Mar 30 2007
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Sociedad

LA MUJER DEL CÓDIGO CHÁVEZ

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Eva Golinger Calderón dice que fue la curiosidad la que la llevó un día impreciso entre finales de 2002 y principios de 2003 a asistir a una marcha frente al Consulado de Venezuela en Manhattan. Eran los aciagos momentos del paro que marcó el punto máximo de la confrontación entre el gobierno de Hugo Chávez y sus opositores. “Allí conocí a personas que apoyaban al gobierno”, dice. Se queda corta: declaró a una cadena de noticias, habló de derechos humanos y de la Constitución bolivariana. “El vídeo fue transmitido en Venezuela”, apunta.

Apenas dos años después esta abogado de 32 años –los cumplió el 19 de febrero pasado-, nacida en una base aérea en Virginia, Estados Unidos, con familia materna venezolana, y sin pasado conocido que la vinculara con la revolución bolivariana, es “la novia de Venezuela”, título concedido por el propio comandante Hugo Chávez Frías. fotoAcaba de editar y bautizar frente a la plana mayor del oficialismo el libro El Código Chávez, en el que publica documentos desclasificados de los departamentos de Estado y de Defensa de Estados Unidos que “testimonian cómo ejecutaron planes de intervención, subversión y propaganda sucia” para aislar al gobierno venezolano.

Pero, ¿qué pasó, entre ese inicio de 2003, que ella califica de desalentador, y este 2005 que la encuentra asociada a la cúpula chavista? Golinger lo cuenta sin rubor alguno. Interesada por el proceso, decidió venir a Caracas para el Primer Encuentro Mundial en Solidaridad con la Revolución, que dio pasó a otra actividad similar en Nueva York, en marzo del 2003. El embajador Bernardo Álvarez y el hoy ministro Andrés Izarra “habían visto declaraciones mías, y se me acercaron y conversamos. Ellos fueron mis primeros contactos”.

Izarra le pidió que colaborará como asesora legal para lo que se llamó Oficina de Información de Venezuela en Washington (en lo sucesivo VIO) oficina de propaganda creada para contrarrestar las opiniones desfavorables al gobierno de Chávez. Eva Golinger se convirtió así en su asesora remunerada. “Es lo único por lo cual he recibido dinero”, aclara con rapidez.

Para su investigación, que le ha dado tanta fama en los medios oficiales, Golinger contactó los servicios del periodista norteamericano Jeremy Bewuay, un experto en hacer solicitudes a través de la Ley de Acceso a la Información (Freedom Information Act ). “Él conoce bien los distintos departamentos y las personas que allí trabajan, de manera que lo contraté para que me ayudara con los trámites, pues yo no tengo tiempo. Las primeras solicitudes fueron enviadas entre octubre y noviembre del 2003.

Niega que alguien haya financiado la investigación. “La hice de corazón, jamás pensé que podría ser tan valiosa. Estábamos en vísperas del referéndum revocatorio y sabía que debía dar a conocer lo que había conseguido; por esto lo publiqué en una página web hecha por mí y luego lo envié a la embajada”.

En abril de 2004, viaja a Caracas con la intención de hablar directamente con Chávez y explicarle de qué se trata su investigación. Intentó colarse entre los periodistas que cubrirían Aló Presidente el 12 de abril, pero no contaba con la acreditación necesaria. “Expliqué cuáles eran mis intenciones y esperé algunas horas hasta que recibí una llamada de la Casa Militar , en la que me informaron que el Presidente me solicitaba para su programa”.

El 13 de abril fue llevada al aeropuerto y me trasladaron al terminal presidencial, “ocupando un asiento reservado con el rótulo: ‘Dra. Golinger’, entonces supe que viajaría con él”. Fue su primer encuentro con el presidente. “Hablamos como 20 minutos, le conté de la National Endowment for Democracy, cómo funciona y qué grupos financia, le mostré los documentos; él sabía que eso estaba pasando, pero no esperaba tanto”.

