab铆a que ir a los lugares, a los museos, a las bibliotecas de los propios pueblos, y abrir bien o铆dos y ojos, para poder ensamblar un relato que requer铆a, como dec铆a antes, cierta originalidad porque la tem谩tica era el artiguismo que es original de por s铆. No es un repetidor de recetas aprendidas de la ilustraci贸n, sino un movimiento rural, revolucionario y emancipador, surgido de las propias entra帽as de la campa帽a oriental, que formaba parte de las provincias unidas. Entonces, la pregunta es: 驴c贸mo comprender todo ese protectorado desde los compartimentos estancos de la historiograf铆a de cada Estado Naci贸n posterior? Se intent贸, s铆, pero ya no se puede cortar y pegar el trabajo de esos libros.

鈥揟铆pico y 鈥揷asi鈥 inevitable, cambi贸 el paradigma鈥
鈥揅laro, entonces pens茅 que la cosa deb铆a pasar por internarse, desnudarse por completo frente al artiguismo, y con modestia pero a su vez con una gran avidez por aprender de verdad la regi贸n, someterse a su derrotero, persiguiendo sus huellas para arrojar luz sobre algo urgente, porque los problemas que el artiguismo se plante贸 hace doscientos a帽os, en buena medida siguen sin resolverse, desde el punto de vista de la integraci贸n, de la navegaci贸n de los r铆os. O de afrontar algunas determinaciones demasiado centralistas. Tambi茅n plante茅 el tema del Artigas republicano y existencialista.

uru artigas1鈥撀縎e puede ver en la figura de Artigas, entonces, una simbiosis entre las ideas emancipatorias y radicalizadas del ala jacobina de mayo, con el criollismo, o el hispanismo popular y antiliberal que precisamente la resiste?, 驴ve en Artigas un cruzado de ambas tradiciones pol铆ticas, como en ciertos aspectos fue Dorrego?
鈥揝e puede entender desde el respeto a las comunidades, que viene de la Edad Media, y tambi茅n a los ayuntamientos. 驴Por qu茅 voy ah铆?… porque sabemos que la cuesti贸n de la libertad e igualdad individual estuvo en las bocas de Castelli, Moreno y Monteagudo 驴no? Ahora, el tema de la igualdad de los pueblos no estaba formulado debidamente por ellos, mientras que Artigas brega por la libertad e igualdad de los pueblos, los expresa. Y hay dos maneras de ver esto: una es que los pueblos artiguistas eran campesinos y, por ende, no eran cosmopolitas como Buenos Aires y Montevideo鈥 por tanto, ten铆an la cultura hispana mucho m谩s arraigada. Incluso Artigas recorre la Banda Oriental junto a F茅lix de Azara y funda pueblos, que son como los ayuntamientos espa帽oles. Pareciese que responde a una tradici贸n hispana y, al mismo tiempo, a una especie de pragmatismo que no puede negar la importancia de las sociedades como pueblos con caracter铆sticas, ideas, identidades, propuestas y necesidades propias. Y esos pueblos, que son portadores de una identidad amasada durante trescientos a帽os por identidades que se entrecruzan en el marco del aparato colonial, merecen tener voz en el cambio de reglas que va a surgir a partir de la revoluci贸n. Artigas, adem谩s, es nieto de aragon茅s que no puede tener una educaci贸n distinta a las reglas que reg铆an la convivencia en el R铆o de la Plata 鈥揺s educado por franciscanos鈥 y que tienen que ver con la idea de asamblea, del voto cuasi corporativo.

鈥換ue no tiene que ver con la tradici贸n corporativa que tomaron los reg铆menes fascistas del siglo XX鈥
鈥揚ara nada. Hay que tener cuidado con esas visiones esquematizadas. El corporativismo artiguista, que viene del medioevo, pide que los pueblos se expidan en tanto pueblos, algo que no estaba en las l铆neas de pensamiento montevideanas y porte帽as, porque en Buenos Aires lo que surge despu茅s de los fuegos iniciales de Moreno y Castelli es una burgues铆a portuaria aliada a terratenientes, que somete a las provincias como si fuese la nueva Espa帽a.

