Jun 19 2020
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Sociedad

Las cinco pandemias que azotan al Culo del Mundo

La activista boliviana Mar√≠a Galindo propone pensar y actuar sobre cinco urgencias que, dice, no pueden justificarse ante el avance del coronavirus: el fascismo, la colonizaci√≥n, la corrupci√≥n y desidia estatal, la violencia machista y el hambre. C√≥mo azotan cada una de estas otras ¬ępandemias¬Ľ a los pa√≠ses latinoamericanos a los que bautiza como Culo del Mundo, ¬ęen el sentido ambiguo de lugar de placer y de desprecio al mismo tiempo¬Ľ.

En esta parte del mundo desde donde escribo es urgente decir que no estamos enfrentando a una pandemia sino a cinco, y al mismo tiempo. O, si prefieren, a una pandemia de m√ļltiples capas, adheridas una a la otras, donde la capa visible y externa es la del coronavirus. Esa capa funciona como la superficie evidente detr√°s de la cual se esconden y legitiman las cinco pandemias, a saber:La Paz, Bolivia.

1) La pandemia del fascismo que afecta las estructuras y libertades democr√°ticas y que moviliza el conjunto de prejuicios en torno de la enfermedad, el contagio y la ‚Äúprotecci√≥n‚ÄĚ de la poblaci√≥n.

2) La pandemia colonial que afecta las relaciones Norte/ Sur, y las relaciones con los sures del mundo presentes en todas las sociedades, la relación con el conocimiento y manejo de la enfermedad y el sobreendeudamiento de toda la región para el recrudecimiento de un contrato colonial global más severo.

3) La pandemia de la corrupción y la desidia estatal.

4) La pandemia de la violencia machista que afecta directamente el lugar de las mujeres y la crisis de cuidados.

5) La pandemia de las pandemias que es la del hambre.

Hay un juego de espejismos entre una pandemia y otra, un juego que confunde y paraliza la protesta: cuando est√°s interpelando una pandemia se superpone la otra para desactivar o relativizar todo argumento de resistencia.

En pocas palabras, el coronavirus justifica todo.

Mientras escribo este texto ha muerto una mujer en los brazos de su hijo. Muri√≥ por tuberculosis en la puerta de un hospital donde por p√°nico no la dejaron entrar. Es tan peque√Īa la madre que parece una ni√Īa acurrucada en los brazos de un adulto, porque adem√°s de la tuberculosis la ha aniquilado el hambre. ¬ŅFue primero el hambre y luego la tuberculosis?

¬ŅTuvo tambi√©n que ver el coronavirus para que no pudiera pasar la puerta de un hospital o usaron ese pretexto para no recibir a nadie porque ni hay ni hubo nunca all√≠ lugar para nadie m√°s? Como quieran colocar el orden de los factores su muerte televisada y transmitida se convierte en rutinaria.

¬ŅQu√© est√° pasando en este sur bautizado como Latinoam√©rica que he preferido nombrar como Culo del Mundo, culo en el sentido ambiguo de lugar de placer y de desprecio al mismo tiempo?

¬ŅHay alguna continuidad entre lo que pasa hoy en M√©xico, Per√ļ, Brasil, Ecuador, Argentina o Bolivia?

La regi√≥n misma es imposible de describir bajo un solo prisma, no hay uniformidad; ¬ŅQu√© es entonces lo que hay de com√ļn entre el cavado de fosas para los cad√°veres en Brasil, el endeudamiento acelerado boliviano o ecuatoriano y la en√©sima amenaza de quiebra del Estado argentino, que nos hace pensar en la pronta quiebra de muchos Estados de la regi√≥n?

Si de comunes denominadores que recorren todo el continente se trata, me atrevo a decir que la violencia machista, la corrupci√≥n gubernamental y el lavado de manos de las oligarqu√≠as locales -que en ning√ļn pa√≠s han asumido responsabilidad alguna- son los infaltables, sea que gobierne la derecha fascista o la izquierda progresista; sea que se haya optado por la cuarentena r√≠gida, flexible o el negacionismo.

