Jun 24 2013
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Política

La revuelta de los veinte centavos

El aumento en el precio del transporte fue la brecha por la que se col√≥ el profundo descontento que vive la sociedad brasile√Īa. En apenas dos semanas las movilizaciones se multiplicaron: de 5 mil los primeros d√≠as a m√°s de un mill√≥n en cien ciudades. La desigualdad, la falta de participaci√≥n y la represi√≥n son los grandes temas.

Los abucheos y rechiflas dieron la vuelta al mundo. Dilma Rousseff no se inmut√≥, pero sus facciones denotaban incomodidad. Joseph Blatter sinti√≥ la reprobaci√≥n como algo personal y se despach√≥ con una cr√≠tica a la afici√≥n brasile√Īa por su falta de fair play. Que la presidenta de Brasil y el mandam√°s de la FIFA, una de las instituciones m√°s corruptas del mundo, fueran desairados por decenas de miles de aficionados de clase media y media alta, porque los sectores populares ya no pueden acceder a estos espect√°culos, refleja el hondo malestar que atraviesa a la sociedad brasile√Īa.

Lo sucedido en el estadio Mané Garrincha de Brasilia saltó a las calles, amplificado, el lunes 17, cuando más de 200 mil personas se manifestaron en nueve ciudades, en particular jóvenes afectados por la carestía y la desigualdad, que se plasma en los elevados precios de servicios de baja calidad, mientras las grandes constructoras amasan fortunas en obras para los megaeventos a cargo del presupuesto estatal.

Todo comenz√≥ con algo muy peque√Īo, como sucede en las grandes revueltas del siglo XXI. Un modesto aumento del transporte urbano de apenas 20 centavos (de 3 a 3.20 reales, dos pesos uruguayos). Primero fueron peque√Īas manifestaciones de militantes del Movimiento Pase Libre (MPL) y de los comit√©s contra las obras del Mundial de 2014. La brutalidad policial hizo el resto, ya que consigui√≥ amplificar la protesta convirti√©ndola en la mayor oleada de movilizaciones desde el impeachment contra Fernando Collor de Melo, en 1992.

El viernes 7 de junio se realizó la primera manifestación en São Paulo contra el aumento del pasaje con poco más de mil manifestantes. El martes 11 fueron otros tantos, pero se quemaron dos autobuses. Las dos principales autoridades, el gobernador socialdemócrata Geraldo Alckmin, y el alcalde petista Fernando Haddad, se encontraban en París promoviendo un nuevo megaevento para la ciudad y tacharon a los manifestantes de vándalos.

El mi√©rcoles 12 una nueva manifestaci√≥n se sald√≥ con 80 autobuses atacados y ocho polic√≠as heridos. El jueves 13 los √°nimos estaban caldeados: la polic√≠a reprimi√≥ brutalmente a los 5 mil manifestantes provocando m√°s de 80 heridos, entre ellos varios periodistas de Folha de S√£o Paulo. Un tsunami de indignaci√≥n barri√≥ el pa√≠s que se tradujo, pocas horas despu√©s, en los abucheos contra Dilma y Blatter. Hasta los medios m√°s conservadores debieron reflejar la brutalidad policial. La protesta contra el aumento del boleto convergi√≥ sin propon√©rselo con la protesta contra las millonarias obras de la Copa de las Confederaciones. Lo que parec√≠an manifestaciones peque√Īas, casi testimoniales, se convirtieron en una ola de insatisfacci√≥n que abarca todo el pa√≠s.

S√≠ntoma de la gravedad de los hechos es que el lunes 17, cuando se produjo la quinta movilizaci√≥n con m√°s de 200 mil personas en una decena de capitales, los pol√≠ticos m√°s importantes del pa√≠s, los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inacio Lula da Silva condenaron la represi√≥n. Descalificarlos como v√°ndalos es un grave error. Decir que son violentos no resuelve nada. Justificar la represi√≥n es in√ļtil, escribi√≥ Cardoso quien atribuy√≥ las protestas al desencanto de la juventud frente al futuro.

