Nov 27 2014
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Pol铆tica

La sorpresa boliviana

Bolivia comparte con Venezuela el modelo econ贸mico social-desarrollista, la fisonom铆a nacionalista radical del gobierno y el ideario socialista, pero con modalidades muy distintas. Tambi茅n difieren los resultados y los balances que la prensa internacional difunde de la gesti贸n de Evo Morales, en comparaci贸n a Ch谩vez-Maduro.

El programa redistributivo fue aplicado en Bolivia con igual contundencia que en Venezuela. Se utiliz贸 una renta energ茅tica (gas铆fera) para impulsar el consumo, mediante incentivos a la demanda orientados por el estado.

Como en el resto de Am茅rica Latina este esquema fue dinamizado por el incremento de los precios de las materias primas exportadas. Los ingresos por estas ventas externas subieron de 2000 a 10000 millones de d贸lares por a帽o.

Pero lo m谩s significativo de Bolivia ha sido la elevada captaci贸n estatal de la renta generada por los combustibles. El incremento de las regal铆as absorbidas por el estado aument贸 de 300 millones a 6000 millones de d贸lares al a帽o.

En la d茅cada precedente las finanzas estatales s贸lo capturaban el 18 % de ese total y las empresas transnacionales se quedaban con el 82 % restante. La nacionalizaci贸n parcial de los hidrocarburos (2006) revirti贸 esta relaci贸n. Basta recordar la enorme incidencia de la venta de combustibles y minerales en el PBI boliviano, para mensurar esa mutaci贸n (Navarro, 2014).

Un giro semejante se verific贸 en Venezuela con la recuperaci贸n de PDVSA, pero la dimensi贸n del cambio ha sido superior en Bolivia. En este pa铆s el estado se hab铆a quedado sin recursos y toda la renta se filtraba al exterior.

Las consecuencias econ贸micas de esta transformaci贸n han sido may煤sculas. El gasto p煤blico se triplic贸, el empleo p煤blico aument贸 significativamente y los precios de los alimentos se estabilizaron.

Algunas estimaciones consideran que la mejora del salario m铆nimo alcanz贸 64% (2005-13), mientras que los bonos de asistencia cubren al 33% de la poblaci贸n, en un marco de tarifas de electricidad y de combustible congeladas (B谩rcena, 2014).

Otras evaluaciones destacan que la pobreza extrema urbana se redujo del 24% al 14% y su equivalente rural del 63 al 43% . Los programas sociales han influido directamente sobre este resultado, a trav茅s de auxilios percibidos por todos los sectores marginados del mercado laboral. Hay bonos para los ni帽os que van a la escuela (Juancito Pinto), para las mujeres que reci茅n tuvieron familia (Juana Azurduy) y para los ancianos que nunca hicieron aportes jubilatorios (Renta Dignidad) (Molina, 2013).

Avances del subsuelobol hidrocarburos nacionalizados

Las mejoras sociales conquistas han sido semejantes a las registradas en Venezuela durante el primer per铆odo del modelo social-desarrollista. Pero una diferencia importante radica en el nivel de estabilizaci贸n que logr贸 este esquema en Bolivia. Este soporte se refleja en el creciente flujo de inversiones extranjeras directas.

La afluencia de divisas ha consolidado un elevado volumen de reservas (47% del PBI), en un contexto de moderado endeudamiento p煤blico (35 % del PIB). La tradicional fuga de capitales que caracterizaba al pa铆s se detuvo y dio lugar a un incipiente proceso inverso (B谩rcena, 2014).

Esta secuencia de crecimiento continuado diferencia al pa铆s de Venezuela. Bolivia lidera en los 煤ltimos a帽os la tasa de crecimiento regional y esos resultados han generado un esperable elogio de CEPAL y una sorpresiva felicitaci贸n del FMI. El producto bruto pas贸 de 9.525 millones (2005) a 30.381 millones de d贸lares (2013) y el PBI per c谩pita salt贸 de 1.010 a 2.757 d贸lares.

Esta expansi贸n se concret贸 con una baja tasa de inflaci贸n y una llamativa preocupaci贸n por preservar el equilibrio fiscal. Algunos analistas atribuyen ese resultado a un manejo prudente de las variables macro-econ贸micas, como consecuencia del trauma legado por la hiperinflaci贸n del 煤ltimo gobierno de izquierda (1982-1985). Tambi茅n destacan la psicolog铆a campesina de Evo y su aversi贸n al endeudamiento (Stefanoni, 2014).

En la gesti贸n actual se ha priorizado la construcci贸n de caminos, puentes y ciertos emprendimientos como el sat茅lite Tupac Katari o el telef茅rico entre La Paz y El Alto. Estas obras recuperan la autoestima de una sociedad afectada por la ausencia de realizaciones.

驴El modelo social-desarrollista ha pasado la prueba? 驴Demostr贸 su viabilidad? 驴Augura una siguiente etapa de superaci贸n del subdesarrollo?

