Dic 23 2009
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Política

Las impunes y fastuosas fortunas del Paraguay

José Antonio Vera*

Sin un mínimo control de la ciudadanía, el dinero público es utilizado alegremente por el mundillo político paraguayo que, con rarísimas excepciones, exhibe ofensivos niveles de fastuosidad sólo explicables por la corrupción desenfrenada que, aupada en decenios de impunidad, han conformado una cultura de complicidad delincuencial corporativa.

La violación de preceptos constitucionales involucra desde su cumbre hasta el piso a la gruesa masa de funcionarios, desproporcionada con relación al número de habitantes y aún más con el resultado de las distintas labores que cumple el Estado, en general insatisfactorias para el destinatario natural, que es el pueblo.

Cuando el exObispo Fernando Lugo ganó las elecciones nacionales hace año y medio, el grueso de esta población católica pensó que comenzaba una era de limpieza moral de toda la sociedad, directa o indirectamente comprometida con los numerosos males nacionales, como el hambre de uno de cada cuatro paraguayos.

La gente llegó a ilusionarse, pero la esperanza de contribuir a abrir una fase nueva en la vida nacional, se desvanece día a día y no por efectos de exigencias desmesuradas de este pueblo sufrido y tolerante, ni por una actitud cortoplacista que pretenda recuperar en 18 meses un edificio que viene destruyendo hace más de un siglo el bipartidismo.

La desilusión gana terreno por la falta de conductas nuevas por parte de quienes están al frente del gobierno, en una clonación grotesca de los vicios y mañas de sus antecesores.

El subconsciente de algunos operadores y dirigentes, y no sólo los que ocupan cargos en el gobierno, actúa como vengador, en un ejercicio de desquite que cada día parece gustarles más, aprovechando que el poder político y el mandato constitucional otorgan muchos derechos y pocas obligaciones.

Consumistas desenfrenados, hedonistas obsesivos por mostrar un refinamiento de vida casi versallesca, aunque su escaso nivel de cultura burguesa se lo impida, se aprovechan de la falta de control de la contabilidad de los gastos de los tres poderes y del derroche incuantificable de inmensas fortunas por la masa de jefes superiores e intermedios.

El secretismo que acompaña la actividad del grueso de los responsables del Estado, y su falta de respeto a la transparencia debida, alimentan las sospechas y el descrédito entre una población que, acostumbrada a coexistir con la corrupción, la disculpa y también la acompaña en muchos actos cotidianos.

¿Cuánto cuestan al pueblo el Poder Judicial y el Legislativo?. Ambos osatorios de los cambios sociales, monárquico el primero y perverso el segundo. Cuál es el beneficio de las funciones del “único prostíbulo que abre de mañana” y de la estructura bicameral?.

Hay, sin esperanzas de castigo, Ministros de la Corte investigados y parlamentarios procesados. El liberal Alfredo Jaegli, del cogobernante Partido Liberal y enemigo de todos los gobiernos progresistas del continente, ha traído dos aviones de Estados Unidos y, Presidente de la Comisión de Finanzas del Senado, legisla para no pagar el IVA.

Cuánto cuesta al pueblo el Poder Ejecutivo y su millonaria fortuna en gastos reservados?. Quién controla eso?. Una hermana de Fernando Lugo funge de Primera Dama de un Presidente soltero. “Mercedes quiere serlo”, respondió el exObispo a la prensa cuando se aprestaba a asumir, el 15 de agosto del 2008.

En ese momento, tan esperanzador, pocas voces dijeron que esa función era anacrónica, pero nadie pudo pronosticar las lamentables derivaciones que acarrearía, al punto que el mandatario se ha visto obligado a confesar “que hay parientes de lo peor”. Su hermana ha construido un antro farandulero con familiares muy cercanos.

 El atraso educacional es penoso, presa de la mediocridad en los programas de estudio y en la formación del cuerpo docente. En actividades que exigen títulos universitarios, es dable encontrar personas que, desde hace años, ejercen con un título comprado.

Ausente la investigación científica, ni siquiera en la aplastante presencia de colegios, institutos y universidades privadas, cuyo elevado costo de las matrículas contribuye a la marginación social, excluyendo a los pobres al tiempo que distribuyen diplomas vacíos de conocimiento, para prosigue formando una pobre élite intelectual.

Además de los graves problemas económicos, también contribuye a la deserción escolar la falta de rutas y de transporte público en muchos sitios de la campaña, lo cual hace que, en todo el país, apenas 30 adolescentes en 100, terminen secundaria, y que 300 mil menores de 18 años, estén excluidos de las instituciones docentes.

La Encuesta de Hogares, informa que el 63 por ciento de la deserción de las aulas se verifica en las zonas rurales. Cada año hay más de 60 mil niños y jóvenes que abandonan el sistema educativo y, a pesar de llegar a una matriculación masiva, fracasa la retención para que finalicen el periodo regular de 12 años.

Una de las explicaciones de estos males se encuentra en la fragilidad del Estado, en una administración inepta, formalista, conservadora y muy corrupta, indigna de la República más avanzada de Latinoamérica, en los primeros 40 años de la llamada independencia.

Entre 1820 y 1864, Paraguay cometió el pecado de tener un alto nivel de calidad institucional y de una ejemplar prosperidad económica y cultural, situación que permitió una soberanía sin par en el continente y una diplomacia libre, casi insolente para las grandes potencias de la época, en particular la expansionista Inglaterra, molesta por la buena producción algodonera de esta pequeña nación.

Londres contribuyó a barrer esa experiencia, financiando la Guerra de la Triple Alianza con los Ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay. El 80 por ciento de la juventud fue asesinada e inmensos territorios paraguayos fueron ocupados, hasta hoy, por los dos grandes vecinos. El tejido social, de gente sencilla y de trabajo, también murió.

Ese genocidio fue seguido por la formación de los Partidos Colorado, obediente a Brasil y el Liberal, pro-Argentina, que han administrado muy mal el país desde entonces. Tras breves períodos de decencia, lo convirtieron en una usina de corrupción al punto de considerar el dinero público como algo personal y familiar y de roscas mafiosas.

*Periodista paraguayo

 

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