Ella confiesa que se sintió sorprendida cuando Chávez le dijo, con el programa en vivo, que hiciera la denuncia. “No me lo esperaba”. Tampoco esperaba cambiar de residencia tan abruptamente. Golinger se estaba quedando en El Valle, en casa de unos amigos, y hasta allí fueron a buscarla para trasladarla al Hilton, donde ahora reside.

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La heroína del norte

Eva y Jonathan Golinger son los únicos hijos del matrimonio de Ronald Golinger, un médico cirujano y siquiatra, con Elizabeth Calderón, abogado. El varón es un asesor de campañas políticas residenciado en San Francisco. Eva tiene su casa en Long Island, a una hora de Manhattan. Las raíces venezolanas provienen de Francisco Calderón, quien habría sido asesinado durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, lo que produjo el traslado de la familia a Estados Unidos.

Golinger tuvo una niñez y juventud movida. Vivió en siete estados. La secundaria la realizó en el Wáshington Duke Ellington, escuela para las artes. Se destacó, recuerda, como una alumna sobresaliente, siempre estaba en cursos avanzados. “Sonará arrogante, pero la dificultad era que todo me aburría, pues resultaba muy sencillo”, comenta. Ingresó a la Universidad Sarah Lowrence Colleg, ubicada a las afueras de Nueva York, y se matriculó para la carrera de Artes Liberales (una combinación de política, derecho, humanidades y literatura) de donde egresó como licenciada en 1994.

En esa época se ganaba la vida trabajando en bufetes de inmigración, haciendo campañas políticas para Greenpeace –la organización dedicada a la protección ambiental–, y en determinados momentos de su juventud tocaba guitarra y cantaba en las calles neoyorquinas a cambio de unas monedas que representaban un buen dinero para ella. “Desde pequeña, me gustó cantar”, acota sonriente.

La curiosidad por conocer sus orígenes la trajo a Venezuela en 1993 en busca de la familia de su madre Elizabeth Calderón, pero “familias con el apellido Calderón hay miles”. En un principio vivió en una casa de familia en Mérida por dos meses, luego se mudó a una posada en donde “colaboraba con lo que pudiese” y en paralelo daba clases de extensión en la Universidad de los Andes. Viajaba constantemente a EEUU para trabajar períodos de seis meses y tener como costear sus gastos.

La experiencia en busca de sus raíces duró cinco años, en los cuales formó una banda llamada “Color Hormiga” (1996) que tocaban música compuesta por el grupo. “Era una fusión de rock Latino, jazz, blues y música venezolana”, apunta Golinger. Durante casi tres años actuaron en diversos lugares de Mérida.

En 1998 regresó a Estados Unidos pero no lo hizo sola: convenció a los integrantes de su banda, sacó las visas para el grupo y todos se instalaron en Nueva York. “Todos vivíamos en mi apartamento, les costó mucho acostumbrase y no ganaban suficiente para vivir bien”, dice ella. El grupo se acabó y todos los integrantes menos la pareja formada por Golinger y Gustavo Moncada.

Ella pudo después terminar su especialización en Derecho Internacional, abrió su propio bufete y se dedicó a tramitar visas y residencias para artistas. “Tengo casi dos décadas trabajando en el área de inmigración, mi mamá también es abogada y con ella aprendí este trabajo”. Mal no les debió ir porque entre sus clientes más célebres cita a Paulina Rubio, Diego Torres, Manu Chao, Aterciopelados, Fabulosos Cadilacs, Gustavo Cerati, La Ley y Los Amigos Invisibles.

Sin dejar ese mundo del espectáculo, Golinger opera hoy desde Venezuela en el escenario de la política y afirma que nunca le han ofrecido un cargo en el gobierno y que en caso que lo hagan no lo aceptaría. “Funciono mejor sola”, confiesa. Y no hay porque dudarlo.

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* Periodista. Publicada enTal Cual digital

(La versión original de la entrevista se encuentra aquí).

Las fotografías de la señorita Golinger son de Ilich Otero.

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