鈥揙 la nueva Inglaterra, u otra nueva Inglaterra.
鈥揙 la nueva Roma (risas). Lo cierto es que Artigas busca, m谩s que independencia, uni贸n entre los pueblos que son la expresi贸n que 茅l requiere, porque en ellos conf铆a. Su idea es la de la soberan铆a particular de los pueblos. Pueblos libres de Buenos Aires, de Montevideo, del Imperio espa帽ol y del portugu茅s, y de la injerencia brit谩nica y elitista. En este sentido, el proyecto tiene su sustento en las poblaciones que asumen los nuevos tiempos. Los pueblos unidos, y no los hombres individuales, son los que van a trastocar la historia del sometimiento. Eso yo lo intu铆a, pero no lo ten铆a tan claro, lo empec茅 a ver muy bien cuando fui a Tacuaremb贸, a Las Piedras, a Guarambar茅, a Negrete, a Curuguaty鈥 驴por qu茅 tomaron la receta artiguista estos pueblos?, 驴qu茅 fue lo que formul贸 茅ste hombre?: la uni贸n. Los pueblos unidos que van a Tres Cruces y producen las asambleas que dan lugar a las instrucciones.

Ese respeto por los pueblos es lo que las provincias observan con los ojos bien abiertos para lograr la autarqu铆a econ贸mica, y las autoridades propias. No solo se trata de soberan铆a popular, como pudo sostener Moreno en su plan de Operaciones (Nocera investig贸 sobre el mismo en un ensayo llamado El plan de operaciones en marcha, m谩s all谩 de Mariano Moreno), sino la soberan铆a particular de los pueblos, que no son todos iguales鈥 no es lo mismo un pueblo a orillas del Paran谩 que un pueblo mediterr谩neo. Y eran esas las necesidades particulares que comprend铆a el artiguismo. Era primero la uni贸n y despu茅s la independencia de la regi贸n, porque Artigas tentaba permanentemente al Paraguay y a parte de R铆o Grande do Sul, para que se integren a ese proyecto de

Artigas y Bol铆var

Artigas y Bol铆var

confederaci贸n que adem谩s es revolucionario porque incorpora indios, negros, zambos y viudas, a quienes les otorga tierras. Ese contenido social del artiguismo es un momento 煤nico, un rayo fulminante, porque la tierra hay que d谩rsela a los que pusieron el cuerpo y se jugaron la vida en las guerras revolucionarias 驴no?, con un plus, que es un llamamiento a la productividad de la provincia oriental, porque hab铆a que producir para repartir.

鈥揧 que no pasara 鈥搒alvando las diferencias epocales鈥 lo que luego pasar铆a con la reforma agraria que se hizo en Bolivia en 1953, y que termin贸 fracasando precisamente porque no provoc贸 una productividad redistribuidora, sino una autosubsistencia cerrada de los pueblos favorecidos por ella.
鈥揈sto lo abordo en el tomo I, s铆. Artigas lo ve铆a en su idea de Rep煤blica igualitaria, de justicia social permanente conducida por los pueblos libres. El problema es que, en cierto sentido, perdi贸.

鈥揙 que gan贸 en las formas, tal vez, porque las constituciones de la regi贸n hablan de federalismo, pero perdi贸 en el contenido, porque la idea que termin贸 prevaleciendo, en lo concreto, fue la del centralismo heredero de los unitarios. El famoso Dios est谩 en todos lados, pero atiende en Buenos Aires, o en Montevideo, o en San Pablo…
鈥(Risas) No se puede negar que existe un centralismo cultural y econ贸mico, cuando Artigas nunca piensa en esos t茅rminos. Nunca piensa a Montevideo o Buenos Aires como capitales de la confederaci贸n. Ah铆 est谩 el gran nudo.

*Publicado en P谩gina12 de Argentina

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