Sep 19 2017
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Ambiente

Las aguas internacionales son el Salvaje Oeste

Hace unas semanas, un buque carguero chino, con 300.000 kilogramos de atunes y tiburones a bordo, fue capturado por las autoridades ecuatorianas en la reserva marina de Galápagos, uno de los tesoros naturales del planeta. El barco asiático había recibido su carga ilegalmente en aguas internacionales, procedente de otros cuatro pesqueros chinos. Un año antes, un barco guardacostas argentino disparó y hundió a otro buque chino que se daba a la fuga tras esquilmar ilegalmente las poblaciones de calamares en aguas del país sudamericano. “Es el Salvaje Oeste”, resume el ecólogo marino Enric Sala, director ejecutivo de Mares Prístinos, un proyecto de National Geographic para proteger los lugares todavía inmaculados de los océanos.

Sala, nacido en Girona en 1968, alerta de la expansión “depredadora” de China, de la que ha sido testigo por todo el mundo. El investigador y su equipo han estudiado 23 paraísos marinos desde 2008 y han hecho presión política para protegerlos. Sala tan pronto se zambulle entre tiburones como se pone la corbata para encerrarse en despachos con presidentes de gobierno. “En total, 15 de los lugares que hemos investigado ya están protegidos. Son cinco millones de kilómetros cuadrados, 10 veces el tamaño de España”, explica en una entrevista durante el Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas IMPAC4, clausurado en Viña del Mar (Chile).

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El explorador Enric Sala

¿Es habitual cazar a buques pesqueros piratas dentro de reservas marinas?

Cada vez es más habitual. Todavía es raro, pero es cada vez más habitual, porque la tecnología satelital es relativamente barata y te permite hacer vigilancia remota. Luego tienes que ir a capturarlos, claro. En aguas internacionales es otra historia. Allí es el Salvaje Oeste. Naciones Unidas ha iniciado un proceso para crear un instrumento legal con el que poder crear áreas protegidas y manejar un poco más esto. Ahora mismo, en aguas internacionales la única regulación que hay, el único control, son las organizaciones regionales de ordenación pesquera, como las comisiones del atún. Pero estas comisiones son altamente corruptas. Las decisiones de cuánto se pesca, a pesar de las recomendaciones de los científicos, son totalmente políticas.

Cuando dice que son corruptas, ¿es una opinión o ha habido alguna condena?

¿La definición de corrupto implica que tenga que haber sido condenado? Sí, hay mucha corrupción en la pesca del atún y hay un mercado negro. Pocos son condenados y van a la cárcel, pero es muy corrupto.-

¿Incluida la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico, con sede en España?

Las siglas en inglés son ICCAT, por International Commission for the Conservation of Atlantic Tunas. La broma es que es la International Conspiracy to Catch All Tuna [Conspiración Internacional para Capturar Todos los Atunes]. Japón compra el 80% del atún rojo. Japón y China son conocidos por dar regalos a países —como un puente, un estadio de fútbol o un puerto— a cambio de acceso a recursos naturales, incluyendo la pesca.

Menos del 1% de las aguas internacionales están protegidas actualmente. ¿Quién impide que se protejan?

No hay un instrumento legal para la creación de áreas protegidas en aguas internacionales. Ahora mismo, si quisiéramos proteger las aguas internacionales aquí, frente a las costas de Chile, ¿quién lo decide? ¿Cuántos países son necesarios? No está claro. Las comisiones atuneras pueden acordar que en una zona no se pesque atún, pero no pueden acordar nada sobre la pesca de calamar o sobre la pesca de arrastre o sobre la minería del fondo. Hay muchas competencias, con diferentes organizaciones, y ahora mismo no existe claridad en quién protege.

Las negociaciones para un tratado mundial sobre el cambio climático, por ejemplo, empezaron en 1990. ¿Por qué Naciones Unidas no se ha preocupado antes de las aguas internacionales? ¿Quién se opone?-

Cinco países capturan tres cuartas partes de todo el pescado que se saca en aguas internacionales: China, Taiwán, Corea del Sur, Japón y España. Diez países sacan el 90%. También tenemos a otros países, como Rusia, que hacen pesca de palangre y de arrastre en aguas internacionales. Francia también hace arrastre. Es muy posible que estos países se hayan opuesto a hacer algo hasta ahora. Esos cinco o diez países tienen el monopolio de la pesca en aguas internacionales y no quieren perderlo. Publicamos un estudio hace un par de años en el que demostramos que si todas las aguas internacionales se cerraran a la pesca, todos los peces que se producirían de más y que migrarían a las zonas económicas exclusivas de los países beneficiarían a muchos más países. Solo unos pocos países tienen flotas de larga distancia. Y esas flotas pescan peces que ya no entrarán en las aguas de países pobres.

