Oct 16 2018
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Econom铆aOpini贸nPol铆tica

La travesura de Paul y la guerra comercial

Varios pa铆ses disponen de la bomba at贸mica. Solo uno dispone del d贸lar. De ah铆 que Donald haga de la moneda un arma privilegiada. Pero otras monedas de intercambio y de reserva ven el d铆a鈥 El 鈥減rivilegio exorbitante鈥 (Charles de Gaulle) del d贸lar desaparecer谩 uno de estos d铆as.

鈥淟os hombres ya no buscan imponerse por la espada, pero encontraron en el dinero un arma igual de acerada y m谩s efectiva; y como no han perdido nada de la vieja ansia de poder, buscan imponer sobre sus semejantes el despotismo del d贸lar鈥.
James Gordon Bennet. Editor del New York Herald. 1868.

A帽os m谩s tarde, en una entrevista en televisi贸n, Paul Volcker contaba el chascarro, su cara de pirojero frecuente llena de risa. 鈥淐uando me pidieron escribir una nota para anunciar el fin de la convertibilidad del d贸lar en oro no dorm铆: me parec铆a el peor desastre de la historia de los EU. Al d铆a siguiente, cuando di a conocer mi doliente nota en la Casa Blanca, me explicaron que deb铆a cambiar el tono: no era una derrota, sino un triunfo, un gran triunfo鈥.

En esa 茅poca (1969-1974) Paul Volcker era Subsecretario del Tesoro para Asuntos Monetarios Internacionales en el gobierno de Richard Nixon. Ten铆a jinetas para ello: graduado en Princeton, en Harvard y en la London School of Economics, Volcker hab铆a pasado por la FED, el banco central de los EU, y un par de grandes bancos de negocios de New York.

De ah铆 que dejar al d贸lar sin m谩s respaldo que su roja nariz de aficionado al whisky le provocase una diarrea, antes de que le explicasen con manzanas que los EU se pasar铆an los Acuerdos de Bretton Woods por el Arco de Augusto para, en adelante, hacer con la moneda de reserva planetaria lo que les saliera de las narices. Volcker qued贸 traumado: siempre le cont贸 a quien quisiera o铆rle que la eliminaci贸n de la convertibilidad del d贸lar hab铆a sido 鈥渆l acontecimiento m谩s importante de su carrera鈥.

Hace unos d铆as, John Mauldin, my preferred financial adviser, explicaba en su carta semanal que la guerra comercial iniciada por Donald Trump en contra de China es una estupidez. Johnny entrega argumentos de peso, explica pacientemente que los aranceles no resuelven nada, que el problema no est谩 en China sino en los EU, y se raja con una f贸rmula matem谩tica que debiese dejar lelo solo a quien no conoce sino las cuatro operaciones鈥

Almost every economist in the world accepts this basic Gross Domestic Product equation: Y = C + I + G + (X 鈥 M). This is where Y is GDP, C stands for consumption, I stands for investments, G stands for government expenditures and (X 鈥 M) stands for exports minus imports. This is called an accounting identity. In the same way that 2+2 = 4, an accounting identity is always and everywhere true.

Sobre todo, Johnny cuenta la firme de la milanesa, que paso a comentar ahora.

John Mauldin le recuerda a Donald que el d贸lar, moneda de reserva planetaria a contar de los acuerdos de Bretton Woods (julio de 1944), es emitido, a discreci贸n, por los Estados Unidos de Am茅rica. Por consiguiente, los d茅ficits de la balanza comercial del Imperio no valen un cuesco visto que si hay que pagar algo basta con emitir m谩s d贸lares.

En la materia, Johnny no ha descubierto nada. Hace unos a帽os Milton Friedman, interrogado a prop贸sito de los gigantescos d茅ficits del gobierno federal, respond铆a: 鈥淟a deuda de los EU est谩 expresada en d贸lares. Ahora bien, los d贸lares los fabricamos nosotros, o sea que no le debemos nada a nadie鈥. Dicho lo cual Friedman se apretaba la tripa ri茅ndose a grandes y saludables carcajadas.

Tal vez por eso Edward C. Prescott, premio Nobel de econom铆a 2004, sosten铆a: 鈥淟a econom铆a americana est谩 equilibrada. Aquellos que hablan de d茅ficit no saben de qu茅 est谩n hablando鈥. Del mismo modo, otro 鈥渆xperto鈥 financiero basado en New York pudo decir: 鈥淓l mundo produce lo que hace falta, y nosotros producimos los d贸lares para comprarlo.鈥

En la 茅poca de los Acuerdos de Bretton Woods Charles de Gaulle y su asesor econ贸mico Val茅ry Giscard d鈥橢staing (m谩s tarde presidente de Francia), refiri茅ndose a la adopci贸n del d贸lar como moneda de intercambio y de reserva, denunciaron 鈥渦n privilegio exorbitante鈥. No se fiaban del respaldo en oro del d贸lar. Ten铆an raz贸n.

En el a帽o 1960, el economista Robert Triffin plante贸 el dilema que lleva su nombre, el 鈥渄ilema de Triffin鈥, que plantea que la demanda internacional de d贸lares para estimular la actividad econ贸mica mundial provocar铆a el fin de la convertibilidad del d贸lar en oro f铆sico, como hab铆a quedado establecido en los acuerdos monetarios de Bretton Woods.