Nadie se atreve a cantar victoria en una econom铆a tan dependiente de la mono-exportaci贸n de combustibles. El Altiplano ha podido usufructuar m谩s que otros pa铆ses de la excepcional coyuntura de altos precios de las materias primas. Utiliz贸 la renta generada por ese incremento para impulsar el consumo y redistribuir los ingresos.

Pero la ausencia de transformaciones productivas prende luces rojas para el futuro. Bolivia ha consumado avances que ya experimentaron en el pasado pa铆ses m谩s industrializados (como Argentina) o con estructuras medianas (como Venezuela) y enfrentar谩 los mismos l铆mites que encontraron esos antecesores.

bol inversion extEl Altiplano parte de un piso muy bajo de subdesarrollo y cuenta con m谩rgenes mayores para las expansiones r谩pidas. Pero ese retraso tambi茅n determina un alto nivel de vulnerabilidad, en comparaci贸n con econom铆as que cuentan con m谩s recursos y capitales acumulados.

Los l铆mites del modelo se vislumbran en la esfera de los hidrocarburos que financian todos los programas del estado. Luego de renegociar 44 contratos de concesi贸n las compa帽铆as extranjeras mantienen considerables posiciones (especialmente REPSOL y PETROBRAS). La experiencia ilustra especialmente los peligros de utilizar los ingresos fiscales en subvenciones a los contratistas. La indemnizaci贸n de 1045 millones de d贸lares recientemente concedida a la empresa Pan American Energy (por la expropiaci贸n de acciones realizada en el 2009) es una advertencia de esos antecedentes. Bolivia necesita todos sus recursos para procesos de industrializaci贸n (como la utilizaci贸n del gas para elaborar fertilizantes y pl谩sticos).

En el agro se verifican problemas semejantes. Comenzaron a normalizarse las situaciones irregulares que afectan a los due帽os de las peque帽as parcelas. Pero la reforma agraria contin煤a demorada y la elevad铆sima concentraci贸n de la propiedad en un centenar de clanes terratenientes no se ha modificado.

In茅ditas conquistasbol evo pueblo

El secreto de la estabilidad econ贸mica hay que buscarlo en la solidez del poder pol铆tico construido por Evo Morales. Tras 8 a帽os de gobierno, el l铆der del MAS conquist贸 en el 2014 un nuevo mandato, con un porcentaje de votos superior al 60%. Ese resultado se ubica por encima de la victoria del 2005 y se aproxima al triunfo del 2009. Ha ganado en 8 de los 9 departamentos y logr贸 mayor铆a en las regiones anteriormente adversas de Oriente (con ciertas p茅rdidas en sus bastiones del Altiplano).

Hasta ahora Evo ha podido sobrellevar el temido desgaste que genera el ejercicio del gobierno y mantiene la mayor铆a absoluta en ambas c谩maras. Sus 茅xitos en los comicios se inscriben en el nuevo orden constituyente que introdujo a partir del 2006, luego de la aprobaci贸n de una nueva carta magna con el 72% de los sufragios.

Este nivel de fortaleza electoral no tiene precedentes en un pa铆s que tuvo 36 presidentes que no superaron el primer a帽o de ejercicio. Evo ser谩 el mandatario m谩s duradero de esa larga historia de fragilidades presidenciales. Ha logrado revertir la improvisada b煤squeda de equilibrios entre las corporaciones que dominaba la vida pol铆tica.

La consistencia que exhibe Evo contrasta con el desangre econ贸mico-social que sufri贸 Bolivia durante el largo per铆odo neoliberal iniciado en 1985. Esa nefasta etapa ha sido reemplazada por un aluvi贸n electoral que convalida los triunfos previamente obtenidos por el pueblo en las calles.

Esa extraordinaria sucesi贸n de luchas sociales fue comenzada por los productores de coca y posteriormente encabezada por los campesinos y trabajadores que libraron la guerra del agua. Derrotaron a los privatizadores, expulsaron a los concesionarios extranjeros y abrieron una gran secuencia de victorias desde abajo. Al costo de 77 muertos impusieron la huida del sanguinario S谩nchez de Lozada.

El gobierno de Evo surgi贸 de estas batallas y se consolid贸 derrotando las conspiraciones de la derecha. Dobleg贸 a los reaccionarios en las urnas, luego de aplastar la sublevaci贸n fascista del 2008 (masacre de Pando). Esa victoria explica la fortaleza de su administraci贸n.

Morales ha sido el 煤nico presidente de la regi贸n que surgi贸 directamente de acciones insurgentes de los movimientos sociales. Por esta raz贸n puso en marcha el contundente paquete de iniciativas democr谩ticas y descolonizadoras que consagraron el establecimiento del estado plurinacional . La poblaci贸n ind铆gena logr贸 un reconocimiento sin precedentes de derechos colectivos para 40 etnias, en numerosos terrenos de la lengua, la cultura, la representatividad y la democracia participativa (Mayorga, 2014).

