Mar 18 2016
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Cultura

Las fisuras del neoliberalismo chileno*

Como se sabe, Chile ha sido un laboratorio para las elites dominantes y el imperialismo; aqu铆 su intelligentsia, sus intelectuales org谩nicos y la tecno-burocracia experta en gesti贸n de conflictos, ensayaron el nuevo arsenal de reformas institucionales dise帽adas para extirpar de ra铆z las conciencias y voluntades anticapitalistas.

El experimento chileno se llam贸 contra revoluci贸n neoliberal. Su punto de partida, su momento fundacional, arranc贸 de los escombros dejados por el golpe de estado de 1973 y se extendi贸 hasta inicios de los a帽os ochenta; luego sobrevivi贸 a una severa crisis mundial recurriendo a ajustes heterodoxos, y ya entrada la d茅cada de los a帽os noventa, recuperada y ufana, se visti贸 de democracia al cuidado de una coalici贸n de ex golpistas y franjas de la izquierda conversa.

Su 煤ltima etapa 鈥 la pax neoliberal como la denomina Gaudichaud 鈥 ha sido exitosa pues, adem谩s de superar en a帽os a la dictadura, tambi茅n termin贸 por reconvertir a la izquierda al credo neoliberal.

La guinda de la torta fue la incorporaci贸n de la direcci贸n de PC, primero al parlamento en el a帽o 2010, y luego, a la alianza de gobierno el 2014. Toda una haza帽a de los ingenieros de las transiciones pol铆ticas.

Este extenso trayecto dura ya 42 a帽os, y dado que las reformas estructurales tienen d茅cadas de aplicaci贸n y sus relaciones sociales y subjetividades son usos y costumbres, nada tiene de extra帽o que la racionalidad individualista y de mercado sea el sentido com煤n predominante. En el curso de las reformas neoliberales la sociedad chilena fue adelgazando el tejido de sus relaciones sociales aunque paradojalmente multiplicara su red de interacciones; todos cada vez m谩s conectados pero a la vez m谩s empobrecidos de sentido colectivo; 谩tomos guiados seg煤n el inter茅s de cada cual y compitiendo en las arenas de la instituci贸n neoliberal por antonomasia: el mercado.

Pero tambi茅n a 42 a帽os de la contra revoluci贸n, la utop铆a neoliberal muestra fisuras y aflora un malestar social inusitado, y en 茅ste, un potencial de ruptura. A nivel de la pol铆tica y lo pol铆tico se est谩n manifestando las contradicciones derivadas de un agotamiento cr铆tico de la forma que tom贸 la sociedad chilena en el curso de cuatro d茅cadas; se trata de las anomal铆as de la contra revoluci贸n neoliberal propias de su etapa de maduraci贸n.ch franck gaudichaut

Y eso lo saben, intuyen o vivencian casi todos los sectores en lucha latente o abierta. Por ello, tanto los de arriba como los de abajo, atribulados por la emergencia de las contradicciones estructurales, se agrupan y reagrupan entre la resistencia conservadora y la apertura al post neoliberalismo.

El texto que nos ofrece Franck Gaudichaud precisamente se pone en este borde hist贸rico y sobre la base de una evaluaci贸n de la trayectoria reciente de la sociedad chilena, incursiona sobre las interpretaciones del momento actual y las posibilidades de alg煤n tipo de alternativa pol铆tica de car谩cter popular. Los ejes en que concentra su an谩lisis 鈥 nombro solo los que me parecen principales 鈥 son la centralidad de la relaci贸n capital/trabajo, el car谩cter de los movimientos sociales y el peso de la subjetividad de masas que el propio modelo produce y reproduce, todo ello en el marco de la institucionalidad pol铆tica y la estructura de clases que caracterizan en el presente al modelo neoliberal.

La combinaci贸n de dichos ejes y la apelaci贸n a tales aspectos estructurales (lo pol铆tico y las clases), conducen a una s铆ntesis que, a mi juicio, constituyen el aporte central que ofrece el texto, pues permite una discusi贸n sobre las alternativas pol铆ticas teniendo a la vista una hip贸tesis interpretativa del momento por el que hoy atraviesa la sociedad chilena.

