Jun 24 2012
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Pol铆ticaSociedad

La reci茅n aprobada reforma a la justicia, un asalto a la Constituci贸n colombiana

La columnista Cecilia Orozco Tasc贸n llam贸 鈥渦na contrarreforma a la Constituci贸n鈥 (1) la anunciada reforma a la Justicia que hace tr谩nsito en el congreso, de la cual, entre otros, sacar谩n tajada grande los actuales magistrados de las cortes.聽 Un evento del cual se benefician quienes aprueban la ley, toda vez que proceden en bien de quienes tienen el encargo de juzgarlos (y absolverlos) a ellos mismos (por parapol铆tica y corrupci贸n, m谩s que nada). Y es que el dictamen de los legisladores a su vez sirve de provecho a los magistrados, que ven extender de ocho a doce a帽os los per铆odos e incrementar las prebendas. Una natural ley del mutuo beneficio, esta vez, escandalosamente antidemocr谩tica.

Las contrarreformas suelen hacer ir las aguas de vuelta, r铆o arriba, contra toda l贸gica o sentido. Los avances de la democracia, las conquistas sociales, los logros de los pueblos, para atr谩s.

La contrarreforma salida del Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI, fue el modo que encontr贸 la iglesia cat贸lica para echar por tierra las transformaciones a la instituci贸n que propugnaba Lutero. La marcha que dio fue hacia el absolutismo y hacia la atroz herencia confesional que todav铆a padecemos en esta parte del mundo.

Muchos a帽os m谩s ac谩, desde otra orilla, una contrarreforma fue lo que le hizo Leonid Br茅zhnev a la era de Nikita Jrushchov en los tiempos de la Uni贸n Sovi茅tica, diluyendo en 谩cido sulf煤rico la timorata apertura iniciada. Y en burocracia lo poco que pod铆a haber valido la pena.

En Colombia, toda idea vaga de reforma ha tenido una desmesurada contrarreforma, que no s贸lo vuelve los cambios al punto inicial, sino que los lleva con eficiencia mucho m谩s atr谩s.

En lo agrario, en las inequidades, en los despojos, en la violencia, la historia de Colombia pareciera que no camina hacia delante, sino hacia las m谩s l煤gubres etapas del pasado, tantas y tan heterog茅neas que se dificulta establecer hacia cu谩l momento pret茅rito nos dirigimos.

Tal cual pas贸 con la Revoluci贸n en Marcha de Alfonso L贸pez Pumajero, un l铆der revolucionario que, de paso, encarnaba en sustancia y como ninguno otro el continuismo pol铆tico, que en la constante de dejar todo a medias condujo a la debacle de s铆 mismo en su segundo per铆odo presidencial y a la del pa铆s por consiguiente, que entr贸 de lleno en La Violencia, esa etapa de contrarreforma frente a lo que nunca lleg贸 a reformarse, como la propiedad de la tierra, en el centro del conflicto, o la transformaci贸n pol铆tica, que en cambio dio paso a la instauraci贸n en el poder de las vertientes m谩s sectarias de liberales y conservadores.

Y es lo que pas贸 con las incipientes reformas agrarias de los a帽os sesenta, que desataron una reacci贸n tal que intensific贸 los despojos, aument贸 las masacres, elev贸 los desplazamientos, y que, algo m谩s ac谩, en comuni贸n con el narcotr谩fico y el conflicto armado interno, concentr贸 aun m谩s la tierra. Y nos trajo al pedrusco adonde ahora estamos.

A cualquier momento de tranquilidad, los colombianos buscamos la manera de enfrentarle a帽os y d茅cadas de muerte. La paz se mira como una concesi贸n inaceptable. El desarme del enemigo o el propio como una afectaci贸n grave del negocio, en unos casos, y como p茅rdida de identidad en la mayor parte de los restantes.

Pero guerra y violencia no s贸lo nos preocupa mantenerlas en el terreno militar, en el contorno geogr谩fico del asunto, urbano y rural. Para perpetuarlas se hacen esfuerzos desde todos los espacios de la vida nacional. En medio de otros, la actual reforma a la justicia es uno de los frentes.

El llamado marco legal para la paz, otra ley que en estos momentos hace curso en el Congreso, termin贸 convertido en un armaz贸n vac铆o, quiz谩s un avance en el lenguaje, pero una frustraci贸n en lo dem谩s: un muestrario de gangas penales, para una guerrilla que, sincera o no, habla de cambios estructurales y no de unos a帽os de m谩s o de menos en unas c谩rceles en las que no pretende alojarse. La Ley de V铆ctimas y Restituci贸n de Tierras, por otro lado, es un arma de doble filo para quienes se atrevan a ir m谩s all谩 de solicitudes, firmas y protocolos, y a creer que de verdad pueden volver a pisar la tierra que les fue despojada a sangre y fuego.