Usted vincula el agotamiento de los caladeros en África con las migraciones de africanos a Europa.

Ahora hay muchos más factores, como el cambio climático, que crea sequías. La migración es una combinación de sobreexplotación de recursos y situación política. Y encima de eso tienes el cambio climático, que amplifica todo.

Resultado de imagen para pescadores españoles en somaliaPeriódicamente aparecen noticias sobre pescadores españoles frente a las costas de Somalia. ¿Qué hacen allí?

En principio, yo siempre sospecho que hay algo turbio en la flota española a larga distancia. Sobre todo en países africanos, donde se explotan los recursos. Las pérdidas que sufren los países del oeste de África por la sobreexplotación por parte de países asiáticos y de la UE son enormes. Son recursos que no se quedan allí, sino que van a países ricos. Además, los acuerdos de pesca son un robo. Por unas cantidades pírricas, los países ricos están sobreexplotando los recursos de los países pobres.

Hay especies marinas que usted no come. ¿Cuáles son?

Yo no como atún. Ni gambas. En el caso del atún, porque la mayor parte de las especies están sobreexplotadas y además contienen mucho mercurio, porque están arriba en la cadena trófica. Antes había especies de granja fantásticas, como los mejillones: filtran el agua del mar, la limpian, capturan CO2en sus conchas. Pero ahora hay otro problema: los mejillones filtran los microplásticos que hay en el agua. Un tercio de los peces pescados en el sur de Inglaterra han comido plástico. El mar es una sopa de plástico. La gente habla de islas de plástico, pero las islas no existen. Hay zonas con mucho plástico, pero no hay islas. Lo que hay es microplásticos en todo el mar. Nosotros hemos recolectado muestras de agua desde el Ártico ruso y Canadá hasta islas en medio del Pacífico, a miles de kilómetros de la civilización. Y en el 75% de las muestras hemos encontrado microplásticos.

¿Por qué no come gambas?Resultado de imagen para pesca de gambas

Por el alto costo ecológico que tienen. Las gambas son producto de la pesca de arrastre, que destroza el fondo marino con toda la vida que existe allí. Es como cortar un bosque viejo para comerse los pajaritos que hay en el bosque. O son de granja, pero normalmente las gambas de granja que se comen en los países ricos vienen del sudeste asiático. Allí lo que hacen es cortar bosques de manglar para crear unas pozas donde se ponen las gambas. Cortar un bosque de manglar supone cortar uno de los sumideros de CO2 más importantes. Además, protegen las costas contra el efecto de las tormentas y tsunamis. En el tsunami del sudeste asiático, murió más gente donde había menos manglares. Esos manglares son criaderos de peces pequeños que luego se pueden pescar en otros sitios. En las pozas, ponen las crías de gamba y, para evitar que las larvas de mosquito se coman las crías de gamba, ponen una capa de diésel para que los mosquitos no pongan los huevos en el agua. Luego echan pesticidas para que no crezcan algas. Cuando las gambas están grandes, vacían la poza y las gambas quedan impregnadas por toda esa mierda.

¿Esto dónde ocurre?

En Tailandia, en Vietnam…

¿Esas gambas pueden pasar un control sanitario?

Eso ya no lo sé. En algunos casos se añade colorante para que tengan un color más naranjita. Y después, a los cinco años, las pozas se vuelven tan salinas que los productores se van a cortar bosques en otro sitio. Por eso no como gambas.

Usted habla de neocolonialismo en los océanos. ¿Dónde pesca cada potencia?