En este sentido, aprovecho esta nota para acentuar algunos aspectos en relaci贸n a los ejes que nos propone Gaudichaud; 茅stos comentarios ya han sido expuestos en otros lugares, pero creo viene al caso retomarlos aqu铆 dado el tipo de an谩lisis que nos presenta el autor.

En primer lugar destacar que las recientes movilizaciones de trabajadores han tendido a desbordar las formas organizativas y de acci贸n tradicionales, y por ello mismo, a la propia institucionalidad sindical conservadora. Este a帽o 2015 tenemos a la vista la huelga de los subcontratistas del cobre 鈥 que incluso cost贸 la vida del trabajador Nelson Quichillao a manos de la polic铆a militarizada 鈥, el largo conflicto de los profesores que rebas贸 la pol铆tica conciliadora de una parte de la dirigencia del Colegio de Profesores, y finalmente, la lucha de los trabajadores p煤blicos del Registro Civil que han debido enfrentar al gobierno y al despliegue de todos los dispositivos del poder: la ley, la presi贸n pol铆tica, la campa帽a medi谩tica e incluso la conducta desleal si no francamente aleve de la dirigencia de la CUT y de la izquierda parlamentaria.

Estas movilizaciones confirman la profunda crisis del sindicalismo cl谩sico pero a la vez abren posibilidades para un nuevo movimiento de trabajadores que rompa con los l铆mites ideol贸gicos y objetivos impuestos hasta ahora por el sindicalismo conservador. En efecto, si 茅ste nuevo movimiento logra madurar, lo har谩 a partir de bases totalmente diferentes. Por ejemplo, desprendi茅ndose de una concepci贸n que considera al sindicalismo tradicional y sus sindicatos legales, propios de la etapa desarrollista industrializadora, como la 煤nica y m谩s efectiva forma de organizaci贸n de los trabajadores.

Hubo antes formas mutualistas, sociedades en resistencia, mancomunales, etc., que en ausencia de una legislaci贸n laboral, organizaron grandes masas obreras que enfrentaron directamente al capital e incluso ofrecieron respuestas aut贸nomas a las necesidades colectivas; los derechos codificados en la legislaci贸n laboral, a cuyo amparo se desarroll贸 luego el sindicalismo cl谩sico, es resultado de dichas luchas.

Tambi茅n comprendiendo que frente a un 芦capital extendido禄, es decir, que somete a su racionalidad y dominio actividades sociales antes ajenas a la producci贸n capitalista, es necesario del mismo modo, concebir de manera 芦extendida a la clase trabajadora禄.

Si el capital convierte los servicios 鈥 antes p煤blicos y sin fines de lucro 鈥 en actividad productiva de valor, o somete otras actividades no mercantiles, personales y/o comunitarias, a la l贸gica de la acumulaci贸n, entonces los que all铆 se desempe帽an y vendan su talento productivo al capital, son igualmente parte de la clase trabajadora.

As铆 como las formas de pago o de contrataci贸n 鈥揹irecta o indirecta; parcial o completa; temporal o permanente 鈥 no importan para definir a la clase trabajadora, tampoco el car谩cter material o inmaterial del trabajo o de su resultado, son criterios correctos para dilucidar qui茅nes son o no parte de aquella. Lo central es la relaci贸n social entre capital y trabajo.

Y finalmente, entendiendo que hay luchas cuya escena no es ya el terreno de la empresa e incluso la rama, pues se trata de derechos colectivos que s贸lo pueden imponerse enfrent谩ndose al conjunto del capital y el Estado.

Un nuevo sistema de relaciones laborales, de salud, de transporte p煤blico o un sistema educacional, por citar algunas demandas m谩s inmediatas, indefectiblemente son luchas por derechos generales y no derechos de un sindicato o federaci贸n; son luchas por los intereses globales de los trabajadores constituidos como sujeto colectivo aut贸nomo y opuesto al capital.