Nuevos conflictos

bol evo pueblo1En pocos a帽os se han introducido reformas pol铆ticas y sociales que Bolivia desconoc铆a desde los a帽os 50. La derecha tradicional presenta esas mejoras reales como simples fantas铆as ret贸ricas. Tambi茅n se帽ala que el gobierno populista desaprovech贸 el ventajoso escenario econ贸mico internacional. Le resulta inadmisible haber perdido el control sobre esos lucros y no logra entender c贸mo su derrota ha desembocado en un escenario de estabilidad capitalista.

Otros sectores conservadores optaron por subirse al carro victorioso del MAS. Incorporaron especialmente en Oriente una parte de sus viejas fuerzas (MNR, ADN) al oficialismo. Con esta absorci贸n Evo logr贸 mayor铆a en las zonas en disputa, pero hay sumas electorales que restan consistencia pol铆tica. Esas ampliaciones nunca fueron gratuitas para los gobiernos populares (Arkonada Katu, 2014a).

Evo lidera un proceso reformista radical no s贸lo en el plano interno. Tambi茅n desenvuelve ese perfil a escala internacional, mediante impactantes c贸nclaves para exigir la defensa efectiva del medio ambiente, como la Cumbre de Cochabamba (Arkona, 2014b).

Lo m谩s significativo de esa intervenci贸n geopol铆tica es una postura antiimperialista que desborda el terreno declarativo. La expulsi贸n de los conspiradores yanquis (disfrazados de funcionarios de USAID) fue seguida de un retiro impuesto al embajador estadounidense que ha dejado vacante esa delegaci贸n. Adem谩s, los gobernantes de Israel fueron acusados de terrorismo de estado y el viejo reclamo a Chile de una salida al mar ha sido expuesto con gran contundencia frente a Pi帽era y Bachelet.

Morales promueve una ideolog铆a que combina nacionalismo con indigenismo. Comanda un sistema pol铆tico que ha desplazado a la vieja elite de oligarcas blancos. Inici贸 su gobierno prometiendo 鈥渢ransformar las protestas en propuestas鈥 y proclama que Bolivia necesita 鈥渟ocios y no patrones鈥.

Pero el desenvolvimiento de su proyecto enfrenta un techo muy estricto en los marcos del capitalismo. Hasta ahora su esquema concili贸 alivios populares con privilegios de las clases dominantes. Son dos metas en conflicto, que emergen a la superficie cada vez que el gobierno adopta alguna medida favorable a los grupos de poder.

En esos casos la reacci贸n popular ha sido contundente. Ya ocurri贸 en diciembre del 2010 con el incremento de los precios de los combustibles (鈥淕asolinazo鈥) y durante las marchas contra la construcci贸n de una carretera que atraviesa territorios ind铆genas (TIPNIS).

El gobierno ha contemporizado con esas protestas y busc贸 resolver las tensiones en la mesa de negociaci贸n. Pero estos conflictos se acrecientan, a medida que Bolivia se transforma en una sociedad urbana con mayores exigencias sociales.

El capitalismo impide la satisfacci贸n de esas nuevas demandas y reduce los m谩rgenes para conciliar los intereses en pugna. Hasta ahora Evo logr贸 soslayar estos problemas, pero no podr谩 eludirlos en el futuro.

Socialismo comunitario

A diferencia de Venezuela el socialismo no est谩 presente en Bolivia en los discursosbol socialismo comunitario1 oficiales, en las campa帽as electorales o en las exposiciones ideol贸gicas corrientes de los gobernantes. Pero forma parte de la tradici贸n pol铆tica del pa铆s y de las principales organizaciones populares. El propio agrupamiento oficial (MAS) incluye la denominaci贸n socialista y Evo dedic贸 su reciente victoria electoral a Fidel y a Ch谩vez, convocando a reafirmar la lucha contra el capitalismo.

El socialismo tiene cabida en otro plano, a trav茅s de la conceptualizaci贸n te贸rica que ha desarrollado el vicepresidente Garc铆a Linera. Su punto de partida es la cr铆tica a los catastr贸ficos efectos del capitalismo. Describe c贸mo este sistema multiplica la desigualdad, el desempleo y la destrucci贸n de la naturaleza. Cuestiona el principio del beneficio, los efectos de la explotaci贸n y las agresiones del imperialismo.

Linera retoma el proyecto socialista como respuesta a ese escenario. Defiende ese modelo en t茅rminos tradicionales, polemizando con las distorsionadas interpretaciones que difundi贸 la propaganda anticomunista. Recuerda que el capitalismo ha ocupado un breve lapso en la historia y destaca la vigencia del socialismo para superar los tormentos del capitalismo (Garc铆a Linera, 2010a: 7-18).

Estas contundentes definiciones contradicen el planteo que expuso al asumir como segunda figura del gobierno de Evo. En ese momento propuso impulsar un modelo de 鈥渃apitalismo andino-amaz贸nico鈥, tomando distancia de la convocatoria de Ch谩vez a forjar el socialismo del siglo XXI. Sugiri贸 que en Bolivia era conveniente la implementaci贸n de alguna variante econ贸mica del desarrollismo. Con sus nuevas definiciones a favor del socialismo parece revisar ese enfoque precedente.