Les pido entonces permiso para hablar en t√©rminos generales, sabiendo que seg√ļn qu√© pa√≠s te toca en suerte estos elementos funcionan de manera distinta.

Coloniavirus: la densidad colonial de la pandemia

Pido permiso a la ecuatoriana residente en Barcelona, Mafe Moscoso, de quien tomo el t√≠tulo de ¬ęColoniavirus¬Ľ. Ella denomina as√≠ a la pandemia para denunciar lo que ocurre en Guayaquil y describir el papel de las ‚Äúexiliadas del neoliberalismo‚ÄĚ expuestas como los cuerpos portadores del virus, y el papel de las oligarqu√≠as.

La capa colonial de la pandemia no es ni tangencial, ni de detalle; la envuelve completamente.

La densidad colonial supone que los países del sur compren desde los insumos médicos pasando por pruebas, reactivos y respiradores hasta los medicamentos en un mercado neoliberal-colonial y a precios especulativos, inaccesibles para nuestras economías.

La densidad colonial supone la preparaci√≥n por parte del Fondo Monetario Internacional de un proceso de endeudamiento acelerado, que aprovecha la situaci√≥n de p√°nico para que los gobiernos den la espalda a las sociedades, mientras contraen m√°s deudas que empe√Īan el futuro, los bosques, la selva, el territorio, las materias primas estrat√©gicas, como el litio o el mismo ox√≠geno de la Amazonia. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional est√°n dispuestos a hacer pr√©stamos a todo tipo de gobiernos, en √©poca de pandemia, que favorecen la destrucci√≥n de la econom√≠a porque en ese contexto el endeudamiento se presenta f√°cilmente como salvataje cuando en realidad representan la firma de contratos de dependencia colonial, a futuro.

Nuestros remedios

Se ha hecho escarnio de la propuesta que enarbol√© en un art√≠culo que publiqu√© al comienzo del azote del coloniavirus sobre la medicina casera y ancestral como salida. Parece ser que hay que creer dogm√°ticamente que este es un problema que resolver√° √ļnicamente la investigaci√≥n corporativa en laboratorios de inteligencia artificial.Verde Medicina - Indigna que en pleno siglo XXI podamos... | Facebook

El problema no est√° en poner en una l√≠nea dicot√≥mica una medicina con la otra, menos en colocarlas en una escala colonial de ‚Äúprimitivo‚ÄĚ versus ‚Äúdesarrollado‚ÄĚ. Lo m√°s necesario es integrar una con la otra y entender que los principios psicosom√°ticos de las medicinas ancestrales y su comprensi√≥n hol√≠stica del funcionamiento del cuerpo. Son concepciones que deben ser integradas a toda medicina urgentemente.

Por otro lado, la medicina, en la mayor parte de nuestros países es un recetario copiado sin pensamiento ni investigación propia, por eso nos enteramos por la BBC y desde Canadá que las llamas que conviven con nosotr@s en los Andes pueden ser portadoras de un anticuerpo efectivo, o nos enteramos que en las ciudades de altura, como Quito o La Paz, la incidencia es menor porque hasta al coloniavirus le da mal de altura. No son nuestras universidades de Medicina ni nuestros laboratorios quienes investigan porque en la mayor parte de nuestra región no hay investigación y, cuando la hay, es en condiciones de extractivismo informativo.

La microbiolog√≠a y la inteligencia artificial pueden dar una soluci√≥n espec√≠fica y temporal a este virus, pero d√©jenme ahora reirme un poco de quienes esperan con fe esa soluci√≥n. ¬ŅD√≥nde est√° el laboratorio independiente no vinculado a los poderes de la farmac√©utica transnacional? ¬ŅQu√© conocemos realmente del virus desde estos centros de informaci√≥n y qu√© se nos oculta desde estos mismos centros de informaci√≥n?

