Oct 11 2017
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Pol铆ticaSociedad

La perdida noci贸n de clase en el sindicalismo chileno

En 1973 exist铆an en Chile m谩s de seis mil sindicatos con 934 mil afiliados. Un registro que llev贸 la tasa de sindicalizaci贸n a cerca de un 40 por ciento de la poblaci贸n activa, techo hist贸rico jam谩s recuperado. A partir de entonces, tras 17 a帽os de dictadura y casi tres d茅cadas de transici贸n neoliberal, la tasa de sindicalizaci贸n se halla en el otro extremo. El fen贸meno es atribuible a la persecuci贸n de las organizaciones laborales y sus dirigentes durante la dictadura, que no s贸lo contin煤a sino que se profundiza durante los a帽os de la transici贸n. En 1990 los trabajadores chilenos registraron una tasa de sindicalizaci贸n del 18 por ciento, que baj贸 a 14 por ciento en 2013.

La dr谩stica y permanente ca铆da del n煤mero de organizaciones laborales ofrece diversas interpretaciones. Desde la oficial, o funcional al statu quo institucional, que la relaciona con una transformaci贸n de las relaciones econ贸micas que han minimizado las tensiones entre el capital y los trabajadores, a las pol铆ticas y culturales, que encuentran en el deterioro del sistema pol铆tico al menos gran parte de las causas. La cooptaci贸n y corrupci贸n de pol铆ticos y posteriormente de partidos completos han derivado en la extensi贸n de este fen贸meno hacia las organizaciones laborales controladas por esos partidos.Resultado de imagen para La perdida noci贸n de clase en el sindicalismo chileno

La desafecci贸n y desconfianza de los trabajadores en relaci贸n a los sindicatos es una m谩s de las expresiones de la incorporaci贸n de la cultura del mercado en los modelos econ贸micos y programas pol铆ticos. Una cultura, por lo dem谩s no propia, sino global, que ha conducido a la fragmentaci贸n de la sociedad y sus organizaciones de base a niveles in茅ditos. Si ello ha sido y es un factor de gran consideraci贸n en gran parte del mundo, en Chile ha adquirido sesgos paralizantes. La destrucci贸n de las organizaciones laborales y la persecuci贸n y desaparici贸n de sus l铆deres durante la dictadura no hall贸 pol铆ticas de restauraci贸n en la transici贸n. La normativa laboral, construida por el ministro de Pinochet, Jos茅 Pi帽era, se ha mantenido, entre la indolencia y el deleite de la clase pol铆tica, m谩s o menos intacta pese a algunos matices.

El mercado se ha impuesto como ideolog铆a y pr谩ctica dominante. Para su funcionamiento pleno, bajo la ortodoxia neoliberal, es necesario eliminar las organizaciones sociales. Un discurso hegem贸nico por m谩s de cuarenta a帽os que tiene sus efectos en la actual concentraci贸n del poder en pocos actores pol铆ticos y econ贸micos que ejercen un control de caracter铆sticas totalitarias sobre el resto de la poblaci贸n. En el caso de los trabajadores, la fragmentaci贸n en millones de individuos inermes e ignorantes incluso de la normativa laboral, ha conducido a que el salario nacional promedio se acerque a la l铆nea de la pobreza.

La hegemon铆a del mercado y la corrupci贸n pol铆tica filtrada hacia las organizaciones sindicales funcionales al modelo, como la CUT, son dos aspectos para un mismo resultado, que es la fragmentaci贸n social expresada, en este caso, en el debilitamiento progresivo de los trabajadores ante el capital. No s贸lo fragmentaci贸n y alejamiento, sino tambi茅n inacci贸n: la tasa de negociaciones colectivas, incluso, disminuy贸 desde una cobertura superior al once por ciento en 1991 a un ocho por ciento en 2013.

