La verdad de un sistema equivocado es el error. Para ser pol铆ticamente eficaz, este error ha de repetirse de manera incesante, difundirse ampliamente y ser aceptado por la poblaci贸n como la 煤nica verdad posible o cre铆ble. No se trata de una repetici贸n cualquiera. Es necesario que cada vez que el error se ponga en pr谩ctica lo sea como un acto inaugural 鈥攍a verdad finalmente encontrada para resolver los problemas de la sociedad. No se trata de una difusi贸n cualquiera.

Es necesario que lo que se difunde se perciba como algo con lo que naturalmente tenemos que estar de acuerdo. No se trata, finalmente, de cualquier aceptaci贸n. Es necesario que lo que se acepta sea aceptado para el bien de todos y que, si implica alg煤n sacrificio, sea el precio a pagar por un bien mayor en el futuro.Resultado de imagen para los errores futuros

El avance de las fuerzas pol铆ticas de derecha y de extrema derecha alrededor del mundo se basa en estos presupuestos. Es dif铆cil imaginar la supervivencia de la democracia en una sociedad en la que estos presupuestos se concreten plenamente, pero las se帽ales de que tal concreci贸n puede estar m谩s cerca de lo que se piensa son muchas y merecen una reflexi贸n antes de que sea demasiado tarde. Abordar茅 las siguientes se帽ales: la reiteraci贸n del error y la crisis permanente; la org铆a de la opini贸n y la fabricaci贸n masiva de ignorancia; y el paso de la sociedad intern茅tica a la sociedad m茅trica.

La reiteraci贸n del error es hoy patente. Desde hace d茅cadas, los pa铆ses capitalistas centrales, m谩s desarrollados, han asumido la obligaci贸n pol铆tica de dedicar una parte de su presupuesto a la 芦ayuda al desarrollo禄. El objetivo es, como su nombre indica, ayudar a los pa铆ses perif茅ricos, subdesarrollados, a seguir el rastro de los m谩s desarrollados e, idealmente, a converger con estos en niveles de bienestar en un futuro m谩s o menos pr贸ximo. Es evidente que la brecha que separa a los pa铆ses centrales de los pa铆ses perif茅ricos es cada vez mayor.

La llamada 芦crisis de los refugiados禄 y el alarmante aumento del movimiento de poblaciones migrantes indeseadas son los signos m谩s evidentes de que las condiciones de vida en los pa铆ses perif茅ricos son cada vez m谩s intolerables. Lo mismo cabe decir de las pol铆ticas de reducci贸n de la pobreza llevadas a cabo por el Banco Mundial desde hace d茅cadas. El balance es negativo si por reducci贸n de la pobreza entendemos la disminuci贸n de la brecha entre ricos y pobres dentro de cada pa铆s y entre pa铆ses.

La brecha no ha cesado de aumentar. Del mismo modo, las pol铆ticas de austeridad o de ajuste estructural que han sido impuestas a los pa铆ses en dificultades financieras, de las que Portugal y Grecia son ejemplos cercanos, no han logrado sus objetivos, y el propio FMI ha reconocido esto de manera m谩s o menos velada (芦exceso de austeridad禄, 芦deficiente calibraci贸n禄, etc.). A pesar de ello, las mismas pol铆ticas se imponen una y otra vez como si en aquel momento aquella fuera la mejor o incluso la 煤nica soluci贸n. Lo mismo puede decirse de la privatizaci贸n de la seguridad social y, por tanto, del sistema p煤blico de pensiones.

El objetivo m谩s reciente es la seguridad social en Brasil. Seg煤n los estudios disponibles, en cerca del 70% de los casos en los que la privatizaci贸n se realiz贸 el sistema fall贸 y el Estado tuvo que rescatar el sistema para evitar una profunda crisis social. No obstante, la receta sigue siendo impuesta y vendida como la salvaci贸n del pa铆s.

驴Por qu茅 se insiste en el error de imponer medidas cuyo fracaso es de antemano reconocido? Son muchas las razones, pero todas convergen en la que considero m谩s importante: el objetivo de crear una situaci贸n de crisis permanente que fuerce las decisiones pol铆ticas a concentrarse en medidas de emergencia y de corto plazo. Estas medidas, a pesar de implicar siempre la transferencia de riqueza de los m谩s pobres a los m谩s ricos e imponer sacrificios a los que menos pueden soportarlos, son aceptadas como necesarias e inviabilizan cualquier discusi贸n sobre el futuro y alternativas a corto y medio plazo.

