Nov 15 2021
216 lecturas

Econom铆aSociedad

La (re)formaci贸n de la clase obrera

Los te贸ricos de la globalizaci贸n escribieron innumerables obituarios para la clase obrera, pero ignoraron el hecho de que el capitalismo crea sucesivamente nuevas clases obreras con nuevas fuentes de poder, padecimientos y reivindicaciones.

Cuando los especialistas en ciencias sociales se refieren al per铆odo 2019-2021, destacan tres signos de crisis sist茅mica profunda: en primer lugar, la incapacidad de la mayor铆a de los Estados para responder adecuadamente a la pandemia de Covid-19, ese gran revelador de las falencias sociales y gubernamentales. En segundo lugar, la aceptaci贸n de Estados Unidos del fracaso de la guerra en Afganist谩n, que dej贸 en claro que la 芦guerra contra el terrorismo禄 no logr贸 revertir la p茅rdida de poder de Estados Unidos a nivel mundial.

Por 煤ltimo, pero no menos importante, el tsunami de protestas sociales a nivel mundial, que empez贸 en 2010-2011 鈥攃omo consecuencia de la crisis financiera de 2008鈥 y no dej贸 de crecer hasta 2019.

Si ponemos la mirada en el futuro, est谩 claro que cualquier estrategia obrera y socialista deber谩 tener en cuenta el terreno en el que se despliegan las luchas, es decir, la inestabilidad hegem贸nica de Estados Unidos en el marco de una crisis capitalista mundial sin parang贸n luego de los a帽os 1930. Como sucedi贸 durante la primera mitad del siglo veinte, la crisis actual del capitalismo global adopta la forma de una enorme crisis de legitimidad: la consigna 芦socialismo o barbarie禄 vuelve a plantearse con urgencia.

La creaci贸n, destrucci贸n y reconstrucci贸n de la clase obrera mundial

驴Qu茅 pueden hacer las movilizaciones clasistas para frenar el deslizamiento del presente hacia la 芦barbarie禄? Hasta hace algunos a帽os, la respuesta de los te贸ricos de la globalizaci贸n, de izquierda y de derecha, era un谩nime: 芦No mucho禄. La tesis de la 芦carrera hacia el abismo禄 plantea que la globalizaci贸n cre贸 barreras insuperables para la movilizaci贸n de la clase obrera. Desde los a帽os ’80, los partidarios de esta perspectiva escribieron innumerables obituarios para la clase y el movimiento obreros, centrados en el debilitamiento y la destrucci贸n de las clases obreras existentes, sobre todo 鈥攜 esto es significativo鈥 las ocupadas en la producci贸n industrial de los pa铆ses centrales. Pero ignoraron las formas en que el capitalismo 鈥攑or medio de transformaciones recurrentes de la organizaci贸n productiva mundial鈥 crea nuevas clases obreras con nuevas fuentes de poder, padecimientos y reivindicaciones.

Este enfoque alternativo pone el eje en la creaci贸n y reconstrucci贸n de las clases obreras, que responden a su vez a los costados creativos y destructivos del proceso de acumulaci贸n de capital. En efecto, la ola mundial de movilizaciones de los a帽os 2010-2011 estuvo marcada por las protestas de nuevas clases en proceso de formaci贸n y clases existentes que luchaban para conservar los derechos conquistados en ciclos anteriores.

El espectro abarc贸 huelgas de obreros industriales en China, huelgas ilegales en las minas de platino de Sud谩frica, j贸venes desempleados y subempleados que se lanzaron a ocupar las plazas en todo el mundo y protestas contra la austeridad que se extendieron desde 脕frica del Norte hasta los Estados Unidos. El proceso termin贸 siendo solo el preludio a un tsunami de protestas de clase que dur贸 m谩s de una d茅cada y estuvo compuesto tanto por huelgas obreras como por luchas callejeras.

Hay quienes piensan que la lecci贸n de los a帽os 2010-2011 es que las luchas de clase se desplazaron desde los lugares de producci贸n hacia las calles. Con todo, aunque no deber铆amos menospreciar el significado de las 芦luchas callejeras禄, ser铆a un grave error subestimar las huelgas en los lugares de trabajo, pues son las fuentes de poder que operan detr谩s de esos movimientos. As铆, por ejemplo, aunque la historia est谩ndar de los levantamientos egipcios de 2011 se centra en la ocupaci贸n de la plaza Tahrir, la verdad es que Mubarak renunci贸 a su cargo solo cuando los obreros del canal de Suez 鈥攕itio fundamental para el comercio internacional y nacional鈥 hicieron huelga.