Lula tuite√≥ algo similar: La democracia no es un pacto de silencio, sino una sociedad en movimiento en busca de nuevas conquistas. La √ļnica certeza es que el movimiento social y las reivindicaciones no son cosa de la polic√≠a, sino de mesas de negociaci√≥n. Tengo la certeza de que entre los manifestantes la mayor√≠a est√°n dispuestos a ayudar a construir una soluci√≥n para el transporte urbano. Adem√°s de desconcertar a las √©lites, los manifestantes consiguieron que se suspendieran los aumentos.

La sensación de injusticia

El transporte p√ļblico en ciudades como S√£o Paulo y Rio de Janeiro es uno de los m√°s caros del mundo y su calidad es p√©sima. Un relevamiento del diario Folha de S√£o Paulo analiza los precios del transporte p√ļblico en las dos mayores ciudades del pa√≠s respecto del tiempo de trabajo necesario para pagar un pasaje, en relaci√≥n con el salario medio en cada ciudad. El resultado es catastr√≥fico para los brasile√Īos.

Mientras un habitante de Rio necesita trabajar 13 minutos para pagar un pasaje y un paulista 14 minutos, en Buenos Aires sólo se tiene que trabajar un minuto y medio, 10 veces menos. Pero la lista incluye las principales ciudades del mundo: en Pekín el pasaje equivale a 3 minutos y medio de trabajo; en París, Nueva y Madrid, seis minutos; en Tokio, nueve minutos, lo mismo que en Santiago de Chile. En Londres, una de las ciudades más caras del mundo, cada pasaje demanda 11 minutos de trabajo ( Folha de São Paulo, 17 de junio de br violencia2013).

El peri√≥dico cita al ex alcalde de Bogot√°, Enrique Pe√Īalosa, para ejemplificar lo que deber√≠a ser la democratizaci√≥n urbana: La ciudad avanzada no es aquella en la que los pobres andan en auto, sino aquella en la que los ricos usan el transporte p√ļblico. En Brasil, concluye el diario, est√° sucediendo lo contrario.

En los √ļltimos ocho a√Īos el transporte urbano en S√£o Paulo se ha deteriorado seg√ļn revela un informe de O Estado de S√£o Paulo. La concesi√≥n vigente fue asignada durante la gesti√≥n de Marta Suplicy (PT) en 2004. El sistema de transporte colectivo creci√≥ de mil 600 a 2 mil 900 millones de pasajeros entre 2004 y 2012. Sin embargo, los autobuses en circulaci√≥n descendieron de 14 mil 100 unidades a 13 mil 900. La conclusi√≥n es casi obvia: M√°s gente est√° siendo transportada pagando un precio m√°s caro en menos omnibus que hacen menos viajes ( O Estado de S√£o Paulo, 15 de junio de 2013). En cada unidad viaja 80 por ciento m√°s de pasajeros.

Seg√ļn la Secretar√≠a Municipal de Trasportes de la ciudad, la mejora en la situaci√≥n econ√≥mica ha provocado un aumento de la cantidad de pasajeros pero, a su vez, los autobuses hacen menos viajes por el congestionamiento del tr√°nsito, lo que inevitablemente recae sobre los usuarios que sufren por la ineficiencia del sistema, con el aumento en el tiempo de los viajes. Los costos tambi√©n se han disparado por la ineficiencia que supone un mal aprovechamiento de la infraestructura.

Si a esto se suma el despilfarro que suponen las inversiones millonarias en las obras del Mundial 2014 y los Juegos Ol√≠mpicos 2016, con su secuela de traslados forzados de pobladores, puede comprenderse mejor el malestar reinante. Los seis estadios que se inauguraron en la Copa de las Confederaciones insumieron casi 2 mil millones de d√≥lares. La remodelaci√≥n de Maracan√° super√≥ 500 millones y otro tanto el Man√© Garrincha, una obra monumental con 288 columnas que le confieren un aspecto de coliseo romano moderno, seg√ļn el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke. Todo ese dinero p√ļblico para recibir un partido durante la Copa y siete en el Mundial.

