Abr 28 2015
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CulturaParticipación ciudadana

La nefasta estrategia del Estado colombiano contra la educación

Esta es y ha sido una estrategia de Estado: Golpear al sector educativo para generar distancias salariales con otras profesiones mermando cada vez más el presupuesto para la educación mientras la guerra o la defensa se lleva el mayor porcentaje, amén de lo que se roban los dirigentes de la clase política corrupta.
Cerrando a la clase media el acceso a otras profesiones dejando que cualquiera universidad de garaje escupa docentes por doquier sin calidad y en cantidad.
De su propio peculio los docentes van subiendo en el escalafón, pero solamente después de 20 años de servicio, alcanzan un salario de dignidad. El Estado demuestra así que le tiene miedo a un pueblo educado por eso lo destierra al mundo de las tinieblas y a la pérdida de unidad, organización y lucha, negándole el bienestar y la paz con justicia social.
Los sindicatos saben esto y desgraciadamente sus directivos y no las bases, desdeñan de la lucha organizada por la defensa de la educación popular, por ésta que parece, es la esencia para procesos de verdadera liberación nacional.
Es hora de comenzar, lo que no quiere decir, que lo hecho hasta ahora en materia de reivindicaciones no haya tenido importancia. Hay que dar prioridad a la defensa de un derecho fundamental como la educación que junto a la salud y los Derechos Humanos deben ser puntales de lucha y no de coyunturales peleas y oportunismos electorales.
Se trata de comparar quién o quiénes ingresan en las facultades de educación en universidades públicas y de garaje. Lo voy a decir a riesgo de que me caigan rayos y centellas. Lo había planteado ya en el seno del sindicato, lo que a decir verdad causó más de una bronca.
Es política del Estado cerrar la puerta a los pobres en Colombia para el acceso a estudios distintos a la mal entendida tarea de ser maestro, pedagogo, instructor o guía, estableciendo costos inalcanzables en las matriculas para ser médico, abogado, arquitecto, ingeniero, con todas sus especialidades.
Es común oir decir a los noveles estudiantes que han tenido que ingresar a las facultades de educación, para profesores en general de biología, matemáticas, geografía, historia, literatura, etc., por no haber podido pasar las “difíciles pruebas” en otras profesiones y especialmente, por los costos que sus padres no pueden sufragar.
Lo mismo que pasa con las facultades de educación, las más baratas del país, ocurre con la sicología. Debería ser la educación gratuita y de calidad como dice la constitución nacional. Todo hijo de pobre o es un profesor o termina de sicólogo, pero no precisamente como consecuencia de su falta de preparación y ambición profesional, sino porque el Estado tiene la estrategia de abrirles el paso en esos programas de educación superior para someterlos después al oprobio, a la mendicidad, a la miseria, a la falta consuetudinaria de presupuesto nacional, tratados como los parias de la nación.
Los hijos en su mayoría de artesanos, de campesinos acomodados, de pequeños comerciantes y de empresarios autónomos e independientes, cuyos ingresos no superan los 60 millones anuales, con dificultad pueden cubrir los costos de la educación de uno de sus vástagos, máximo dos, pero ni soñar tener en su familia un médico, arquitecto, ingeniero, etc..universitarios
Hagan una simple diferencia. Uno de estos profesionales cuando contrata con el Estado, llega a las entidades públicas como “profesional universitario I” con un salario de dos millones de pesos en promedio, cantidad que recibe un maestro, que debería ser considerado también como profesional universitario, después de diez años frente al pizarrón y con la tiza, y a través de una larga lucha en las calles y avenidas por aumento presupuestal.
Lucha por algo que el maestro ya sabía, es decir que al gobierno de turno no le interesa aumentar el dinero para la educación, por miedo, por discriminación, como una estrategia siniestra del Estado contra el pueblo. Ha quedado aplazado y no sé por qué el proyecto de profesionalización de la educación.
Pero hay más. En estas condiciones el gobierno ha logrado de manera increíble, el odio colectivo contra los educadores. Así de claro. Utiliza los medios de comunicación para decir que son los maestros quienes en el curso de 12 meses son quienes menos trabajan y salen a “joder” , a pelear a cada rato por más y más salarios, cuando no, en demanda de mayor presupuesto general para el sector.
Por salarios de hambre el gobierno empuja a los docentes a desarrollar otras actividades que nada tienen que ver con la pedagogía, la instrucción, el desarrollo educativo y el valor de la investigación. Son taxistas en horas libres, cuando debían estar en casa o en la misma escuela preparando clase. Eso causa más rechazo entre la gente, porque los creen privilegiados que ganan mucho y trabajan poco.
Son los maestros quienes atienden pequeños negocios en sus barrios, como tiendas, graneros, librerías, locales de internet y otros, en lugar de preparar sus clases o ser parte de programas oficiales de especialización.