Para ese poder farmac√©utico, como habitantes del Culo del Mundo hemos servido de cuerpos de experimentaci√≥n, de poblaciones descartables, de l@s que no importan, y tambi√©n como territorio de extracci√≥n de conocimientos. ¬ŅCu√°nto tardar√° en llegar una vacuna al chaco argentino, a la amazonia peruana o boliviana, donde hoy miles y miles sufren el dengue? Seremos literlamente l@s √ļltim@s en recibirla. ¬ŅCu√°l ser√° su costo real? No podremos pagar su precio con dinero, que es papel, pero sin duda pagaremos completa la factura empe√Īando nuestra tierra.

La densidad colonial es desgarradora cuando hablamos de l@s incontables desplazad@s trabajador@s temporer@s que han quedado fuera de todo servicio de salud, frente a quienes se han cerrado fronteras declarándoles parias y a l@s que ninguna sociedad les ha reconocid@ como pertenecientes: ni sus sociedades de origen, donde sus remesas mensuales han garantizado ingresos económicos imprescindibles, ni las sociedades donde han garantizado servicios de cuidados imprescindibles con trabajo precarizado y sin derechos.

El coloniavirus ha sido el pretexto pol√≠tico m√°s ‚Äúlimpio‚ÄĚ e incontestable del neoliberalismo para abrir la circulaci√≥n de mercanc√≠as y cerrar la circulaci√≥n de personas.

Europa ha pasado de cerrar sus fronteras nacionales a cerrar sus fronteras continentales y por fin habitar su sue√Īo fascista de que el peligro es el otro. Ese mismo d√≠a han surgido las voces de cientos y miles exigiendo la regularizaci√≥n inmediata de td@os l@s calificad@s como ilegales y hasta ahora solo Italia lo ha hecho.

¬ŅCu√°l es el sistema de salud responsable de curar a l@s infectad@s que llegaron a Espa√Īa desde Guayaquil o el Beni en Bolivia, regiones donde los contagios suponen algo muy parecido a un genocidio?

El virus en su densidad colonial es una frontera que divide los cuerpos y las poblaciones entre las dignas de vida y las indignas de vida, entre las regiones desde donde se elaboran y discuten los protocolos y las propuestas y regiones donde esos protocolos no se piensan, sino que se copian.

Nos vamos contagiando

Miedo y hambre juegan un juego mortal en nuestras calles y nuestras economías.

Salir a comprar alimentos es prepararse para visitar el salón del hambre; la gente está saliendo a pedir limosna con creatividad, con dignidad y con originalidad, te sostienen la mirada, te cortan el paso con delicadeza, te extienden la mano o te ofrecen dulces y todo tipo de inventos prácticos para enfrentar la vida. Ayer compré un ensartador de aguja aunque en mi casa no hay agujas, ni hilos. La mirada del vendedor, sus demostraciones, su dignidad, su ropa, su aliento, su bozal casero, todo él era un grito de dignidad magnetizante.

Abundan las variedades de mascarillas que prefiero llamar ‚Äúbozales para humanos‚ÄĚ para todo gusto y bolsillo, porque de eso tambi√©n hay que sobrevivir, pero la mascarilla universal parece ser de piel de mandarina. Los c√≠tricos han invadido las calles y es con c√≠tricos con lo que con ingenuidad nos defenderemos por ac√° de la pandemia, mientras nos vamos contagiando el coloniavirus y las ganas de vivir al mismo tiempo.

Caminando en los barrios populares de tanto en tanto me vienen vahos de olor a hierbas que deben estar hirviendo en gastadas ollas que perdieron la tapa hace décadas. La gente se ha refugiado en la medicina casera y en los conocimientos de la abuela. Los vahos vienen de lejos porque los pueblos amazónicos han decidido espantar la pandemia con largos rituales.