Son recintos de lujo construidos por media decena de grandes constructoras, algunas de las cuales se adjudicaron tambi√©n la administraci√≥n de estas arenas donde se realizar√°n espect√°culos a los que muy pocos tendr√°n acceso. El costo final de todas las obras suele duplicar los presupuestos iniciales. A√ļn faltan seis estadios que est√°n en obras, la remodelaci√≥n de aeropuertos, autopistas y hoteles. El BNDES acaba de conceder un pr√©stamo de 200 millones de d√≥lares para la finalizaci√≥n del Itaquer√£o, el nuevo estadio del Corinthians, donde se jugar√° el primer partido del Mundial 2014.

Cansados de pan y circo

La Articulaci√≥n Nacional de los Comit√©s Populares de la Copa difundi√≥ un informe en el que se√Īala que en las 12 ciudades que albergar√°n partidos del Mundial hay 250 mil personas en riesgo de ser desalojadas, sumando las amenazadas por realojos y las que viven en √°reas disputadas para obras (BBC Brasil, 15 de junio de 2013). Hubo casos en que una vivienda fue demolida con un aviso previo de s√≥lo 48 horas. Muchas familias realojadas se quejan de que fueron trasladadas a lugares muy distantes con indemnizaciones insuficientes para adquirir nuevas viviendas, de menos de cinco mil d√≥lares en promedio.

Para completar este panorama, sólo para la Copa de las Confederaciones se dispuso un operativo militar que supuso la movilización de 23 mil elementos de las tres armas que incluye un centro de comando, control e inteligencia. El dispositivo moviliza 60 aviones y 500 vehículos. La disputa del Mundial 2014 ha obligado a Brasil a construir 12 estadios, 21 nuevas terminales aeroportuarias, siete pistas de aterrizaje y cinco terminales portuarias. El costo total para el Estado de todas las obras será de 15 mil millones de dólares.

Ante semejante despliegue de gastos para construir recintos de lujo resguardados con m√°xima seguridad, el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas (CONIC) divulg√≥ un comunicado en el que condena la brutalidad policial asegurando que lo sucedido el 13 de junio en S√£o Paulo nos remite a tiempos sombr√≠os de la historia de nuestro pa√≠s (www.conic.org.br). El texto de las iglesias denuncia la falta de apertura al di√°logo y asegura que la cultura autoritaria sigue siendo una caracter√≠stica del Estado brasile√Īo.

Le recuerda al gobierno que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU acaba de hacer varias recomendaciones, entre ellas poner fin a la policía militar. La CONIC cree que la represión policial contra las manifestaciones es la misma de los exterminios de jóvenes que suceden cotidianamente en las periferias de las ciudades. Finaliza diciendo que los grandes eventos que sólo traerán más ganancias al mercado financiero y a los mega conglomerados empresariales. No queremos sólo circo. Queremos también pan, fruto de la justicia social.

Si este es el estado de √°nimo de las iglesias, puede imaginarse c√≥mo se sienten los millones de j√≥venes que invierten dos horas en ir a trabajar, tres en retornar a sus casas en √≥mnibus est√ļpidos y caros y enfrentan 200 kil√≥metros de congestionamiento, como describe el escritor Marcelo Rubens Paiva ( O Estado de S√£o Paulo, 16 de junio de 2013). Todos los paulistas saben que los ricos viajan en helic√≥ptero. Brasil posee una de las mayores flotas de aviaci√≥n ejecutiva del mundo. Desde que gobierna el PT la flota de helic√≥pteros creci√≥ 58.6 por ciento, seg√ļn la Asociaci√≥n Brasile√Īa de Aviaci√≥n General (ABAG).

S√£o Paulo tiene 272 helipuertos y m√°s de 650 helic√≥pteros ejecutivos que realizan alrededor de 400 vuelos diarios. Muchos m√°s que ciudades como Tokio y Nueva York. Actualmente la capital paulista es la √ļnica ciudad del mundo que posee un control de tr√°fico a√©reo exclusivo para helic√≥pteros, dice la ABAG. Por eso fluye a indignaci√≥n y por lo mismo tantos festejaron el retorno de la protesta, para lo que tuvieron que esperar nada menos que dos d√©cadas.

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