La org铆a de la opini贸n. El error reiterado y su amplia aceptaci贸n no ser铆an posibles sin un cambio tect贸nico en la opini贸n p煤blica. Los 煤ltimos cien a帽os fueron el siglo de la expansi贸n del derecho a tener opini贸n. Lo que era antes un privilegio de las clases burguesas se transform贸 en un derecho que fue efectivamente ejercido por amplias capas de la poblaci贸n, sobre todo en los pa铆ses m谩s desarrollados. Esta expansi贸n fue muy desigual, pero permiti贸 enriquecer el debate democr谩tico con la discusi贸n de alternativas pol铆ticas significativamente divergentes. El concepto de raz贸n comunicativa, propuesto por J眉rgen Habermas, se basaba en la idea de que la libre formulaci贸n y la discusi贸n de argumentos a favor y en contra en cualquier 谩rea de deliberaci贸n pol铆tica, transformaba la democracia en el r茅gimen pol铆tico m谩s leg铆timo porque garantizaba la participaci贸n efectiva de todos.

Ocurre que en los 煤ltimos treinta a帽os la sociedad medi谩tica, primero, y la sociedad intern茅tica, despu茅s, produjeron una escisi贸n insidiosa entre tener opini贸n y ser propietario de la opini贸n que se tiene. Hemos sido expropiados de la propiedad de nuestra opini贸n y pasamos a ser arrendatarios o inquilinos de ella. Como no nos dimos cuenta de esta transformaci贸n, pudimos seguir pensando que ten铆amos opini贸n e imaginamos que era nuestra. Empresarios de opini贸n de todo tipo entraron en escena para simult谩neamente reducir el abanico de opiniones posibles e intensificar la divulgaci贸n de las opiniones promovidas.

Los principales agentes de esta transformaci贸n fueron los partidos pol铆ticos del arco de gobierno, los medios de comunicaci贸n oligop贸licos y los sistemas de publicidad, inicialmente orientados al consumo masivo de mercanc铆as, los cuales fueron gradualmente dirigidos hacia el consumo de masas del mercado de las ideas pol铆ticas. As铆 surgi贸 la sociedad medi谩tica y la pol铆tica-espect谩culo, donde las diferencias sustantivas entre las posiciones divergentes son m铆nimas, pero se presentan como si fueran m谩ximas. Fue el primer paso.

El segundo paso se produjo cuando pasamos de la sociedad medi谩tica a la sociedad intern茅tica. En este paso, el derecho a tener opini贸n se expandi贸 sin precedentes y la expropiaci贸n de la opini贸n, de la que somos usuarios (m谩s que titulares) alcanz贸 nuevos niveles. Surgieron los empresarios, tanto legales como ilegales, de la manipulaci贸n de la opini贸n p煤blica, cuyo ejemplo paradigm谩tico son las redes y las p谩ginas de Facebook y de WhatsApp que producen 鈥渢谩cticas de desinformaci贸n鈥 particularmente activas en per铆odos electorales, como sucedi贸 recientemente en las elecciones para el Parlamento Europeo. La conocida organizaci贸n Avaaz identific贸 500 p谩ginas sospechosas, seguidas por 32 millones de personas, que generaron 67 millones de interacciones (comentarios, likes, comparticiones). La empresa Facebook cerr贸 77 de esas p谩ginas que eran responsables por el 20% de flujo de informaciones en las redes identificadas.

Esta extraordinaria manipulaci贸n de la opini贸n tuvo tres consecuencias que, aunque pasaron desapercibidas, constituyeron un cambio de paradigma en la comunicaci贸n social. La primera fue que esta vigilancia policial de las redes se legitim贸 a pesar de haber controlado apenas la punta del iceberg. El recurso cada vez m谩s intenso a los big data y a los algoritmos para llegar a cada individuo en sus gustos y preferencias, y hacerlo simult谩neamente para millones de personas, hizo posible mostrar que los verdaderos propietarios de nuestra opini贸n son Bill Gates y Mark Zuckerberg. Como todo es hecho para no darnos cuenta de eso, nos consideramos deudores gratos de El Dorado de informaci贸n que nos proporcionan y no como acreedores de un desastre democr谩tico de consecuencias imprevisibles por las cuales ellos deb铆an ser personalmente responsabilizados.

