Jun 13 2013
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CulturaOpinión

La paradoja de twitter en diplomacia

La reciente visita a Chile de Alec Ross, consejero en innovaci√≥n¬† del Departamento de Estado de los EU, y sus charlas sobre comunicaci√≥n y redes sociales en la Canciller√≠a, pusieron sobre el tapete un tema clave en diplomacia hoy. Ross es una figura casi legendaria en la materia. Por encargo de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, √©l y su ¬ęsocio¬Ľ Jared Cohen, funcionario de la Direcci√≥n de Planificaci√≥n,¬† dieron un gran impulso a la diplomacia electr√≥nica en esa repartici√≥n,¬† hoy¬† a la vanguardia mundial en la materia.

Tanto as√≠ que, a poco andar, Cohen fue reclutado por Google para dirigir¬† ¬ęGoogle Ideas¬Ľ, y acaba de publicar, junto con el CEO de Google, Eric Schmidt, el libro La Nueva Era Digital.¬† Este libro, si bien discutible en sus planteamientos geopol√≠ticos, es un importante esfuerzo por examinar el efecto de las TI en las relaciones internacionales y en la conducci√≥n de la pol√≠tica exterior, y lectura obligada para entender el nuevo siglo.

Una plataforma clave en esto es Twitter. Y ello nos lleva a lo que yo llamo la paradoja de Twitter en la praxis diplom√°tica: por una parte, todo usuario de Twitter debe tratar de de ser lo m√°s gracioso, provocativo e impredecible posible, para aumentar el n√ļmero de seguidores (¬ęes todo sobre los seguidores¬Ľ). A mayor provocaci√≥n, mayor respuesta,¬† mayor n√ļmero de seguidores y mayor alcance de los mensajes. Por otra, esto es la ant√≠tesis de las pr√°cticas diplom√°ticas establecidas. El humor no s√≥lo rara vez resulta en diplomacia (sobre todo por escrito), sino que tiende a ser contraproducente. La provocaci√≥n es considerada un acto poco amistoso, cuando no derechamente hostil. Y la impredectibilidad es lo √ļltimo que los gobiernos desean en sus relaciones exteriores. Ello se a√Īade a la naturaleza comprimida y espont√°nea de los intercambios en Twitter (limitados a 140 caracteres por mensaje, que los hace tan atractivos y estimulantes), polo opuesto a lo extenso y meditado del cable diplom√°tico.

Si ello es as√≠, y dadas las aparentes desventajas de Twitter en diplomacia, manifestadas en el escepticismo de muchas Canciller√≠as cuando apareci√≥ en 2006, ¬Ņc√≥mo explicar que Twitter haya ¬ęprendido¬Ľ tanto en los c√≠rculos diplom√°ticos?
El Canciller (y ex- Primer Ministro) sueco, Carl Bildt, tiene, al escribir estas l√≠neas, un total de 205.670 seguidores. Utiliza Twitter para trasmitir sus puntos de vista sobre los temas m√°s variados, y provee enlaces para sus blogs y art√≠culos de opini√≥n, como una especie de meg√°fono para difundir sus escritos m√°s extensos (en su condici√≥n de Primer Ministro, Bildt fue el primer jefe de gobierno en enviar¬† un mensaje electr√≥nico a otro jefe de gobierno, a Bill Clinton en 1993; se le atribuye tambi√©n el haber inventado el bolet√≠n electr√≥nico, por el cual individuos circulan peri√≥dicamente textos varios a una red de amigos o conocidos). Hay un Canciller latinoamericano tan activo, que es conocido como ¬ęTwitterman¬Ľ.

El ex-Vice-Canciller de la India (y actual Vice-Ministro de Desarrollo de Recursos Humanos), Shashi Tharoor,¬† prominente escritor (su √ļltimo libro es Pax Indica) y ex-funcionario de la ONU, otro usuario muy activo (con 17.377 tweets), tiene¬† 1.793.611 seguidores, muchos de ellos en su estado de Kerala. Mientras fue Vice-Canciller, sus ¬ętweets¬Ľ eran tan provocativos que varias veces lo tuvieron en las cuerdas.twitter-facebook-
Tal vez el caso m√°s emblem√°tico del impacto de Twitter en la praxis diplom√°tica, sea el de Michael MacFaul, embajador de los EU en Rusia. Mosc√ļ no es de las destinaciones diplom√°ticas m√°s f√°ciles para¬† los representantes del pa√≠s del T√≠o Sam. La falta de acceso a los medios de comunicaci√≥n tradicionales, y con ello de llegada a la opini√≥n p√ļblica rusa, es s√≥lo uno de los obst√°culos que enfrentan. Sin embargo, el Embajador MacFaul, que antes trabaj√≥ en la Casa Blanca, ense√Ī√≥ en Stanford, y habla ruso, tiene 48.224 seguidores. Twitter le da una presencia-pa√≠s que no obtendr√≠a de otra forma. El impacto de sus ¬ętweets¬Ľ se multiplica por Internet.

