Ago 21 2016
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Cultura

La tercera muerte de Lorca

Ochenta a√Īos despu√©s de su asesinato, el fantasma de Garc√≠a Lorca a√ļn fatiga la sierra de Granada con su jaca y con su alforja. M√°s all√° del com√ļn tr√°nsito de un difunto, lo que define a un fantasma es una deuda, un desasosiego, un dolor sin reposo, la ausencia de una l√°pida. En Espa√Īa hay miles de esqueletos hu√©rfanos, docenas de miles de osamentas abandonadas en las cunetas que reclaman no ya justicia sino un lugar y un nombre, un recuerdo, una cruz, una equis en el mapa. Lorca los resume a todos.

Cuando H. G. Wells pregunt√≥ por el paradero del poeta, el gobierno civil respondi√≥ con un escueto telegrama que pod√≠a servir para cualquiera de entre la multitud de muertos del franquismo: ‚ÄúIgnoro lugar h√°llase Federico Garc√≠a Lorca‚ÄĚ. Al poco, Miguel Hern√°ndez, Neruda, Prados, Alberti, Cernuda, entre otros muchos poetas, pusieron en verso el homicidio. Machado le dedic√≥ una eleg√≠a conmovedora imitando la m√ļsica del Romancero gitano en la que ped√≠a que levantaran un t√ļmulo al poeta en Granada

sobre una fuente donde llore el agua
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¬°en su Granada!
esp federico garcia lorca1
El t√ļmulo y la fuente todav√≠a est√°n esperando. Pedro Salinas escribi√≥: ‚ÄúMataron a un ruise√Īor / s√≥lo porque cantaba‚ÄĚ. Pero no era verdad. A los asesinos, a esa piara de bestias con fusiles, tricornios y sotanas que arras√≥ Espa√Īa durante tres a√Īos y la encaden√≥ luego al terror y la obediencia ciega, no s√≥lo les molestaba el canto. Les molestaba la poes√≠a, la belleza, la cultura, la inteligencia, como resumi√≥ con descarada contundencia el legionario Mill√°n Astray: ‚ÄúAbajo la inteligencia, viva la muerte‚ÄĚ. En unas declaraciones a un peri√≥dico mexicano que reprodujo el ABC de Sevilla en enero de 1938, el general Franco sentenci√≥ con su pachorra criminal: ‚ÄúEse escritor muri√≥ mezclado con los revoltosos. Son los accidentes naturales de la guerra‚ÄĚ.

Diversos estudiosos, casi todos extranjeros, han intentado resolver el misterio con mayor o menor √©xito. Ian Gibson le ha consagrado m√°s de media vida. Entre las miles y miles de p√°ginas que le dedicaron, entre los cientos de testimonios recogidos, sobresale el exabrupto de uno de sus verdugos, Juan Luis Trescastro: ‚ÄúLe met√≠ dos tiros en el culo por maric√≥n‚ÄĚ. El franquismo quintaesenciado en nueve palabras.

Lorca sufrió un amago de resurrección en plena Transición, cuando su poesía fue enarbolada como bandera para diversas causas mientras sus huesos seguían clamando bajo tierra. Recuerdo el día en que Marita, mi profesora de literatura en el Instituto, llegó emocionada porque habían salido a la luz en la prensa los Sonetos del amor oscuro, un breve y emotivo sonetario que permaneció oculto durante la dictadura por su marcada condición homosexual. Bastaba leerlos para comprender el giro copernicano que estaba dando la lírica de Lorca y que ya se anunciaba en sus obras maestras, Poeta en Nueva York y La casa de Bernarda Alba: el bardo inmenso, el dramaturgo magistral que habíamos perdido en una encrucijada de la guerra civil. Lo habían matado por segunda vez al negarse a desenterrar su cadáver, al limitarlo al ámbito del folklore andaluz y a las letras de flamenco.

Hace cuatro a√Īos, cuando llegu√© al barranco donde una piedra recuerda su asesinato, pregunt√© a los lugare√Īos si sab√≠an con certeza si aquel era el lugar donde mataron a Lorca. Me respondieron con indiferencia y silencio, un rebrote de aquel miedo ciego y sordomudo que domin√≥ Espa√Īa durante d√©cadas. Ah√≠, en los rumores malhumorados, en las miradas huidizas y en el eso dicen, late la inequ√≠voca se√Īal de la tercera muerte de Lorca.

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