Jul 5 2020
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Cultura

La otra esclavitud: La historia oculta de indios y esclavos

La 煤ltima oleada internacional de revisi贸n de la historia colonial, que, partiendo de movilizaciones norteamericanas, se ha traducido, entre otras cosas, en el derribo y pintarrajeo de las estatuas de numerosos pr贸ceres, ha movido a la revista The New York Review of Books a exhumar la rese帽a cr铆tica de un libro importante de Andr茅s Res茅ndez, que se edit贸 en 2016.聽El mercado europeo de esclavos africanos, que se inici贸 con un cargamento de negros mauritanos desembarcados en Portugal en 1441, y el explorador Crist贸bal Col贸n, nacido en G茅nova diez a帽os antes, estuvieron estrechamente vinculados. La consiguiente Era de los Descubrimientos, con su expansi贸n de los imperios y la explotaci贸n de los recursos del Nuevo Mundo, se vio acompa帽ada de la captura y el trabajo forzado de seres humanos, empezando por los nativos americanos.

Valorar esa oportunidad comercial le aconteci贸 de modo natural a un emprendedor como Col贸n, lo mismo que la presi贸n de sus patrocinadores sobre 茅l para que encontrara metales preciosos y las contradictorias preocupaciones de su religi贸n, tanto para proteger como para convertir a sus paganos. El d铆a despu茅s de que Col贸n desembarcara en 1492 en una isla de las actuales Bahamas y viera a sus isle帽os ta铆nos, escribi贸 que 鈥渃on cincuenta hombres podr铆an haber sometido a todos y haberles obligado a hacer todo lo que desearan鈥.

Pronto el comercio africano comenz贸 a cambiar la vida de Espa帽a; en cien a帽os, la mayor铆a de las familias de las ciudades pose铆an uno o m谩s sirvientes negros, m谩s del 7 % de Sevilla era negro, y una nueva categor铆a social de mulatos de mezcla racial se sum贸 a los escalones inferiores de una escalera social codificada por colores.

A Col贸n le gustaron los ind铆genas ta铆nos, 鈥渁fectuosos y sin malicia鈥, de habla arawak. Juzg贸 a los hombres, altos, apuestos y buenos agricultores, a las mujeres, atractivas, semidesnudas, y aparentemente disponibles. A cambio de cuentas de cristal, cascabeles y estrafalarias capas rojas, los marinos recibieron hilo de algod贸n, cotorras y alimentos de los huertos de los nativos.

El pescado y la fruta fresca eran abundantes. El centelleo de los adornos que llevaban los nativos promet铆a oro, y 茅stos sab铆an supuestamente d贸nde encontrar m谩s. Aparte de alg煤n estallido, no hubo hostilidades graves. Col贸n regres贸 a Barcelona con seis ind铆genas ta铆nos que desfilaron como curiosidades, no como esclavos, ante el rey Fernando y la reina Isabel.

Al a帽o siguiente, Col贸n llev贸 diecisiete barcos de los que descendieron 1.500 potenciales colonos a las playas del Caribe. Cuando se quedaron, degeneraron las relaciones con los indios. Lo que pronto se impuso fue 鈥渓a otra esclavitud鈥, que el historiador Andr茅s Res茅ndez, del campus de Davis de la Universidad de California, discute en su s铆ntesis del 煤ltimo medio siglo de investigaci贸n acad茅mica sobre el esclavizamiento del indio norteamericano. Vino primero la exigencia de los mineros de cavar buscando oro. Los ta铆nos de f谩cil trato se convirtieron en bateadores de oro que trabajaban bajo capataces espa帽oles.

Los espa帽oles explotaron asimismo las formas de servidumbre humana que ya exist铆an en las islas. Los caribes de las Antillas Menores, una tribu m谩s agresiva, realizaban regularmente incursiones entre los ta铆nos, comi茅ndose supuestamente a los hombres, pero conservando a modo de s茅quito a mujeres y ni帽os. Una discriminaci贸n semejante basada en edad y g茅nero prevalecer铆a a lo largo de los siguientes cuatrociemtos a帽os de servidumbre de unos indios por otros.

Tal como lo formularon Bonnie Martin y James Brooks en su antolog铆a Linking the Histories of Slavery: North America and Its Borderlands [V铆nculos de las Historias de la Esclavitud: Am茅rica del Norte y sus tierras fronterizas]:

Los esclavos negros de Espa帽a y Portugal - Negratinta鈥淎m茅rica del Norte era un inmenso y palpitante mapa de comercio, incursiones y reasentamientos. Ya se tratara de esos sistemas anteriores o posteriores al contacto con los ind铆genas, colonos europeos o nacionales norteamericanos, se desarrollaron en matrices culturales complejas en las que el poder social y de la riqueza econ贸mica creado al recurrir a la esclavitud se demotr贸 indivisible. Los sistemas esclavistas ind铆genas y euro-norteamericanos evolucionaron e innovaron como respuesta unos de otros鈥.