Desde los a帽os ’80, la adopci贸n generalizada de la producci贸n 芦Just in time禄 鈥攍a provisi贸n de inputs se mantiene en niveles m铆nimos con la perspectiva de recortar costos distribuy茅ndolos 芦justo a tiempo禄鈥 increment贸 la vulnerabilidad de las f谩bricas situadas m谩s abajo en la cadena a las huelgas que se desarrollan en los sitios de los proveedores. Este es el caso aun si la f谩brica que para est谩 en la misma provincia, como sucedi贸, por ejemplo, cuando la huelga de una autopartista forz贸 a Honda a cerrar todas sus plantas de ensamblado en China.

El bloqueo del Canal de Suez amenaza con subir los precios de las mercanc铆asLa pandemia y el bloqueo del canal de Suez de marzo de 2021 dejaron en claro que las cadenas de suministro globales son vulnerables a m煤ltiples formas de interrupci贸n, entre ellas, las huelgas obreras. Hasta cierto punto, esto no es nada nuevo. En el siglo veinte, los trabajadores del transporte dispon铆an de mucho poder en virtud de su localizaci贸n estrat茅gica en las cadenas de suministro globales y nacionales. De ah铆 el rol central que jugaron en el movimiento obrero en general.

No cabe duda de que las cadenas de suministro globales ser谩n distintas a mediados del siglo XXI 鈥攄e hecho, la pandemia y las tensiones geopol铆ticas est谩n forzando a reestructurarlas鈥, pero es muy probable que los trabajadores del transporte, los almacenes y la comunicaci贸n sigan teniendo poder (y tal vez cobren m谩s relevancia), dada su localizaci贸n estrat茅gica en los procesos de acumulaci贸n de capital.

Del mismo modo, ser铆a insensato descartar la importancia futura de las huelgas de los obreros industriales, pues la diseminaci贸n mundial de la producci贸n a gran escala, puesta en marcha durante el siglo veinte, tuvo como consecuencia la formaci贸n de nuevas clases obreras y oleadas sucesivas de conflictos de clase. A comienzos del siglo veinte, cuando el epicentro de la producci贸n industrial a gran escala se desplaz贸 al continente asi谩tico, tambi茅n lo hizo la lucha obrera: se confirm贸 la tesis de que donde hay capital, hay conflicto.

Esa frase tiene un sentido geogr谩fico, pues el capital, al ser relocalizado en busca de mano de obra d贸cil y barata, termina creando clases obreras y conflictos nuevos en sus lugares de destino. Pero tambi茅n tiene un sentido intersectorial, pues a medida que el capital se desplaza a nuevos sectores de la econom铆a, se crean nuevas clases obreras y emergen conflictos originales.

Una perspectiva obrera hegem贸nica

驴En qu茅 sectores debemos centrarnos hoy? Sin duda, uno muy importante es la 芦industria de la educaci贸n禄 que, seg煤n la UNESCO, pas贸 de contar 8 millones de docentes a nivel mundial en 1950 a 62 millones en 2000, y creci贸 otro 50% en 2019, hasta alcanzar un total de 94 millones de docentes. M谩s all谩 del crecimiento mete贸rico de los n煤meros, existen otros motivos para pensar que los docentes est谩n jugando un rol fundamental en el movimiento obrero a nivel mundial, an谩logo al que jugaron los obreros de la industria textil en el siglo XIX y los obreros de las automotrices en el siglo XX.

La tendencia al conflicto obrero en la 芦industria de la educaci贸n禄 se convirti贸 en un dato incuestionable a fines del siglo XX, pero las movilizaciones de la 煤ltima d茅cada marcaron un punto de inflexi贸n. En Estados Unidos, este punto correspondi贸 a la emergencia de la organizaci贸n Caucus of Rank-and-File Educators (CORE) que, con amplio consenso social, dirigi贸 a los docentes de Chicago a trav茅s de su exitosa huelga de 2012. Huelga de docentes en Chicago: un desaf铆o para la reelecci贸n de Obama

El conflicto logr贸 instalar la idea de que los docentes no solo luchaban por sus propios intereses, sino por los de los estudiantes y las familias. La huelga de Chicago fue seguida de una oleada nacional de paros y movilizaciones en todo el pa铆s, especialmente en los distritos escolares localizados en estados con una fuerte pol铆tica antisindical.

En Chile, los docentes de las escuelas p煤blicas que fueron a la huelga bajo la direcci贸n del Colegio de Profesores de Chile (CPC) 鈥攃on apoyo de estudiantes, vecinos y otros trabajadores鈥 jugaron un rol central en el ciclo de protestas nacionales que reivindic贸 el acceso universal a la educaci贸n y el abandono de la constituci贸n neoliberal heredada de la 茅poca de Pinochet. Se observaron acciones similares en Costa Rica, Honduras y Colombia y, en Per煤, el presidente de izquierda Pedro Castillo lleg贸 al poder con apoyo del sindicato docente.