Tipolog铆a sindical

En este malogrado escenario, hoy podemos hallar dos tipos de sindicalismo. El entregado y funcional al sistema econ贸mico y partidario, representado por la CUT, y otro, mucho m谩s acotado, que todav铆a lucha por mejorar las condiciones de los trabajadores. Una estructura en la que surge una tercera vertiente negativa, que es el sindicalismo ambiguo: una no menor cantidad de organizaciones laborales que corren tras alg煤n beneficio, matiz bien representado hoy por la central que encabeza el ex presidente la de la CUT, Arturo Mart铆nez. La primera y tercera clase de organizaci贸n son funcionales al sistema neoliberal. Su accionar, del mismo modo que sus dirigentes, son una extensi贸n de los partidos que han conformado el devenir pol铆tico de la transici贸n.Resultado de imagen para chile cut

El que hemos mencionado como un segundo tipo de sindicalismo, cuyas bases ideol贸gicas y culturales tienen un ancla en la Izquierda, tiene en este escenario de fragmentaci贸n problemas no menores. Ante la cultura del mercado impuesta por el pensamiento hegem贸nico neoliberal, que ha arrastrado y pisoteado la cultura social, esta dispersi贸n ha hallado otros obst谩culos en los trabajadores. 鈥淎quellas organizaciones que confrontan el sistema tienen otro problema: son demasiado mesi谩nicas. Cada dirigente cree que tiene la raz贸n. O te subordinas a sus planteamientos en cuanto hay que terminar con el capitalismo o eres un enemigo鈥, dice Manuel Ahumada Lillo, presidente de la Confederaci贸n General de Trabajadores de Chile (CGT).

鈥淗ay dos grandes bloques鈥, contin煤a Ahumada. 鈥淯n grupo de sindicatos que se entreg贸 y saca beneficios, que van a la OIT en Suiza y se arrogan la representaci贸n de los trabajadores. Y un sector menor que apunta a la condici贸n de clase y desde ese rol de clase comienza un proceso de organizaci贸n. Junto a ellos, hoy aparece un tercer grupo formado por oportunistas, gente que est谩 viendo d贸nde sacar provecho. Esos son algunos desencantados de la CUT, pero que tampoco quieren cambiar el modelo. Se van de la CUT porque la CUT no les da espacio. Es un sindicalismo ligado a los partidos. Tienen raz贸n de existir, nadie dice que no, pero tiene que haber una vertiente que logre aglutinar a aquellos que militando, tengan claro que los trabajadores no dependen de los partidos鈥.

 

Una concepci贸n clasista

Manuel Ahumada y la CGT dicen suscribir la tradici贸n de la antigua CUT de Clotario Blest, sobre un concepto de clase. Vale rememorar la declaraci贸n de principios de la Central Unica de Trabajadores de 1953: 鈥 Que el r茅gimen capitalista actual, fundado en la propiedad privada de la tierra, de los instrumentos y medios de producci贸n y en la explotaci贸n del hombre por el hombre, que divide a la sociedad en clases antag贸nicas, explotadores y explotados, debe ser sustituido por un r茅gimen que liquide la propiedad privada hasta llegar a la sociedad sin clases鈥.

Manuel Ahumada afirma: 鈥淓l problema del capital, creo que no est谩 muy claro para las organizaciones sindicales. Hay una carencia enorme de educaci贸n sindical. Estoy hablando de elementos b谩sicos, de entender, por ejemplo, qu茅 es el capital, la definici贸n de empresario, de cu谩l es el rol que juegan los trabajadores, organizados y no organizados; es un enorme problema del que no se quiere hacer cargo ninguna organizaci贸n鈥.

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Manuel Ahumada

Desde el golpe de Estado se desarrolla un proceso de descomposici贸n social, que no da tregua. A la destrucci贸n de las organizaciones y la represi贸n a los dirigentes se agrega la desaparici贸n de la conciencia de clase del trabajador, como sujeto hist贸rico. El concepto de clase obrera termina en 1973, realidad asumida por gran parte de los dirigentes sindicales.

