Jul 22 2013
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Opini贸nPol铆tica

Las fr谩giles bases del gobierno de Rousseff

Como en casi toda Am茅rica Latina, en Brasil no existen partidos estructurados, disciplinados, con una base ideol贸gica distintiva, sino agrupamientos informes y heterog茅neos de caudillos locales e intereses que saltan sin problemas de una a otra organizaci贸n seg煤n sus conveniencias.

El Partido de los Trabajadores, que naci贸 mediante la acci贸n com煤n de los movimientos campesinos, de las Comunidades de Base, de los gremialistas combativos y luchadores contra la burocracia sindical progubernamental y de los restos de las diversas izquierdas, revolucionarias o no, fue r谩pidamente absorbido por el sistema e integrado al gobierno a partir, sobre todo, de la llegada de Luiz Inacio Lula da Silva a la presidencia del pa铆s e igual cosa le sucedi贸 a la Central 脷nica de Trabajadores (CUT) que el PT dirige y hoy no es una excepci贸n ni tampoco una v铆a para canalizar la movilizaci贸n popular.

Lula represent贸 en el PT a 聽la centroderecha, se apoy贸 en los dirigentes sindicales y llev贸 al partido a la concertaci贸n con los m谩s corruptos l铆deres y organismos de la posdictadura para lograr una mayor铆a parlamentaria, y aplic贸 una pol铆tica esencialmente neoliberal y extractivista muy favorable a las grandes empresas, el agronegocio y el capital financiero, cubierta por una acci贸n asistencial para los m谩s pobres que, por importante que sea para quienes la reciben, tiene muy escasa incidencia en los gastos del Estado (por ejemplo, los vuelos ilegales de pol铆ticos en aviones oficiales absorben m谩s recursos que la ayuda alimentaria a los pobres).

La historia brasile帽a, por otra parte, no conoci贸 jam谩s un movimiento de masas independiente, y tanto Lula como su sucesora, Dilma Rousseff, no hicieron nada por una reforma agraria ni llamaron nunca a una movilizaci贸n para imponer leyes favorables a las mayor铆as populares y para romper el monopolio capitalista olig谩rquico de los medios de comunicaci贸n y de las instituciones parlamentarias.

Como ya hemos dicho en art铆culos anteriores, la extensi贸n que fue adquiriendo la lucha contra el aumento del precio del transporte que inici贸 el grupo juvenil Pase Libre termin贸 por desnudar la impopularidad de una vida pol铆tico-oficial basada en partidos totalmente ajenos a la ciudadan铆a y repudiados o ignorados por la mayor铆a de 茅sta, as铆 como la fragilidad de la pol铆tica gubernamental de alianzas pol铆ticas sin principios y pagadas con la corrupci贸n para poder formar una mayor铆a parlamentaria que no permite, sin embargo, controlar ambas c谩maras.

Dilma, por ejemplo, propuso un plebiscito para aprobar un proyecto limitad铆simo de reforma pol铆tica que al menos hiciera a los partidos menos dependientes de los aportes de las empresas, pero el boicot del Parlamento congel贸 su proyecto y, de paso, impidi贸 atender siquiera algunos de los reclamos de los manifestantes. Por si fuera poco, los parlamentarios, que gozan de enormes y odiados privilegios, se tomaron vacaciones de invierno y se declararon en receso, dejando al gobierno a merced de futuras movilizaciones.

En lo inmediato, por consiguiente, la 聽 visita del papa Francisco podr铆a tantobr protestas26 darle una tregua al gobierno como ser utilizada para presionarlo con manifestaciones masivas como parecen indicar los sucesos en R铆o de Janeiro.

Mientras tanto, la situaci贸n econ贸mica sigue siendo dif铆cil y sigue bajando la popularidad de Dilma Rousseff 鈥揷andidata a la relecci贸n presidencial鈥, lo cual hace que en el mismo PT crezca la preocupaci贸n y se empiece a hablar de una nueva elecci贸n de Lula.

脡ste, mientras rechaza esa posibilidad, de hecho se coloca como pieza de reserva, insinuando su disponibilidad, y logra popularidad por contraste, incluso con el gobierno, declarando que los manifestantes tienen raz贸n y sosteniendo que hay que reformar al Partido de los Trabajadores (que 茅l form贸, deform贸 y castr贸 durante su liderazgo y sus sucesivos gobiernos).
Se refuerzan as铆 las bases de un cesarismo particular verde-amarillo, verbalista y demag贸gico, que trata de asegurar mayor estabilidad a los sectores capitalistas m谩s importantes y concentrados y de impedir que lo que queda de la izquierda del PT se reorganice, aplique medidas populares (ahora, por ejemplo, la gratuidad del transporte urbano) e intente dar un cauce pol铆tico a la protesta democr谩tica popular.

Al mismo tiempo, ya est谩n surgiendo los Berlusconi brasile帽os que dicen que todos los partidos son iguales y que todos los pol铆ticos, sin excepci贸n alguna, son corruptos. Aprovechando el bajo nivel cultural, pol铆tico y organizativo de los trabajadores brasile帽os, estos pol铆ticos que gritan contra todos los pol铆ticos (son jueces o periodistas) y que son profundamente conservadores, persiguen dos objetivos a la vez: desestabilizar el gobierno del PT, Lula y Dilma y ganar influencia en las fuerzas armadas, cuya direcci贸n est谩 irritada con la presidenta por la intenci贸n de investigar los cr铆menes de la dictadura, y en la rosca formada por el agronegocio, el gran capital y Washington, los cuales quieren en el Mercosur y la Unasur un Brasil muy moderado.

La crisis mundial y regional estimula y acelera la lucha pol铆tica y los enfrentamientos de clase. Tanto la estructura tradicional de la pol铆tica y del Estado en Brasil como la dominaci贸n capitalista en el pa铆s pasan as铆 por una nueva fase que es muy probable que se exprese en el interior del PT, el m谩s partido de los no-partidos brasile帽os y en las relaciones entre gobierno y sindicatos petistas.

La modernizaci贸n salvaje de la econom铆a y la sociedad, primero con el Estado Novo varguista, despu茅s con la brutalidad del supuesto desarrollo de la dictadura y, por 煤ltimo, bajo el progresismo neoliberal y de Lula-Dilma, dio como resultado una relaci贸n de fuerzas sociales m谩s compleja y, en adelante, nada ser谩 igual que antes. Por fortuna.

 

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