Contra los ta铆nos que se resist铆an a los espa帽oles se abalanzaban los perros, y eran destripados por espadas, quemados en la hoguera, pisoteados por caballos, atrocidades 鈥渁 las que ninguna cr贸nica podr铆a hacer justicia鈥, escribi贸 Fray Bartolom茅 de las Casas, defensor de los derechos de los indios, en 1542. Contra los caribes, los espa帽oles tuvieron m谩s dificultades, librando batallas campales, pero capturando tambi茅n cientos de esclavos.

Col贸n naveg贸 de vuelta a casa de su segundo viaje con m谩s de un millar de cautivos destinados a las subastas de esclavos en C谩diz (muchos murieron en el camino y sus cuerpos se lanzaron por la borda). Contemplaba un mercado futuro para el oro, especias, algod贸n del Nuevo Mundo, y 鈥渢antos esclavos como Vuestras Majestades ordenen hacer, de entre aquellos que son id贸latras鈥, cuyas ventas podr铆an financiar posteriores expediciones.

As铆 se convirti贸 el descubridor del Nuevo Mundo en su primer traficante humano, un negocio suplementario emprendido por la mayor铆a de los conquistadores del Nuevo Mundo hasta que, a mediados del siglo XVII, Espa帽a se opuso oficialmente a la esclavitud. Y la visi贸n de Col贸n de un 鈥渃ruce de vuelta del Atl谩ntico鈥 se desmoron贸 cuando los clientes espa帽oles prefirieron a los sirvientes africanos.

Los indios eran m谩s caros de adquirir, no eran lo bastante d贸ciles, eran m谩s dif铆ciles de adiestrar, poco fiables a lo largo de los a帽os y susceptibles a la nostalgia del hogar, a marearse en el mar, y a las enfermedades europeas. Entre otros obst谩culos se contaban los recelos de la iglesia y las autoridades reales, lo que puede explicar el 茅nfasis de Col贸n en 鈥渋d贸latras鈥 como los caribes, cuyo estatus como 鈥渆nemigos鈥 y can铆bales les hac铆an m谩s id贸neos legalmente para ser esclavizados.Esclavitud, un episodio silenciado de la historia de Espa帽a - RTVE.es

Los indios sufrieron a causa del exceso de trabajo en los lechos aur铆feros, as铆 como debido a los pat贸genos extra帽os para los que no ten铆an anticuerpos, y por causa del hambre como resultado del exceso de actividad cazadora y la falta de cultivo agr铆cola. En el curso de dos generaciones, la poblaci贸n ind铆gena caribe帽a se enfrent贸 a un 鈥渄eclive catacl铆smico鈥. En la isla de La Espa帽ola, de una poblaci贸n ind铆gena estimada en 300.000 personas, quedaban s贸lo 11.000 ta铆nos vivos para 1517. En diez a帽os, seiscientas aldeas o m谩s quedaron vac铆as.

Pero aun mientras se proced铆a a la limpieza 茅tnica del Caribe de sus habitantes originarios, un caso de mala conciencia sacudi贸 Iberia. Tuvo sus or铆genes en la ambivalencia del rey Fernando y la reina Isabel acerca de c贸mo tratar a los indios. En la primavera de 1495, s贸lo cuatro d铆as despu茅s de que las regias personas aconsejaran a su obispo a cargo de los asuntos exteriores [Rodrigo Jim茅nez de Cisneros] que los esclavos 鈥渟e vender铆an m谩s f谩cilmente en Andaluc铆a que en otros lugares鈥, ordenaron que se detuviera todo esclavizamiento humano hasta que la Iglesia les informara de 鈥渟i podemos venderlos o no鈥.

La indignaci贸n fue m谩s evidente en la pol茅mica de Las Casas, que hab铆a emigrado a las islas en 1502. Hab铆a sido propietario de esclavos para renunciar luego a esta pr谩ctica en 1515. Despu茅s de tomar sus votos como fraile dominico, contribuy贸 a impulsar las Leyes Nuevas de Indias por medio del sistema legal espa帽ol en 1542. Los intereses esclavistas recurrieron a una sucesi贸n de estrategias verbales para justificar y conservar el trabajo indio que no era libre. En fecha tan temprana como 1503, las tribus designadas como 鈥渃an铆bales鈥 se convirtieron en presa vulnerable, al igual que los prisioneros tomados en 鈥済uerras justas鈥.