Las ollas comunes -que son ni más ni menos que la respuesta colectiva y no individual al hambre- no sólo representan un acto de desobediencia, sino que son noticia corriente y cotidiana. Las hay de todos los tipos y bajo todo género de organización en todo el continente. Tienen dos características comunes:

  1. Son organizadas y gestionadas por mujeres no por una cuestión de servidumbre, sino por un saber hacer.
  2. No son estatales ni institucionales y son super efectivas como medida social frente al hambre. Nadie se atreve a intervenir, descalificar, ni desactivar olla com√ļn alguna.

Especialmente desobedientes viejos y viejas prohibid@s de salir est√°n en las calles. La polic√≠a tampoco se atreve a cuestionarles. Ah√≠ est√°n ellos y ellas con 70, 75 y 80 a√Īos en busca de subsistencia. Mil formas en las que l@s ancian@s de nuestras sociedades est√°n desafiando a la muerte misma. Lo que consiguen lo comparten con sus amores y al d√≠a siguiente de nuevo les ves en las calles marcando el ritmo de una cuarentena que no es lo peor ni lo m√°s duro por lo que han pasado.

Quizás la mayor potencia de las gentes de esta región está precisamente ahí. No es que nos ha venido una crisis, sino que vivimos en crisis, no es que esperamos respuestas sino que las inventamos continuamente de forma artesanal e intuitiva apelando a las herramientas del propio contexto, y es eso lo que en la región se ve por todas las esquinas. Remedios caseros, inventos de nuevas formas de ganarse la vida y de lanzarse a la muerte al mismo tiempo. Los días se han convertido en festivales coloridos del fin del mundo.

El Estado y la pandemia de la corrupción

Seguramente, en lo que a corrupción se refiere, el gobierno boliviano debe de ser hoy uno de los más sobresalientes de la región. El escándalo de la compra de 500 respiradores a un 300 por ciento más de su precio es tan sólo la punta del iceberg.

Compramos v√≠a intermediarios las pruebas m√°s caras de la regi√≥n, pero hacemos el menor n√ļmero de pruebas de la regi√≥n. Varias capitales del pa√≠s no tienen laboratorio de procesamiento de pruebas y los pocos laboratorios que hay est√°n colapsados y entregando los resultados tard√≠amente, pero adem√°s las pruebas ya llegan tard√≠amente a los laboratorios pues son transportadas por v√≠a terrestre.El esc√°ndalo de los falsos respiradores espa√Īoles en Bolivia: 170 ...

Las cifras de contagio son bajas porque hay un subregistro descomunal debido a la negligencia estatal que funciona como mentira colectiva. La funci√≥n m√°s importante del Estado como es la educaci√≥n p√ļblica est√° suspendida y los planes de convertirla en virtual no pasan de ser una mentira colectiva.

El gasto militar se ha triplicado porque la movilización de tropas es continua y se ha utilizado la pandemia para la legitimación de la presencia militar en las ciudades.

Ninguno de los sectores oligárquicos vinculados a las transnacionales o que representan las grandes concentraciones de capital en la región han sido convocados a asumir ni siquiera una parte de los costos de la pandemia. Es más: en muchos casos han sido los primeros que han pasado a los gobiernos sus listas de pérdidas y requerimientos. Mientras la población está perdiendo trabajo, sustento, educación e inclusive la vida, las oligarquías se están lavando las manos y dándose el lujo de hacer caridad. Grotesca es la imagen recurrente de las donaciones caritativas para sacarse la foto de portada.

¬ŅPodemos entonces permitirnos pensar que las soluciones van a venir desde el Estado? ¬ŅPodemos contentarnos con hacer una lista de demandas post coloniavirus para pasarle a los gobierno? ¬ŅEs s√≥lo cuesti√≥n de cambiar un gobierno por otro?