Dos leyes que hablan de paz, plantean objetivos de paz, hacen parte del manojo de llaves de la paz del presidente Santos, pero que no llevan hacia la paz. Patas de pato, plumas de pato, pico de pato, pero no es un pato.

La reforma a la Justicia complementa la tr铆ada, que tendr谩 cuatro patas cuando se abra paso la otra cara de la impunidad que es el proyecto de ley que ampl铆a el fuero militar. Un esperpento que burlonamente se precia de democr谩tico por crear dos salas de garant铆as, una de ellas con mayor铆a de militares retirados, estamento m谩s reaccionario y peligroso que los propios militares en ejercicio, hace poco envuelto en un oscuro juego de cartas cruzadas con tufo golpista.

Y, claro, la reforma a la justicia, que atenta contra las mayor铆as. Por regla general, las leyes se han encargado de poner en cintura los modestos vuelos de la Constituci贸n del 91. Ahora, la situaci贸n es tan complicada que las esperanzas vanas se han puesto en que las leyes estatutarias enmienden los desatinos. Otra mentira que sus defensores echan a rodar.

Si el marco jur铆dico para la paz y la pol铆tica de restituci贸n de tierras van contra la paz por su carga de frustraci贸n y desesperanza, y por la reacci贸n que generan en las extremas, la reforma a la justicia ataca la paz en su m茅dula, trabando a煤n m谩s el acceso a la justicia de quienes carecen de recursos para ponerla a su favor, es decir, a casi todo el pueblo colombiano. Justicia congestionada, lejana, ahora arancelaria; nueva segregaci贸n y m谩s privatizaci贸n que se suman a las inequidades que afronta el pa铆s y que est谩n en la raz贸n del conflicto social que vivimos.

Puede que la Constituci贸n de 1991 tenga aspecto de colcha de retazos, con remiendos de af谩n, visibles contradicciones y dif铆ciles conciliaciones con la realidad de un pa铆s, am茅n de atrasado, mezquino.

Adem谩s, porque se est谩 volviendo una tradici贸n que las constituciones en Colombia procuren poner el pa铆s a tono con el siglo que est谩 a punto de morir y no con el que viene, o sea, con el porvenir.

As铆 pas贸 con la Constituci贸n de 1886, que integr贸 en sus t铆tulos y art铆culos la visi贸n de caridad hip贸crita que distingui贸 el siglo a las puertas de la muerte, el XIX, y que por a帽adidura los regeneradores, con Rafael N煤帽ez a la cabeza, cedieron a la iglesia.

La Constituci贸n de 1991 involucra una asistencia y un apoyo sociales que eran un cuento viejo venido desde la d茅cada del treinta, y, aunque de manera inconstante y a flechazos, todav铆a de m谩s atr谩s. Aun si no fuera enteramente asunto de la 铆ndole constitucional, as铆 lo han venido entendiendo los gobiernos, desde su promulgaci贸n hasta, por lo que se ve, los finales del siglo XXI.

Algo es algo, dir谩n algunos. Y hasta raz贸n tendr谩n. A un pa铆s al que todo le llega tarde, mucho cuento que la Constituci贸n llegue s贸lo con setenta u ochenta a帽os de atraso. (2) Cien y m谩s hay de soledad.

Adoleciendo de todas las torpezas del mundo, sin embargo, y apuntando de para atr谩s, no puede negarse que aquella 煤ltima Constituci贸n fue un intento por establecer un nuevo marco legal en diferentes aspectos de la vida colombiana. Si no una visi贸n prospectiva, por lo menos la cruzaba un vago aire de modernidad m谩s digerible. Que en buena medida mantiene a pesar de los ocho a帽os de 脕lvaro Uribe V茅lez poni茅ndole j谩quimas desde el 鈥淓l Ub茅rrimo鈥.

En ese sentido, los actuales intentos de arreglo de sus desidias, errores y erratas pueden ser v谩lidos en la intenci贸n, como lo fue en lo mismo la propia Carta Magna (la antecesora Libertatum inglesa del siglo XIII o el facs铆mile que nos convoca), y una frustraci贸n en los resultados, como lo fue tambi茅n la misma. O lo fueron.