Pero la peculiaridad del planteo de Linera radica en el perfil comunitario de su propuesta socialista. Subraya la vitalidad que mantienen las comunidades en Bolivia y la consiguiente vigencia de principios de trabajo asociativo, con fuertes valores 茅ticos de fraternidad, tanto en el campo como los barrios populares de las ciudades.

El vicepresidente considera que esa continuidad permite gestar una variante de socialismo comunitario, semejante al aplicable en Ecuador o a ciertas zonas de M茅xico, India y 脕frica. Estima que este proyecto no es realizable en los pa铆ses desarrollados (o de capitalismo intermedio), que han perdido toda memoria de las viejas formas econ贸micas colectivas (Garc铆a Linera, 2010a: 7-18).

Su propuesta est谩 acotada a las regiones del planeta que conservan legados comunitarios. bol socialismo comunitarioLinera no postula los proyectos generales de construcci贸n cooperativista que impulsan las corrientes autonomistas. Tampoco propone crear comunas rurales, f谩bricas auto-gestionadas o econom铆as del tercer sector como anticipos del socialismo. Se limita a se帽alar que el proyecto anticapitalista puede apoyarse en ciertos pa铆ses, en la herencia legada por las antiguas estructuras comunitarias.

Esta tesis retoma la especificidad del socialismo andino que en 1920-30 intuy贸 Mari谩tegui. El intelectual peruano estimaba que el capitalismo hab铆a arrasado en su pa铆s con las comunidades incaicas del Ayllu. Pero tambi茅n destacaba la subsistencia del esp铆ritu solidario gestado por esa tradici贸n. Convocaba a trabajar en la organizaci贸n de una econom铆a colectiva a partir de esos principios de comunismo agrario (Mari谩tegui, 2007: 119-121) .

Linera actualiza esa concepci贸n y considera que su visi贸n es coherente con la propia maduraci贸n de Marx, que en los 煤ltimos estudios de su vida remarc贸 las potencialidades revolucionarias de las comunidades agrarias rusas (Mir) (Kohan, 2000: 94-111) .

Pero los 140 a帽os transcurridos desde esa caracterizaci贸n han incluido intensos desarrollos capitalistas, procesos revolucionarios y ensayos de construcci贸n socialista. El grado de subsistencia material de las comunidades en el siglo XXI es significativamente menor al observado por Marx o por Mari谩tegui. Aunque Linera pone el acento en el legado pol铆tico-cultural y no en las estructuras econ贸micas de esas formaciones, las mutaciones han sido muy grandes en todos los planos.

Existe otra significativa diferencia con esos antecedentes. Tanto Marx como Mari谩tegui formularon sus hip贸tesis, apostando a una victoria pr贸xima del socialismo a escala mundial. Con esa perspectiva en mente imaginaban empalmes de los resabios del Mir ruso o del Ayllu peruano con pujantes desarrollos industriales de la periferia, apuntalados por las econom铆as pos-capitalistas de Europa.

Linera reafirma esa eventual conexi贸n entre u n socialismo de ra铆ces ind铆genas con el desenvolvimiento de alternativas anticapitalistas a escala mundial. Por eso rechaza cualquier ilusi贸n de forjar un modelo socialista encerrado en el Altiplano. Pero tambi茅n destaca que esa transici贸n ser谩 un prolongado proceso de imprevisible duraci贸n (Garc铆a Linera, 2008: 345-349) .bol alvaro

En este esquema no aclara c贸mo se producir铆a el enlace de las antiguas formas comunitarias con el socialismo global. El cambio de temporalidad del proyecto no es un dato menor. La experiencia confirma que cuando esas modalidades quedan sujetas a un contacto dominante con el capitalismo se reduce significativamente la posibilidad de un empalme con cursos socialistas. La competencia mercantil, la generalizaci贸n del trabajo asalariado y las inversiones del agro-negocio impiden esa convergencia.

Esta contradicci贸n acent煤a las propias ambig眉edades del enfoque de Linera, que pondera la meta socialista sin abandonar su propuesta previa de capitalismo andino amaz贸nico. M谩s bien sugiere alg煤n tipo de coexistencia entre ambos esquemas, mediante fragmentos de capitalismo que convivir铆an con pedazos de socialismo. Supone que durante esa concordancia el segundo sistema erosionar谩 gradualmente al primero (Garc铆a Linera, 2010a: 7-18).

Pero no define c贸mo se consumar铆a esa transici贸n. En sus textos evita precisar si concibe una tensi贸n entre el mercado y la planificaci贸n durante el pasaje al socialismo o si proyecta un fortalecimiento previo del capitalismo, antes de cualquier comienzo socialista.

Estados y gobiernos

Linera estima que el socialismo comunitario ser谩 precedido por una gran consolidaci贸n del estado. Considera que esa instituci贸n ha quedado sometida en la actualidad a un contradictorio proceso de mayor centralidad y vulnerabilidad. Puede manejar grandes presupuestos e intervenir con m谩s contundencia en la econom铆a, pero se encuentra m谩s condicionada y sometida a los flujos internacionales del capital.

El vicepresidente entiende que para afianzar los derechos populares resulta indispensable fortalecer al estado nacional. Postula esta caracterizaci贸n en abierta p ol茅mica con te贸ricos como Negri, que cuestionan ese prop贸sito (Garc铆a Linera, 2010b: 11-39) .

Con este planteo Linera cierra su etapa de pensamiento autonomista. Pone fin a un per铆odo de expectativas en el protagonismo de los movimientos sociales y teorizaciones afines al concepto de multitud. Su llegada al gobierno implic贸 el abandono de esos conceptos y la adopci贸n de una firme convicci贸n en la centralidad del estado (Stefanoni , 2008: 9-26).

En esta nueva mirada la naturaleza de clase del estado es eludida. No se sabe si la instituci贸n que permitir铆a incorporar grandes derechos populares se inscribir谩 en una transici贸n socialista o en el 谩mbito burgu茅s.

Linera subraya que en Bolivia el estado debe primero asegurar la descolonizaci贸n, incorporando los derechos negados durante siglos a los pueblos ind铆genas. Describe c贸mo se avanz贸 en ese terreno legitimando toda la variedad de idiomas y culturas reconocidas en la nueva configuraci贸n plurinacional. Estima que este cambio constituye el punto de partida para sustituir el estado aparente de las minor铆as olig谩rquicas por el estado integral de las mayor铆as populares (Garc铆a Linera, 2010b: 11-39) .

En los hechos postula construir una estructura estatal s贸lida que ejerza su autoridad sobre todo el territorio. A diferencia del grueso de Am茅rica Latina, esta construcci贸n nunca fue completada en Bolivia. El gobierno de Evo ha intentado concluirla, creando una nueva red de funcionarios sustitutiva de las elites racistas precedentes.

bol con nieveLinera entiende que este paso ser谩 efectivizado por un gobierno popular, que en los hechos se desenvolver谩 en el marco capitalista. Tambi茅n aqu铆 su planteo de socialismo comunitario queda diluido, ante la decisi贸n pr谩ctica de preservar el r茅gimen social vigente.

El vicepresidente tambi茅n remarca la radicalidad del proceso boliviano, en comparaci贸n a otros pa铆ses como Sud谩frica. Se帽ala que all铆 se introdujeron dr谩sticos avances descolonizadores con la eliminaci贸n del Apartheid, pero sin alterar la dominaci贸n econ贸mica de los grandes negocios. Considera que en Bolivia se consiguieron logros democr谩ticos del mismo alcance, pero con nacionalizaciones y recuperaci贸n del poder econ贸mico del estado (Garc铆a Linera, 2010: 11-39) .

Esas medidas efectivamente incrementaron la captura estatal de la renta de los hidrocarburos, pero no iniciaron las transformaciones requeridas para una transici贸n socialista. Linera evita evaluar esta limitaci贸n y s贸lo remarca la dimensi贸n pol铆tica del proyecto anticapitalista. Se帽ala que esa estrategia requiere unidad de las organizaciones populares, seducci贸n de las capas medias y aislamiento del imperialismo. Estima que en esas condiciones se podr谩 forjar gradualmente el socialismo (Garc铆a Linera, 2010: 11-39) .

驴C贸mo concretar ese proceso? La gran popularidad y estabilidad del gobierno de Evo permite evitar estas preguntas. Pero no resuelve las dificultades que enfrentaron todos los procesos que siguieron el camino propuesto por Linera.

Indianismo y marxismo

Los ind铆genas ocupan un lugar prioritario en la nueva realidad boliviana. Linera remarca ese papel, recordando que Evo recupera un liderazgo perdido desde la 茅poca del Manco Inca (1540).

El vicepresidente resalta esta gravitaci贸n en pol茅mica con los marxistas cl谩sicos, que subrayaban el papel conductor del proletariado en las alianzas populares. Destaca el declive de la condici贸n obrera, al calor de las transformaciones registradas en la miner铆a. Tambi茅n remarca la incapacidad pol铆tica de la vieja central sindical (COB) para adaptarse a este cambio y pondera el nuevo liderazgo ind铆gena-campesino.

Esta visi贸n de Linera proviene de su anterior proximidad con el indianismo katarista, que postulaba la reinvenci贸n del ind铆gena como sujeto de la emancipaci贸n. El vicepresidente estima que esa gravitaci贸n qued贸 confirmada en la 煤ltima d茅cada de bloqueos de caminos, que condujeron al surgimiento de una central sindical campesina (CSUTCB) (Garc铆a Linera, 2008: 373-385).

Pero las conclusiones actuales de Linera no emergen s贸lo de esa trayectoria. Tambi茅n incorporan su alejamiento del katarismo. En los a帽os 70 defend铆a las tesis indianistas, luego particip贸 en la acci贸n guerrillera y permaneci贸 cinco a帽os en la c谩rcel, manteniendo el ideario de autodeterminaci贸n de las naciones aimara y quechua. Pero el encuentro de su grupo (Comuna) con Evo luego de la guerra del gas, lo separ贸 de ese pasado pol铆tico.bol indianismo

En la actualidad se sit煤a en una vertiente integracionista del indianismo que reconoce la pluralidad y los aportes de la izquierda. Cuestiona la corriente culturalista (pacham谩mica) que promueve la simple folkorizaci贸n y es cr铆tico de la tendencia opuesta que propone construir una rep煤blica india transnacional (en toda la regi贸n) o territorial (en Bolivia) ( Garc铆a Linera, 2008: 378-385).

El distanciamiento del katarismo y la aproximaci贸n al marxismo explican su caracterizaci贸n actual del socialismo comunitario. Dej贸 atr谩s el programa de indianizaci贸n total y participa en un gobierno que realza la gravitaci贸n de los ind铆genas, sin aceptar su separaci贸n del resto de sociedad. Esta visi贸n de Linera tiene m谩s proximidades con la izquierda mariateguista que con el indianismo katarista. Con este nuevo enfoque reformula el proyecto socialista manteniendo la centralidad de la cuesti贸n ind铆gena.

Interrogantes de una evoluci贸n

Las rebeliones sociales de la 煤ltima d茅cada pusieron de relieve la opresi贸n padecida en Am茅rica Latina por 45 millones de individuos pertenecientes a 485 grupos 茅tnicos distintos. Esta resistencia ha derivado en un significativo incremento del n煤mero de ind铆genas que auto-reconoce su identidad.

El 煤ltimo censo registr贸 un gran aumento de la poblaci贸n que asume esa pertenencia. Agrupan al 8,3 % de los habitantes de la regi贸n, pero constituyen el 62% de los habitantes de Bolivia. La enorme brecha que separa este porcentual del resto del continente (con la 煤nica excepci贸n del 41% en Guatemala) explica la centralidad del problema ind铆gena en el Altiplano (CEPAL, 2014) .

Luego de siglos de avasallamientos, la convergencia de las demandas pol铆tico-culturales de los ind铆genas con planteos antiimperialistas tradicionales ha generado nuevas s铆ntesis pol铆ticas. Se ha demostrado que los oprimidos pueden asumir varias identidades, combinando aspiraciones culturales, nacionales y sociales (Katz, 2008: 23-28) .

Linera inscribe su visi贸n en este reconocimiento, tomando distancia del indianismo extremo . Su visi贸n previa manten铆a v铆nculos con una vertiente del esencialismo 茅tnico que rechaza la existencia de est谩ndares comparativos universales, para evaluar pol铆ticas y estrategias populares.

Ese enfoque realza la superioridad cultural de cierto grupo, mediante un atrincheramiento en las identidades que no deja lugar a la armonizaci贸n y el entendimiento entre las distintas culturas . Objeta la insensibilidad liberal frente a la diversidad, pero reivindicando un particularismo que ignora el inter茅s com煤n de oprimidos (D铆az Polanco, 2006: 28-30).bol mural

El enfoque actual de Linera es m谩s compatible con los ideales de la izquierda, que promueven la defensa conjunta de la igualdad y la diferencia. Marx alentaba el proyecto comunista y el anticolonialismo, Lenin auspiciaba el internacionalismo y el derecho a la auto-determinaci贸n nacional y Mari谩tegui apuntalaba el socialismo y el indigenismo (D铆az Polanco, 2006: 28-30).

Con su proyecto de socialismo comunitario el vicepresidente retoma la b煤squeda de esos puentes entre indianismo y marxismo. Esta s铆ntesis complementa varios cambios de su enfoque. Reemplaz贸 las propuestas de autodeterminaci贸n por la prioridad del estado plurinacional y sustituy贸 el protagonismo de la multitud por un gobierno de movimientos sociales. Sus ideas iniciales de comunismo aldeano evolucionaron hacia una expectativa de capitalismo andino-amaz贸nico, que actualmente ha devenido en un programa de socialismo comunitario.

Estas modificaciones tienen cierto parentesco con el itinerario intelectual de Ch谩vez, que empez贸 coqueteando con la Tercera V铆a, se relacion贸 con los militares derechistas argentinos, perfeccion贸 el nacionalismo militar revolucionario y termin贸 adoptando el socialismo.

La complejidad, riqueza y potencialidad de estas trayectorias no son registradas por las evaluaciones que simplemente acusan a Linera de mantener un razonamiento pro-capitalista y adverso a la revoluci贸n social (Ferreira, 2011) .

Que el intelectual boliviano haya colocado el proyecto socialista en el centro de su estrategia no es un dato menor. El significado real de ese cambio quedar谩 esclarecido con su evoluci贸n y su pr谩ctica pol铆tica. A pesar de sus vaguedades, contradicciones e inconsistencias abre un terreno f茅rtil para debatir la actualizaci贸n del horizonte anticapitalista.

Incoherencias de la derecha

La derecha se burla de cualquier referencia al socialismo, considerando que apunta a entretener al electorado. Pero las menciones de su opuesto -el capitalismo- son vistas como consideraciones de gran trascendencia. Presenta la glorificaci贸n del mercado, la competencia o la ganancia como sin贸nimos de pensamiento profundo y ubica la defensa de la igualdad en un terreno de puro palabrer铆o.

Utilizando ese criterio ponder贸 la eliminaci贸n de todas las alusiones del MAS al socialismo durante la 煤ltima campa帽a electoral. Atribuy贸 ese abandono al reforzamiento de un discurso conciliador y pro empresarial alejado de Venezuela (Guillemi, 2014). Pero esta interpretaci贸n no se condice con la dedicatoria del 茅xito electoral que hizo Evo a los pueblos que luchan contra el capitalismobol derecha

Es igualmente llamativa la diferencia de actitud que asume el establishment frente a Evo y Ch谩vez-Maduro. El mismo tipo de socialismo que no entra帽ar铆a consecuencias para Bolivia es presentado como un terror铆fico peligro para Venezuela. Ese temor es propagado por un pool de 82 peri贸dicos latinoamericanos integrados a la SIP, que publica desde hace varios meses una p谩gina diaria de descripci贸n del caos chavista.

Mientras que algunos medios anuncian el colapso final de la producci贸n petrolera venezolana, otros retratan intenciones masivas de abandono del pa铆s ( Oppenheimer , 2014; Vyas, 2014) . Vargas Llosa encabeza esa campa帽a reaccionaria, proclamando la necesidad de acciones m谩s contundentes que la simple protesta pac铆fica para derrocar al gobierno (Vargas Llosa, 2014) .

La doble vara de la derecha frente a Bolivia y Venezuela no se basa en distinciones te贸ricas entre el socialismo comunitario (aceptable) y el socialismo del siglo XXI (indigerible). El problema de los conservadores radica en la dificultad para encontrar argumentos cre铆bles de ataque a Bolivia, luego de los logros conseguidos en la 煤ltima d茅cada. El gobierno del MAS ha puesto de relieve el sistema pol铆tico discriminatorio que ha regido en el Altiplano durante siglos y nadie se atreve a defender ese apartheid.

Por otra parte, el tama帽o, los recursos y la gravitaci贸n regional determinan una incidencia geopol铆tica de Bolivia muy inferior a Venezuela. El imperialismo no se resigna a perder el manejo del principal territorio petrolero de Am茅rica Latina y conspira para recuperar el control de PDVSA.

Estados Unidos no dud贸 en el pasado en invadir pa铆ses m谩s chicos que Bolivia (como Granada o Panam谩) y mantiene desde hace d茅cadas su asedio contra la isla de Cuba. Pero en la 煤ltima d茅cada transform贸 a Venezuela en el eje del mal, porque este pa铆s demostr贸 capacidad de desaf铆o con la construcci贸n del ALBA, la diplomacia del petr贸leo y la concreci贸n de alianzas extra-regionales inadmisibles para el Departamento de Estado.

El lugar que ocupa cada naci贸n en los ataques imperiales cambia en cada coyuntura y no est谩 determinado s贸lo por razones ideol贸gicas. El gobierno de Argentina es agredido 煤ltimamente con la misma intensidad que su par venezolano, a pesar del expl铆cito rechazo peronista de cualquier proyecto socialista.

La derecha diaboliza a ambos pa铆ses, contrastando sus pesares con el bienestar imperante en el resto de Latinoam茅rica. Contrapone la excelente situaci贸n que atraviesan las naciones gobernadas por el neoliberalismo, con las desgracias sufridas bajo las administraciones populistas. Destaca como en Venezuela y Argentina se destruye la cultura del esfuerzo, el ahorro y la inversi贸n por la politizaci贸n del quehacer cotidiano (La Naci贸n, 2014). Tambi茅n difunde datos que sit煤an a ambos pa铆ses al tope de los indicadores negativos de la regi贸n (Bazzan, 2014).

Con esas anteojeras ni siquiera registran las enormes diferencias que separan a las dos naciones. Mientras que en Venezuela la burgues铆a conspira para recuperar el manejo de renta petrolera, en Argentina la renta agraria est谩 en manos del sector privado y s贸lo se disputa el monto de la tajada impositiva que absorbe el estado.

El modelo econ贸mico social-desarrollista de reformas sociales y redistribuci贸n del ingreso, que se ensaya en el primer caso difiere sustancialmente del programa neo-desarrollista de recomposici贸n de la burgues铆a industrial, que se intent贸 en el segundo pa铆s. El chavismo confront贸 con el imperialismo, movilizando a las masas y afrontando escaladas golpistas. En cambio el kirchnerismo s贸lo ha liderado una experiencia de centro-izquierda con autonom铆a de Estados Unidos, pero sin pr谩cticas antiimperialistas.

El ataque indiferenciado de la derecha contra Venezuela y Argentina y su impl铆cita consideraci贸n hacia Bolivia retrata la total inconsistencia de los mensajes derechistas. No explican c贸mo en el Altiplano se ha logrado una estabilidad macroecon贸mica bajo un r茅gimen pol铆tico liderado por caudillo, que re煤ne todas las pesadillas del populismo. Tampoco aclara de qu茅 forma un gobierno tan alejado de sus formatos pol铆ticos ha logrado niveles de inflaci贸n, inversi贸n o tranquilidad cambiaria semejantes a los pa铆ses con gobiernos ultra-liberales.

