Ene 28 2017
353 lecturas

Despacito por las piedras

La respuesta de Trump a la crisis de su país y el mundo

Al nuevo presidente estadounidense Donald Trump no lo espera un país y un mundo amistosos, casi -se podría decir- todo lo contrario. Estados Unidos está lejos de estar en su mejor momento. Más allá de los datos económicos hay mucha bronca contenida, justamente fue la insatisfacción de vastos sectores lo que llevó a Trump a la presidencia. Es factible pensar que los datos de la realidad muestran que el gobierno de Trump no es ninguna extravagancia, sino que es un reconocimiento a una situación oculta detrás de una propaganda masiva que da como ciertos hechos y situaciones que no son tales.

La mayor parte de la prensa occidental ha machacado que llegó al gobierno una especie de “aborto de la naturaleza” que va aislar a su país con sus políticas de un nacionalismo proteccionista y que va a destruir los avances sociales producidos. Es bueno ponerle algo de realismo a estos conceptos para no quedarse con los que nos muestra la superficie y penetrar un poco más en lo que está pasando.

Se centrará en una breve reflexión con respecto a la actitud del nuevo Presidente norteamericano acerca de dos cuestiones claves, sobre las que mucho se ha hablado: Su oposición a la globalización y las restricciones a las políticas inmigratorias. En cuanto a la globalización, este fenómeno –más allá de los discursos y comentarios periodísticos- venía padeciendo una profunda crisis desde los problemas financieros planteados en el 2008 (quiebra del Lehman  Brothers).

Una de sus manifestaciones más rotundas las encontramos en la evolución del comercio mundial. Según el Banco Mundial, éste representaba en 1960 el 12% del Producto Bruto Global, fue creciendo para llegar en el 2008 al 30%. Allí comenzó un descenso que parece incontenible. Ese dato va acompañado de otra realidad y se trata de una pérdida de impulso del principal negocio financiero de años atrás.

Son los llamados “productos financieros derivados” o negocios especulativos que llegaron a sumar cerca de 10 veces al Producto Bruto Global y hoy no llegan a 7 veces del mismo. Esto es solo un reflejo de la profundidad de la crisis global del capitalismo. Ésta es una de las claves que explica la relativa pérdida de poder de los Estados Unidos respecto de otros países como China. Esto podría ser una explicación por la cual Estados Unidos deja –objetivamente- a China como país hegemónico del comercio mundial, como cabeza de este mundo capitalista y de la crisis que transita.

En materia inmigratoria Trump ha ratificado su política de campaña y la construcción del muro -en la frontera mejicana- es el símbolo de la misma. Estos hechos han conmovido a las buenas conciencias del mundo, sin embargo no hay que olvidar que ha sido Barack Obama el Presidente que más inmigrantes ha deportado en los últimos 30 años.

Según datos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de los EEUU los deportados, durante el gobierno de Obama, suman cerca de 3 millones de personas (41% más que George Bush –hijo-), sobre un universo más o menos fijo de alrededor de 11 millones de indocumentados.

Estos dos ejemplos sirven para mostrar cómo un discurso globalista de tipo humanista encubre otras situaciones. Ante estas evidencias aparecen los “salvadores” –como Trump- que pretenden hacer responsable de los males a esos discursos. Eso es lo que dice el magnate yanqui cuando habla del “fin de los charlatanes”. Sus soluciones, es muy probable, que no sean remedios para la enfermedad del mundo actual.

A todos ellos les cuesta reconocer la decadencia global del sistema imperial y del modelo económico en el cual se basa. Lo cierto es que estamos ante una situación donde unos y otros, disputan entre ellos pero no tienen respuestas frente a lo que está aconteciendo. Un viejo general que supo gobernar nuestro país, tal vez diría que este “desorden global” y la ausencia de respuestas indique que está por llegar “La Hora de los Pueblos”.

Trump: la prensa y sus designaciones

No caben dudas que Trump está enojado con la prensa, lo está y no lo disimula. Los acusa de “deshonestos”. La realidad tiene otros matices, la gran prensa forma parte del mundo de quienes construyeron lo que es “políticamente correcto”, es decir cómo y qué había que pensar y eso formaba parte de ese “humanismo” que derrochan por los cuatro costados, encubriendo los intereses reales que defienden.

Por eso no extraña que el poderoso The New York Times, después de aventurar que entramos en una “época oscura”, pida a sus lectores que se suscriban al diario como una forma de apoyarlo en su prédica anti Trump.

La coherencia de Trump entre los dichos de campaña con las primeras medidas tomadas se corresponde con el gabinete que ha designado. Se trata –mayoritariamente- de varones, blancos y ricos. Fueron extraídos de las filas conservadoras más conspicuas. El Secretario de Trabajo –Andrew Puzder- se opone a las leyes laborales, a las que viola en su empresa; la Agencia Protectora del Ambiente, está en manos de Scott Pruitt, quien niega el cambio climático y sus efectos; para no desentonar –Betsy de Vos- la Secretaria de Educación sostuvo la conveniencia que haya armas en las escuelas por la presencia de osos; el Secretario de Estado (canciller) reconoce su amistad con Vladimir Putin, el jefe ruso acusado de haber intervenido en la campaña electoral –mediante hackers- en contra de la derrotada Hillary Clinton.

Juan Guahán/Question

 

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario