Feb 21 2012
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Despacito por las piedras

La voracidad europea

El c谩lculo me dej贸 helado y [pienso] es incontestable. El periodista ambiental Jordi Bigues me lo explic贸: un 谩rbol de cacao produce cada a帽o un kilogramo de cacao procesado, listo para comer. Si el consumo de cacao al a帽o y por personas en el estado espa帽ol es de 5kg de media, significa que en Costa de Marfil o en cualquier otro territorio tropical, tengo cinco 谩rboles plantados a mi nombre. Y yo sin saberlo. Si pensamos en el caf茅, otro cultivo tropical, las personas que tomamos un par de tazas diarias tenemos en usufructo 18 cafetales. Amos de una miniplantaci贸n.

En un sistema de comercio perfecto y solidario, con los niveles de consumo equilibrados a las posibilidades de la naturaleza, quiz谩s este uso de tierras ajenas podr铆a ser un simple intercambio beneficiario para consumidor y productor. Pero no es as铆. Detr谩s del cacao o del caf茅 hay muchas horas de trabajo infantil y salarios de miseria, de seres expulsados de sus tierras y de tierras agotadas de tanto exigirles. Por lo que conocer este dato para productos que s贸lo algunos pa铆ses por su clima pueden producir es revelador. Pero ahora que sabemos que la comida que nos llega a nuestras mesas, la madera con la que se fabrican los muebles y desde luego los agrocombustibles con los que pretenden asegurar el llenado de los dep贸sitos de los autos vienen de muy lejos 驴qu茅 pasa si contabilizamos cuantas vacas, cerdos, gallinas, frutales, maizales, pinos, palmas africanas, etc. tenemos en nuestras n贸minas agroalimentarias?

Bien, el c谩lculo ya est谩 hecho. Partiendo del indicador conocido como huella ecol贸gica, que representa 芦el espacio de Planeta que cada poblaci贸n 鈥榰sa鈥 para generar los recursos necesarios y para asimilar los residuos producidos禄 (es decir, una medida que enfrenta consumo y sostenibilidad) aparece ahora un nuevo indicador, la huella del uso de tierra, que se centra en calcular la superficie que requiere una persona o un pa铆s para disponer de los productos agr铆colas y forestales que utiliza. Igual que la huella ecol贸gica, esta medida nos alerta del sobreuso general al que estamos sometiendo a la tierra; visualiza la injusticia del hambre en pa铆ses productores de alimentos; y a帽ade, como veremos, un valor de dependencia: con estos c谩lculos podemos interpretar la actual vulnerabilidad alimentaria a la que ha llegado Europa.

El c谩lculo de nuestro uso de alimentos, madera o energ铆a es f谩cil si lo medimos en la cantidad de tierra necesaria para su producci贸n. La superficie, las hect谩reas de tierra, es un par谩metro que nos permite sumar la tierra dedicada a los cultivos de tomates o pepinos de nuestras ensaladas for谩neas 鈥揷on altas probabilidades que sean tierras propiedad del Rey de Marruecos-; las hect谩reas necesarias de soja para el engorde de nuestro platos carn铆voros 鈥揷ien por cien provenientes del latifundismo oligarca sudamericano- o las hect谩reas de palma africana 鈥搒eguramente plantadas en Indonesia o Colombia dejando en el camino graves episodios de violencia- que crecen y explotan para fabricar el llamado biocombustible. S贸lo quedan fuera de estos c谩lculos, l贸gicamente, los productos marinos, que mediante otras informaciones sabemos que en el caso de Europa provienen en un 70% aproximadamente de mares ajenos.

Como era de esperar los estudios emitidos por la organizaci贸n Amigos de la Tierra de la huella del uso de la tierra indican que los EEUU est谩n en primer lugar de consumo, con 900 millones de hect谩reas para la alimentaci贸n de su poblaci贸n. Europa somos los segundos, consumiendo 640 millones de hect谩reas de tierra, es decir, Europa utiliza el equivalente a 1,5 veces su propia superficie, convirti茅ndonos en el continente m谩s dependiente de la 鈥榠mportaci贸n鈥 de tierras. Somos, de hecho, la poblaci贸n que m谩s tierra tomamos prestada (a veces bajo tratados comerciales, a veces por la fuerza de las armas) de otros continentes: un 60% de la 鈥榯ierra consumida en Europa鈥 es importada.

Los factores que nos han llevado a esta situaci贸n son f谩ciles de descubrir. En primer lugar, unas medidas pol铆ticas europeas encaminadas precisamente a esto que ahora detectamos, a comprar la comida fuera despoblando nuestro medio rural; en segundo lugar, el excesivo consumo de carne que se ha ido imponiendo progresivamente desde la agroindustria a la poblaci贸n, que lleva a la necesidad de importar millones de toneladas de cereales y leguminosas para engordar ganado; y en tercer lugar, los criterios pol铆ticos de favorecer el agrocombustible como fuente energ茅tica.

Muchas consecuencias tiene este modelo alimentario de tierras conquistadas, aunque hoy debemos se帽alar dos que pueden pasar desapercibidas. Una, Europa es vulnerable alimentariamente hablando. Es decir, no somos para nada autosuficientes y una mala cosecha de soja en Argentina, por ejemplo, puede significar falta de leche, carne o huevos en nuestros supermercados. O una especulaci贸n con el valor del ma铆z en la bolsa de Chicago, como le gusta hacer a Goldman Sachs, por ejemplo, representar铆a en nuestras balanzas comerciales un incremento en el coste de las importaciones.

Dos, detr谩s de este modelo de agricultura globalizada y de consumo excesivo est谩 el acaparamiento de tierras que desde hace una d茅cada se est谩 extendiendo como una plaga por los pa铆ses m谩s pobres. Los c谩lculos indican que una superficie equivalente a la mitad de la tierra f茅rtil disponible en Europa ya ha sido adquirida (a precios de risa, si es que hay precio) por capital extranjero en los mejores lugares de pa铆ses africanos o sudamericanos. Hoy, el acaparamiento de tierras f茅rtiles en pa铆ses agr铆colas del Sur, es seguramente el mayor responsable de nueva poblaci贸n hambrienta, despojada de su medio de vida.

Para detener dependencia y hambre la ecuaci贸n es sencilla: cuidemos a nuestra agricultura local, consumamos con medida lo que las y los peque帽os productores locales producen en cada temporada. Todo est谩 conectado.

Gustavo Duch, Palabre-Ando

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