Ene 8 2014
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Política

Las FARC-EP, en torno al informe del Washington Post

El d√≠a 21 de diciembre de 2013 el diario Washington Post public√≥ un informe [1] acerca de la m√°s reciente acci√≥n encubierta de la CIA, la NSA y el Pent√°gono, es decir, de los Estados Unidos de Am√©rica, en el conflicto armado interno colombiano, la cual envuelve decisiones y autorizaciones de por lo menos los tres √ļltimos gobiernos de ese pa√≠s.

Interesante revelaci√≥n, que pone de presente ante los ojos de muchos incr√©dulos, c√≥mo los intereses representados por los gobiernos de Estados Unidos son uno de los principales detonantes y animadores de la larga guerra que soportamos los colombianos. Estudios m√°s ambiciosos podr√≠an f√°cilmente comprobar que lo mismo ha ocurrido desde los tiempos de la Operaci√≥n Marquetalia, en 1964, algo que se reconoce p√ļblicamente en Colombia, pero que a la hora de examinar la naturaleza del conflicto se evade con irresponsabilidad asombrosa.

Seg√ļn el informe, el programa de acci√≥n encubierta ha ayudado al Ej√©rcito colombiano a matar al menos a dos docenas de l√≠deres rebeldes, de acuerdo con entrevistas realizadas a m√°s de 30 funcionarios retirados y en ejercicio de Estados Unidos y de Colombia, al tiempo que ha envuelto operaciones de espionaje electr√≥nico y escuchas por parte de la Agencia Nacional de Seguridad, operaciones todas financiadas con un presupuesto secreto de miles de millones de d√≥lares, distintos a los nueve mil millones de ayuda contemplados en el Plan Colombia.

Mientras el Presidente Santos, de acuerdo con el mismo informe, trató de restar importancia al tema al ser entrevistado al respecto por el diario norteamericano, su ministro Pinzón no tuvo el menor reparo en salir a los medios a reconocerlo y endulzarlo como parte de los tradicionales acuerdos militares entre los dos países. Está claro que ninguno de los dos siente el menor aprecio por la soberanía colombiana, puesto que sobre su ánimo pesan más las imposiciones gringas en materia de drogas y terrorismo que cualquier consideración de tipo nacional. De los generales y almirantes colombianos ni hablar, sus rodillas están encallecidas por causa de tan prolongado arrodillamiento.

No es que no se supiera o no se tuviera idea de ello, pero algo queda m√°s claro con el informe del peri√≥dico estadounidense. Por ejemplo, que tiene toda raz√≥n el columnista Oscar Collazos cuando sugiere que la mayor contradicci√≥n que anima el debate entre los √ļltimos presidentes colombianos, estriba en demostrar cu√°l de ellos se ha encargado de matar a un n√ļmero m√°s alto de sus compatriotas. Debate que adem√°s es reproducido con evidente inter√©s por los medios colombianos, siempre tan proclives a publicitar y engrandecer lo que tan nefandos personajes llaman cr√≠menes de las guerrillas. O que se pueda ahora parodiar a la senadora Piedad C√≥rdoba cuando afirm√≥ que Colombia era una inmensa fosa com√ļn, diciendo que con el consentimiento de los √ļltimos gobiernos,Colombia es v√≠ctima de la m√°s descarada e impune de las chuzadas por cuenta de los servicios de inteligencia de una potencia extranjera.

Del mismo modo, el citado informe incluye revelaciones que producen escalofr√≠os. Al rese√Īar que seg√ļn el Presidente Santos ‚Äúparte de la experiencia y de la eficiencia de nuestras operaciones y nuestras operaciones especiales han sido el producto de un mejor entrenamiento y conocimiento que hemos adquirido de muchos pa√≠ses, entre ellos los Estados Unidos‚ÄĚ, avala lo que el informe precisa en torno al traslado de la experiencia norteamericana en Afganist√°n y el combate a Al Qaeda al conflicto colombiano, es decir los procedimientos de inteligencia que incluyen los sobornos, las capturas ilegales, los desaparecimientos, las torturas y las presiones ilegales contra personas de quienes se espera conseguir informaci√≥n.