Barcos europeos, incluyendo españoles, están pescando en África, en unas condiciones muy desfavorables para la población local. China es el gran ejemplo. Su flota de larga distancia es grandísima y está pescando en todo el mundo. El barco que se pilló en Galápagos es un ejemplo, pero se han pillado barcos chinos en Gabón, en el oeste de África, arrastrando ilegalmente, incluso en zonas protegidas. China está intentando capturar la mayor parte de los recursos naturales en cualquier sitio del mundo, no solo peces, sino también madera, petróleo… En todos lados. China está expandiéndose de manera diplomática, públicamente, pero de manera depredadora en realidad. Tiene una gran sed de recursos.

 

¿Qué países son un modelo en el tema de las áreas marinas protegidas?Resultado de imagen para chile areas marinas protegidas

Chile es uno de los líderes mundiales. Antes de que se vaya la presidenta, Michelle Bachelet, van a tener más de un millón de kilómetros cuadrados totalmente protegidos, sin incluir la reserva de Rapa Nui, que es parcialmente protegida. Esto es el 30% de la zona económica exclusiva de Chile. El 30%. Y Chile es un país pesquero. Sus líderes han entendido que el futuro de la pesca pasa por proteger para que haya más. Estados Unidos tiene una gestión de la pesca, basada en la ciencia, de las mejores. Ha conseguido en la última década recuperar muchas especies que estaban colapsadas o sobrepescadas.

¿Estos avances se pueden revertir bajo el mandato de Donald Trump?

En el Gobierno de Trump son todos sobreexplotadores. Perforarían en cualquier sitio. Trump ordenó una revisión de los monumentos nacionales que crearon Clinton y Obama. El secretario del Interior querría que se abriera la explotación petrolífera en muchas zonas protegidas. Las compañías petroleras y de gas en Estados Unidos no están explotando todas las concesiones que tienen, porque no les sale a cuenta. El gas y el petróleo están baratos. Pero el Gobierno de Trump quiere abrir los monumentos nacionales y los santuarios marinos, para vender las concesiones y que luego, cuando el precio del petróleo suba, los especuladores se llenen los bolsillos a costa de estos ecosistemas increíbles. A costa del resto de ciudadanos. Es corrupción a nivel de Estado. Todo el mundo cree que van a abrir varios de los monumentos nacionales a la explotación petrolera, pero se van a encontrar con unas demandas judiciales en el momento en el que declaren la primera desregulación.

Hace una década, usted acudió al Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) para denunciar “el absurdo planteamiento económico actual”. Diez años después, ¿cómo lo ve?

Seguimos con el mismo problema: no pagamos el verdadero coste de las cosas, el coste ambiental. Los señores que están pagando gasolina a precio barato en EE UU no están pagando el costo de esa gasolina. El costo lo paga el niño que se morirá de asma debido a la contaminación en la ciudad en la que vive. Lo que hacemos es externalizar el coste. Si todo el mundo, incluyendo las grandes empresas petroleras, tuviera que pagar por el costo del uso de los recursos naturales, el mercado habría solucionado los problemas. Habríamos innovado rapidísimamente para reducir las emisiones.

Menos del 1% de las aguas internacionales están protegidas

Mapa de áreas protegidas a diciembre de 2016 elaborado por el Instituto de Conservación Marina.La abogada estadounidense Kristina Gjerde habla con pasión de los mitos y leyendas marcados en los mapas de los antiguos navegantes. Son planos con zonas prohibidas, en las que pulpos gigantes engullen barcos enteros. Pero, a Gjerde, el actual mapa de las aguas internacionales le “asusta más que cualquier monstruo marino”.

La letrada, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), señala el 64% de los océanos —las aguas que están más allá de las jurisdicciones nacionales— y dibuja una realidad invisible en la que impera la ley de la selva. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, aprobada en 1982, es, en muchos lugares remotos, papel mojado.

Para ir a prisión por pescar ilegalmente, primero te tienen que pillar con las manos en la masa. Y las únicas autoridades que pueden arrestarte y llevarte a juicio son las de tu propio país. Si otro país sospecha que un buque español está pescando ilegalmente en aguas internacionales, no se puede detener a la tripulación, así que no existe un sistema efectivo en la actualidad para hacer que se cumpla la ley”, resume la abogada.

Gjerde lucha para que los países de Naciones Unidas firmen un acuerdo internacional sobre la biodiversidad en alta mar, similar al que funciona contra el cambio climático. “Hoy no existe ninguna organización internacional global que pueda designar áreas marinas protegidas en aguas internacionales”, lamenta. Menos del 1% de estos mares sin dueño está clasificado como área marina protegida, según los datos de la UICN. Y este blindaje inusual siempre llega gracias a decisiones de países vecinos que no tienen por qué ser vinculantes para terceros países, como ocurre en zonas preservadas del Mediterráneo.

La abogada ha clamado por la conservación en alta mar en el Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas IMPAC4, que se celebra en La Serena (Chile) y al que EL PAÍS acude como medio invitado. Gjerde menciona maravillas submarinas desprotegidas, como el mar de los Sargazos, ubicado en el Atlántico en torno a una sopa de algas flotantes; el Domo Térmico de Costa Rica, una zona de 1.000 kilómetros de ancho situada al oeste de Centroamérica en la que bulle la vida marina; y la Ciudad Perdida, una formación de monolitos de carbonato con la altura de un edificio de 18 pisos que se alza frente a las costas de Portugal.

Un buque de la Guardia Costera de EE UU vigila a un pesquero pirata en el Pacífico Norte, en 2012.

El pasado 21 de julio, recuerda Gjerde, los delegados de Naciones Unidas, en una discreta reunión sin cámaras de televisión en Nueva York, tomaron la decisión de recomendar a la Asamblea General que comience, “lo antes posible”, unas negociaciones hacia un tratado internacional para proteger la biodiversidad en alta mar.

“Naciones Unidas ha pasado una década discutiendo si necesitábamos un nuevo tratado. Ahora están negociando cuándo comenzará el proceso formal de consultas. Cuando empiece, pueden pasar dos, tres, cuatro o cinco años hasta que podamos designar áreas marinas protegidas en alta mar”, lamenta Gjerde.

Su organización, la UICN, está formada por 218 Estados y agencias gubernamentales y más de 1.100 ONG. La abogada sabe que en Naciones Unidas la batalla será sangrienta. “Es un proceso muy político. En la Antártida, hubo una negociación muy dura con Rusia y China para poder designar áreas marinas protegidas a través de organizaciones internacionales de gestión pesquera”, alerta. “Las mayores potencias de pesca, minería y transporte marítimo presionan para defender sus intereses. España, por ejemplo, tiene reputación, en algunos lugares, de no aplicar la ley a sus buques pesqueros. Ningún país es solo bueno o solo malo”, sostiene.

Las negociaciones hacia un tratado internacional para proteger la biodiversidad en alta mar comenzarán “lo antes posible”, según la ONU

El año pasado, por ejemplo, una jueza de la Audiencia Nacional envió a prisión a seis miembros de la familia coruñesa de armadores Vidal Pego, por la presunta pesca ilegal de merluza negra durante años en aguas antárticas. Los supuestos piratas tardaron 24 horas en pagar la fianza fijada de 600.000 euros. Pocos años antes, recibieron millones de euros en subvenciones españolas a la pesca.

En el congreso de Chile, la oceanógrafa Beth Pike ha agitado el fantasma de la llamada “tragedia de los comunes”, un dilema propuesto en 1968 por el filósofo estadounidense Garrett Hardin. Se trata de una situación en la que los individuos de un grupo, actuando de manera independiente, acaban por agotar un recurso compartido aunque esta desaparición no beneficie a ninguno de ellos a largo plazo, según ha explicado Pike, del Instituto de Conservación Marina, una organización sin ánimo de lucro con sede en Seattle (EE UU).

Los oceanógrafos suelen decir que el fondo del mar se conoce menos que la cara oculta de la Luna. Mauricio Gálvez, jefe de investigación en el Instituto de Fomento Pesquero de Chile, ha subrayado este otro problema: lo que se desconoce no se puede proteger. “En la actualidad, para un país como Chile no hay incentivos directos económicos o sociales para llevar a cabo investigaciones científicas en alta mar”, ha lamentado en una exposición en La Serena.

Gjerde recuerda que es una pelea contra el reloj: “La Comisión de las Pesquerías del Atlántico Noreste monitoriza cada barco pesquero en la región y asegura que ya no hay pesca ilegal en la zona, pero en el Pacífico no hay nadie mirando. Los países no tienen ni el dinero ni la tecnología. Con el nuevo acuerdo internacional, podríamos vigilar los océanos a escala global”.

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