Catalogados en lo sucesivo, de esclavos de guerra, se les marc贸 en las mejillas con una 鈥淕鈥. Servidumbre era lo que les esperaba autom谩ticamente a cualquiera de los desventurados indios, conocidos como esclavos de rescate, a los que los esclavizadores espa帽oles hab铆an liberado de otros indios que ya les hab铆an esclavizado; la letra 鈥淩鈥 se les marcaba a fuego en el rostro.

En 1502, el nuevo gobernador de La Hispanola, Nicol谩s de Ovando, recurri贸 a una vieja pr谩ctica feudal para asegurarse el control sobre los cuerpos de los trabajadores. Para retener a los mineros ind铆genas, pero controlar la crueldad incontrolada, Ovando otorg贸 a los colonizadores prominent concesiones de tierras (encomiendas) que inclu铆an derechos a tributos y trabajo de parte de los ind铆genas residentes.

La esclavitud ind铆gena no contada | Internacional | EL PA脥SAunque todav铆a vasallos, segu铆an siendo nominalmente libres de 鈥減ropiedad鈥. Pod铆an residir en sus propias aldeas, estaban te贸ricamente protegidos de la depredaci贸n sexual y la venta secundaria , y se supon铆a que recib铆an instrucci贸n religiosa y una compensaci贸n en especie de un peso de oro al a帽o, beneficios que con frecuencia se ignoraban. En los dos siglos siguientes, el sistema de la encomienda y otras formas locales de trabajo no libre se utilizaron para crear una mano de obra india esclavizada a lo largo y ancho de M茅xico, Florida, el Sudoeste norteamericano, y as铆 hasta las Filipinas.

La historia del esclavizamiento de ls nativos americanos que cuenta Res茅ndez se confunde con la enrevesada interacci贸n de los sistemas ind铆genas e importados de servidumbre humana. Pese a su afirmaci贸n de que descubre 鈥渓a otra esclavitud鈥, cuando habla de las dem谩s formas de servidumbre impuestas a los indios, no llega a reconocer que no exist铆a instituci贸n monol铆tica alguna semejante a esa 鈥減eculiar鈥 y transatl谩ntica que quedar铆a identificada con el Sur norteamericano, que importaba africanos vendidos como mercanc铆as.

Hasta la distinci贸n que establecen varios investigadores acad茅micos entre esas 鈥渟ociedades esclavistas鈥 y 鈥渟ociedades con esclavos鈥 (dependiendo de si el trabajo esclavo era o no esencial para la generalidad de la econom铆a) se aplica s贸lo en parte a las situaciones enormemente complejas y hondamente localistas de los indios norteamericanos esclavizados. Pues 茅stas mezclaban una vertiginosa variedad de pr谩cticas acostumbradas con sistemas coloniales para mantener una mano de obra ind铆gena forzosa.

Si Res茅ndez afirma abarcar toda la tragedia de la esclavitud india 鈥渁 lo largo y ancho de Am茅rica del Norte鈥, no distingue entre los diferentes sistemas coloniales de servidumbre india 鈥攓ue hac铆an posible los aliados indios de los colonizadores鈥 que existieron bajo los reg铆menes ingl茅s, franc茅s y holand茅s.La huella cultural de los negros esclavos en Espa帽a es indeleble ...

Durante el siglo XVII, mientras algunos espa帽oles segu铆an suscitando la pregunta de la moralidad de la esclavitud, se abrieron minas de plata en el norte de M茅xico y se increment贸 la demanda de mano de obra india. Este auge iba a requerir m谩s trabajadores que los campos de oro caribe帽os y durar铆a bastante m谩s tiempo. Ahora el esfuerzo f铆sico pas贸 de cribar la superficie o cavar trincheras de poca profundidad a abrir pozos de decenas de metros bajo el suelo. M谩s rentable que el oro, la plata era tambi茅n m谩s penosa de extraer.

Los mineros cavaban, cargaban y arrastraban rocas en una obscuridad casi completa a veces durante d铆as. En torno a la actual Zacatecas, se levantaron monta帽as enteras del mineral gris-negro.

Para satisfacer la creciente demanda de mano de obra, el esclavizamiento espa帽ol e indio se expandi贸 m谩s all谩 del Sudoeste norteamericano, mandando a las minas esclavos pueblo y comanches, y capturando esclavos de los desafiantes chichimecas del norte de M茅xico a lo largo de campa帽as especialmente violentas entre las d茅cadas de 1540 y 1580. Desde principios del siglo XVI hasta la primera d茅cada del XIX, se extrajo doce veces m谩s plata de m谩s de cuatrocientas minas repartidas por todo M茅xico que oro durante toda la Fiebre del Oro californiana.