En segundo lugar, es necesario resaltar la emergencia entre 2006 y 2011 de las movilizaciones sociales, pues, como bien muestra el autor, la abrupta explosi贸n de 鈥渓o social鈥 cambi贸 severamente el panorama nacional: mostr贸 las arrugas de una contra revoluci贸n madura y devel贸 una suerte de incompletitud del teorema neoliberal.

En efecto, la instituci贸n mercado mostr贸 sus insuficiencias para procesar todos los conflictos y disiparlos en meras contiendas entre partes privadas; el dispositivo de regateo entre privados (el mercado), incluyendo el recurso judicial para resolver las contiendas sobre obligaciones y derechos consignadas en los contratos, no alcanz贸 para contener y mantener los conflictos en la esfera civil, sobre todo cuando una de las contrapartes salt贸 de lo individual a lo colectivo.

El creciente malestar termin贸 por desbordar parcialmente el 鈥渙rden de mercado鈥 y la burocracia pol铆tica y sus ingenieros en gesti贸n de conflictos, desacreditados y perplejos, en reiteradas ocasiones fueron superados por la din谩mica de las luchas sociales. El conflicto por la educaci贸n es un caso paradigm谩tico por muchas razones, pero una es crucial y se refiere al sentido menos visible de la lucha de los estudiantes secundarios.

Estos reclamaron por la gratuidad y mejores condiciones materiales, pero dejaron entrever en sus formas organizativas, en sus acciones y en su est茅tica de lucha, un rechazo feroz a la propia comunidad escolar, a la escuela, como espacio invivible por su autoritarismo, mediocridad, por el colapso de los profesores, por su r茅gimen de competencia individual y la presi贸n por el 茅xito que enfrenta a unos j贸venes y adolescentes con otros.

Por ello, a diferencia de otros movimientos, los secundarios no eran f谩cilmente domesticables apelando a pol铆ticas redistributivas y clientelares: sus demandas no eran susceptibles de reducir a precios; y mirado desde otro 谩ngulo, se trataba de la rebeli贸n de los hijos del modelo neoliberal maduro cuyas lucha no consist铆a en resistir las reformas neoliberales sino en rebelarse contra el efecto de su funcionamiento pleno; en rigor, su malestar era consecuencia, resultado, de un modelo realizado y frente al cual ven铆an reaccionando masiva, espont谩nea y sistem谩ticamente desde el 芦mochilazo禄 del 2001.

No es arriesgado entonces afirmar que fue el movimiento estudiantil secundario 鈥 y no el universitario 鈥 la base de las luchas sociales que lograron trizar los consensos de las clases dominantes y la paz social que los gobiernos civiles mostraban al mundo como el exitoso modelo chileno y la exitosa transici贸n a la democracia.

As铆 las cosas, la incompletitud de la utop铆a neoliberal puede considerarse una anomal铆a cr铆tica, una verdadera falla estructural, por cuanto la emergencia de las movilizaciones masivas y de los movimientos sociales expresan, tanto el fracaso del intento de diluir la 鈥渃uesti贸n social鈥 en la cuesti贸n privada, como la ineficiencia del propio sistema pol铆tico que dise帽贸 el neoliberalismo, cuesti贸n central a la hora de calibrar el momento actual de la pol铆tica chilena.

Deteng谩monos un minuto aqu铆.

En particular, el sistema de partidos pol铆ticos se ha mostrado est茅ril para anticipar, procesar y disipar los conflictos sociales que escalan por abajo, a la par que parece no ser capaz ya de ofrecer una representaci贸n eficaz del inter茅s general de capital y gestionar sus conflictos fraccionales que se precipitan por arriba. Y esto es una debilidad crucial pues manifiesta los limites de 鈥渓o pol铆tico鈥 en el contexto de un modelo cuyas potencialidades se han realizado casi completamente.

En efecto, un r茅gimen pol铆tico debilitado, que pierde por abajo su capacidad de maniobra v铆a clientelismo frente a las luchas sociales, por default tiende a fortalecer sus dispositivos y formas policiacas de control del orden, mientras por arriba, si es capturado por el capital, tiende a convertirse en un cuasi cascar贸n jur铆dico-pol铆tico dirigido desde fuera por un 鈥減oder dual burgu茅s鈥 que comanda a la tecno burocracia y sus pol铆ticas.

