Mar 24 2012
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PolíticaSociedad

La nueva torre de Babel venezolana

Venezuela está de cabeza. Plumas, trascabos, revolvedoras de cemento, montacargas y un ejército de miles de trabajadores de la construcción e ingenieros laboran día y noche para levantar centenares de unidades habitacionales por todo el país. Dentro de las grandes viejas ciudades se construyen nuevas ciudades. Fuera de ellas, en medio de la nada, se levantan nuevas urbes.

La cruzada constructiva no cesa. En un país de poco menos de 30 millones de habitantes se edificaron, durante los últimos nueve meses del año pasado, 146 mil viviendas, con el objetivo de saldar una deuda social histórica. La meta es construir, en siete años, tres millones. El proyecto, bautizado como Gran Misión Vivienda Venezuela, está dirigido personalmente por el presidente Hugo Chávez, coordinado por el ministro Rafael Ramírez y tiene incorporados ocho ministros, entre ellos el de Ambiente.

Gran Misión Vivienda Venezuela surge, en parte, por la necesidad de solucionar la problemática de vivienda de miles de damnificados que sufrieron la catástrofe ambiental de finales de 2010: 35 mil familias, 27 mil de ellas en Caracas, perdieron la vivienda y tuvieron que trasladarse a refugios.

La fiebre inmobiliaria ha aparecido de manera recurrente en la historia venezolana. El dos ocasiones presidente Rafael Caldera tuvo el sueño de levantar 100 mil viviendas al año. Pero el sueño nunca se concretó. Más aún, ni siquiera se elaboró un registro de las necesidades de vivienda ni había información de la problemática, ni se sabía qué terrenos estaban disponibles, ni con cuánta maquinaria se contaba.

Gran Misión Vivienda Venezuela es una aventura que se semeja a una moderna torre de Babel. Más de una decena de idiomas diferentes al español se hablan en las obras. El frenesí constructor ha llevado al Estado venezolano a asociarse con países y empresas de sitios tan disímbolos como China, Irán, España, Rusia, Turquía, Cuba y Portugal. Todos han traído consigo sus ingenieros, su propia maquinaria y técnicas arquitectónicas, que, lejos de constituir un nuevo Babel han enriquecido la infraestructura del país.

La nacionalización de la cementera Cemex, durante años en manos del mexicano Lorenzo Zambrano, fue propiciada, precisamente, por la necesidad del Estado venezolano de destinar todo el cemento posible a este proyecto.

Combate a la especulación

La misión combate la especulación del suelo urbano, al que considera un lastre. En todo el país los pobres urbanos han protagonizado una ola de invasiones de centenares de terrenos ociosos a los que el gobierno ha respondido con expropiaciones por causa de utilidad pública. Escandalizadas, las clases acomodadas denuncian que se trata de un asalto a los derechos de propiedad.

La movilización popular ha sido apoyada desde el gobierno. El presidente Chávez instó a ocupar bodegas, baldíos e instalaciones abandonadas en las zonas industriales, cuyo valor crecía al calor de la especulación. “Si usted ve un galpón lleno de máquinas viejas, abandonado, eso hay que tomarlo, eso es un activo nacional. […] El partido, las patrullas, vayan, métanse, busquen información, tomen fotos, registren.”

Para avanzar en el socialismo –dijo el mandatario– es necesario recuperar esos espacios. “Esas son las deudas que nosotros tenemos; somos timoratos, lentos para tomar decisiones. Eso hay que tomarlo, úsenme a mí, tengo potestades, usen a Chávez mucho más para avanzar más en la construcción del socialismo.”

El frenesí constructor ha levantado edificios que habitan daminificados, madres solteras, trabajadores, profesionistas y habitantes de los barrios populares en zonas en las que tradicionalmente viven las clases medias y altas. Los más pobres, los habitantes del desamparo, que tradicionalmente vivían en las zonas de más riesgo, comienzan a tener espacios en la ciudad para vivir con dignidad.

La nueva zonificación que reconfigura el tejido urbano y busca construir una ciudad igualitaria, sin privilegios, ha provocado gran indignación en los sectores acomodados, que viven la recomposición social de su hábitat como transgresión inadmisible. La llegada del pobrerío a vivir en lo que consideraban sus barrios ha prendido las luces de alarma de las clases medias.

Departamentos equipados

El Banco Nacional de la Vivienda y Hábitat (Banavih) se encarga de fijar los precios de las soluciones habitacionales que se construyen en el marco de la Gran Misión Vivienda de Venezuela, a partir de los fondos invertidos en la construcción de las viviendas, los ingresos familiares de los beneficiados y otras condiciones. Los departamentos entregados están equipados con estufa, refrigerador, lavadora y, en algunos, aire acondicionado.

Se trata del emprendimiento civil más grande del chavismo, el de mayor esfuerzo, el de mayor movilización de la gente. Una inicitiva sustentada, también, en la autorganización popular y en la autoconstrucción.

La oposición venezolana ha querido invisibilizar los nuevos desarrollos inmobiliarios. Se niegan a reconocer la existencia de los proyectos. Sus periodistas y comentaristas televisivos han dicho que las viviendas son sólo maquetas.

* Enviado especial del Periódico mexicano La Jornada

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