Jun 16 2008
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CulturaSociedad

La solidaridad con la documentalista chilena Elena Varela

Justo Pastor Mellado 

La solidaridad con Elena Valera no se ha manifestado desde las artes visuales. Resulta sorprendente que desde las escrituras sobre las políticas de la imagen y las pesadas ediciones sobre arte y violencia que emergen como saludo a la bandera, no haya una sola palabra, ni un solo comentario sobre la situación de la documentalista chilena detenida en Rancagua.
 
El Ministro Vidal señaló hace un mes atrás que sería deseable que los postulantes al Fondart incluyeran en sus condiciones de admisibilidad un certificado de antecedentes. Esa es una condición implícita en la fondaridad inicial, pero nadie había querido darse cuenta. Además de someterse a las vicisitudes de legitimación del "arte del formulario", los postulantes tendrán que exhibir un certificado de buena conducta otorgado por la administración de la seguridad interior. Para esto no se requiere de funcionarios con atributos especiales; solo bastaría con el ejercicio de la delación compensada de sus propios deseos, con tal de asegurar los cupos en la distribución de los recursos, destinados a colmar el hoyo negro de las productividades. 
 
Están lejos los tiempos en que los agentes de reproducción escolar de la historia daban como bibliografía el libro de Giselle Freund sobre la fotografía bajo la monarquía de Julio. El discurso del Ministro Vidal contiene y sostiene el discurso del ministro del interior francés que poblaba el imaginario de la novela del siglo diecinueve, pero no lo sabe. No lo puede saber porque es hablado por la estructura de ese relato, pero como farsa de su propia enunciación. Es decir, sabe lo que hace porque "es sabido" por anticipado. Lo que habría que preguntarle es quien se lo anticipa, ese saber. Aunque frente a tal pregunta no se dignaría responder porque, eso si lo sabe, está allí para sostener el eco de la palabra de Otro. Ese es, justamente, su malestar: hablar por secretaría.
 
El Ministro Vidal sabe que la administración de las imágenes siempre ha sido un asunto de Estado. Pero el estado actual de las imágenes que el país "real" se hace de si mismo son inadministrables. Existe, lo que se llama, un "plus de sentido", que escapa a los controles acreditables de las imágenes.
 
El secuestro del material de cámara de Elena Varela es inversamente proporcional a la saturación administrativa de las imágenes de gestión de las catástrofes naturales. El Intendente Galilea desplaza a Vidal en la amabilidad del trato con poblaciones vulnerables. En el discurso del Ministro Vidal, La Moneda es siempre un fondo escenográfico, en que la incalculable vulgaridad de su vocería rebaja la dignidad del lugar. El relato del Intendente pone en escena la disolución territorial y sostiene la consolación del Estado en regiones extremas. Los funcionarios de la Agencia Nacional de Inteligencia producen la identificación adecuada de los sujetos que aparecen en los materiales de cámara, como prueba formal de la maquinaria de criminalización del conflicto mapuche. La saturación de las imágenes de Chaitén contrarrestan la retención de las imágenes de los aluviones de subjetividad que pueblan la Araucanía. Los agentes de Inteligencia no requieren postular al Fondart para titularse de gestores culturales de facto, porque son constructores de pruebas por oficio.
 
Ya nadie recuerda la pasión que Mario Soro, artista visual, ponía en el ejercicio del traspaso a un largo sudario de las imágenes canónicas de la fotografía de los defensores de La Comuna de 1870. Estas sirvieron para que la represión de los versalleses identificara a los combatientes y los detuviera, fusilando a gran parte de ellos.
 
El arte chileno contemporáneo está re-frito por los olvidos forzados. La situación de Elena Varela reproduce el alcance de la propia impostura del sistema local de arte. ¡Ni una sola palabra de solidaridad! Las prácticas academizables del arte de los docentes ya ni siquiera se someten a las leyes del mercado, sino de la recuperación administrativa. Ya no hay mediación crítica, sino inmediatez de segundo grado. El trabajo de Elena Varela era realizado en el primer grado; o sea, en la primera línea de la refriega por el registro. No se trata de la misma "política de imagen" comentable en El Mercurio.
 
Si en el período anterior los agentes del Estado hacían desaparecer a ciudadanos, los agentes de la Transición Democrática Interminable (TDI) secuestran imágenes para producir las imputaciones de su conveniencia. No es más que retención de pruebas para fabricación de juicios a la medida de una legislación subordinada simbólicamente al período anterior.
 
 Las artes visuales se han vuelto inofensivas, al punto de constituirse en el nuevo espacio de la decoración pública en la era de la post-estatuaria.

 

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