¬ŅEs realmente la salida darle al Estado la administraci√≥n de una renta b√°sica universal que es lo que propone la CEPAL (Comisi√≥n econ√≥mica para America Latina) y la izquierda llamada progresista? ¬ŅCu√°nto nos va a costar cada peso boliviano, cada sol peruano, cada peso chileno o argentino que retiremos de una ventanilla del Estado?

En esta región me atrevo a decir que la pobreza no es la falta de ingresos sino el despojo, no es la falta de ingresos sino la destrucción sistemática del ecosistema, la destrucción de la selva y de las aguas dulces.

La propuesta de la CEPAL tiene mucho que ver con un reendeudamiento de nuestras sociedades y con la contenci√≥n de la revuelta que se est√° cocinando en las otras ollas comunes que son las ollas de las ideas, las rabias, el dolor y las frustraciones. Por un a√Īo de renta b√°sica firmar√°n en nuestro nombre la reincorporaci√≥n pasiva y sin objeci√≥n ni debate al capitalismo patriarco/colonial extractivista.

Violencia machista y crisis de cuidados

Lo que peor han resuelto los Estados es la cuesti√≥n de l@s ni√Ī@s convertidos en p√°jaros enjaulad@s, cuya responsabilidad de contenci√≥n ha estado y est√° descomunalmente descargada sobre las espaldas de las madres. Agravada con el hecho de que empieza la ola de flexibilizacion de la cuarentena, no se abren las escuelas ni hay soluciones para la crianza demostrando que sobre las espaldas de las mujeres se puede descargar todo sin l√≠mite alguno e incluso sin l√≥gica.

El coloniavirus es una crisis de cuidados que ha colocado a los cuidados en la doble vara de los trabajos recargados y mal pagados masivamente realizados por mujeres y, al mismo tiempo, en los √ļnicos realmente √ļtiles a la hora de salvar vidas, contener emocionalidades y construir sentidos colectivos.

Suprimir la calle para las mujeres ha sido suprimir el espacio emancipatorio histórico. Ha significado suprimir la otra ciudad efímera que habitamos y montamos cada día. Ha sido un auténtico encarcelamiento en la familia nuclear patriarcal que andábamos disolviendo y en el espacio de captura de nuestras energías. Ha sido colocarnos a merced de las frustraciones de un macho que está en decadencia y que no encuentra su propio lugar en el mundo. Los índices de feminicidio en cuarentena son la prueba de esto que estoy diciendo.

Los índices de violencia machista y violencia sexual que rompen todo sentido romantizado de hogar son la prueba de lo que estoy diciendo. La calle es nuestra casa y el espacio del afuera es el espacio en el que estamos construyendo libertad.

Esto coloca a la familia y al Estado en la misma línea de las instituciones caducas, de mamotretos arcaicos que en esta crisis han mostrado su ausencia de respuestas, su peso como mito y su inocultable decadencia.

La comunidad no es la suma de familias, sino la ruptura de estas para la construcción de nuevas afectividades, contenciones y complicidades.

El Estado no es la entidad llamada a resolver lo que la post pandemia trae, sino que la sociedad organizada, las voces críticas y las hambres acumuladas somos quienes necesitaremos elaborar no un pliego de peticiones a gobierno alguno sino un marco de redefinción política de la democracia como un eje radical de participación y no como un aparato de marketing electoral, de la economía como un eje de construcción de bienestar y de la colectividad como el lugar del desorden afectivo.

Debajo del hambre est√°n creciendo las ideas.

Debajo del hambre siguen floreciendo los sue√Īos.

Y mientras enterramos a l@s muert@s, ell@s todavía calientes se confabulan con nosotr@s para decirnos que no murieron de coronavirus sino de capitalismo.

En el centro de la pandemia nace el movimiento NO PUEDO RESPIRAR que en c√≥digo andino quiere decir NO AGUANTO M√ĀS.

 

  • Habitante vitalicia de la anormalidad. Mujeres Creando/ Bolivia.
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