Son los maestros que como otros profesionales con gran esfuerzo de sus padres estudiaron cinco años en una universidad, con los gastos accesorios de transporte, alimentación, vestido, pago de alquiler y otros, que merecen llegar al término del trabajo al seno de sus familias al descanso, la integración y el calor de sus hogares, porque repito, como el resto de profesionales también tienen familia que atender.
¿Tiene presentación que un docente al servicio del Estado después de 20 años de trabajo tenga un salario de dos millones 500 mil pesos, mientras otros profesionales en ese mismo lapso superan los ocho y diez millones?
Los gobiernos han empujado a los docentes a ser víctimas del mercado de las especialidades, de maestrías, de doctorados, de diplomados, ofrecidos por las mismas universidades y otras instituciones, a costos inalcanzables para supuestamente ascender en el escalafón. También para supuestamente mejorar la calidad de la educación, cosa que en realidad no es cierta, ya que el interés se centra estrictamente en el aumento de ingresos salariales a nivel personal.
Algunos logran esto tras haber escrito un libro o haber planteado algún programa de investigación frente al estatuto docente, el movimiento pedagógico y otras materias. La que llaman comunidad educativa, es decir padres de familia, personal administrativo de los centros educativos y los vecinos, vive lejana de los docentes, vive divorciada con la escuela.universitarios
Sindicato y otras organizaciones no han podido acercar la comunidad educativa al maestro. Las banderas de la lucha por la educación pública es retórica. Los padres de familia se quejan por tener sus hijos en casa cada vez que hay paro o cese de actividades. No les importa la educación y no le ven la importancia que tiene. (Colombia es antepenúltima en analfabetismo en américa latina. Cuba, Bolivia, Ecuador y Venezuela han erradicado el analfabetismo).
Nótese la poca importancia que da el gobierno a la educación prescolar y básica primaria, categorías en donde debería enviar a los docentes mejor capacitados y mejor remunerados, si de verdad le interesara la educación popular. Pero no, en ese sector casi que cualquiera puede ser maestro, basta con acordarse de las escuelas normales para hacerse una idea de lo que digo.
Desde ese punto de vista, vean como al interior del mismo magisterio se han creado falsas competencias, falsas luchas internas y al punto que el mismo escalafón es una ofensa a la magnánima tarea de educar. ¿En cuál otra profesión el Estado usa esta metodología para mantener en el cargo a un colombiano, o para incrementar su salario?, en ninguna otra.
Una maestra ha escrito y con razón que a nadie parece importarle, ni al Estado por supuesto, que los docentes, especialmente ellas como maestras, tapan huecos dejados en las escuelas por falta de presupuesto. Compran tiza, cortinas para las ventanas, reponen vidrios, adquieren escobas, organizan rifas y otras actividades para cosas básicas que a cualquier país le daría vergüenza no tenerlas.
Con estas y otras cargas sobre la espalda de los docentes en Colombia, también es cierto que buena parte de ellos han asumido unas actitudes poco serias y ortodoxas, como que para guardar distancias con el pueblo, con sus primeros sueldos buscan vivir en los barrios de los ricos en donde se ven a gatas para pagar la renta o las cuotas de casa nueva.
Otros no menos criticados matriculan a sus hijos en escuelas, colegios y universidades privadas, demostrando en la cara de la gente, que son ellos mismos, los profesores quienes no creen en la educación que imparten y en el sistema del que forman parte. Así no hay sueldo que les sirva dicen la señoras con sobrada razón. Salen corriendo en sus autos a recoger sus hijos en los colegios privados muchas veces sin terminar clases, sin atender quejas de padres y estudiantes.
Hay de aquellas épocas en que profesor, cura, alcalde y juez, eran lo primero y más valioso de la sociedad, reemplazados hoy como en el tango con cualquier burro, rey de bastos, cara dura o polizón, como nefasta estrategia de Estado.
Hay si supiéramos ahora qué es lo que ha pasado más allá de este comentario y si estarán o no en disposición de hacer autocrítica por el discutible papel que han cumplido en esta democracia de cartón.
No voy a repetir aquí frases que hablan de la importancia de la educación en el desarrollo de los pueblos, inclusive en el crecimiento económico y social, y la tarea a cumplir por hombres y mujeres que laboran en el campo de la educación y la pedagogía en nuestros países. Ejemplos cunden, de todas manera la educación y la salud son la base de una vida con dignidad y eso es en pocas palabras, justicia social.
Esta es pues parte de la estrategia del Estado para negarle educación al pueblo, para crear en el colectivo social odio y desprecio por los docentes, para acabar con su organización sindical, para privilegiar la educación privada que es negocio puro y seguro y especialmente, para someter a la gente a los más oprobiosos e infames procesos de atraso y descomposición social.

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