La segunda consecuencia es que la informaci贸n que comenzamos a usar, pese a ser tan superficial, no puede ser contestada con argumentos. O es aceptada o es rechazada, y los criterios para decidir son criterios de autoridad y no de verdad. Si sirve a los intereses del l铆der pol铆tico de turno, el pueblo es exaltado como teniendo finalmente opini贸n propia, capaz de contradecir a la opini贸n de las 茅lites tradicionales. Si no sirve, el pueblo es f谩cilmente considerado como 鈥渋gnorante e incapaz de ser gobernado democr谩ticamente鈥. En la medida en que el pueblo sigue la opini贸n del l铆der, es el l铆der quien sigue la opini贸n del pueblo. En la medida en que el pueblo diverge de la opini贸n del l铆der, debe, como pueblo ignorante, confiar en la opini贸n de l铆der. Seg煤n le convenga, el l铆der populista puede aparecer ora como seguidor del pueblo, ora como su tutor. Aqu铆 reside la raz贸n 煤ltima de la reemergencia del populismo. Este capital de confianza se crea f谩cilmente en la medida en que todo sucede en la intimidad del individuo y de su familia. Mientras la sociedad medi谩tica transform贸 la pol铆tica en un espect谩culo, la sociedad intern茅tica la convierte en un show 铆ntimo, un aut茅ntico peep-show en el que toda la interacci贸n afectiva ocurre entre el l铆der y el ciudadano, sin argumentos ni mediaciones.

La tercera consecuencia de la sociedad intern茅tica es que las redes sociales crean dos o m谩s flujos de opiniones un谩nimes que corren en paralelo y, por tanto, nunca se encuentran. Es decir, en ning煤n caso pueden ser contradichos o ser objeto de contraargumentaci贸n en un debate democr谩tico. As铆, la pol铆tica errada puede ser aceptada ampliamente si cabalga sobre uno de los flujos de unanimidad. Este es el caldo comunicacional de la radicalizaci贸n pol铆tica, el ambiente ideal para el clima de polarizaci贸n, de odio y de demonizaci贸n del enemigo pol铆tico, sin que sea necesario usar argumentos discutibles y 煤nicamente recurriendo a frases apocal铆pticas.

De la sociedad intern茅tica a la sociedad m茅trica. Vivimos otra org铆a, la org铆a de la cuantificaci贸n de la vida individual y colectiva. Nunca nuestras vidas colectivas estuvieron tan dependientes del n煤mero de seguidores en Facebook, de los likes en las interacciones en las redes, de los scores en los concursos, de los rankings en las universidades, en la cuantificaci贸n de la producci贸n cient铆fica. Sabemos que la l贸gica de la cuantificaci贸n es extremadamente selectiva y muy sesgada por los criterios que usa y por los campos que selecciona para cuantificar. Deja fuera todo lo que es m谩s esencial a la existencia individual y colectiva.

Deja fuera sectores sociales que, por su inserci贸n social, no pueden ser adecuadamente contados. Las personas sin hogar son contadas por ser sin hogar, y no por lo que hacen durante el d铆a; la agricultura familiar, informal, pese a que en la mayor铆a de los pa铆ses contin煤a alimentando hoy a una gran parte de la poblaci贸n, as铆 como el trabajo no pagado de la econom铆a del cuidado en casa, no cuentan para el PIB. Lo que est谩 predominantemente a cargo de las mujeres no entra en las estad铆sticas del trabajo, a pesar de ser crucial para reproducir la fuerza de trabajo. Si no estuviera avalada cuantitativamente, la calidad de la producci贸n cient铆fica no contar铆a para la carrera de los investigadores. Y el gran problema de nuestro tiempo es que lo que no es contado, no cuenta.

Estas son algunas de las din谩micas subterr谩neas que van minando la democracia y creando una cultura p煤blica y privada indefensa ante errores de los que la derecha y la extrema derecha se van alimentando.

 

*Acad茅mico portugu茅s. Doctor en sociolog铆a, catedr谩tico de la Facultad de Econom铆a y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Co铆mbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EU) y de diversos establecimientos acad茅micos del mundo. Es uno de los cient铆ficos sociales e investigadores m谩s importantes del mundo en el 谩rea de la sociolog铆a jur铆dica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.