Esta nueva oleada de militancia docente responde a una serie de reclamos fundados en un claro proceso de proletarizaci贸n, que incluye la intensificaci贸n del trabajo, el deterioro de las condiciones laborales y la p茅rdida de autonom铆a y control sobre el proceso de trabajo en las aulas. En parte, las huelgas docentes son exitosas debido a que sus reivindicaciones se complementan con un fuerte poder de negociaci贸n en sus lugares de trabajo. Es posible argumentar que la 芦industria de la educaci贸n禄 suministra los bienes de capital m谩s importantes del siglo XXI, es decir, esos obreros educados que luego deben insertarse en una 芦econom铆a de la informaci贸n禄.

A diferencia de la mayor铆a de las actividades manufactureras, es imposible presionar a los docentes mediante la amenaza de re localizar la producci贸n (m谩s all谩 de los experimentos virtuales a partir de la pandemia, la ense帽anza debe realizarse donde est谩n los estudiantes). Del mismo modo, la 芦industria de la educaci贸n禄 parece resistir a la automatizaci贸n (reemplazar a los docentes por robots no es algo que aparezca en el horizonte).

La huelga de maestros de Chicago en peligro mientras la CTU maniobra para cerrarla - World Socialist Web SiteAdem谩s, los docentes ocupan un lugar estrat茅gico en la divisi贸n del trabajo social concebida en t茅rminos m谩s amplios. Si los docentes hacen huelga, generan un efecto domin贸 que afecta toda la divisi贸n social del trabajo: interrumpen la rutina de las familias y dificultan el trabajo de los padres. En ese sentido, el poder estrat茅gico de los docentes, aunque en 煤ltima instancia est谩 fundado en su capacidad de interrumpir la econom铆a, es bastante singular, pues depende especialmente de la centralidad que tiene su actividad en la sociedad. Sin embargo, a menos que este poder se ejerza en el marco de una perspectiva hegem贸nica m谩s amplia, los docentes quedan expuestos a que el Estado y el capital los utilicen como chivos expiatorios y los sometan a la represi贸n. En efecto, l a crisis cada vez m谩s grave del capitalismo conlleva tambi茅n la ampliaci贸n y la profundizaci贸n de las formas coercitivas del poder.

Como sea, las huelgas m谩s grandes de la 煤ltima d茅cada muestran que los docentes tienen el potencial de formular dicha perspectiva, es decir, de mostrar que sus luchas particulares implican la defensa de los intereses de toda la sociedad. Su propia labor hace que entren en contacto cotidiano con c铆rculos mucho m谩s amplios de la clase obrera, pues son testigos de todos los problemas que enfrentan los estudiantes y sus familias.

Entonces, basta con que difundan la idea de que, aun si sus reivindicaciones buscan un beneficio que los afecta espec铆ficamente como docentes, tambi茅n promueven los intereses de los estudiantes, sus familias, sus barrios y sus ciudades. Por supuesto, este potencial hegem贸nico, fundado en condiciones estructurales, debe realizarse a trav茅s de una agencia pol铆tica que vincule las luchas particulares de los docentes 鈥攜 de los trabajadores鈥 con luchas m谩s amplias por la dignidad humana y la supervivencia planetaria.

Solidaridad forever

La automatizaci贸n que promueve la Inteligencia Artificial llev贸 a muchos intelectuales a sugerir que estar铆amos llegando al 芦fin del trabajo禄 y que, en consecuencia, se terminar谩n los conflictos laborales. Con todo, la prescindencia completa del trabajo humano en los procesos de producci贸n contin煤a siendo una fantas铆a esquiva, y no deber铆amos subestimar la importancia que siguen teniendo las luchas obreras en los sitios de producci贸n.

Ser铆a un error tambi茅n subestimar las movilizaciones callejeras. En efecto, es posible derivar el entrelazamiento esencial de estos dos sitios de lucha 鈥攅l lugar de trabajo y la calle鈥 a partir del Tomo I de El capital. Por un lado, llegando a la mitad 鈥攄onde describe el conflicto ininterrumpido entre el capital y el trabajo por la duraci贸n, la intensidad y el ritmo de la actividad鈥, Marx se refiere a lo que sucede en la 芦oculta sede de la producci贸n禄.