En Parral, un centro de miner铆a de plata en el sur de Chihuahua, que era en 1640 la ciudad m谩s grande al norte del Tr贸pico de C谩ncer, m谩s de siete mil obreros descend铆an diariamente a los pozos, la mayor铆a de ellos nativos esclavizados de lugares tan lejanos como Nuevo M茅xico, que pronto se convirti贸 en 鈥減oco m谩s que un centro de suministro para Parral鈥. Despu茅s de que se instituyera en 1573 el sistema dirigido por el Estado para reclutar forzosamente trabajo indio en las minas de plata latinoamericanas, sigui贸 en funcionamiento durante 250 a帽os y una media de diez mil indios al a帽o de m谩s de doscientas comunidades ind铆genas.

Conforme Res茅ndez desplaza su relato al continente mexicano, sin embargo, uno se ve obligado a hacer otra pregunta a un autor que afirma haber 鈥渄escubierto鈥 el arco panor谩mico de la esclavitud india. 驴No deber铆amos saber m谩s de la historia de estos esclavos indios de indios de los que fue testigo Col贸n y que se volvieron esenciales para llevar trabajadores a las minas mexicanas, a los hogares de Nuevo M茅xico, o a sus propias aldeas ind铆genas?

A lo largo y ancho de las Am茅ricas precolombinas, los cautivos menores de edad y femeninos de guerras intertribales se convert铆an de manera rutinaria en trabajadores dom茅sticos que llevaban a cabo tareas del hogar. Algunos fueron repatriados mediante rescate f铆sico o econ贸mico, en tanto que muchos continuaron como servidumbre el resto de su vida. Pero unos cuantos acabaron absorbidos en los asentamientos que los albergaban mediante formas de parentesco imaginario, tales como la adopci贸n ceremonial o, m谩s corrientemente, por medio del matrimonio.El fluir de la historia el r铆o mississippi: encrucijada de ...

Entre las culturas indias de los valles del Misisipi que elevaban mont铆culos, esos prisioneros de guerra formaban una clase marginal como de siervos. Esta civilizaci贸n se derrumb贸 en el siglo XIII y las tribus que las sucedieron conocidas como choctaw, cheroquis, creek, y otras, perpetuaron la pr谩ctica de la servidumbre; las partidas de guerreros cheroquies prove铆an las reservas de cada aldea de atsi nahsa鈥檌, o 鈥渆l que es propiedad鈥. La costumbre continu贸 a lo largo de la Norteam茅rica ind铆gena, donde se prefer铆a generalmente mujeres en edad f茅rtil y varones preadolescentes. Sus esposos y padres eran m谩s corrientemente asesinados.

Res茅ndez apenas menciona la posterior participaci贸n de esas mismas tribus en la 鈥減eculiar instituci贸n鈥 del hombre blanco basada en la raza. Compraban y vend铆an esclavos afroamericanos para trabajar sus plantaciones propiedad de indios. Una vez que estall贸 la Guerra Civil se produjo una ruptura dolorosamente divisiva de las naciones indias sure帽as entre aliadas de los confederados y de la Uni贸n.

Como en el caso de la depredaci贸n de los ta铆nos a manos de los caribes, no era inusual que tribus m谩s fuertes se cebaran en v铆ctimas perennes. En el sudeste, los chickasaws tomaban regularmente esclavos de los choctaws; en la Gran Cuenca, los utes robaban mujeres y ni帽os de los paiutes (y luego comerciaban con ellos con hogares mormones que estaban encantados de pagar por ellos); en California, los modoc del noreste acosaban regularmente a los cercanos atsugewi, mientreas los mojave que habitaban junto al r铆o Colorado llevaban a cabo incursiones rutinarias entre los chemehuevi del lugar.

Estas relaciones entre presas y predadores pod铆an extenderse durante generaciones. S贸lo entre los 贸rdenes jer谩rquicos de la costa del noroeste, aparentemente, se trataba tradicionalmente a los esclavos como mercanc铆as, que pod铆an comprarse, ser objeto de comercio o entregadas como regalo.