La derecha realza a estas 煤ltimas administraciones ocultando los 铆ndices de exclusi贸n, criminalidad o explotaci贸n. Nunca habla de la precarizaci贸n laboral de Per煤, del desastre de la jubilaci贸n en Chile o de la tragedia de los emigrantes de M茅xico y Centroam茅rica.

La omisi贸n de noticias adversas en los pa铆ses gobernados por la derecha, los silencios sobre Bolivia, las calumnias contra Venezuela y las campa帽as contra Argentina retratan c贸mo operan los medios de comunicaci贸n. Moldean un sentido com煤n distorsionado para fijar la agenda p煤blica al servicio de la dominaci贸n burguesa.

Los comunicadores de las grandes cadenas period铆sticas nunca act煤an con independencia, profesionalidad u objetividad. Aprovechan su condici贸n de personajes influyentes para construir realidades virtuales divorciadas de los acontecimientos reales.

Por eso las batallas en este campo son decisivas y cualquier paso hacia la democratizaci贸n del espacio comunicacional es vital. Desafiar el mensaje conformista, contrapesar la manipulaci贸n de las im谩genes y demostrar que la informaci贸n es un derecho en conflicto con la rentabilidad es una prioridad para la acci贸n de la izquierda.

Coyunturas y futuros

El afianzamiento de un proyecto pol铆tico radical con imaginarios socialistas en Bolivia retrata los l铆mites de la contraofensiva actual de la derecha latinoamericana. Los conservadores buscan reinventarse con discursos m谩s sociales, compromisos de asistencialismo y perfiles juveniles. Proclaman la disoluci贸n de las ideolog铆as, despolitizan las campa帽as electorales y enfatizan la centralidad de la gesti贸n.

La derecha pretende aprovechar el estancamiento del ciclo de ascenso popular, que comenz贸 a fines de los 90 en Venezuela y alcanz贸 su m谩xima intensidad entre el 2000 y el 2005. La resistencia de Honduras, las marchas campesinas en Colombia, las protestas estudiantiles en Chile y el despertar juvenil en Brasil no tuvieron la dimensi贸n de las rebeliones previas de Venezuela, Argentina, Bolivia o Ecuador que tumbaron gobiernos neoliberales.

Pero no es la primera vez en la historia latinoamericana que un fuerte despegue de revueltas populares es sucedido por un escenario de contragolpes e indefiniciones. Los equilibrios de los 煤ltimos a帽os estuvieron muy influidos por la recuperaci贸n econ贸mica y la afluencia de divisas generadas por la revalorizaci贸n de las exportaciones agro-mineras. Ambos fen贸menos tienden a frenarse.

Nadie sabe qu茅 rumbo adoptar谩 la resistencia popular en los pr贸ximos a帽os. Pero la situaci贸n actual de Bolivia ilustra c贸mo la experiencia de la 煤ltima d茅cada ha creado un piso de convicciones ideol贸gicas y definiciones pol铆ticas que elevaron el nivel de conciencia popular. Este acervo constituye el basamento para debatir las estrategias de la izquierda.

Estas reflexiones presuponen una revalorizaci贸n del socialismo, en contraposici贸n a la presentaci贸n derechista de este debate como un simple juego de palabras, en torno a etiquetas sin contenido.

Esa discusi贸n permite destacar que Am茅rica Latina no afronta s贸lo escenarios neoliberales o neo-desarrollistas, sino tambi茅n posibilidades anticapitalistas. Las experiencias de Venezuela y Bolivia alimentan reflexiones sobre estrategias, ritmos y caminos al socialismo. Tambi茅n inducen a so帽ar con ese futuro.

Resumen

El modelo social-desarrollista ha generado en Bolivia un gran crecimiento sin transformaciones estructurales, desde un piso de gran subdesarrollo. La solidez electoral del gobierno deriva de logros democr谩ticos previamente conquistados en las calles. Pero una nueva escala de avances enfrenta la coraza del capitalismo.

El proyecto de socialismo comunitario se inspira en tradiciones vigentes, pero con menor proyecci贸n que en el pasado y enfrenta gran incompatibilidad con los escenarios internacionales de competencia. Estas mismas limitaciones afectan al estado plurinacional, que logr贸 autoridad en todo el territorio a partir del desplazamiento de las elites racistas. El indianismo ha sido reemplazado por proyectos de convivencia m谩s afines al ideal de diversidad pol铆tico-cultural.

El establishment comunicacional que maltrata a Venezuela ha sido considerado con Bolivia. Esta dualidad se extiende a otras incoherencias ideol贸gicas de la derecha, que enfrenta en el Altiplano un gran l铆mite para su contraofensiva regional.

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*Economista, investigador del CONICET, profesor de la Universidad de Buenos Aires, miembro del Economistas de Izquierda (EDI, Argentina)

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