Por otro lado, en el cap铆tulo 25, Marx aclara que la l贸gica del desarrollo capitalista, no solo lleva a constantes luchas en los lugares de trabajo, sino tambi茅n a conflictos m谩s amplios a nivel social, pues la acumulaci贸n de capital avanza de la mano de la 芦acumulaci贸n de miseria禄, especialmente bajo la forma de la expansi贸n de un ej茅rcito industrial de reserva de trabajadores desempleados, subempleados y precarios.

En este sentido, la historia del capitalismo se caracteriza, no solo por el proceso c铆clico de destrucci贸n creativa en el punto de la producci贸n, sino tambi茅n por la tendencia de largo plazo a destruir los modos de vida existentes a un ritmo m谩s veloz del que define la creaci贸n de otros nuevos. Esto conlleva la necesidad de conceptualizar tres tipos de conflictos obreros: (1) las protestas de las clases obreras en proceso de formaci贸n; (2) las protestas de las clases obreras existentes que est谩n siendo destruidas y (3) las protestas de esos trabajadores que el capital ignora y excluye, es decir, los miembros de la clase obrera que, aunque dependen exclusivamente de ello para sobrevivir, es probable que nunca logren vender su fuerza de trabajo.

Los tres tipos de conflictos obreros son manifestaciones distintas de un proceso de desarrollo capitalista 煤nico. Los tres son visibles en las luchas actuales. El destino de cada uno est谩 铆ntimamente entrelazado con el de los otros. Una estrategia socialista debe abarcarlos a todos. En efecto, la perspectiva estrat茅gica de Marx y Engels 鈥攁rticulada en el Manifiesto del Partido Comunista y en otras obras鈥, convocaba a los sindicatos a organizar a estos tres segmentos de la clase obrera mundial en un proyecto com煤n.

No hace falta decir que se trata de una tarea inmensa. Pero adem谩s, sin dejar del todo de pecar de cierto optimismo, Marx asum铆a que estos tres tipos de trabajadores 鈥攍os que son incorporados como asalariados durante las 煤ltimas fases de expansi贸n material, los que son expulsados durante la 煤ltima ronda de reestructuraciones y los que son excedentes desde el punto de vista del capital鈥 habitaban los mismos hogares y barrios obreros. Viv铆an juntos y luchaban juntos.

En otros t茅rminos, las distinciones al interior de la clase obrera 鈥攅ntre trabajadores empleados y desempleados, activos y en reserva, capaces de imponer p茅rdidas costosas al capital y capaces solo de manifestarse en las calles鈥 no se solapaban con diferencias de ciudadan铆a, raza, etnicidad o g茅nero. Entonces, los trabajadores que encarnaban cualquiera de esos tres tipos conformaban una sola clase obrera con el mismo poder y las mismas demandas, y con la capacidad de generar una perspectiva poscapitalista sobre la emancipaci贸n de la clase en su conjunto.

Sin embargo, en t茅rminos hist贸ricos, el capitalismo se desarroll贸 junto al colonialismo, al racismo y al patriarcado, es decir, dividi贸 a la clase obrera en funci贸n de su condici贸n y lim贸 sus capacidades para generar una visi贸n com煤n de la emancipaci贸n. En per铆odos de grandes crisis capitalistas, como la que estamos viviendo, estas divisiones tienden a endurecerse. El capitalismo en crisis empodera directa e indirectamente a los 芦monstruos禄 del 芦interregnum禄 gramsciano (movimientos neofascistas, racistas, patriarcales, antinmigrantes y xen贸fobos). Entonces se despliegan formas coercitivas de control social y militarismo contra un movimiento socialista que es a la vez 芦demasiado fuerte禄 como para ser ignorado (por el capital) y 芦demasiado d茅bil禄 (hasta ahora) como para salvar a la humanidad de una larga 茅poca de caos sist茅mico.

Con todo, tambi茅n asistimos a un recrudecimiento de las luchas obreras sin precedentes a nivel hist贸rico en cuanto a su escala y a su alcance. Si bien la magnitud del desaf铆o que plantea la crisis del capitalismo global para la humanidad tampoco tiene antecedentes, estos nuevos movimientos est谩n construyendo puentes y, en algunos casos, son capaces de solidarizar a los protagonistas de los tres segmentos de la clase obrera a los que nos referimos. Es en estas luchas 鈥攜 a trav茅s de ellas鈥 que surgir谩 un proyecto emancipatorio capaz de guiarnos fuera de este capitalismo destructivo, hacia un mundo donde la dignidad humana valga m谩s que las ganancias.

* Profesora de sociolog铆a, directora del Arrighi Center for Global Studies de la Universidad Johns Hopkins y autora de Fuerzas de trabajo (Akal, 2005).聽 Publicado en Jacobinlat.com. Traducci贸n de Valent铆n Huarte

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A帽adir comentario