Con todo, el problema no es de intenciones, que podr铆amos llegar a creer que son piadosas. Lo grave es en manos de qui茅nes qued贸 la ingente tarea, en medio de un mar vasto de deudas y conveniencias de los implicados: los legisladores, varias decenas de ellos presos, ya guardando el traje a rayas, como Mario Uribe, el primo del ex presidente.

En la promulgaci贸n de la Constituci贸n de 1991 participaron grupos divergentes, l铆deres contrarios, con asesores en todas las 谩reas imaginables. Si no qued贸 mejor no fue por sustracci贸n de materia, sino quiz谩s porque los mejores negociantes casi nunca coinciden con ser los mejores hombres ni los bienintencionados.

Los actuales aportes, en cambio, se efect煤an en manguala entre congresistas y magistrados, dejando en el camino los puntos que podr铆an representar alg煤n beneficio para la sociedad y catapultando los 铆tems que s铆 lo tienen (y grande) para unos y otros de los justipreciados. Sintetizando: una contrarreforma que beneficia a diez por cada mill贸n de habitantes. Como el esp铆ritu de la Constituci贸n de 1886, 驴justicia representativa?

Es cierto que la Constituci贸n del 91 cre贸 el adefesio superlativo llamado Consejo Superior de la Judicatura. Pero ni siquiera ese organismo desaparece, s贸lo cambia de nombre. Y se afirma que desaparece la inoperante Comisi贸n de Acusaciones de la C谩mara de Representantes, lo cual tampoco es cierto. Tambi茅n es un cambio nominal, y ahora sus integrantes cobran.

No solamente no desaparecen los lastres, sino que son m谩s costosos. Pero eso tampoco es lo m谩s grave. Congresistas blindados, intocables; magistrados vendidos, un tanto vitalicios; herramientas truncadas de la justicias; instancias de investigaci贸n y juzgamiento abolidas, como la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia; una justicia de marras, callejera, privatizada e hincada a los bancos鈥 Apenas gajes del oficio de la nueva contrarreforma.

Lo preocupante en verdad es que despu茅s de esta trasquilada la Justicia en Colombia seguir谩 siendo igual o m谩s lenta y ciega para los de ruana, y m谩s presta apenas cuando involucra grandes intereses, para actuar, desde luego, a su favor.

Nada nuevo, pensar谩 cualquiera. Pero no. Hay mucho deshonor en lo que acaba de acontecer en el pa铆s. El espect谩culo de la mal llamada reforma a la Justicia es un concierto pleno para delinquir, que hace ver a buena parte de los congresistas y a muchos de los magistrados de todas las cortes colombianas como verdaderos hampones, delincuentes vendidos por unos a帽os m谩s en el cargo a costa de ocasionarle un da帽o incre铆ble y sin precedentes a la rama a la que dicen deberse. O deber铆an deberse.

Del choque del ejecutivo con las cortes, tan violento y da帽ino para la institucionalidad colombiana, que se dio durante el gobierno de 脕lvaro Uribe V茅lez, pasamos a los 贸rganos legislativo y judicial confabulados, junto a un Procurador que perdona en relaci贸n con su propia absoluci贸n y elecci贸n. La Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado lo absuelven y re absuelven, para no resolverlo.

Uribe arm贸 un complot para tumbar la Corte Suprema de Justicia y nombrar una de bolsillo, como lo atestigua el propio paramilitar Salvatore Mancuso, extraditado a los Estados Unidos (3). Ech贸 mano de recursos criminales en su intenci贸n de llevarse por delante cualquier instituci贸n o persona que le ofreciera resistencia a sus maquinaciones. No lo logr贸 en esos ocho a帽os de peque帽o emperador, y s铆 en cambio lo consigue ahora, con sus trinos intrascendentes y sus pataletas de ahogado. Una iron铆a de la vida, pensar铆a uno, que en realidad es el resultado de la inserci贸n de sus pr谩cticas en las mentes de quienes fueron una vez sus contradictores. Y una transici贸n en esta patria, que avanza de las invasiones b谩rbaras al oscurantismo medieval.

Un buen trabajo de divulgaci贸n de qui茅nes son los magistrados directamente beneficiados lo hizo el periodista Juan David Laverde Palma, del diario El Espectador, contando cu谩les integrantes de las altas cortes que estaban por cumplir su per铆odo se van a quedar otros cuatro a帽os. Este es el v铆nculo: http://bit.ly/LjAJfo

No quisiera estar en el pellejo de cualquier juez de pueblo. Si el sumun de la Justicia negocia tan rebajadas las togas, 驴por cu谩nto pensar谩n los parroquianos que puede comprarse la corte de Caparrap铆?