La convertibilidad del d贸lar en oro estaba condenada a muerte antes de firmar los Acuerdos. El mismo fen贸meno se hab铆a producido en la Edad Media, cuando la escasez de oro y plata se convirti贸 en un obst谩culo para el creciente desarrollo del comercio internacional en Europa. Los grandes navegantes y 鈥渄escubridores鈥 como Crist贸bal Col贸n, Am茅rico Vespucio, Hernando de Magalh茫es y otros, buscaban el oro y la plata que permitir铆an la eclosi贸n del comercio y el desarrollo de la industria capitalista, como cuenta Jean Favier en su espl茅ndido libro 鈥淒el oro y las especias 鈥 Nacimiento del hombre de negocios de la Edad Media鈥.

El obst谩culo que representaba la insuficiencia de moneda met谩lica exig铆a cada vez mayores cantidades de oro, esa 鈥渞eliquia b谩rbara鈥 (John Maynard Keynes dixit), hasta que el papel moneda y la moneda escritural se impusieron de manera universal.

El fin de la convertibilidad, junto con consagrar la inutilidad de Fort Knox, dej贸 a los EU libres de fabricar 鈥揻alsibricar鈥 los d贸lares que hiciesen falta para imponer su ley en el mundo.

Las cifras provocan mareo.

En el a帽o 1970, se intercambiaban 20 mil millones de d贸lares al d铆a
En los a帽os 1990 esa cifra hab铆a alcanzado la estratosf茅rica suma de 1,5 billones de d贸lares diarios.
Veinte a帽os m谩s tarde, en el 2010, las transacciones diarias sumaban 4 billones de d贸lares, mientras los intercambios de bienes y servicios reales no superaban los 40 mil millones de d贸lares diarios, es decir 100 veces menos.

La masa de d贸lares ha crecido sin control, al punto que los EU dejaron de publicar estad铆sticas relativas a la masa monetaria en el a帽o 2006. Pa铆ses como China y Jap贸n disponen cada cual de dos billones de d贸lares en bonos del Tesoro de los EU, lo que ha contribuido a asentar el valor del d贸lar, pero podr铆a desestabilizarlo si China y Jap贸n deciden deshacerse de esos bonos (con el riesgo de perder una buena parte).

Lo que nadie puede afirmar con certeza es el valor del d贸lar, que no tiene valor intr铆nseco sino el del papel en que est谩 impreso, admitiendo que ese papel tenga alguno. El caso del d贸lar escritural es a煤n m谩s curioso.

El d贸lar es una moneda internacional cada vez que es pose铆do, y utilizado, por un no-residente en los EU. El d贸lar se transforma pues en moneda internacional cada vez que es cedido por un residente a un no-residente. El caso m谩s simple es el de las importaciones que las empresas yanquis pagan pidi茅ndole a sus bancos que debiten sus cuentas y acrediten la cuenta del exportador extranjero. La transacci贸n queda saldada por un juego de escrituras d茅bito-cr茅dito en los libros de un banco estadounidense. Si el exportador extranjero no tiene cuenta en el mismo banco que el importador americano, el pago pasa v铆a compensaci贸n: el exportador utiliza los servicios de su banco local, que s铆 tiene un corresponsal en los EU para facilitar las operaciones de sus clientes. En todos los casos, los d贸lares no hacen sino pasar de una cuenta a otra, bajo la forma de escrituras contables. Contrariamente a lo que se piensa, los d贸lares no salen de los EU. Se quedan donde est谩n. Es solo su propiedad la que cambia y atraviesa la frontera. Los d贸lares no salen sino jur铆dicamente.

Al ser la moneda en que se expresan los intercambios internacionales, los EU pueden prohibirle su uso a quien les de la gana. Incluso multar a los bancos que facilitan transacciones en d贸lares con pa铆ses 鈥渆nemigos de los EU鈥. As铆, varios bancos europeos debieron pagar miles de millones de d贸lares de multa por haber efectuado transacciones en d贸lares con Ir谩n o Cuba. N贸tese que ning煤n d贸lar sali贸 de los EU: simplemente el d贸lar sirvi贸 como unidad de cuenta, y como moneda escritural.

La s煤per abundancia de moneda suele provocar burbujas, por ejemplo burs谩tiles (si hay m谩s moneda, en presencia de la misma cantidad de bienes, se produce la temida inflaci贸n).

En este caso las cifras tambi茅n provocan mareo.

En 1975 la capitalizaci贸n burs谩til era de US$ 1,4 billones.
En el a帽o 2007 hab铆a llegado a 63 billones de d贸lares, o sea que se hab铆a multiplicado por 45, mientras que la riqueza materialmente producida en el 谩mbito planetario se hab铆a multiplicado solo por 3,5.

Para decirlo de otro modo, en su guerra comercial con China los EU cuentan con el d贸lar. Los chinos con el surgimiento y desarrollo de otras monedas de intercambio y reserva que podr铆an sustituir al d贸lar. Si eso ocurre鈥 se hunde el d贸lar, y se hunden los EU.

Ahora bien, la cuesti贸n no reside en saber si eso va a ocurrir, sino cuando.

Palomo

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