Jon Benjamin, el embajador del Reino Unido en Chile, con 15.863 seguidores, y 4.703 tweets, la gran mayor√≠a en castellano, es otro buen ejemplo. Usando un humor muy brit√°nico (intercambio t√≠pico: Pregunta ¬ę¬Ņc√≥mo se atrevi√≥ a ser tan ch√©vere? Respuesta: ¬ęch√©vere? eso suena a venezolano; soy bak√°n, po¬Ľ) participa¬† en el debate nacional, opinando sobre temas tan controversiales como los derechos de los homosexuales, la √ļltima pel√≠cula sobre Margaret Thatcher o la guerra de las Malvinas. Para las Olimp√≠adas del 2012, se traslad√≥ a Londres, desde donde fungi√≥ como auto-designado corresponsal cubriendo los juegos v√≠a Twitter para sus seguidores en Chile, que ya lamentan su pronta partida a otra destinaci√≥n, despu√©s de cuatro a√Īos en el pa√≠s.

As√≠, las premoniciones iniciales acerca de los peligros inherentes para los diplom√°ticos en poner en una frase corta y c√°ustica lo primero que se les venga a la cabeza en relaci√≥n a algo, han demostrado ser infundados. La brevedad de los mensajes se compensa con el amplio acceso que proveen las redes sociales, la rapidez de la comunicaci√≥n, la econom√≠a de tiempo que implica, la posibilidad de llegar a nuevos segmentos de la opini√≥n p√ļblica (como la juventud) y el uso de enlaces para textos m√°s extensos. Aunque ha habido casos de ¬ęmetidas de pata¬Ľ, ello no ha disminuido la creciente popularidad de Twitter entre los diplom√°ticos.

Ello se debe a los cambios en la diplomacia misma, en tr√°nsito de lo que yo he denominado una ¬ędiplomacia de clubes¬Ľ, a una ¬ędiplomacia de redes¬Ľ. Esto significa el paso de una diplomacia tradicional, limitada a unos pocos actores, en su mayor√≠a gubernamentales, a puertas cerradas, y destinada a firmar acuerdos, a una muy distinta. La ¬ędiplomacia de redes¬Ľ implica vincularse a un n√ļmero bastante mayor de actores, muchos de ellos no gubernamentales, a veces en p√ļblico, y tratar de aumentar los flujos e intercambios entre los pa√≠ses, m√°s all√° de los acuerdos firmados. La tecnolog√≠a digital multiplica en forma exponencial el n√ļmero de actores a los cuales los diplom√°ticos pueden llegar. El auge de la diplomacia p√ļblica, otra expresi√≥n de la diplomacia de redes (y con la cual no debe ser confundida) va a la par.

Nada de esto significa que el uso de Twitter en diplomacia sea f√°cil. El peligro de ¬ęmeter la pata¬Ľ sigue vigente, con las consecuencias del caso. Las palabras (sobre todo si quedan por escrito) son como flechas, una vez lanzadas, no pueden retirarse. Las canciller√≠as est√°n muy conscientes de ello, y varias de ellas han reglamentado el uso de Twitter. En algunos casos, s√≥lo se puede usar para comunicados oficiales del Ministerio; en otros, como en India, Twitter solo puede ser usado por los jefes de misi√≥n; en otros, como en algunos pa√≠ses escandinavos, por todo funcionario.

Impulsado por la aceleraci√≥n de la vida de hoy y la necesidad de llegar a la opini√≥n p√ļblica, el uso de Twitter no es sino otra expresi√≥n del paso de la ¬ędiplomacia de clubes¬Ľ a la ¬ędiplomacia de redes¬Ľ. Los cambios de la revoluci√≥n en las TI y la telem√°tica en las √ļltimas d√©cadas han sido tan radicales que ni siquiera una profesi√≥n tan tradicional y marcada por pr√°cticas y costumbres centenarias como la diplomacia puede sustraerse a ellos.

10 junio 2013

*Catedr√°tico en Gobernanza Global en la Escuela Balsillie de Asuntos Internacionales, Universidad Wilfrid Laurier, en Waterloo, Ontario. Su √ļltimo libro es The Oxford Handbook of Modern Diplomacy (Oxford University Press, 2013). Ex embajador de Chile en Sud√°frica e India.

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