Isolina Acosta, presidenta de Sintrac (Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores Contratistas y Subcontratistas) ha relevado la condici贸n clasista de su organizaci贸n, aun cuando ha admitido que si bien han habido avances en la recuperaci贸n de algunos derechos para los trabajadores, hay una falencia cultural que se expresa en la falta de motivaci贸n y participaci贸n sindical.

Hace mucho tiempo que la organizaci贸n sindical dej贸 de reconocerse como clase. Est谩 el efecto de la dictadura, aun cuando la incorporaci贸n de los partidos de la antigua Izquierda en la esfera socialdem贸crata y posteriormente en la neoliberal terminaron de hacer esa tarea. 鈥淣o hubo capacidad de educar hacia abajo. La gran falla del sindicalismo fue carecer de instrumentos de educaci贸n a los trabajadores. El trabajador fue permeado por el discurso de la dictadura鈥, matiza Ahumada.

鈥淟as organizaciones no se preocuparon de decirle a los trabajadores que el mundo iba cambiando, de decirle que iban a ser tentados por objetos y consumo. El capital se reinvent贸 y nos hizo creer que por la v铆a del trabajo individual pod铆amos surgir, que pod铆amos ser clase media. Instal贸 el concepto de clase media, que todav铆a lo defino como pobres que quieren ser ricos. Lo hicieron de maravilla, se instal贸 ese concepto y esa ilusi贸n a la vez que se demonizaban los sindicatos鈥, remata el presidente de la CGT.

 

La cultura antisindical

La p茅rdida del poder negociador de los trabajadores se enfrenta al aumento del poder corporativo, que no s贸lo toma forma en la hegemon铆a neoliberal sino tambi茅n en un permanente y directo asedio contra el mundo laboral. Por un lado est谩 el constante incumplimiento del reglamento laboral mediante todo tipo de trampas y estrategias de gesti贸n, como la subcontrataci贸n, pr谩ctica a la que se agregan las pol铆ticas de recursos humanos, en muchos casos orientadas a frenar la sindicalizaci贸n y la recuperaci贸n de derechos.

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Sergio Alegr铆a

Los gerentes de recursos humanos se mofan de los sindicatos al se帽alar que Alsacia Express es uno de los sectores m谩s sindicalizados, por sobre un 98 por ciento. 鈥淧ero qu茅 pasa realmente鈥, se pregunta Alegr铆a. 鈥淎qu铆 se elabor贸 una pol铆tica de gesti贸n contra los sindicatos. Las empresas elaboran una pol铆tica de recursos humanos, gerencias que en t茅rminos de recursos financieros llegan a igualarse a las gerencias de ventas. En Express esto se refleja en pol铆ticas orientadas a la divisi贸n y fragmentaci贸n de los trabajadores, favorecidos por su falta de educaci贸n y m铆nima cultura sindical. Estos sindicatos amarillos, brujos, re煤nen m谩s de tres mil trabajadores y son financiados por la empresa. Incluso con trabajadores fantasmas que s贸lo aparecen para boicotear huelgas鈥.

鈥淭odo esto lo instal贸 el sistema鈥, asegura Manuel Ahumada. 鈥淓l sistema tuvo 茅xito en destruir todos los avances que tuvieron los trabajadores. No s贸lo la dictadura. Hoy, si miramos las actuales luchas, son para recuperar derechos antes adquiridos鈥. Y agrega: 鈥淣osotros sentimos que en el sindicato tiene que haber gente que crea en la clase. Que la clase est谩 llamada a jugar un rol en todo este proceso. Materia de organizaci贸n es ponerse al d铆a con el siglo XXI en cuanto a las comunicaciones, a los avances tecnol贸gicos. Pero tiene que haber una concepci贸n de clase鈥.

*Publicado en 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 885, 29 de septiembre 2017.

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