La esclavitud ind铆gena no contada | Internacional | EL PA脥SIndirectamente, los espa帽oles contribuyeron a instigar el siguiente incremento del tr谩fico humano a lo largo del oeste norteamericano. Sus caballos 鈥攃riados en el norte de Nuevo M茅xico, y luego robados o intercambiados hacia el norte despu茅s de finales del siglo XVIII鈥 hicieron posible una revoluci贸n ecuestre a lo largo y ancho de las llanuras. Las relaciones entre unas cuantas tribus indias cambiaron de modo dr谩stico, conforme los pueblos cazadores y recolectores de a pie se transformaban gracias a los caballos en veloces n贸madas que se volvieron dependientes de los b煤falos y acosaban a sus vecinos.

En la cultura popular norteamericana blanca, las culturas ecuestres se presentar铆an como estereotipos de los espect谩culos del Salvaje Oeste y las pantallas cinematogr谩ficas, vestidos con sus tocados, viviendo en sus tipis y ululando con sus gritos de guerra. Entre ellos figuraban los comanches de las llanuras meridionales y los utes de las tierras fronterizas de la Gran Cuenca.

Para mediados del siglo XVIII, la m谩quina militar comanche hab铆a puesto freno al expansionismo espa帽ol. Sus regimientos de caballer铆a, de quinientos o m谩s jinetes disciplinados, llevaban a cabo viajes de ochocientas millas en direcci贸n norte hasta el r铆o Arkansas, y en direcci贸n sur hasta distancias a unos cientos de millas de Ciudad de M茅xico. Los esclavos que arrancaban a apaches, indios pueblo y navajos e convirtieron en la moneda principal en tratos de negocios con mexicanos, novomexicanos y norteamericanos.

En improvisadas subastas y en encrucijadas establecidas se vend铆an esclavos ind铆genas norteamericanos, mexicanos y anglos, algunos sometidos sucesivamente a nuevos amos. Hasta que los conquist贸 el gobierno norteamericano, los comanches dominaron m谩s de un cuarto de las zonas fronterizas norteamericanas y mexicanas.

El color de la esclavitud: Cartagena de Indias.Res茅ndez argumenta las continuidades de este tr谩fico inhumano hasta el mismo presente. Pero esta brusca transici贸n al presente tras la derrota de los comanches s贸lo refuerza nuestra sensaci贸n de que su esfuerzo ha sido excesivamente ambicioso y fr谩gilmente concebido, como si lograr la s铆ntesis prometida en un tema tan complejo y persistente le hubiera abrumado sencilla (y comprensiblemente). Su tratamiento de las pr谩cticas multinacionales de la esclavitud del periodo colonial es desigual y parece quitarse importancia a las ubicuas tradiciones de esclavizamiento de los nativos a manos de nativos.

Res茅ndez estima holgadamente que entre unos 2,5 y 5 millones de indios quedaron atrapados en esta 鈥渙tra esclavitud鈥, en la que el trabajo excesivo y el abuso f铆sico contribuyeron sin duda al descenso en un 90 % de la poblaci贸n india de Am茅rica del Norte entre los d铆as de Col贸n y 1900. Pero en cierto modo poco de ese tormento se transmite con viveza en La otra esclavitud. Se nos dice que los navajos llamaron 鈥淭iempo del Temor鈥 a la d茅cada de 1860, cuando el conjunto de la tribu se vio acosada por el encarcelamiento en el sur de Nuevo M茅xico. Aparte de ese atisbo del impacto emocional colectivo del lado de las v铆ctimas, se nos ofrecen pocos testimonios que reflejen la inquietud y el terror que hay detr谩s de los muchos res煤menes de Res茅ndez del sufrimiento humano, dislocaciones tribales, vidas furtivas en fuga, y derechos de nacimiento perdidos para siempre.

Una sensaci贸n m谩s convincente de la discriminaci贸n y el odio raciales que impulsaron y perpetuaron los sistemas de esclavitud debatidos en el libro de Res茅ndez proviene incluso de una pel铆cula melodram谩tica como es The Searchers [Centauros del desierto] (1956), de John Ford, mientras que los terrores de sobrevivir en el Oeste del siglo XVIII entre bandas itinerantes de despiadados cazadores de esclavos quedan mejor evocados en la obra maestra grangui帽olesca de Blood Meridian [Meridiano de sangre] (1985).

Leyendo el relato de Res茅ndez, se aguarda en vano algo similar al tranquilo comentario de Rebecca West en Black Lamb and Grey Falcon (1941), su cr贸nica de las anmosidades multi茅tnicas yugoslavas: 鈥淎 veces resulta muy dif铆cil se帽alar la diferencia entre la historia y el olor de una mofeta鈥.

*Antrop贸logo y escritor, especialista en las culturas ind铆genas de Norteam茅rica, es profesor de UCLA, la Universidad de California en Los 脕ngeles.

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