Ago 20 2015
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OpiniónPolítica

La OEA está para otras cosas

 

En una reciente entrevista, el expresidente estadounidense Jimmy Carter ha señalado que no considera que en la actualidad en su país exista un Estado democrático puesto que, a su modo de ver, el sistema ha sido organizado de tal manera que las decisiones políticas no son tomadas por los ciudadanos sino por quienes disponen de grandes sumas de dinero y financian la actividad de los partidos, candidatos y funcionarios públicos.

Según palabras de Carter, el modelo político que funciona en Estados Unidos es “el modelo oligárquico”, distinto al democrático, ya que el poder estaría concentrado en pocas manos, las de la elite financiera, mientras que en el modelo democrático el poder reside en la gente. No es simplemente un déficit democrático o de distorsiones, abusos o arbitrariedades, sino de la implantación progresiva de un esquema institucional que es diferente al “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

A esta situación se habría llegado luego de la decisión tomada por la Corte Suprema que ha favorecido al sector de los que tienen más dinero en detrimento del libre ejercicio de la democracia, pues se permiten inversiones ilimitadas en la actividad política a los capitales que se mueven en la bolsa de valores. Detrás de cada candidato a la presidencia o a una gobernación habría un financista. “La vida política en Estados Unidos se ha convertido en un mercado, en el cual los políticos reciben grandes sumas de dinero a cambio de actuar según los intereses de quienes les dan el dinero”, ha dicho Carter.

De acuerdo con esta información, son los electores que hacen parte del 1% del país los que manejan el sistema político. Funcionan como una suerte de Senado, que en la etapa previa a la escogencia de candidatos sesiona en cenas privadas, otorga dinero y decide, en la práctica, sobre las candidaturas. El escrutinio en este caso no es el del número de votos alcanzados sino el número de dólares obtenidos. Un filtro que anula la participación ciudadana  en medio de un ventajismo de grandes dimensiones.

La denuncia hecha por Carter no puede ser desestimada porque, entre otras cosas, proviene de una persona que conoce perfectamente cómo marcha el sistema en su país y porque tiene entidad en virtud de las funciones públicas que le han correspondido. Además, la influencia de Estados Unidos es muy grande en el hemisferio y en el mundo, por lo que es muy delicado que en ese país se desmantele la vida democrática. Las repercusiones pueden ser fatales, ya que obviamente es más peligroso que se elimine la democracia en un país que es una potencia, a que esto ocurra en un Estado de menor peso.

Por la gravedad del planteamiento, la Organización de Estados Americanos debería tomar cartas en el asunto, puesto que la denuncia de Carter es sobre uno de los países miembros de esa institución. Pero obviamente esto no ocurrirá. La OEA está para otras cosas.

*Politólogo venezolano

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