De donde se desprende que la actual degradaci√≥n de los m√©todos empleados por las fuerzas militares, policiales y de seguridad colombianas tienen origen en la instrucci√≥n y asesor√≠a brindada por los norteamericanos. El gobierno de Juan Manuel Santos es conocedor de los secuestros, chantajes, amenazas de muerte y atentados empleados por la inteligencia colombiana en su af√°n por conseguir, mediante las familias de los mandos y combatientes guerrilleros, la ubicaci√≥n de estos con el objetivo de asesinarlos, m√©todos de los que no se han escapado ni siquiera los familiares de los integrantes por parte de las FARC-EP en la Mesa de La Habana.Como conoce bien, por sus tiempos como ministro de defensa de √Ālvaro Uribe, la verdadera trama de la inteligencia militar que condujo al espantoso asesinato y mutilaci√≥n del camarada Iv√°n R√≠os.

Tampoco pueden escapar al an√°lisis del informe, las interpretaciones unilaterales e interesadas de las leyes internacionales por parte de los sucesivos gobiernos estadounidenses, actitud ante la cual la dirigencia colombiana se inclina de manera sumisa. Bast√≥ con que el se√Īor Reagan autorizara las intervenciones militares de su pa√≠s en cualquier naci√≥n bajo la excusa del combate al narcotr√°fico, o que el se√Īor Clinton las autorizara para garantizar a su pa√≠s control de los recursos estrat√©gicos ubicados en cualquier lugar del mundo, o que el se√Īor Bush obrara de igual manera con el pretexto de prevenir lo que su gobierno calificara de amenaza terrorista, para que las nociones de independencia, soberan√≠a y auto determinaci√≥n delos pueblos pasaran al museo de la historia, al lado de los cad√°veres de los derechos fundamentales de la persona humana.

Sólo tan descarado reinado de la arbitrariedad nacida de la fuerza bruta permite explicar, como lo corrobora el informe, la agresión de las fuerzas militares colombianas contra la soberanía del Ecuador el 1 de marzo de 2008, así como los sucesivos asesinatos a traiciónde comandantes guerrilleros colombianos por fuera del combate, mediante el empleo de las cínicamente llamadas bombas inteligentes o el accionar de las fuerzas especiales. El informe revela los esfuerzos de la CIA y el Pentágono por obtener las repudiables y solitarias interpretaciones jurídicas mediante las cuales se perpetran todos estos crímenes, al tiempo que deja al descubierto la perversidad de las academias norteamericanas de leyes en que se cuecen todas esas novísimas teorías legales, que se encargan de legitimar el terror como método respetable de actuación política.

Es seguro que estudiosos más sesudos podrán extraer muchas más implicaciones del mencionado informe, pero además de lo dicho cabe preguntarse a estas alturas, cuando se aproxima en La Habana la discusión sobre el tema de los cultivos de uso ilícito, cuál es el verdadero papel que esta oligarquía vendepatria concede en realidad a la Mesa de Diálogos y el Proceso de Paz con las FARC-EP, o a una eventual Mesa con el ELN, cuando está expuesta ante la opinión nacional e internacional la suma de intereses que impulsan la profundización del conflicto armado en nuestro país.

Cuántas dudas deja sembradas el informe comentado sobre la voluntad de paz del Estado colombiano y su amo imperial. Lo cual nos reafirma en la idea de que una verdadera paz en nuestro país sólo puede ser conseguida con la participación masiva y decidida de los millones de colombianos víctimas de este régimen, que acaban de sufrir una burla más con el ridículo aumento del salario mínimo legal, mientras crece geométricamente el presupuesto militar para aplastar su inconformidad.

*Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
[1] Informe del Washington Post traducido: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552&titular=destapan-multimillonario-plan-de-la-cia-para-asesinar-a-dirigentes-de-la-insurgencia-

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