El r茅gimen pol铆tico y el Estado actuales en nada se parecen al ideal republicano liberal burgu茅s, al Estado de compromiso y benefactor declarado por la Constituci贸n de 1925 y aderezado a trav茅s de sus sucesivas reformas. El r茅gimen pol铆tico actual carece de su aura democr谩tica y el Estado de su majestad como titular del bien com煤n; incluso m谩s, el mismo Estado corre riesgo de lumpenizarse.

Esta posibilidad no es ajena a los momentos en que se conjugan una fuerte concentraci贸n del capital con una debilidad estructural de la institucionalidad pol铆tica burguesa, y en Am茅rica Latina la asociaci贸n policiaco-mafiosa entre trasnacionales, capital monop贸lico, partidos pol铆ticos y ej茅rcito no son ninguna sorpresa.

As铆, la contra revoluci贸n neoliberal chilena se encamina veloz hacia sus propios l铆mites. Hoy son las instituciones de la 鈥渞ep煤blica鈥 las que se trizan. El Estado subsidiario, el parlamento, los partidos pol铆ticos, las Fuerzas Armadas, el empresariado, la burocracia eclesi谩stica, y la Constituci贸n Pinochet-Lagos que las resguarda, todos eslabones de una larga trenza de corrupci贸n moral y material, ya han entrado en la zona de costos crecientes para sostener su hegemon铆a ideol贸gica y pol铆tica.

Y si bien todo esto aparece ahora sin claroscuros, que los velos han ca铆do y la decadencia moral se muestra como simple s铆ntoma del fracaso de la utop铆a neoliberal, no fue as铆 hasta hace muy poco. Escasos meses atr谩s la mayor parte de la sociedad chilena viv铆a bajo el influjo de un modelo estable y triunfante y ni siquiera imaginaba el devenir reciente.

Fuera por cinismo, miop铆a o por ambos, las clases dominantes subestimaron las fisuras de esta contra revoluci贸n neoliberal madura, y una vez enfrentadas a las crudas circunstancias, han mostrado sorpresa y cierta perplejidad que ha retardado el dise帽o de una salida institucional.

Lo que se ha abierto en Chile es un periodo pol铆tico de creciente pugna entre las fracciones conservadoras y reformistas de las elites dominantes, pugna en torno a c贸mo enfrentar y resolver los d茅ficits estructurales del modelo.

Pero a la vez, un mismo ambiente tenso por arriba, ofrece a los 芦terceros excluidos禄 del teorema neoliberal, los trabajadores y sectores populares, enormes poch portada-fisurassibilidades para dar un salto y constituirse en una fuerza gravitante en los acontecimientos por venir. Y es 茅ste el terreno al que nos conduce directamente y sin rodeos todo el trabajo anal铆tico de Franck Gaudichaud: la construcci贸n pol铆tica estrat茅gica para el hoy, crudo problema al que no en vano le dedica sus mayores esfuerzos te贸ricos y prospectivos en la 煤ltima parte de su texto.

Nada simple por cierto. Se trata nada menos que desentra帽ar las posibilidades de una pol铆tica general que haga plausible la configuraci贸n del bloque de los de abajo, o lo que no es sino su contracara, una estrategia com煤n capaz entrelazar la multiplicidad de luchas contra el capital que discurren actualmente por el pa铆s. Un desafi贸 no s贸lo para el an谩lisis pol铆tico sino tambi茅n para la propia pr谩ctica pol铆tica inmediata.

*鈥淟as fisuras del neoliberalismo chileno. Trabajo, crisis de la 鈥渄emocracia tutelada鈥 y conflicto de clases鈥, Tiempo Robado Editoras y Quimant煤, Santiago, 2015.

*Investigador Plataforma Nexos. El lanzamiento del texto se realiz贸 el Mi茅rcoles 13 de enero en el Aula Magna Universidad Alberto Hurtado, facilitada por el Sindicato de Trabajadores de dicha Universidad.

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