鈥溾ntre pol铆tica y pol铆ticos, entre influencias y enemistades y en condiciones tan extremadamente complicadas, comprend铆a, que mi iba a ser muy dif铆cil cumplir con mis buenos prop贸sitos. / La justicia 鈥損ensaba yo- ha sido siempre una aspiraci贸n nacional鈥 Pero que no a todos conviene鈥︹ (4)

Camino a hacerse juez en un distrito feroz y remoto, esto piensa el personaje de las 鈥淢emorias de un juez de pueblo鈥, de Rafael P茅rez Palma, un libro peque帽o en extensi贸n que nuestros magistrados deber铆an saberse de memoria, aunque las estampas corresponden a los a帽os treinta y cuarenta del siglo XX y aunque se ubica geogr谩ficamente en el Estado de Hidalgo, en M茅xico.

Qu茅 dif铆cil para nuestros jueces de pueblo, pero tambi茅n para los presidentes de las altas cortes y para aquellos magistrados que aun en contrav铆a de sus intereses particulares se han venido oponiendo al hecho legislativo, ver el desmadre que esto significa para la justicia: Acto inconstitucional, cuya constitucionalidad revisa la favorecida Corte Constitucional.

Una reforma que, en todo caso, no buscaba el pa铆s, as铆 el ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra, afirme lo contrario. La pretenden los congresistas urgidos de impunidad, s铆. La aceptaron a cambio de abalorios muchos magistrados de las Cortes, s铆. Le gusta harto a notarios y leguleyos de toda cala帽a, tambi茅n. Pero sostener que 鈥渋ncorpora muchas cosas muy importantes para la justicia del ciudadano de a pie鈥 (5), cuando menos, es una desverg眉enza.

Aprobada en C谩mara y Senado por abrumadora mayor铆a, la reforma acab贸 con la muerte pol铆tica de los aforados y con ello se lapid贸 a s铆 misma como opci贸n de equidad para el pa铆s, el cual, con sus dos millones seiscientos mil procesos judiciales pendientes a diciembre de 2011, proseguir谩 con el amargo honor de contar con la s茅ptima justicia m谩s lenta del mundo y la tercera m谩s lenta en Am茅rica Latina y el Caribe. (6)

Buscamos los modos que sean para echarle le帽a al fuego perpetuo que se volvi贸 la violencia en Colombia. Esta contrarreforma, frente a la cual el gobierno del presidente Juan Manuel Santos patalea quieto, protesta callado y dice 鈥渘o鈥 sonriendo, es un modo esquizoide de dispararle a la paz sin gastar balas y de atraves谩rsele a cualquier posibilidad de di谩logo social sin necesidad de negarse.

No puede ser otra cosa esta enmienda ya vigente, que en unas horas empezar谩 a desocupar pabellones carcelarios y a liberar parapol铆ticos, auspiciadores y c贸mplices de brutales asesinos, y corruptos ex funcionarios del gobierno de 脕lvaro Uribe, de alto vuelo y cercano afecto al ex presidente, como Andr茅s Felipe Arias o Diego Palacio, sus dilectos ministros, o Bernardo Moreno, su secretario de Presidencia, o Edmundo del Castillo, su secretario jur铆dico. Desverg眉enza libertaria. 驴Y qui茅n, despu茅s de esto, se atreve a apelar a alguna de las altas instancias?

NOTAS:
(1) El Espectador: 鈥淓nfermos graves de reeleccionismo鈥. 12 de junio de 2012. http://bit.ly/LvOOET
(2) Julio Fl贸rez, poema 鈥淭odo nos llega tarde鈥 del libro 鈥淢anojo de zarzas鈥 (1906). Referencia al c茅lebre verso: 鈥淭odo nos llega tarde… 隆hasta la muerte!鈥.
(3) Portal de La FM: 鈥淢ancuso entreg贸 pruebas sobre complot de Uribe contra la Corte.鈥 http://bit.ly/Ah9AUj
(4) P脡REZ PALMA, Rafael. 鈥淢emorias de un juez de pueblo鈥. Librer铆a de Manuel Porr煤a, S.A. M茅xico, 1960. P谩g. 12.
(5) El Liberal: 鈥淟a reforma a la justicia ya es una realidad鈥. 15 de junio de 2012. http://bit.ly/LRgN1Y
(6) Portal de la Presidencia de Colombia. 鈥淓l ciudadano de a pie se enfrenta a un sistema de justicia caracterizado por la congesti贸n y la ineficiencia鈥. 21 de marzo de 2012. http://bit.ly/GEKsoB

*Periodista y director de cine y televisi贸n colombiano.

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